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Perspective

«Deja todo y síguele»: Seminarista reflexiona sobre la Procesión Eucarística en Denver

  • Foto del escritor: Escritor Invitado
    Escritor Invitado
  • 14 jul 2024
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 1 ene


Por Daniel Rivas Seminarista por la arquidiócesis de Denver

Seminario St. John Vianney en Denver


«Jesús regresó a casa con sus discípulos. Y otra vez se juntó tanta gente que ni podían comer.»


Así comenzaba el Evangelio de aquel domingo, y estas palabras no podrían ser más apropiadas considerando que nunca he visto tanta gente en la catedral. El día de la Procesión Eucarística Nacional fue la más llena que he visto la catedral.


Como seminarista, he tenido el privilegio de servir muchas veces en este lugar grandioso, pero por alguna razón, este domingo superó a todos.


Creo que una gran razón por la cual este evento atrajo a una multitud tan enorme no es solo por la gran fe de la gente de Denver, sino porque en lo más profundo, ellos y toda la sociedad tienen un anhelo profundo de paz, y desean que Cristo, el Príncipe de la Paz, reine en nuestro mundo.


Mientras salíamos de la catedral y caminábamos por las calles del centro de Denver, se dieron muchas reacciones: desde la madre devota rezando su rosario, hasta el turista curioso que observaba, e incluso las personas sin hogar que parecían no notar nada; lo que nos une a todos es nuestra redención en Cristo.


Toda la sociedad está quebrantada, y salir en medio de ella nos recuerda también nuestra propia quebrantamiento.


Pero la belleza de esta Procesión Eucarística consiste precisamente en que nuestro Señor santo e encarnado ha elegido caminar entre nosotros, en nuestros sistemas de poder rotos, en nuestras vidas familiares caóticas y en nuestros egoísmos.


Sin embargo, en todo esto, al igual que los primeros discípulos, también podemos llegar a ser como él si dejamos todo y lo seguimos.

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