Votar será decisivo para nuestra historia

Arzobispo Aquila

En mis viajes por Colorado he experimentado la bondad de la gente en nuestro estado. Somos generosos, acogedores y gente amable. El próximo 6 de noviembre el país va a votar por nuestros líderes políticos y por algunos puntos clave que causarán un impacto en los años venideros. A medida que nos acercamos a este momento, es imprescindible que la gente buena de nuestro estado no se quede al margen, sino que dé a conocer sus creencias.

Una triste pero instructiva historia pone de manifiesto esta necesidad. En 1964 ocurrió una tragedia en Nueva York, cuando una mujer llamada Kitty Genovese fue brutalmente asaltada y asesinada. El crimen en sí mismo fue aterrador, pero el New York Times reveló un nivel más profundo de fallas humanas cuando reportó dos semanas después que 38 personas escucharon o vieron este ataque que duró unos 30 minutos y solo una persona lo reportó a la policía, luego de que descubrieran que ella había muerto.

Después de escuchar este caso, los psicólogos sociales Bibb Latané y John Darley comenzaron a investigar qué causas hicieron que la gente fallara en intervenir en esta emergencia. El resultado de esta investigación fue la introducción del concepto llamado “el efecto espectador”, un fenómeno en el cual nadie interviene porque todos asumen que la responsabilidad del evento se extiende a través del número de testigos , acompañado por el impacto de lo que se conoce como influencia social, donde las personas determinan cómo reaccionar observando las reacciones de los demás.

Colorado se encuentra en una encrucijada en varios temas que hacen de estas elecciones un asunto serio del cual cada persona es responsable con su voto. No podemos ser solo espectadores. Más bien, las personas de fe debemos ser parte activa de las elecciones, fortaleciendo y enriqueciendo el tejido de la sociedad.

Los asuntos que serán tratados por nuestro próximo congreso y nuestra legislatura estatal son numerosos, pero aquí están los más importantes:

Principalmente, la salud de nuestra nación depende de un profundo respeto por la vida humana desde el momento de su concepción hasta su muerte natural y el futuro de nuestra sociedad depende de la protección de este derecho. Todo católico debe tener esto en cuenta cuando decida cómo va a votar. Los candidatos, sin importar el partido, pueden definir mucho en lo que tiene que ver con los no nacidos, cuyas vidas inocentes se encuentran en peligro.

Proteger la vida también incluye determinar cuáles candidatos respetan las vidas de aquellos que vienen a nuestro país como inmigrantes. En la parábola sobre el juicio final, Cristo dice: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, era forastero y me acogiste”. (Mt. 25, 35). Considera si los candidatos realmente se comprometen a acoger a los inmigrantes, y tratan de aprobar leyes que corrijan el sistema confuso e ineficiente para la inmigración legal que tenemos en vigencia. Los inmigrantes, como cualquier persona, tienen una dignidad dada por Dios y deben ser tratados como Cristo. Como Jesús explica en la parábola: “Les aseguro que cuanto dejen de hacer por uno de estos pequeños, también conmigo dejaron de hacerlo” (Mt. 25, 45). Necesitamos urgentemente nuevas leyes en este terreno que pongan en una balanza las necesidades de seguridad de nuestro país junto con el mensaje del Evangelio de acoger al forastero.

La protección de la libertad de conciencia y de libertad religiosa dentro de nuestras leyes es otro asunto que deberían considerar los votantes. Como muchos de ustedes saben, Jack Philipps, el pastelero de Lakewood, ha sido investigado por la Comisión Estatal de Derechos Civiles una segunda vez, luego de que él hubiese ganado exitosamente ante la Corte Suprema el pasado mes de junio. Jack tuvo que soportar la pérdida del 40 por ciento de su negocio, despedir a más de la mitad de sus empleados y recibir amenazas de muerte, todo porque él declinó ante la propuesta de usar su talento artístico para celebrar un evento que está en conflicto con su fe cristiana.

Las personas de fe no deberían ser obligadas a actuar en contra de sus creencias, pero nuestra Comisión de Derechos Civiles de Colorado piensa de otra manera. Esto hace que la carrera del gobernador de Colorado sea especialmente importante, ya que nombrará a cuatro nuevos miembros para esta comisión de siete personas.

Finalmente, nuestro estado y nuestras leyes generales considerarán proyectos de ley que impactan a los pobres y vulnerables a quienes servimos en muchos de nuestros ministerios. Estos incluyen apostolados como la casa de refugio para indigentes Samaritan House, nuestro programa arquidiocesano de vivienda y nuestros colegios católicos, solo por nombrar algunos.

