Del altar a la tierra: inicia la construcción de nueva iglesia en Gypsum
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Una Misa bilingüe y la ceremonia de colocación de la primera piedra marcan el inicio de St. Mary, una parroquia esperada desde hace años para servir a una comunidad católica en rápido crecimiento.

Por Ryan Brady
La mañana comenzó en el altar y concluyó en la tierra. El 2 de mayo, católicos de todo el valle de Vail se reunieron en Gypsum para una Misa bilingüe, una ceremonia de colocación de la primera piedra y una celebración parroquial que marcaron el inicio formal de la construcción de una nueva iglesia que llevará el nombre de St. Mary. La jornada fue el resultado de años de trabajo, impulsados por el crecimiento demográfico, una recaudación constante de fondos y una clara necesidad pastoral de contar con más espacio en una región de la arquidiócesis que cambia rápidamente.
Iglesia construida con piedras vivas
La Misa, celebrada por el padre José María Quera, párroco de la comunidad, presentó el día no solo como un logro de construcción, sino también como un acto espiritual arraigado en la continuidad y la misión.
En un mensaje preparado para la ocasión, el arzobispo James Golka subrayó aún más el profundo significado del momento.
“Lo que celebran hoy ha nacido de la fe, el sacrificio y la generosidad, signos de un pueblo que confía en el Señor y en su providencia”, dijo, señalando que durante muchos años la comunidad había “anhelado un lugar digno para los sagrados misterios que celebramos”.
La decisión de construir, continuó el arzobispo, refleja tanto una necesidad real como una respuesta colectiva “con valentía y convicción”, confiada a Cristo como su fundamento y “bajo el amoroso cuidado de la Santísima Virgen María… para que lo que surja de esta tierra edifique el Cuerpo de Cristo para las generaciones venideras”.
Ese énfasis mariano también estuvo presente en la Misa. El padre José encomendó formalmente el nuevo terreno y la futura iglesia a la Virgen María, coronando una imagen de ella que normalmente permanece en la iglesia actual, pero que fue llevada al lugar esa mañana. La tradición, tanto devocional como simbólica, unió la historia de la comunidad con su futuro, invocando la intercesión y el cuidado maternal de María en la vida de la parroquia mientras esta entra en una nueva etapa.
En su homilía, el padre José profundizó en esa conexión, describiendo el día como el inicio de un camino más que su culminación.
“Emprendemos un camino construyendo esta nueva iglesia, no solamente para que la gente venga aquí, sino para que Cristo salga de aquí hacia todo el valle”, dijo, subrayando que la Iglesia no se define principalmente por su estructura. “Las verdaderas piedras de este templo ya están aquí. Nosotros somos las piedras vivas”.
(Fotos por Ryan Brady/El Pueblo Católico)
Comunidad en crecimiento
Ese marco teológico también corresponde a una realidad muy práctica. La comunidad católica del valle de Vail hace tiempo que superó la capacidad de sus instalaciones actuales, que incluyen una escuela en Edwards, dos pequeñas iglesias en Minturn y Gypsum y dos capillas interreligiosas en Vail y Beaver Creek. La combinación de residentes permanentes, trabajadores temporales y visitantes durante todo el año ha generado una demanda constante de Misas, sacramentos y programas parroquiales. Las liturgias en español, en particular, suelen reunir grandes congregaciones.
“Llegan a tener mil personas en las Misas en español”, dijo Peter Nowicki, miembro de los Caballeros de Colón en la parroquia de St. Clare en Edwards. “Esto es lo único que hay en la zona”.
En todo el valle, las múltiples Misas de cada fin de semana siguen enfrentando dificultades para acoger a todos los asistentes en espacios limitados.
La decisión de construir dos nuevas iglesias, St. Mary en Gypsum y St. Clare en Edwards, refleja la respuesta coordinada de la Arquidiócesis de Denver al crecimiento sostenido. Cada lugar servirá a una población distinta, aunque relacionada. Gypsum, antes considerado periférico respecto a los centros turísticos del valle, se ha convertido en un centro residencial, especialmente para familias trabajadoras. Edwards, por su parte, sigue siendo un punto central tanto para residentes como para visitantes.
Ese crecimiento es visible no solo en la población, sino también en la composición de la comunidad. Actualmente, entre el 60 y el 65 por ciento de la parroquia es hispana, una realidad que da forma tanto a la vida litúrgica como a la cultura parroquial.
“Es una comunidad muy viva”, dijo el padre José. Esa vitalidad ha sido evidente durante todo el proceso de construcción, desde los esfuerzos voluntarios de preparación hasta la participación constante en la campaña de capital que hizo posible el proyecto.
(Visualizaciones de la nueva iglesia de la parroquia St. Mary en Gypsum. Fotos cortesía del comité de campaña de capital de St. Mary, Gypsum)
Años de discernimiento, planeación, sacrificio e inversión compartida
El camino hasta este momento no ha sido ni corto ni sencillo. El padre José señaló que el deseo de construir una nueva iglesia en Gypsum se remonta a casi dos décadas atrás. Los planes iniciales consistían en adquirir el terreno actual, pero más adelante cambiaron de rumbo para enfocarse en ampliar otra iglesia. Para el padre, esas propuestas finalmente resultaron insuficientes.
