“Sangre y agua”, uno de los legados de Juan Carlos Reyes

El canal en YouTube tiene 1’200.000 suscriptores

Carmen Elena Villa

Jorge Reyes siempre ha sido muy inquieto por difundir el Evangelio a través de las Nuevas Tecnologías, por ello fundó un ministerio denominado “Sangre y agua”, que busca evangelizar a través de la música y de reflexiones en un canal en YouTube que lleva el mismo nombre. Hace tres años su hermano (Juan Carlos, quien fue director de Centro San Juan Diego y falleció el pasado 20 de marzo a los 33 años) le dio una idea: ¿Por qué no aprovechar ese canal para comentar las lecturas de la misa día? Y así lo hicieron. Hoy el canal Sangre y agua tiene 1’200.000 suscriptores de diferentes países de habla hispana y tiene más de 100 mil visitas diarias. Recibe este nombre debido a la sangre y el agua que salieron del costado de Jesús cuando al morir en la cruz, este fue traspasado por la lanza de los soldados.

Al preguntarle a Jorge qué estrategia han utilizado para ganar suscriptores, él respondió: “Pienso que es la gracia de Dios, su amor y su misericordia. No se lo puedo retribuir a nada ni a nadie. No he hecho nada especial, no he hecho propaganda. La gente sola se suscribe”.

Usualmente las prédicas de “Sangre y agua” se concluyen con una canción compuesta por Jorge y que esté relacionada con el Evangelio o lecturas del día. La música también está presente en la página web sangreyagua.com que contiene además oraciones, prédicas, fotos católicas, testimonios de conversión, entre otros materiales. Además, Jorge ha grabado 9 CD de música católica, los cuales están disponibles también en plataformas como Spotify, iTunes, Google plays, entre otras.

Juan Carlos realizaba las reflexiones los días martes y jueves. Su última reflexión fue el 22 de enero, ya que ese día en la tarde él ingresó al hospital donde le fue diagnosticada la enfermedad que terminó con su vida. “Podemos aprender de los primeros interlocutores de Jesús, el querer acercarnos a Él, quererle ver, escuchar y conocerle para saber quién es y cuál es su mensaje”, dijo Juan Carlos en su última prédica. “Esa es nuestra vocación fundamental: conocerlo para amarlo”.

Los miembros de la familia Reyes Mendoza están así involucrados en el ministerio “Sangre y Agua”. Su padre Jorge, su madre Rosa participan en la grabación de las lecturas y de las prédicas desde Colima, México, donde residen actualmente. También lo hacen dos integrantes del grupo de oración de la parroquia Saint Anthony of Padua, donde asiste Jorge y donde asistía Juan Carlos. El predicador de las lecturas dominicales es el padre Marcos Galvis de Venezuela.

Además de “Sangre y agua”, Juan Carlos, meses antes de morir, había iniciado su propio canal en YouTube llamado Splendor. Su plan era subir un video mensual para explicar algunos puntos de la fe de la Iglesia: “Creemos que la fe católica es hermosa, que la fe en Jesucristo transforma la vida de cada persona (…) No es justo que esta fe no sea conocida”, dijo Juan Carlos al comenzar este nuevo canal. Debido a su enfermedad y posterior muerte, Reyes subió solo tres videos a Splendor.

Varios seguidores de los canales de Reyes estuvieron atentos al estado de su salud y se sintieron muy tocados con su muerte. “Siempre admiré su convicción por llevar el Evangelio y compartirlo con todos. Que Dios lo tenga en su santa gloria”, fue el comentario que hizo una de sus fieles oyentes, Rosmary Campos en la página de Facebook de El Pueblo Católico.

Cuando le preguntamos a Jorge cuál es el mayor legado que le dejó su hermano, él respondió: “Sus experiencias, sus enseñanzas, su sabiduría, su forma de ser, cómo tratar a la gente. Yo donde vaya siempre voy a hablar de mi hermano, para mí él fue un ejemplo a seguir. Todas las cosas que él hizo te acercan más a Cristo”. Así, “Sangre y Agua” logra transmitir la fe profunda que tuvo Juan Carlos y su deseo de que el Evangelio fuera conocido por más personas, tal y como fueron sus ultimas palabras antes de morir: “Ahora les toca a ustedes llevar la Palabra de Dios”.

Próximamente: ¿Cómo puedo perdonar a alguien que me ha hecho daño a mí o a un ser querido?

¡Regístrese en una suscripción digital a Denver Catholic En Español!

Todos sufrimos, de vez en cuando, situaciones de injusticia, humillaciones, rechazos, ofensas, maltratos, abusos y agresiones, que nos provocan reacciones de resentimiento que llegan hasta el odio y deseos de venganza. A veces las sufrimos, pero a veces somos nosotros los que las infringimos. En ocasiones necesitamos perdonar y frecuentemente necesitamos ser perdonados.

El perdón nace de uno, de una decisión que toma uno, algo interno que uno elige. Pero perdonar no es automático y no es cuestión de solo querer hacerlo, muchas personas querrían perdonar pero no pueden hacerlo, como muchos también querrían ser ricos y no solo por desearlo ya lo lograron. Así el perdón: no basta con desearlo, hay que trabajar para ello. Primero que nada se deben cultivar virtudes en la vida como: el amor, la comprensión, la generosidad, la humildad, la misericordia, el abrirse a la gracia de Dios, por mencionar algunas. Por lo tanto, el poder perdonar es consecuencia no solo de un deseo sino de una vida virtuosa como lo requiere nuestra fe Católica.

Jesús nos dice que debemos perdonar hasta setenta veces siete, que es decir prácticamente siempre:

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mt 18:21-22).

El perdón se ha convertido en nuestra sociedad en señal de debilidad y cobardía, pero la verdad es que sólo es capaz de perdonar quien tiene grandeza de corazón, y el mejor ejemplo lo encontramos en Jesús; el perdón es esencial para cristianismo y para el verdadero amor. Es necesario perdonar a los demás, para poder ser completamente libre. Si no somos capaces de perdonar seguiremos viviendo aferrados al pasado; vamos arrastrando resentimientos que nos oprimen el corazón sin ser capaces de amar porque alguien nos engañó, sin ser capaces de confiar porque alguien nos traicionó, sin ser capaces de aceptar a los demás porque alguien nos rechazó; en definitiva, sin permitirnos crecer ni ser felices, sin tener paz en el corazón ni alegría en el espíritu, sin tener luz ni disfrutar de la vida.

Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar y de insatisfacción generales. Superar las ofensas es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida.

Perdonar es un acto de fortaleza espiritual, un acto liberador. Es un mandamiento cristiano y además un gran alivio. Significa optar por la vida y ponerse en el camino de la salvación:

“Porque si ustedes  perdonan a los hombres sus ofensas, los perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco su Padre los perdonará a ustedes ofensas” (Mt 6:14-15).

 

Image by Daniel Reche from Pixabay