Salvado de las llamas

El testimonio del hombre Hispano que sobrevivió el incendio infernal en Denver

Vladimir Mauricio-Perez

Elías Venegas, el hombre de 53 años que fue visto y fotografiado intentando escapar desde el tercer piso de un edificio envuelto en llamas en Denver el pasado miércoles, 7 de marzo, asegura que no estaba solo: Dios estuvo ahí. No tiene huesos fracturados ni lesiones serias internas o externas. Simplemente está “un poco adolorido”.

“Siento que Dios estaba ahí y que actuó. Me estaba protegiendo”, dijo Venegas en una entrevista exclusiva con el Denver Catholic en español. “Así es como Dios se manifiesta”.

Siendo el trabajador que más lejos se encontraba de la salida, considera un milagro el hecho de haber salido ileso. Estaba en el techo del edificio de cinco pisos cuando este se incendió.

“Terminé de comer [en el techo del edificio] y le dije a un compañero que tenía que hablarle a mi esposa,” recuenta el sobreviviente. “Caminé hacia el otro lado del techo para hablar y cuando venía de regreso, vi el humo que subía por un lado del edificio, así que le grité a mis dos compañeros para que corrieran.”

Aunque recuerda los siguientes segundos confusamente, está seguro que bajó detrás de sus colegas hasta el tercer piso, donde las autoridades creen que el incendio se generó, donde se encontró con una ola espesa de humo negro, proveniente de lo que parecían ser las escaleras, y perdió de vista a sus compañeros que habían bajado.

“Decidí no bajar. Algo me decía que no me fuera por ahí,” relata Venegas.

En cambio, corrió hacia la primera apertura que vio: una puerta diseñada para un balcón y atravesada con tablones de seguridad, y consiguió salir a la parte exterior del edificio para intentar bajar.
“Quería brincar a la puerta del segundo piso pero las manos se me cansaron. Tenía todo el peso en las manos y [el edificio] estaba de más caliente,” recuerda. “Miré al suelo y dije: ¿cómo voy a brincar? Está muy alto.”
Fue en ese momento que fue fotografiado por un testigo, mientras se encontraba suspendido, justo antes de soltarse.

“Nada más sentí que me solté. Y cuando me solté, sentí un aire suave, como si alguien me hubiera soplado en la cara. De ahí no recuerdo nada más. No recuerdo estar cayendo ni haber caído. Solo recuerdo que había personas alrededor preguntándome si estaba bien. Me levanté mareado, pero no sentía dolor, solo estaba confundido. Lo único que pensaba era en llamarle a mi esposa”, cuenta Venegas.

Sus compañeros que se también se encontraban en el techo no lo vieron salir y creyeron que no había logrado escapar, así que cuando lo encontraron en la acera, lo recibieron con gran alegría.

Venegas fue ingresado al hospital después del incidente y volvió el día siguiente para obtener análisis médicos, pero los doctores no le encontraron ninguna lesión seria.

“Solo estoy un poco adolorido”, dice con una sonrisa. “Todos estaban sorprendidos, hasta los doctores, de que no tuviera huesos fracturados o lesiones serias. La enfermara, el oficial de seguridad y mi supervisor me dijeron que había sido un milagro que nada me hubiera pasado desde esa altura”.

Venegas, quien es catequista en la iglesia St. Pius X en Aurora y voluntario en otras organizaciones arquidiocesanas con su esposa, Raquel, como en la Escuela de Evangelización San Pablo, está sobre todo agradecido con Dios por estar vivo.

“Dios todavía no me quería allá [en el Cielo] porque aún no termino mi misión aquí en la tierra”, dice Venegas. “Me pone triste el pensar que dos trabajadores no pudieron escapar. Ellos y sus familias van a estar en mis oraciones”.

“Estoy muy agradecido por esta nueva oportunidad que Dios me ha dado”, reflexionó. “Uno siempre predica a un Dios vivo y yo lo pude comprobar. No es algo que pasó solo hace 2,000 años. Yo lo comprobé y muchos otros lo han comprobado también”.

 

Próximamente: Dios nunca se cansa de hablarte

¡Regístrese en una suscripción digital a Denver Catholic En Español!

Es realmente una maravilla que tengamos el don de la Biblia, a través del cual Dios nos habla, nos convence, nos sana y nos nutre en nuestro viaje. En reconocimiento de la importancia de las Escrituras, el 26 de enero la Iglesia celebrará el primer “Domingo de la Palabra de Dios”.

