Donde el Señor guía: Sirviendo al arzobispo Samuel en el cierre de su ministerio
- Escritor Invitado

- 13 mar
- 3 Min. de lectura
El servicio diario al lado del arzobispo ofrece una mirada a una vida de total entrega a Cristo.

Por el padre David Hall
Sacerdote secretario, 2025—2026
Nota del editor: Durante los últimos casi 14 años, muchos han llegado a conocer al arzobispo Samuel en todo el norte de Colorado, mientras ejercía su ministerio, enseñaba, predicaba y bendecía a los fieles de la arquidiócesis.
Pero aunque muchos han llegado a conocer a su padre espiritual y pastor, cinco hombres tuvieron un asiento en primera fila de su ministerio apostólico al servir al arzobispo como sacerdotes secretarios.
En la siguiente reflexión, uno de los cinco sacerdotes secretarios comparte las lecciones que aprendieron del lado y el trasfondo del ministerio del arzobispo Samuel.
Me siento conmovido por el carácter de los hombres que han servido en este cargo antes que yo, y también profundamente agradecido de que el Señor me haya elegido para asumir esta responsabilidad y trabajar con el arzobispo Samuel mientras él llega al final de sus muchos e increíbles años de servicio a la arquidiócesis de Denver.
Al reflexionar sobre este corto tiempo que llevo con el arzobispo, me vienen a la mente las palabras de Jesús: “Mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mateo 11, 30).
Tal vez no sea una gran sorpresa, pero la vida de un obispo es una vida bajo yugo. He tenido el privilegio de presenciar esta realidad durante el poco tiempo que llevo en este cargo, al vivir y trabajar junto a él. Nuestro pastor carga con un peso real. El arzobispo ha entregado su vida al servicio de la Iglesia, y ha permanecido fiel a ese compromiso durante casi 50 años de ministerio.
Pero este yugo es más que solo la carga de trabajo (y créanme, hay mucho trabajo). En el fondo, el yugo que asumimos al elegir seguir a Jesús es una entrega de nuestra voluntad. Esta entrega debe elegirse de nuevo y vivirse cada día: optar por no ser dueño de la propia vida, sino dejarse guiar por otro.
Pienso en lo que Jesús le dijo a san Pedro en el Evangelio de San Juan: “Cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras” (Juan 21, 18). La vida diaria del arzobispo Samuel está dedicada a la misión de la Arquidiócesis de Denver. Como su secretario, quien agenda muchas de sus citas, ¡a veces siento que soy yo quien lo lleva a donde no quiere ir!
Y, sin embargo, él carga con una gracia y una paz hermosas, que veo cada día. Creo que esa paz proviene de una relación personal de entrega a Dios. Verdaderamente ha respondido al llamado de los apóstoles: “Ven y sígueme” (Mateo 4, 19). Al seguir al Señor, vive en paz. Estoy realmente agradecido de poder ser testigo de la paz y la alegría que marcan su vida diaria.
Y así, su yugo es suave y su carga ligera. (¡No le digan que lo dije!)
Trabajar con él y para él en estos momentos finales de su episcopado en la arquidiócesis de Denver ha sido una bendición y un honor. Estoy agradecido por su liderazgo, por su confianza en el Espíritu Santo y por su paciencia con su nuevo y poco experimentado maestro de ceremonias.









