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Perspective

El arzobispo que caminó El Camino

  • Foto del escritor: Vladimir Mauricio-Pérez
    Vladimir Mauricio-Pérez
  • 23 mar
  • 10 Min. de lectura

Camino de fe, humildad y misión del arzobispo Samuel con el Camino Neocatecumenal.


El arzobispo Samuel J. Aquila celebró una Misa de Acción de Gracias con la comunidad del Camino Neocatecumenal el sábado por la tarde. (Foto de Kaylee Stoll/El Pueblo Católico)
El arzobispo Samuel J. Aquila celebró una Misa de Acción de Gracias con la comunidad del Camino Neocatecumenal el sábado por la tarde. (Foto de Kaylee Stoll/El Pueblo Católico)

Un numeroso grupo de jóvenes peregrinos se acercaba al centro de la histórica ciudad de Santiago de Compostela cuando, de pronto, fue atacado desde un callejón cercano. Mientras volaban objetos y llenaban el aire de insultos, un hombre permanecía al frente del grupo, sereno e imperturbable. Ese hombre era el arzobispo de Denver, Samuel J. Aquila, quien se había unido a un grupo de 700 jóvenes del Camino Neocatecumenal durante la Jornada Mundial de la Juventud 2023 en Lisboa.


“Su rostro estaba sereno; no tuvo ningún problema al ser atacado por el nombre de Jesucristo. Fue algo impresionante y hermoso de ver”, recordó Francesco Gennarini, quien, junto con su esposa, Seila, dirige el Camino Neocatecumenal en Colorado.


Para quienes fueron testigos de ese momento, sigue siendo inolvidable: una imagen poderosa que, a la vez, revela y oculta la profundidad de su carácter. Es testimonio del cuidado y del ejemplo que ofreció a su rebaño como arzobispo de Denver y, en particular, a aquellos cuya fe ha sido moldeada por el Camino Neocatecumenal.


Ahora que entra en su retiro, basta preguntar a jóvenes y adultos mayores sobre su impacto para encontrar, una y otra vez, los pilares que definirán su legado entre los hermanos del Camino: su cercanía y cuidado de padre, su extraordinario celo misionero y la humildad y el espíritu de oración con que hizo todo.


Sin embargo, esta no fue su actitud desde el principio. Como él mismo confesaría más adelante, al inicio se acercó al Camino con cierto escepticismo y tuvo que atravesar el incómodo proceso de explorar y de encontrarse con esta realidad. No fue un proceso inmediato, pero para el arzobispo Samuel resultó decisivo.


Un cambio a lo largo del Camino

“El Camino Neocatecumenal es un itinerario de iniciación cristiana comparable al OCIA (Orden de Iniciación Cristiana de Adultos, por sus siglas en inglés), pero no es solo para quienes se preparan para el Bautismo; también es para quienes ya han sido bautizados”, explicó Francesco. “Hoy mucha gente está bautizada, pero el don de la vida divina no se manifiesta en ellos. Por eso es fundamental redescubrir la inmensa gratuidad y el don de la vida divina que se nos otorga en el Bautismo, mediante un catecumenado”.


Esto es especialmente cierto en un tiempo en el que la Iglesia no solo combate la secularización, sino también el auge de nuevos credos y prácticas neopaganas, dijo. Precisamente los inmensos frutos que ha dado en medio de los desafíos modernos llevaron a san Juan Pablo II a reconocer el Camino “como un itinerario de formación católica, válido para la sociedad y para los tiempos de hoy”.


Pero ¿qué llevó exactamente al arzobispo Samuel a hacer lo mismo en la Arquidiócesis de Denver?

Quienes participan en el Camino recuerdan con especial cariño su columna en El Pueblo Católico, publicada en 2018, titulada “Del escepticismo a la gratitud: mi experiencia con El Camino”, en la que compartió su proceso de descubrimiento. Ahí relató su primer encuentro con el Camino y la mezcla de asombro y vacilación que sintió al escuchar los testimonios, hasta el punto de verse obligado a preguntarse: “¿A quién le creo, al mundo o a Jesucristo?”. Esa pregunta marcó el inicio de un camino que, muchos años después, lo llevaría a orar por el crecimiento y la acogida del Camino en la arquidiócesis de Denver.


