¿Qué papel tiene Santa Claus en la navidad?

Por estas fechas es común ver empapada la celebración de Navidad por la mercadotecnia y el comercio que abre sus puertas principalmente para su empleado del mes: “Santa Claus”. Navidad es la fiesta del nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre, pero cada año, los católicos enfrentamos una lucha por rescatar al niño Jesús de entre tantas “fiestas, comidas, regalos, adornos, compromisos etc.” Como aclaración, Santa Claus es San Nicolás de Bari. Desafortunadamente los católicos nos hemos dejado influenciar por el marketing que, con tal de vender en estas fechas, ha sido capaz de inventar a través de los años malformaciones tales como los duendes, el taller de juguetes o el simpático reno Rodolfo.

San Nicolás de Bari nació en el año 310 después de Cristo, en un tiempo de persecución, donde la enseñanza de la doctrina de Jesucristo suponía estar en Contra del Imperio Romano. Los padres de Nicolás que eran gente adinerada habían inculcado en su hijo el espíritu de generosidad entre otras virtudes, de modo que en una ocasión cambió a su caballo por un esclavo en una subasta para regalarle su libertad, todas las caridades las hacía en nombre de Jesús y con su ejemplo muchos se convertían a Cristo. Siendo aún muy joven mueren sus padres y comienza a dar a manos llenas entre los más necesitados.
Se cuenta que en una ocasión supo de tres jovencitas que pretendían casarse, pero su padre no podía pagar la dote correspondiente. Al saberlo Nicolás (pretendiendo realizar la caridad sin ser visto), dejó caer por la chimenea unas monedas de oro que coincidentemente cayeron en unas medias de lana que las jóvenes habían dejado secando (por eso se cuelgan las medias tejidas que sirven para que ahí nos deje a nosotros los regalos que el niño Jesús nos manda desde el cielo, y por eso es el mito de que no puede ser visto por los que recibirán el regalo).
En esos tiempos era emperador Diocleciano quien ordena a Cesar Galerio acabar con los cristianos con toda la fuerza. Es en esta época que San Nicolás es nombrado Obispo de Myra Turquía (de ahí el color rojo de su vestimenta).
A pesar de vivir la feroz persecución, Nicolás no perdía su sentido del humor y su alegría especialmente al platicar con los niños acerca del Nacimiento de Jesús en quién ponía toda su Esperanza (de ahí el amor a los niños y el típico Jo, Jo, Jo).
En una de las persecuciones fue aprehendido y encarcelado por casi 30 años.Aún desde la cárcel se sacrificaba y oraba por su Iglesia, a pesar que los soldados romanos se burlaban de Él diciéndole que ya se había acabado la fe en Cristo.

Al convertirse al cristianismo el emperador de Roma, Constantino, hijo de Santa Elena, el Obispo Nicolás fue liberado. Ya anciano con el pelo largo y la barba blanca, y convencido que era el único creyente que quedaba, regresa a su ciudad dispuesto a empezar otra vez la Iglesia de Cristo.
Su sorpresa fue grande cuando llegando al lugar observa la Catedral que había sido reconstruida y en ella los Cristianos entonaban el cántico Adestae Fidelis (Venid adoremos) ya que estaban celebrando la fiesta de Navidad (por eso la relación de Navidad con la llegada de San Nicolás).

Para darle un sentido cristiano a esta tradición, debemos promover el ejemplo de San Nicolás que nos enseña a ser generosos, a dar a los que no tienen con discreción, con un profundo amor al prójimo. Nos enseña a estar pendiente de las necesidades de los demás, a salir de nuestro egoísmo, a desprendernos no sólo de nuestras cosas materiales, sino también de nuestra persona y de nuestro tiempo.

Pero, aun con todo esto, el centro de la Navidad debe seguir siendo el Niño Jesús quien es el Hijo de Dios que nace de la Virgen María en el portal de Belén para salvación de todos los pueblos.

¡Feliz Navidad!

Fuente: Catholic.net

Foto de Moss Holder / Unsplash

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Por, Mons. Jorge de los Santos

En la Sagrada Escritura, Dios habla al hombre a la manera de los hombres. Por tanto, para interpretar bien la Escritura, es preciso estar atento a lo que los autores humanos quisieron verdaderamente afirmar y a lo que Dios quiso manifestarnos mediante sus palabras.

Principios y criterios católicos

Siendo la Biblia mensaje divino en palabras humanas, su interpretación presupone en primer lugar la fe en la Palabra de Dios, y luego el progresivo descubrimiento de su mensaje profundo. Hay que interpretar la Biblia con la luz y la gracia del mismo Espíritu Santo que la ha inspirado. Dios quiere que su verdad llegue íntegra a los hombres. Para llevar a cabo esto, ha confiado a su Iglesia la misión de transmitir su Palabra salvadora a todos los hombres, a fin de que participen de la vida divina.

