Todos necesitan experimentar al menos una JMJ en su vida

Una reflexión tras la JMJ Panamá 2019

Escritor Invitado

Por: Janeth Chavez

Hace tres años, en el año 2016 en Cracovia, Polonia, viví mi primer evento de la Jornada Mundial de la Juventud y me enamoré completamente de la experiencia. Abrió una nueva visión de lo que es la Iglesia católica, e inmediatamente pensé: “todos necesitan experimentar una JMJ al menos una vez en la vida”. Luego sentí una llamada del Señor para llevar a un grupo de jóvenes a la siguiente JMJ en Panamá.

El pasado enero de 2019, la semilla que se sembró en mi corazón en 2016 se convirtió en una realidad. Llevando a un grupo de 18 peregrinos, comenzamos un viaje espiritual sin saber lo que nos esperaba en Panamá. Con el estrés y los temores de ser responsable de menores en un país extranjero, tuve que confiar completamente en la providencia, la protección y la guía de Dios.

La preparación del grupo meses antes nos ayudó a estar listos, mentalmente, físicamente, pero lo más importante espiritualmente. Tan pronto como llegamos a nuestra parroquia asignada en Panamá, nos encontramos con la cálida bienvenida de los panameños que nos hicieron sentir en casa. Ese mismo primer día, después de la misa, Panamá sufrió un apagón en todo el país, y así comenzó nuestra peregrinación de abandono total al plan de Dios.

El Papa Francisco dio la bienvenida a todos durante la ceremonia de apertura y nos recordó que nuestra reunión en Panamá es una fiesta de alegría y esperanza para toda la Iglesia, y para el mundo un gran testimonio de fe. Su mensaje para nosotros fue de siempre mirar a nuestra Santísima Madre María como nuestro modelo a seguir, nuestra “persona influyente”, y ser valiente como ella lo fue. Recordándonos su “hágase”, el sí de María a participar en la misión de Dios. Enfocando que todos tenemos una misión. Permitir que nuestro sí a la misión Dios sea una puerta para nuestro mañana. Dejar que el Señor nos ame y nos lleve al futuro. Él se encargará del resto. Jesús no es una tendencia, no es temporal, es nuestra vida ahora y avanzando.

La semana de la JMJ, la USCCB también organizó una reunión para los miles de peregrinos estadounidenses en Panamá. Tener un momento para reunirnos con los peregrinos, oradores, artistas, y el clero de nuestro país, nos dio la oportunidad de encontrarnos con la Iglesia de los Estados Unidos y nos dio la esperanza de continuar nuestro viaje espiritual sabiendo que tenemos su apoyo.

Salimos de Panamá con un mensaje de esperanza, aliento a amar más, a construir puentes y no muros, y que juntos como comunidad, tenemos que elevarnos mutuamente. Recordándonos vivir en el “ahora”. Tener pasión por amar ahora y no ser paralizado por el miedo. Lo más importante fue un recordatorio y un llamado a los adultos, de que nuestra juventud no es el futuro, “sino el ahora, el presente, el ahora de Dios “.

Comparto mi experiencia con la esperanza de animar a los jóvenes a ir al próximo y a los adultos a tomar un grupo y experimentar el viaje espiritual que la JMJ tiene que ofrecer, al menos una vez, y decir Sí a la misión que Dios tiene para cada uno de nosotros. Dios nunca decepciona.

¡Nos vemos en Lisboa, Portugal en 2022!

  • Janeth es la asistente ejecutiva del obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez.

Próximamente: La fe católica de Kobe Bryant

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La superestrella de básquet Kobe Bryant falleció este domingo 26 de enero en un accidente de helicóptero al sur de California (Estados Unidos). Con 41 años, era el padre de cuatro hijas.

La hija de Kobe, Gianna Bryant, de 13 años, también habría muerto en el accidente de helicóptero, junto con otra adolescente, su padre y el piloto del vehículo. Habrían estado viajando a un juego de básquet.

Bryant es considerado uno de los más grandes jugadores de básquet de todos los tiempos. Se retiró en 2016 tras una carrera de 20 años con Los Angeles Lakers, donde ganó cinco campeonatos de la National Basketball Association (NBA), un premio del Jugador Más Valioso (MVP, por sus siglas en inglés), dos campeonatos de puntuación y muchos otros reconocimientos.