“Fue una afirmación valiente y una gran muestra de amor”, recordó Abel Corral, feligrés de la parroquia St. James, en Denver, donde sirve junto con su esposa, Christine, y sus seis hijos. “Me dio mucho gusto ver que el Espíritu Santo lo tocó de esa manera y que pudo reconocer el fruto de este carisma. El Señor llama a las personas de muchas maneras distintas, y esta es una de las formas en que llama a la gente a ser recatequizada y a vivir su Bautismo”.


Este cambio estuvo acompañado de otro gesto que no requirió menos valentía. Durante un retiro del Camino Neocatecumenal al que asistieron muchos obispos de Estados Unidos, varios expresaron sus reservas. Después de escucharlos atentamente, el arzobispo Samuel tomó la palabra.


“Ante las dudas de muchos obispos, él se puso de pie para apoyar el Camino y este itinerario de iniciación cristiana, y compartió su experiencia para ayudarlos a comprender su naturaleza”, dijo Francesco. “Fue hermoso”.


Lo que muchos no saben es que estos gestos públicos de aprobación fueron fruto no solo de lo que había escuchado, sino también del camino que él mismo había recorrido. De hecho, muchos recuerdan con asombro que su propio arzobispo vivió el itinerario completo de iniciación cristiana a través del Camino Neocatecumenal como cualquier otra persona.


Derek Abrahamson, feligrés activo de la parroquia St. Louis, en Englewood, junto con su esposa, Luisa, y sus hijos, recuerda con claridad la impresión que esto le causó.


“Recuerdo verlo llegar a esas reuniones, muchas de ellas en el seminario, y ver cómo era simplemente uno de nosotros”, dijo. “Me recordaba a san Agustín, quien decía: ‘Para ustedes soy obispo; con ustedes soy cristiano’. Eso lo vi claramente en él. No estaba por encima de nadie. Estaba ahí para alimentar su espíritu. Vi a un hombre que estaba siendo alimentado y ese era mi arzobispo. Fue muy conmovedor verlo”.



El hombre detrás de la mitra

Para Francesco, la actitud amorosa y la apertura que mostró hacia el Camino apuntan a algo más profundo: revelan un carácter moldeado por el deseo de seguir las huellas del Buen Pastor.


“A menudo hay prejuicios y divisiones, incluso entre católicos, sobre cómo vivir la vida cristiana, y él fue más allá de todo eso y miró las necesidades de cada persona y de cada realidad con un corazón pastoral”, dijo. “Acompañaba a cualquiera. El Buen Pastor cargó la oveja sobre sus hombros, y eso es lo que el arzobispo Samuel deseaba hacer con cada persona que encontraba”.


Según quienes lo trataron, aunque fuera brevemente, destacaban su cercanía, su humildad y su cuidado paternal. Mientras que un obispo muchas veces puede parecer distante, muchos fieles vivieron exactamente lo contrario.


Derek y Luisa recuerdan cómo, en momentos de cercanía, las formalidades desaparecían rápidamente ante su sencillez y sinceridad. En especial, recuerdan la alegría de haber podido cocinar para él en varias ocasiones.


“Para mí, siempre fue un privilegio que me pidieran prepararle una comida”, dijo Luisa. “Lo veo como a un padre y cada vez que me lo encuentro, siento un fuerte impulso de saludarlo. Soy italiana y desde el principio eso creó un vínculo inmediato. Ahora siempre me habla en italiano”.


“Recuerdo cuando cociné para él y para nuestro párroco por primera vez en el patio trasero de la parroquia St. Louis”, añadió Derek. “No sentía que estuviera cocinando para el arzobispo, sino simplemente para mi párroco y su amigo. Muestra un espíritu de humildad, pero es una humildad genuina. Es difícil describirlo. No es que trate de aparentarla porque es el arzobispo. Simplemente hay una humildad natural que conmueve mucho”.