“Habría nacido pequeña”, dijo, al describir las limitaciones de la ubicación anterior. Una encuesta parroquial confirmó que un nuevo terreno más amplio en Gypsum atendería mejor tanto las necesidades actuales como el crecimiento futuro.
“Gypsum ha crecido de manera increíble”, dijo. “Este es el futuro”.
La dimensión financiera del proyecto ha requerido un esfuerzo coordinado durante varios años. Alba Padilla y su esposo, Ronaldo, quienes sirven como vicepresidentes de la campaña de capital, describieron la experiencia como exigente y profundamente comunitaria.
“Llevamos casi tres años trabajando”, dijo Alba. “Y hoy está pasando. No lo puedo creer”.
La campaña ha recaudado aproximadamente 22.5 millones de dólares, con la meta de alcanzar los 23 millones para financiar la construcción de St. Mary y St. Clare. Las grandes donaciones han sido importantes, pero los organizadores subrayan que el proyecto también se sostiene gracias a aportaciones pequeñas y constantes.
“Desde un dólar hasta un millón, todo cuenta”, dijo Ronaldo.
Alba recordó a una feligresa que lleva un sobre cada domingo. “Ella dice: ‘Esta es mi donación’. Ese es el corazón y la fe”.
El resultado, según describieron los participantes, es una convergencia de recursos: grandes benefactores, familias locales y voluntarios que contribuyen según sus posibilidades.
“Se necesitan ambas cosas”, observó Peter. “Personas que puedan dar y personas que puedan construir. Manos y pies”.
Peter también destacó lo extraordinario del momento.
“Solo tienes una oportunidad para hacer esto, para construir algo que perdure”, dijo. “Aquí la gente se casa, recibe los sacramentos… esto se convierte en el centro de la comunidad”.
Construir algo que perdure
Para quienes tienen la responsabilidad de construir el edificio, ese sentido de propósito no es algo secundario. Yari Neitenbach, gerente de proyecto de Horizon West Builders, describió el proyecto como algo muy distinto a una obra comercial típica.
“Hay personas que construyen gasolineras, y todo se trata de dinero y rapidez”, dijo. “Esto no es así. Tenemos la oportunidad de tomarnos el tiempo para construir algo hermoso. Es más que un simple edificio”.
Su empresa, que trabaja ampliamente con la arquidiócesis, tiene experiencia tanto en construcciones nuevas como en renovaciones eclesiales, integrando tanto los requerimientos litúrgicos como elementos regionales, incluido un estilo influenciado por la montaña y detalles de madera.
El proyecto también ha sido moldeado por la participación de la comunidad, con abundante retroalimentación obtenida mediante encuestas y conversaciones comunitarias. Se espera que la construcción tome aproximadamente entre 12 y 14 meses, dependiendo de las condiciones climáticas.
“No queremos apresurarlo”, añadió Yari. “Queremos que todo quede tan perfecto como sea posible”.
Después de la bendición final y la ceremonia simbólica de remover la tierra, la liturgia dio paso directamente a un convivio comunitario con tacos, hamburguesas, pizza, postres de fruta y música en vivo. Las familias permanecieron reunidas, los niños participaron en distintas actividades y los voluntarios continuaron coordinando la logística, una extensión informal del mismo esfuerzo comunitario que hizo posible el proyecto.
David Mehr, quien ha asistido a numerosas ceremonias de inicio de obras y se desempeña como director de servicios de campañas de capital de la arquidiócesis, dijo que nunca había visto algo semejante, desde el ambiente festivo hasta los seiscientos fieles que asistieron.
Para muchos, el día marcó tanto una culminación como un nuevo comienzo.
“Es un acontecimiento histórico”, dijo el padre José. “Espero que esto no vuelva a suceder en más de 100 años, porque eso significará que esta iglesia servirá a generaciones”.
La segunda etapa de esa visión comenzará en julio con el inicio de la construcción de St. Clare en Edwards, completando así el plan de dos iglesias destinado a ampliar el acceso a los sacramentos y fortalecer la vida católica en todo el valle.
Sin embargo, incluso mientras comienza la construcción, los líderes parroquiales mantienen claro lo que realmente define la obra. La Iglesia, como enfatizó el padre José, existe antes que el edificio.
“La Iglesia comienza no cuando se levantan las paredes”, dijo. “Comienza cuando una comunidad decide que Cristo es el centro”.
En Gypsum, esa decisión ya ha sido tomada. La tierra ha sido encomendada, la obra ha comenzado y lo que surja de ella, bajo el cuidado de Cristo y de la Santísima Virgen María, busca servir no solo a la generación presente, sino también a las que vendrán durante décadas y, si Dios quiere, mucho más.



