La semana pasada, en la parroquia Risen Christ se llevó a cabo un programa de educación para los votantes y en esta reunión, un hombre proveniente de África compartió una conmovedora historia que ofrece una perspectiva sobre el privilegio de poder votar. Después de ofrecer los materiales sobre cómo votar y cómo estar involucrados en el proceso de elección, este hombre se puso de pie y compartió cómo en su país él ha visto morir personas que han sido atacadas en el proceso de emitir sus votos. Tanto él como su compatriota consideran un honor y un privilegio votar porque ellos conocieron personas que han arriesgado sus vidas para hacer esto y entendieron el impacto que su voto podría tener en el futuro.

Esto también es cierto aquí en los Estados Unidos, aunque nosotros no enfrentemos los mismos peligros en las urnas. Les aliento a orar sobre su voto, a formar su consciencia, a traer su fe y sus valores con su voto, a reconectarse en este proceso electoral si han estado desconectados. No podemos ser espectadores, más bien, debemos ser gente de fe dispuestos a tomar una posición, así como cada una de las personas que participan con su voto. ¡Que Dios guíe y bendiga con su voz mientras ustedes ayudan a determinar el futuro de nuestro estado y de nuestro país!

Traducido del español por Carmen Elena Villa.

Próximamente: Las posadas: más que una simple tradición

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Las posadas son una celebración dedicada a conmemorar la peregrinación que hicieron José y María de Nazaret a Belén en busca de un refugio seguro donde María pudiera dar a luz al niño Jesús. Al no encontrar alojamiento en Belén, José y María se vieron obligados a buscar refugio en un establo, donde nació el niño Dios. Actualmente, la celebración del peregrinaje comienza el 16 de diciembre y termina el 24 de diciembre con la llegada de Jesús.

Aunque algunos países latinoamericanos ya han acogido esta tradición, el origen de las posadas se remonta a los tiempos de la conquista de México, por lo que es una tradición que se ha dado a conocer principalmente en la cultura mexicana.

Durante estos nueve días, cada noche se lleva a cabo una representación de José y María montados en un burro y buscando un refugio. Tanto adultos como niños participan en la procesión, la cual comienza con la visita a hogares seleccionados donde un grupo que representa a los peregrinos piden “posada” o alojamiento. En cada parada de la procesión se leen pasajes de las Escrituras y se cantan las letanías para pedir posada.

Tradicionalmente, los anfitriones de estos hogares niegan el alojamiento a los peregrinos hasta que el grupo llega a la casa designada y puede ingresar. El rezo del rosario también se incorpora durante la procesión. Posteriormente, se ofrece comida a los asistentes, los niños rompen piñatas y reciben un “bolo” que consiste en una bolsita con caramelos. Las piñatas generalmente están hechas en forma de una estrella, que simboliza a la estrella que guio a los tres Reyes Magos hasta el pesebre donde se encontraba el niño Dios.

La tradición continúa cada noche en una casa diferente. La última noche, la víspera de Navidad, generalmente se celebra una misa de media noche (Misa de Gallo) en la que se celebra la llegada del niño Jesús.

Esta práctica ha cobrado varias formas a través de los tiempos. En muchos lugares ahora se acostumbra pedir posada en una sola casa, por lo que no hay una procesión. Por esta razón el rezo del rosario también se realiza antes o después de pedir posada.

El origen de esta celebración única se remonta a los tiempos de la conquista en México. Antes de la llegada de los españoles, los aztecas celebraban durante el mes de diciembre la llegada de “Huitzilopochtli” que consideraban el dios de la guerra. Las fiestas comenzaban el día 6 y duraban 20 días. El día 24 por la noche y durante el transcurso del día 25, había festejos en todas las casas en los cuales se ofrecía comida a los invitados y unas estatuas pequeñas de pasta llamada “tzoalt”.

Los misioneros que llegaron a México a finales del siglo XVI aprovecharon la costumbre para inculcarles el espíritu evangélico a los indígenas y le dieron a su celebración un sentido cristiano, lo que serviría como una preparación para recibir a Jesús el día de Navidad.

Con este propósito, fray Diego de Soria, un misionero agustino, obtuvo permiso del Papa Sixto V en 1585 para celebrar nueve misas antes de navidad, conocidas como las “misas de aguinaldo”, del 16 al 24 de diciembre. Durante estas celebraciones eucarísticas, se leían pasajes y escenas de la navidad. Para hacerlas más atractivas y amenas, se les agregaron luces de bengala, cohetes y villancicos, y posteriormente la piñata en forma de estrella. Los asistentes también recibían un pequeño regalo conocido como “aguinaldo”, de ahí la prestación que se da en México a los trabajadores durante las fiestas navideñas.

Con el tiempo, las posadas se comenzaron a celebrar en vecindarios y en casas para llevarlas a un entorno familiar. La celebración ha ido cambiando poco a poco y se le han ido agregando elementos que en ocasiones dependen de la región.

Más que una simple tradición, las posadas son un medio para preparar con alegría y oración nuestro corazón para la venida de Jesucristo, y para recordar lo que vivieron durante su peregrinaje José y María.