¿Responderá esta generación?

Arzobispo Aquila

El Papa Juan Pablo II dijo que vino a Denver a proclamar el Evangelio en las “metrópolis modernas” pero algunos organizadores pensaron que solo vendrían unos 60 mil peregrinos. Los 750 mil que se reunieron en el parque Cherry Creek nos mostraron que ellos estaban equivocados. Hoy la Iglesia continúa enfrentando obstáculos y esto debe hacernos preguntar: ¿Esta generación responderá con la misma apertura al Espíritu Santo y con la misma fe valiente?

Hace 25 años, pocas personas esperaban que aquella “revolución” (como la denominó San Juan Pablo II) pudiera ocurrir en un “pueblo de vacas” llamado Denver. Sí, era una nueva ciudad en el oeste de los Estados Unidos que estaba creciendo y que tiene una de las más hermosas maravillas naturales de nuestro país. Aquí la Iglesia estaba experimentando crecimiento y una afluencia de inmigrantes latinos. Pero el testimonio de la alegría, el entusiasmo y el amor que se derramó en estos días de agosto sorprendieron a muchos.

Existen otros frutos que nacieron de la Jornada Mundial de la Juventud en Denver. Mucha gente joven pudo profundizar en su fe y se pudieron sentar las bases para su vocación al sacerdocio, a la vida religiosa o al matrimonio. Nuestra arquidiócesis también ha sido testigo de un “boom” y de varios apostolados dirigidos por laicos a raíz de la Jornada Mundial de la Juventud. También es justo decir que nuestra Iglesia local se ha energizado con esta experiencia de fe ocurrida en 1993.

Al mismo tiempo debemos ser realistas con los vientos que van en contra de la Iglesia y que se encuentran actualmente tanto a nivel local como nacional. Si comparamos las estadísticas de asistencia a misas semanales entre los años 1990 y 2017 esta práctica tiene una clara tendencia a bajar.  En 1990 el 37 por ciento de los católicos de la Arquidiócesis iban a misa cada semana pero en 2017 solo el 23 por ciento de los fieles iban a misa con esta frecuencia. Es revelador que esta caída ocurrió incluso cuando la población de católicos en la arquidiócesis tuvo 250.000 nuevos adeptos durante el mismo período. Los números nos cuentan la misma historia de lo que ocurre a nivel nacional, con el 39 por ciento de fieles que iban a misa semanalmente en 1990 y el 23 por ciento en 2017 de acuerdo con el Center for Applied Research in the Apostolate (CARA).

Estos números muestran una parte de la imagen, pero solo te dan una vista panorámica de la Iglesia. Y sé, en mi tiempo como sacerdote y en los últimos seis años como arzobispo, que aunque la práctica de la fe está declinando en muchas partes, aún existen ministerios muy vibrantes, parroquias y familias con una fe sólida en el norte de Colorado. Ciertamente es bueno pero no podemos contentarnos solo con esto.

Ha llegado el momento de celebrar el 25 aniversario de la Jornada Mundial de la Juventud, de una nueva “revolución”, de ver cómo la gente de la Arquidiócesis vive la fe y comparte con los demás. En los últimos años he hablado con todos los sacerdotes de la arquidiócesis sobre la necesidad de promover la cultura de discipulado. En los últimos meses, con el aporte y las contribuciones de numerosas personas laicas, nos estamos enfocando en cuatro áreas que ayudarán a crear el fundamento para esta cultura. Estas son: formación en discipulado, acogida a las personas en la parroquia, preparación de los discípulos para salir a evangelizar y liberación -tanto a los sacerdotes como a los miembros del equipo de las parroquias- de tareas administrativas para que puedan dedicar más tiempo a la evangelización.

La parte más esencial de la construcción de una cultura de discipulado es la formación de parroquianos para que puedan tener el apoyo que necesitan y convertirse en discípulos comprometidos si aún no lo están. Sin este grupo de personas que se han encontrado personalmente con Jesús de una manera que les cambie su vida, la fe puede volverse fácilmente una lista de reglas impersonales, especialmente para aquellos que no han tenido una exposición a la fe.