Como muchos otros, Francesco también experimentó de primera mano la alegría con la que el arzobispo Samuel convivía con las familias.


“En lo personal, me sorprendía que viniera a nuestra casa y pasara tiempo con nuestros hijos de manera paternal, incluso como de abuelo. Fue algo enriquecedor para nosotros y también él lo encontraba enriquecedor. Siempre nos animaba mucho que pasara tiempo con nosotros, que se uniera a nosotros en un momento de oración y nos diera su bendición”, dijo. “Recibir su bendición personal y su apoyo en momentos de dificultad e incluso de crisis siempre ha fortalecido nuestro matrimonio y nuestra misión, sin dejarnos caer en el desánimo”.


Corazón misionero

El aliento que daba a sacerdotes, seminaristas y familias brotaba en gran medida de su vida de oración y de su celo misionero.


El padre William Clemence lo vio de cerca como rector del seminario Redemptoris Mater, un seminario misionero arquidiocesano enraizado en el Camino Neocatecumenal.


“¡El arzobispo Samuel ha tenido un gran corazón para la evangelización del mundo, tanto que ha enviado a la misión por todo el mundo a más sacerdotes ordenados en el seminario Redemptoris Mater que todos sus predecesores juntos!”, dijo. “Las oraciones y el apoyo del arzobispo a los seminarios han sido visibles, y el Señor ha respondido con la bendición de un aumento de vocaciones en los últimos tiempos. Otros frutos son los hombres que han sido ordenados al sacerdocio durante sus años como arzobispo de Denver, y los sacerdotes que actualmente sirven a la Iglesia en misión en distintos lugares, como Italia, Sudáfrica, Letonia, Chile, Ecuador, Filadelfia, Florida y Oregón”.


El padre William y muchos seminaristas de Redemptoris Mater siempre agradecieron que el arzobispo Samuel celebrara la Eucaristía con ellos con regularidad y luego compartiera la cena.


“He visto su preocupación amorosa por cada uno de los seminaristas. Los conocía y oraba por ellos. Como arzobispo, los acompañó y estuvo presente en las distintas etapas clave de su formación en el seminario. Siempre tenía una palabra de aliento para ellos”, agregó el padre.


De manera similar, muchos sacerdotes se han sentido fortalecidos por su liderazgo y apoyo en asuntos difíciles, por su insistencia constante en desarrollar una relación profunda con Dios y por la urgente necesidad de evangelizar. El padre Félix Medina, párroco de Queen of Peace, en Aurora, considera que esta es una de las huellas espirituales más grandes que el arzobispo deja en la arquidiócesis de Denver.


“Ha puesto a la arquidiócesis en un camino de evangelización sobre bases sólidas: bases de fe, de una verdadera relación con Dios y de fidelidad a las enseñanzas de Cristo, de la Iglesia y de la tradición”, dijo. “Gran parte del ministerio de Cristo consistió en formar verdaderos discípulos y testigos del evangelio. Y este ha sido un gran aspecto del ministerio del arzobispo Samuel: su deseo de formar apóstoles, testigos auténticos de Cristo, lo cual requiere formación, catequesis, no conformarse con cómo están las cosas ahora, sino llevar a la Iglesia a una época apostólica, a una época misionera”.


Francesco observó que estas decisiones importantes fueron fruto de mucha oración.


“Estoy seguro de que gobernar una diócesis es una tarea casi imposible, con sus desafíos y dificultades”, dijo. “Pero, como buen pastor, el arzobispo Samuel siempre oraba mucho antes de tomar decisiones importantes. Dejaba que el Espíritu Santo le mostrara el camino. Y esto tuvo un gran impacto para guiar a la Arquidiócesis de Denver a convertirse en una arquidiócesis misionera, una que continúa la Nueva Evangelización que san Juan Pablo II proclamó aquí en Denver”.


Itinerario fecundo

Los frutos del Camino Neocatecumenal, fortalecidos en gran medida por el apoyo y la cercanía del arzobispo Samuel, son demasiados como para contarlos. Desde un aumento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada hasta numerosos matrimonios y una mayor apertura a la vida, su testimonio ha alentado a las familias a transmitir la fe a nuevas generaciones y a anunciar la Buena Nueva con renovado fervor.


