top of page

Anuncio

Image by Simon Berger

Perspective

Obispo Jorge Rodríguez reflexiona sobre la fe, la inmigración y la defensa en la Universidad Regis

  • Foto del escritor: Sheryl Tirol
    Sheryl Tirol
  • hace 4 días
  • 5 Min. de lectura
El obispo auxiliar Jorge Rodríguez y el padre Luke Barder participaron en un encuentro en la Universidad Regis sobre fe, inmigración y participación cívica. (Foto cortesía de la Universidad Regis)
El obispo auxiliar Jorge Rodríguez y el padre Luke Barder participaron en un encuentro en la Universidad Regis sobre fe, inmigración y participación cívica. (Foto cortesía de la Universidad Regis)

El 27 de marzo, la Universidad Regis reunió a estudiantes, profesores, clérigos y miembros de la comunidad para un encuentro de medio día que analizó la intersección entre la fe católica, la política migratoria y la participación cívica, y llamó a los asistentes a responder no con indiferencia, sino con acción.


“Good Trouble in Action: Tools for Faith, Immigration and Advocacy” (Rebeldía en acción: herramientas para la fe, la inmigración y la defensa de derechos) atrajo a un público diverso al campus noroeste de Denver de la universidad jesuita para un programa que incluyó unas palabras de apertura del obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Denver, Jorge Rodríguez, una presentación teológica e histórica a cargo de un sacerdote dominico y sesiones en grupos pequeños que exploraron pasos concretos a seguir para la defensa y el acompañamiento.


El evento fue copatrocinado por Community for Belonging de Regis y por la alianza de recursos para estudiantes indocumentados de la universidad, dos organizaciones que el obispo elogió al inicio por su compromiso de acompañar a la comunidad migrante durante lo que llamó “tiempos difíciles”.


Para Nicki Gonzales, viceprovost de Regis, el encuentro reflejó algo central de la misión jesuita de la universidad.


“Es nuestra responsabilidad, como universidad católica y jesuita, tener estas conversaciones”, dijo Nicki. “Nuestros estudiantes están viviendo estas realidades, algunos en lo personal, todos en lo comunitario, y colaborar con la arquidiócesis nos permite fundamentar ese diálogo tanto en una reflexión rigurosa como en una fe católica auténtica. Esa combinación es distintivamente Regis”.


Testimonio de un obispo

El obispo Jorge abrió la tarde con unas palabras que fueron a la vez reflexión pastoral y exhortación moral, recurriendo a su propia experiencia de décadas como migrante, de México a España para sus estudios en el seminario, luego 23 años en Italia y, finalmente, en Estados Unidos, para enmarcar la urgencia del momento actual.


Esa experiencia personal, dijo, profundizó su comprensión pastoral de los inmigrantes indocumentados a quienes llegaría a servir en parroquias de Colorado, familias que huían no en busca de oportunidades, sino por desesperación. Recordó a tres feligreses cuyas historias transformaron sus primeras suposiciones: una joven que cruzó la frontera para pagar las medicinas de su madre enferma; un diácono que huyó de la extorsión de los cárteles en México; y un joven que llegó solo cuando era niño, durmiendo bajo puentes, impulsado por el hambre.


“Nadie quiere dejar su hogar, su familia, su país, su cultura, su idioma, su historia por razones banales, créanme”, dijo el obispo.


Citando a la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés), el obispo Jorge reconoció la complejidad del tema, al tiempo que llamó a los católicos a dejarse guiar por cinco principios fundamentales expuestos en la carta pastoral conjunta Juntos en el Camino de la Esperanza Ya No Somos Extranjeros, redactada por las conferencias episcopales de Estados Unidos y México. Esos principios afirman tanto el derecho de las personas a migrar para sostener a sus familias como el derecho de las naciones soberanas a regular sus fronteras, pero insisten en que la dignidad humana y los derechos de los migrantes indocumentados deben ser respetados en todo momento.


Pidió una reforma migratoria integral en lugar de deportaciones masivas y citó al obispo Mark Seitz, de El Paso, quien recientemente calificó la actual campaña de detención y deportación masiva como “un grave mal moral” que debe enfrentarse mediante “la oración, la acción pacífica y actos de solidaridad con quienes se ven afectados”.


Una mirada teológica e histórica

El padre Luke Barder, fraile dominico de St. Dominic Parish, en Denver, ofreció a los asistentes una visión amplia del compromiso de la Iglesia con la inmigración, que se extendió desde la Sagrada Escritura hasta los datos actuales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).


El padre Luke, quien forma parte del Comité de Cuidado Pastoral de los Migrantes de la Arquidiócesis de Denver, abrió su presentación transportando al público al París de 1835, donde el fraile dominico Henri Lacordaire se dirigió a una nación fracturada por la revolución y la desconfianza mutua, un momento que, argumentó el padre Barder, se parece mucho al presente.


“La Iglesia católica estaba en una posición única para ofrecer un nuevo lenguaje a un país dividido”, dijo. “En muchos sentidos, siento que ese es el papel de la Iglesia hoy”.


En el centro teológico de sus palabras estuvo una afirmación fundamental de la doctrina social de la Iglesia: que todo ser humano, sin importar su estatus legal, su nacionalidad o su contribución económica, posee una dignidad inviolable por haber sido creado a imagen de Dios.


“Tu estatus legal no determina tu dignidad”, dijo el padre Luke. “Cada persona es una persona humana y esa dignidad no puede determinarse por ningún otro criterio”.


Apoyándose en documentos papales del papa Francisco, del papa León XIV y del papa Benedicto XVI, así como en el documento vaticano del 2004 Erga Migrantes Caritas Christi, el padre Luke expuso la respuesta de cuatro palabras de la Iglesia ante la migración contemporánea: acoger, proteger, promover, integrar.


También situó esa enseñanza en la historia, presentando una cobertura de Rocky Mountain News de 1901 que advertía que la inmigración del sur de Europa arrastraría hacia abajo a la sociedad estadounidense, junto con temores de la década de 1920 sobre bolcheviques rusos y teorías de conspiración de Detroit de la década de 1850 sobre inmigrantes católicos que supuestamente buscaban derrocar al gobierno de Estados Unidos por instrucciones del papa.


“No somos originales”, dijo el padre con franqueza. “Las mismas tendencias, las mismas ansiedades, los mismos argumentos riman”.


También presentó datos actuales obtenidos directamente del sitio web de ICE, señalando que aproximadamente el 70 % de las personas actualmente detenidas no tiene antecedentes penales y que desde marzo de 2025 no se ha concedido ningún caso de asilo, en comparación con 771 en diciembre de 2024.


Llamado a una acción concreta

El padre Luke concluyó con cuatro áreas de acción que los obispos de Estados Unidos han identificado para las comunidades católicas: brindar ayuda básica de emergencia, incluidos alimentos, refugio y atención de salud mental; ofrecer acompañamiento pastoral y un ministerio de presencia; comunicar la enseñanza católica de manera clara y constante; y participar en el testimonio público, incluidas visitas a migrantes en centros de detención y la participación en programas de “conozca sus derechos” dentro de las parroquias.


“Ya no basta con que los cristianos solo oren”, dijo. “Nuestros prójimos, nuestros desconocidos, están tocando a la puerta y tienen necesidades humanas básicas inmediatas que estamos llamados y obligados a atender”.


Después del almuerzo hubo sesiones en grupos pequeños que ofrecieron a los participantes herramientas para la defensa directa, la orientación legal y la organización comunitaria, todo ello arraigado en la tradición católica de la solidaridad.

 

bottom of page