Entonces, ¿cómo apoyamos a los discípulos que ya tenemos y a los que están en formación? Como he comentado con todos los sacerdotes de la arquidiócesis, este movimiento no debería tener límites en cada parroquia. Necesitamos crear una red de discipulado para dar apoyo, compartir con ellos las mejores prácticas y propiciarles un ambiente de comunidad.

Necesitamos preguntarnos: ¿Cómo vamos a responder a esta persona que llama a la parroquia buscando información acerca del Bautismo, el Matrimonio o la Unción de los enfermos incluso si no han ido a la iglesia durante años? ¿Los dirigimos simplemente a los formularios que necesitan completar o trabajamos para crear una amistad viendo la conversación como un momento para recibirlos como lo haría Cristo? Si nos aproximamos a ellos de manera diferente, cada uno de estos momentos podrían convertirse en la puerta de entrada de una relación duradera con Cristo y la Iglesia. En resumen, necesitamos buscar mejorar la manera de recibir a aquellas personas que vienen a contactarnos a nuestra parroquia.

La tercer área en la que nos enfocaremos es en la promoción de una cultura de salida enseñando a los discípulos dentro de nuestras parroquias cómo aproximarnos a alguien que no está cercano a la Iglesia o que no ha tenido una experiencia de fe. Cada parroquia debería preguntarse: ¿Qué eventos o ministerios ofrecemos que podrían interesar a las personas sin formación en la fe o que se han alejado de ella?

El aspecto final de crear una cultura del discipulado es que las oficinas administrativas de la arquidiócesis estarán trabajando para liberar a los sacerdotes y trabajadores de las parroquias para que estén más disponibles para la evangelización. Los sacerdotes, catequistas y directores de pastoral juvenil han invertido años en formar a la gente para que comparta su fe, pero muy a menudo su tiempo se va más en trámites y papeleos. Si bien respetaremos la autonomía del párroco, este esfuerzo va a proveer a las parroquias soluciones que alivien un poco algunas de las cargas operacionales que ellos experimentan, particularmente en los lugares más lejanos.

La analogía del árbol es una buena manera de describir esta creación de la cultura de discipulado. El legado espiritual y los frutos de la Jornada Mundial de la Juventud son el tronco, y de este se desprenden estas cuatro áreas que son como las ramas.  Estas cuatro ramas son solo la parte inicial del crecimiento del árbol, o de una cultura de discipulado que espero y rezo para que florezca en la arquidiócesis de Denver durante los próximos 25 años y vaya más allá.

¡Que San Juan Pablo II interceda por nuestros esfuerzos y que cada persona en la arquidiócesis se acerque más a Cristo y a su Iglesia!

Próximamente: La fe católica de Kobe Bryant

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La superestrella de básquet Kobe Bryant falleció este domingo 26 de enero en un accidente de helicóptero al sur de California (Estados Unidos). Con 41 años, era el padre de cuatro hijas.

La hija de Kobe, Gianna Bryant, de 13 años, también habría muerto en el accidente de helicóptero, junto con otra adolescente, su padre y el piloto del vehículo. Habrían estado viajando a un juego de básquet.

Bryant es considerado uno de los más grandes jugadores de básquet de todos los tiempos. Se retiró en 2016 tras una carrera de 20 años con Los Angeles Lakers, donde ganó cinco campeonatos de la National Basketball Association (NBA), un premio del Jugador Más Valioso (MVP, por sus siglas en inglés), dos campeonatos de puntuación y muchos otros reconocimientos.

Más allá del básquet, Bryant era esposo y padre que en 2015 dijo que su fe católica lo ayudó a superar un periodo difícil en su vida y la de su familia.

Bryant fue criado en una familia católica, y pasó mucho tiempo de su niñez viviendo en Italia. Se casó en 2001 en una parroquia del sur de California.