Más allá del básquet, Bryant era esposo y padre que en 2015 dijo que su fe católica lo ayudó a superar un periodo difícil en su vida y la de su familia.

Bryant fue criado en una familia católica, y pasó mucho tiempo de su niñez viviendo en Italia. Se casó en 2001 en una parroquia del sur de California.

En 2003, Bryant fue arrestado tras ser acusado de violar a una mujer en una habitación de hotel, en el estado de Colorado.

Bryant admitió que tuvo un encuentro sexual con la mujer, pero negó que la haya violado. Cuando la denuncia se hizo pública, Bryant perdió patrocinadores y enfrentó acusaciones criminales, que finalmente fueron retirados.

Bryant publicó una disculpa a su acusadora, con quien también llegó a un acuerdo en una denuncia civil.

“Aunque verdaderamente creo que este encuentro entre nosotros fue consensual, reconozco que ella no vio y no ve este incidente de la misma forma en la que yo lo vi. Después de meses de revisar los hallazgos, escuchar a su abogado, e incluso su testimonio en persona, ahora entiendo cómo se siente y que ella no consintió con este encuentro”, dijo el basquetbolista en su disculpa del 2004.

En 2015, el jugador de básquet dijo a la revista GQ que luego de que el tema se resolvió, decidió dejar atrás algo de la superficialidad que él sentía que había construido en su persona pública.

“Lo que llegué a entender, saliendo de Colorado, es que yo tenía que ser yo, en lugar de dónde estaba en ese momento”.

Bryant dijo que fue un sacerdote quien lo ayudó a hacer algunos importantes descubrimientos personales durante la dura prueba.

Describiendo su temor de ser enviado a prisión por un crimen que él creía que no había cometido, Bryant dijo a GQ que “lo único que realmente me ayudó durante ese proceso –soy católico, fui criado católico, mis hijas son católicas– fue hablar con un sacerdote”.

“De hecho fue algo gracioso: él me mira y dice ‘¿lo hiciste?’. Y yo digo ‘por supuesto que no’. Entonces me pregunta ‘¿tienes un buen abogado?’. Y yo estoy como que ‘uh, sí, él es fenomenal’. Así que entonces él dijo ‘déjalo ir. Sigue adelante. Dios no te va a dar nada que no puedas manejar, y está en sus manos ahora. Esto es algo que no puedes controlar. Así que déjalo ir’. Y ese fue un punto de inflexión”, dijo Bryant.

Una decisión de 2004 de depositar una confianza más profunda en Dios no significó que la vida de la estrella de básquet estuviera después libre de dificultades, o definida por la virtud.

En 2011, Vanessa Bryant pidió el divorcio a Kobe, alegando diferencias irreconciliables. Pero Bryant dijo que decidió no rendirse en su matrimonio, y dos años después su esposa retiró su solicitud de divorcio.

“No voy a decir que nuestro matrimonio es perfecto”, dijo Bryant a GQ en 2015.

“Aún peleamos, como toda pareja casada. Pero sabes, mi reputación como atleta es que soy extremadamente decidido, y que trabajaré duro. ¿Cómo podría hacer eso en mi vida profesional si no era así en mi vida personal, cuando eso afecta a mis hijas? No tendría ningún sentido”, añadió.

Bryant y su esposa habrían asistido regularmente a una parroquia de Orange County, California.

Además, el basquetbolista había conectado su fe católica con un compromiso familiar de ayudar a los pobres, a través de la Fundación Familiar Kobe & Vanessa Bryant. La fundación ayudó a financiar refugios para jóvenes sin techo, así como otros proyectos dirigidos a servir a los más pobres.

“Tienes que hacer algo que tenga un poco más de peso, un poco más de significado, un poco más de propósito”, dijo en 2012, de acuerdo a Los Angeles Times.

La falta de hogar, dijo, “es algo que se deja de lado porque es fácil culpar a quienes no tienen hogar y decir ‘bien, tú tomaste esa mala decisión. Esto es donde estás. Es tu culpa’”.

“En la vida todos cometemos errores y dar un paso atrás y permitir que alguien viva de esa forma y de alguna manera lavarte las manos… eso no es correcto”, señaló.

Los arreglos para el funeral de Bryant aún no han sido anunciados.

Traducido y adaptado por David Ramos. Publicado originalmente en CNA.