“El obispo es fundamental porque otorga permiso para dar catequesis; así que, sin su apoyo y su bendición, no podemos ir a catequizar”, dijo Corral. “El arzobispo Samuel no solo nos ha animado, sino que también nos ha permitido ir de puerta en puerta, anunciar la Buena Nueva, hablar con los párrocos y preguntarles si están dispuestos a que comiencen catequesis en sus parroquias. Gracias a eso, ahora hay muchas parroquias y comunidades en la arquidiócesis. Hay muchas familias que nunca habrían escuchado la Buena Nueva, muchos matrimonios que habrían terminado en divorcio, muchos niños que o no habrían nacido o habrían sido abortados, y muchas personas que se habrían suicidado. Junto con las vocaciones, creo que este es el mayor fruto”.


Como muchos podrían atestiguar, quienes han seguido el itinerario del Camino no dicen estas cosas a la ligera, pues muchos de ellos, o sus amigos más cercanos, alguna vez estuvieron al borde de estos finales catastróficos.


Para Abel Corral y su esposa, Christine, este camino no solo salvó su matrimonio, sino que también les dio nueva vida, brindándoles un propósito misionero y una familia en crecimiento. Para Derek Abrahamson, implicó dejar atrás el vacío del ateísmo y casarse con Luisa. Y para Francesco, implica trabajar junto con su esposa, Seila, para transmitir a sus once hijos y a muchas otras familias y personas los grandes frutos que él mismo recibió de sus padres.


Una despedida a la altura

Ofreciendo todos estos frutos a Dios en acción de gracias, el arzobispo Samuel llevó su camino con el Camino Neocatecumenal a una culminación entrañable el 21 de marzo, al unirse a sacerdotes, catequistas y muchos integrantes del Camino para una Eucaristía de despedida en la parroquia Queen of Peace.


Al reflexionar sobre la resurrección de Lázaro y la promesa de resurrección en el libro de Ezequiel, recordó a los fieles que Dios siempre es fiel a sus promesas, incluso en tiempos de sufrimiento y persecución.


“[Dios] dice: ‘Lo he prometido y lo haré’. ¿De verdad creemos eso? Esto no significa que nos prometa una vida fácil, porque la Cruz está en el centro del evangelio. Más bien, dice: ‘Así como el mundo me ha odiado a mí, así los odiará a ustedes’”.


Al reflexionar sobre la evangelización de puerta en puerta y la animosidad que experimentaron en Santiago de Compostela, los animó a continuar y a no darse por vencidos.

“Así como él fue perseguido, así también ustedes serán perseguidos”, dijo. “Pero podemos alegrarnos por eso. Como nos dice el Señor: alégrense cuando les hagan este tipo de cosas a causa de su nombre”.


El arzobispo Samuel concluyó expresando su gratitud por el Camino Neocatecumenal y asegurando su oración continua por todos los fieles al concluir su tiempo como arzobispo de Denver.


“Hermanas y hermanos míos, uno de los grandes dones del Camino Neocatecumenal es profundizar en el encuentro con Jesucristo, con el Padre, con el Espíritu Santo y con María, nuestra Madre”, dijo. “Mi oración más grande durante estos trece años y medio en que he servido como su pastor es que hayan llegado a conocer más profundamente el amor del Padre, de Jesús y del Espíritu Santo; que hayan llegado a conocer la Buena Nueva y el kerigma; que estén siendo llenados con la alegría del evangelio, y que lleven eso, como discípulos misioneros, a los demás”.


Una despedida nunca es fácil para alguien cuya presencia se ha vuelto como la de un padre. En el desbordamiento del cariño y en el silencio que suele acompañar los momentos demasiado grandes para las palabras, los fieles del Camino tal vez solo puedan decir, junto con Luisa, con profundo sentido y de corazón: “Grazie, ci mancherai! — ¡Gracias, te vamos a extrañar!”.

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