La Palabra de Dios es esencial para nuestra identidad como cristianos. Nos da fuerza, sanación y nutrición. El Catecismo habla de las Escrituras como el lugar donde “la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza, porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios” (CIC, 104). Es fácil perder de vista lo bendecidos que somos de tener este poderoso regalo, este alimento espiritual.

¿Cuántos de nosotros podemos decir que en el último día o semana hemos leído estas palabras santas y transformadoras que Dios nos ha dirigido? ¿Amamos la Palabra de Dios y permitimos que se escriba en nuestra mente y corazón al leerla en oración y con frecuencia? ¿es la Palabra de Dios parte del tejido de nuestras vidas?

El gran predicador san Juan Crisóstomo dio una homilía sobre Mateo 2 en la que preguntó a las personas reunidas en la iglesia: ¿Quién puede repetir un salmo o cualquier otra porción de las Escrituras?

Miró a su alrededor y observó que “no había ni una” sola persona que pudiera responder. El argumento que escuchó con mayor frecuencia fue: “No soy … un monje, sino que tengo esposa e hijos, y el cuidado de mi hogar”.

San Juan Crisóstomo respondió que creer que leer la Biblia era solo para monjes es lo que los había llevado a la ruina, ya que aquellos que están en el mundo “reciben heridas diariamente” y tienen la mayor necesidad del medicamento de la Palabra de Dios. Como sabemos, los que tienen heridas y no las tratan, se infectan, y si no se tratan, pueden morir.

Consciente de la importancia vital de las Escrituras, el Papa Francisco anunció recientemente en su Carta Apostólica, Aperuit Illis, que el 26 de enero de 2020, el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, será el primer día en que toda la Iglesia observe el “Domingo de la Palabra de Dios”. Este día, escribió, debe estar marcado por la “celebración, estudio y divulgación de la palabra de Dios” (Aperuit Illis, 3).

Sin embargo, el Papa advierte que un día dedicado a la Biblia “no debe verse como un evento anual sino más bien como un evento durante todo el año, ya que necesitamos crecer urgentemente en nuestro conocimiento y amor de las Escrituras y del Señor resucitado” (AI, 8), para que nuestros corazones se purifiquen por su verdad y nuestros ojos se abran a nuestros pecados.

Entre las prácticas que frecuentemente recomiendo a las personas para promover una vida de conversión continua están la participación regular en los sacramentos y la oración diaria con las Escrituras. Específicamente, te alentó a la práctica de la Lectio Divina, que implica meditar en las Escrituras al involucrar tus pensamientos, imaginación, emociones y deseos mientras lees. El objetivo de Lectio Divina es principalmente experimentar un encuentro íntimo con Jesucristo, el Padre y el Espíritu Santo. A través de este encuentro, todo nuestro ser se somete más estrechamente a Dios, recibiendo y creyendo cada vez más en el amor del Padre por nosotros de una manera personal y particular, aumentando así nuestro amor y conocimiento de las tres personas de la Santísima Trinidad.

Esta experiencia de escuchar la voz de Dios y familiarizarse con sus movimientos dentro de nosotros, cambia la forma en que vemos el mundo que nos rodea. Pronto, nos volvemos mucho más atentos a su presencia en nuestras relaciones, en la creación y especialmente dentro de la Misa. “En este sentido, la lectura en oración de la Sagrada Escritura actúa como la puerta de entrada a un nuevo Edén, donde el hombre una vez más vive en la presencia consciente de su Hacedor y Salvador” (Sacraments Through Scripture: A Still Small Voice, p.4).

Sé que cuanto más leo y rezo con las Escrituras, y especialmente con los Evangelios, más se convierten en una palabra viva que penetra en mi corazón, de modo que me convenzo más del amor personal del Padre por mí.

Mientras lees esta columna, te animo a que pienses en cómo puedes usar el “Domingo de la Palabra de Dios” como una oportunidad para pedirle a Dios un amor más profundo por su Palabra y aumentar tu deseo de conocerlo a través de las Escrituras. San Jerónimo enseñaba que “la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo”. Cuando conocemos a Jesús a través de la Biblia, realmente somos transformados y experimentamos alegría, incluso en tiempos de prueba o sufrimiento. Que cada uno de nosotros experimente un renovado amor por la Biblia para que seamos verdaderos discípulos que lleven a Cristo a los confines de la tierra.

Imagen destacada de Josh Applegate | Unsplash