¿Tu matrimonio está en peligro? Aún hay esperanza

El Movimiento Familiar Cristiano ha salvado miles de matrimonios

Carmen Elena Villa

En una época y un tiempo en el que la familia se ve amenazada ¿es posible que una pareja de esposos sostenga la promesa que se hicieron en el altar? Muchos integrantes del Movimiento Familiar Cristiano han confirmado que sí. Varios de sus integrantes han ingresado allí buscando una última alternativa para salvar su matrimonio ¡y la han encontrado! Uno de sus miembros repite constantemente “¡bendito movimiento!”, abrazando a su esposa con quien enfrentó grandes conflictos en el pasado.

También existen las parejas que han ingresado allí en un buen momento de su matrimonio y la formación recibida en el Movimiento les ha dado herramientas para enfrentar y superar los momentos difíciles.

“Es importante para ustedes entender qué significa vivir en una familia”, les dijo el arzobispo Samuel Aquila el pasado 10 de marzo en la Asamblea Regional del Movimiento Familiar Cristiano.

Este movimiento fue fundado en 1943 en Chicago debido a la inquietud de siete hombres que buscaban vivir una vida cristiana dentro de sus familias. Rápido se extendió y en 1969 se instituyó en español.  En el año 2001 llegó a Colorado por iniciativa de los esposos Luis e Irma Olivas. Hoy cuenta con 500 familias en que se reúnen en la Arquidiócesis de Denver y la diócesis de Colorado Springs. A nivel nacional este movimiento está presente en 22 estados y congrega a unas 8 mil familias. También se encuentra en 38 países de cuatro continentes.

Foto de Carmen Elena Villa. El Arzobispo Samuel Aquila celebrando la misa de apertura de la Asamblea del Movimiento Familiar Cristiano.

Los esposos comienzan así un itinerario formativo que consta de cuatro etapas. Cada una con la duración de un año escolar. Ellos, por medio de la lectura de textos y de diálogos en grupos pequeños, aprenden valores como la formación religiosa, conyugal, la formación para la educación y la formación para el compromiso comunitario. Ellos cuentan con asesores espirituales que pueden ser un sacerdote, un diácono o una religiosa. “Nuestro movimiento hace un nuevo estilo de vida, nos enseña a ser más organizados, a ser personas en oración, fortalece el matrimonio para entender el valor de cada uno, hombre y mujer”, dijo en diálogo con El Pueblo Católico Cristóbal Villafranca quien, junto con su esposa Rosa presiden este movimiento a nivel nacional. Esta pareja reside en Houston, Texas y estuvo recientemente en Denver para la realización de la Asamblea Regional.

Un elemento fundamental de este itinerario es el Encuentro Conyugal, que tiene la duración de un fin de semana, en el que un equipo de parejas les presenta, por medio de testimonios, los diferentes retos y momentos que tiene todo un matrimonio. Muchos esposos evidencian así la necesidad de tener una mejor comunicación con su pareja y de dejar entrar más a Dios en sus vidas. Después de estos encuentros, muchas parejas, y por ende, muchas familias, experimentan un gran cambio.

“Vienen muchos matrimonios lastimados”, indica Cristóbal. “En los encuentros conyugales ellos pueden recibir una ayuda más profunda para cambiar su estilo de vida. Recapacitan sobre muchos o malos hábitos que tienen en su matrimonio y luego del encuentro se les hace un seguimiento”, indica. Su esposa Rosa asegura cómo en la actualidad los matrimonios se enfrentan con desafíos más grandes: “las tecnologías que muchas veces facilitan las infidelidades o vicios como la pornografía o la drogadicción”. Cristóbal admite también: “Como padres no podemos perder la autoridad, ni perder el control de la familia. Nosotros somos responsables de la educación de nuestros hijos hasta que sean adultos”.

El Movimiento, al ser familiar, también involucra a los hijos, especialmente a quienes son menores de edad. Por ello en Colorado existen grupos de preadolescentes y adolescentes quienes, a la par con sus padres, reciben formación en la fe y celebran en comunidades la amistad en Jesús y la alegría del Evangelio.

Recientemente el obispo auxiliar de Denver, monseñor Jorge Rodríguez, fue nombrado representante del Movimiento Familiar Cristiano USA ante la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB por sus siglas en inglés). El Prelado afirma que esta oportunidad le ha permitido “ser testigo de la vitalidad y dinamismo espiritual que el MFC ofrece a las familias para crecer en la fe, en la unión y felicidad familiar”.

“He conocido esta realidad eclesial desde dentro y puedo decir que el compromiso y entrega de sus miembros es de admirar. Los motiva un grande amor a Dios y la familia”, concluyó el obispo Rodríguez.

Próximamente: ¿Cómo puedo perdonar a alguien que me ha hecho daño a mí o a un ser querido?

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Todos sufrimos, de vez en cuando, situaciones de injusticia, humillaciones, rechazos, ofensas, maltratos, abusos y agresiones, que nos provocan reacciones de resentimiento que llegan hasta el odio y deseos de venganza. A veces las sufrimos, pero a veces somos nosotros los que las infringimos. En ocasiones necesitamos perdonar y frecuentemente necesitamos ser perdonados.

El perdón nace de uno, de una decisión que toma uno, algo interno que uno elige. Pero perdonar no es automático y no es cuestión de solo querer hacerlo, muchas personas querrían perdonar pero no pueden hacerlo, como muchos también querrían ser ricos y no solo por desearlo ya lo lograron. Así el perdón: no basta con desearlo, hay que trabajar para ello. Primero que nada se deben cultivar virtudes en la vida como: el amor, la comprensión, la generosidad, la humildad, la misericordia, el abrirse a la gracia de Dios, por mencionar algunas. Por lo tanto, el poder perdonar es consecuencia no solo de un deseo sino de una vida virtuosa como lo requiere nuestra fe Católica.

Jesús nos dice que debemos perdonar hasta setenta veces siete, que es decir prácticamente siempre:

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mt 18:21-22).

El perdón se ha convertido en nuestra sociedad en señal de debilidad y cobardía, pero la verdad es que sólo es capaz de perdonar quien tiene grandeza de corazón, y el mejor ejemplo lo encontramos en Jesús; el perdón es esencial para cristianismo y para el verdadero amor. Es necesario perdonar a los demás, para poder ser completamente libre. Si no somos capaces de perdonar seguiremos viviendo aferrados al pasado; vamos arrastrando resentimientos que nos oprimen el corazón sin ser capaces de amar porque alguien nos engañó, sin ser capaces de confiar porque alguien nos traicionó, sin ser capaces de aceptar a los demás porque alguien nos rechazó; en definitiva, sin permitirnos crecer ni ser felices, sin tener paz en el corazón ni alegría en el espíritu, sin tener luz ni disfrutar de la vida.

Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar y de insatisfacción generales. Superar las ofensas es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida.

Perdonar es un acto de fortaleza espiritual, un acto liberador. Es un mandamiento cristiano y además un gran alivio. Significa optar por la vida y ponerse en el camino de la salvación:

“Porque si ustedes  perdonan a los hombres sus ofensas, los perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco su Padre los perdonará a ustedes ofensas” (Mt 6:14-15).

 

Image by Daniel Reche from Pixabay