En 2003, Bryant fue arrestado tras ser acusado de violar a una mujer en una habitación de hotel, en el estado de Colorado.

Bryant admitió que tuvo un encuentro sexual con la mujer, pero negó que la haya violado. Cuando la denuncia se hizo pública, Bryant perdió patrocinadores y enfrentó acusaciones criminales, que finalmente fueron retirados.

Bryant publicó una disculpa a su acusadora, con quien también llegó a un acuerdo en una denuncia civil.

“Aunque verdaderamente creo que este encuentro entre nosotros fue consensual, reconozco que ella no vio y no ve este incidente de la misma forma en la que yo lo vi. Después de meses de revisar los hallazgos, escuchar a su abogado, e incluso su testimonio en persona, ahora entiendo cómo se siente y que ella no consintió con este encuentro”, dijo el basquetbolista en su disculpa del 2004.

En 2015, el jugador de básquet dijo a la revista GQ que luego de que el tema se resolvió, decidió dejar atrás algo de la superficialidad que él sentía que había construido en su persona pública.

“Lo que llegué a entender, saliendo de Colorado, es que yo tenía que ser yo, en lugar de dónde estaba en ese momento”.

Bryant dijo que fue un sacerdote quien lo ayudó a hacer algunos importantes descubrimientos personales durante la dura prueba.

Describiendo su temor de ser enviado a prisión por un crimen que él creía que no había cometido, Bryant dijo a GQ que “lo único que realmente me ayudó durante ese proceso –soy católico, fui criado católico, mis hijas son católicas– fue hablar con un sacerdote”.

“De hecho fue algo gracioso: él me mira y dice ‘¿lo hiciste?’. Y yo digo ‘por supuesto que no’. Entonces me pregunta ‘¿tienes un buen abogado?’. Y yo estoy como que ‘uh, sí, él es fenomenal’. Así que entonces él dijo ‘déjalo ir. Sigue adelante. Dios no te va a dar nada que no puedas manejar, y está en sus manos ahora. Esto es algo que no puedes controlar. Así que déjalo ir’. Y ese fue un punto de inflexión”, dijo Bryant.

Una decisión de 2004 de depositar una confianza más profunda en Dios no significó que la vida de la estrella de básquet estuviera después libre de dificultades, o definida por la virtud.

En 2011, Vanessa Bryant pidió el divorcio a Kobe, alegando diferencias irreconciliables. Pero Bryant dijo que decidió no rendirse en su matrimonio, y dos años después su esposa retiró su solicitud de divorcio.

“No voy a decir que nuestro matrimonio es perfecto”, dijo Bryant a GQ en 2015.

“Aún peleamos, como toda pareja casada. Pero sabes, mi reputación como atleta es que soy extremadamente decidido, y que trabajaré duro. ¿Cómo podría hacer eso en mi vida profesional si no era así en mi vida personal, cuando eso afecta a mis hijas? No tendría ningún sentido”, añadió.

Bryant y su esposa habrían asistido regularmente a una parroquia de Orange County, California.

Además, el basquetbolista había conectado su fe católica con un compromiso familiar de ayudar a los pobres, a través de la Fundación Familiar Kobe & Vanessa Bryant. La fundación ayudó a financiar refugios para jóvenes sin techo, así como otros proyectos dirigidos a servir a los más pobres.

“Tienes que hacer algo que tenga un poco más de peso, un poco más de significado, un poco más de propósito”, dijo en 2012, de acuerdo a Los Angeles Times.

La falta de hogar, dijo, “es algo que se deja de lado porque es fácil culpar a quienes no tienen hogar y decir ‘bien, tú tomaste esa mala decisión. Esto es donde estás. Es tu culpa’”.

“En la vida todos cometemos errores y dar un paso atrás y permitir que alguien viva de esa forma y de alguna manera lavarte las manos… eso no es correcto”, señaló.

Los arreglos para el funeral de Bryant aún no han sido anunciados.

Traducido y adaptado por David Ramos. Publicado originalmente en CNA.