Estos son los principios y criterios más importantes para interpretar la Biblia adecuadamente:

  1. Lectura en el espíritu. Hay que leer la Biblia con el mismo Espíritu con que ha sido escrita. Debe ser una lectura espiritual, centrada en Cristo.
  2. La intención del autor. El autor divino es el Espíritu Santo. El autor humano es el instrumento del que Dios se sirvió, con sus talentos y limitaciones, y a quien inspiró para que dijera solo y todo lo que Dios quería. Para descubrir la intención del autor, hay que tener en cuenta, entre otras cosas, los géneros literarios. Para comprender exactamente lo que el autor propone en sus escritos, hay que tener muy en cuenta el modo de pensar, de expresarse, de narrar que se usaba en tiempo del escritor, y también las expresiones que entonces se usaban en la conversación ordinaria.
  3. El contenido y la unidad de toda la Biblia. Un pasaje de la Biblia nunca puede contradecir a otro. Si esto sucede al menos una de las dos interpretaciones es falsa. El Antiguo y Nuevo Testamento están unidos, pues el Antiguo Testamento prefigura lo que se revela plenamente en el Nuevo. Toda interpretación debe respetar esta unidad.
  4. La Tradición viva de toda la Iglesia. “Tradición” se refiere primeramente a la Tradición apostólica, en la que y de la que nació el Nuevo Testamento. La Iglesia ha sostenido la palabra de Dios por escrito y en forma de la Tradición desde los apóstoles. Por eso la interpretación nunca puede contradecir las enseñanzas que hemos recibido claramente en la Tradición.
  5. La analogía de la fe. La analogía de la fe es la coherencia objetiva de la fe que la Iglesia ha preservado desde el principio. La interpretación bíblica es falsa si no respeta la unidad de estas enseñanzas.

Yo, en verdad, no creería en el Evangelio si no me impulsara a ello la autoridad de la Iglesia Católica”. SAN AGUSTÍN (354-430 D.C.) (Réplica a la carta de Manés, 5)

Diversos sentidos de la Biblia

El método de descubrir los diferentes sentidos de la Biblia se ha utilizado desde los primeros siglos del cristia­nismo, incluyendo a muchos santos. Incluso Jesús, san Pablo y otros autores bíblicos utilizaron los diversos senti­dos para enseñar el Evangelio.

Sentido literal

No significa interpretar el texto al pie de la letra, sino tratar de buscar el sentido que le dio el autor mismo de ese texto, teniendo en cuenta la intención del autor, el auditorio a quien se dirigía, la situación de su tiempo y el género literario empleado. Este sentido es la base de los otros sentidos, pero si se aparta del resto, queda incompleto.

Se pueden utilizar varias herramientas para este fin, por ejemplo, análisis históricos y literales, y evi­dencia arqueológica para entender mejor el contexto histórico del texto.

EJEMPLO:

El templo era un edificio real que se encontraba en Jerusalén. En este templo los israelitas ofre­cían sacrificios a Dios y era el lugar donde Dios había prometido morar. Aún se preservan restos del templo que fue destruido en el primer siglo, y que han ayudado a entender mejor su contexto histórico.

Géneros literarios en el Antiguo Testamento

  • Histórico: Abarca todos los textos en forma de relato. Incluye: historias reales, noveladas y ficti­cias; relatos populares (mitos, leyendas, sagas, cuentos); datos informativos, y biográficos.
  • Ley: Colecciones de normas y precep­tos por los que se regía el pueblo hebreo, tanto en lo civil como en lo religioso.
  • Profecía: Dichos y discursos pronunciados por un Profeta o mensajero que habla en nombre de Dios.
  • Lírica: Textos poéticos, generalmente en verso, que expresan sentimientos y viven­cias profundos.
  • Sabiduría: Colecciones de sentencias, prover­bios, alegorías y refranes que expresan de forma popular y razonada la expe­riencia de vida propia del sabio.
Sentido espiritual

Este sentido supera el conocimiento del autor humano, aunque se apoya en sus escritos. Surge cuando las palabras literales tienen un significado que va más allá del sentido literal. En la época medieval este sentido se dividía en: alegórico, moral y anagógico.

Sentido Alegórico

El significado del texto que sobrepasa el sentido literal. Dentro de este se encuentra la tipología, en la que se interpreta lo que sucedió antes de Cristo como una “sombra” de lo que había de cumplirse en Cristo.

EJEMPLO:

El templo también es un tipo -o prefiguración- de Jesús, el templo verdadero. Él dijo: “destruyan este templo y yo lo reedifi­caré en tres días” (Jn 2, 19). Se refería al templo de su cuerpo que iba a morir y después resucitar.

Sentido Moral

Nos enseña cómo debemos actuar.

EJEMPLO:

San Pablo usa la imagen del templo de Jerusalén en el sentido moral, diciendo a los corintios: “¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo…? … procuren, pues, que sus cuerpos sirvan la gloria de Dios” (1 Cor 6, 19-20).

Sentido Anagógico

Una interpretación con un enfoque hacia las últimas cosas, el final de los tiempos.

EJEMPLO: El Salmo 122 dice: “Me puse alegre cuando me dijeron: ‘¡Vamos a la casa del Señor!’ Ahora nuestros pasos se detienen delante de tus puertas, Jerusalén”. El salmista se refiere al templo de Jerusalén cuando habla de “la casa del Señor”, este es el sentido literal. El sentido anagógico es que Jerusalén y el templo represen­tan la “Nueva Jerusalén”, el cielo, donde estamos llamados a habi­tar con Dios.