Por una sexualidad vivida con amor y respeto

Escritor Invitado

(Foto de Unplash)

Por: Mary Beth Bonacci

Si cada uno hubiera -milagrosamente- escuchado al Papa Pablo VI en julio de 1968, cuando publicó la encíclica Humanae Vitae sobre el verdadero amor y no contra la mentalidad anticonceptiva, el mundo podría estar en un muy lugar muy diferente. Tal vez no tendríamos la necesidad de tener el movimiento #MeToo (#YoTambien).

Hasta la década de los 60, era reconocido que las relaciones sexuales entre las personas en edad fértil venían con la clara posibilidad de la procreación. Los métodos anticonceptivos eran rudimentarios y no confiables. Procrear era una parte inherente de la actividad sexual, de su significado. Entonces, respetar a una mujer quería decir no ponerla en riesgo de un embarazo para el que no estaba preparada. Y ella a su vez tenía una clara razón para indignarse si un hombre la presionaba.

Pero la píldora cambió todo eso. La gente joven (y muchos adultos también) encontraron que, sin el temor al embarazo, podían satisfacerse en actividades sexuales cuando y con quien quisieran. Y pensaron que, si las relaciones sexuales son placenteras y divertidas, ¿porque no tenerlas con más personas?

Entonces, el Papa Pablo VI dijo que el control natal no era moralmente lícito.

Si los jóvenes de la “generación del amor libre” hubieran sido inteligentes, hubieran puesto atención al siguiente párrafo de la Humanae Vitae:

“Podría también temerse que el hombre, habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas, acabase por perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce egoísta y no como a compañera, respetada y amada”. (HV 17)

¿Te suena familiar? El problema surgió porque, mucha gente de la generación de 1960 pensó que el “amor libre” consistía en eliminar el riesgo del embarazo y eliminar así los “lazos”, para que todos podrían disfrutar del cuerpo de todos sin mayores consecuencias.

Pero la naturaleza tiene la última palabra. Las relaciones sexuales fueron creadas por Dios, no por nosotros. Y Él, de innumerables maneras, las diseñó para ser un acto profundo y significativo que toque el centro de la psique y el espíritu humano. Todo de ello, físico, químico, emocional y espiritual, se basa en el hecho de que es un acto profundo de entrega de amor y cooperación con Él y su papel más sagrado: Creador del milagro de una nueva persona humana.

La sexualidad habla un lenguaje, y la posibilidad de la procreación es una parte esencial de ese lenguaje. Dice: “Me entrego a ti, y a la nueva vida que pudiera surgir de esto”.

Y aunque tratemos, no podemos cambiar eso. Creo que las mujeres, siendo las que conciben y llevan dentro de ellas esa vida, son más sensibles a este significado. No siempre podemos articularlo, pero ahí está. Y, por lo tanto, somos más reacias a jugar con este descuido.

Cuando la revolución sexual intentó separar las relaciones sexuales de la posibilidad de procreación, estaban esencialmente intentando hacer que la actividad sexual careciera de sentido.

Ahora, las mujeres están casi solas para defenderse del impulso sexual masculino. Él lo quiere, y puede ser divertido para ella también. Entonces, ¿por qué no ser amable y aceptar?

Hay que ser muy fuerte, bien formada -y hasta me atrevo a decir- santa para tener el valor de decir: “Creo que Dios creó el sexo con un significado inherente, por lo que mi respuesta final es no” y quizás ver al hombre marcharse de su vida.

Las que sí lo consienten, en cambio, pasan de querer mantener al novio, a luego ceder ante el poderoso hombre para que le dé el trabajo, para mantener su estabilidad laboral, para obtener un papel en una película o para lo que sea. Así negociamos en nuestros cuerpos para obtener lo que queremos.  Y la mujer se convierte en “un mero instrumento de diversión egoísta”.

La dura lección que deberíamos haber aprendido de Humanae Vitae es que nuestros cuerpos tienen un significado, que la expresión sexual tiene un significado, que Dios es Dios y nosotros no somos Dios. Y que cuando empezamos a jugar con ese significado, se lastima a mucha gente. Debimos haber escuchado.

Traducido del original en ingles por Mavi Barraza 

 

Próximamente: La fe católica de Kobe Bryant

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La superestrella de básquet Kobe Bryant falleció este domingo 26 de enero en un accidente de helicóptero al sur de California (Estados Unidos). Con 41 años, era el padre de cuatro hijas.

La hija de Kobe, Gianna Bryant, de 13 años, también habría muerto en el accidente de helicóptero, junto con otra adolescente, su padre y el piloto del vehículo. Habrían estado viajando a un juego de básquet.

Bryant es considerado uno de los más grandes jugadores de básquet de todos los tiempos. Se retiró en 2016 tras una carrera de 20 años con Los Angeles Lakers, donde ganó cinco campeonatos de la National Basketball Association (NBA), un premio del Jugador Más Valioso (MVP, por sus siglas en inglés), dos campeonatos de puntuación y muchos otros reconocimientos.

Más allá del básquet, Bryant era esposo y padre que en 2015 dijo que su fe católica lo ayudó a superar un periodo difícil en su vida y la de su familia.

Bryant fue criado en una familia católica, y pasó mucho tiempo de su niñez viviendo en Italia. Se casó en 2001 en una parroquia del sur de California.

En 2003, Bryant fue arrestado tras ser acusado de violar a una mujer en una habitación de hotel, en el estado de Colorado.

Bryant admitió que tuvo un encuentro sexual con la mujer, pero negó que la haya violado. Cuando la denuncia se hizo pública, Bryant perdió patrocinadores y enfrentó acusaciones criminales, que finalmente fueron retirados.

Bryant publicó una disculpa a su acusadora, con quien también llegó a un acuerdo en una denuncia civil.

“Aunque verdaderamente creo que este encuentro entre nosotros fue consensual, reconozco que ella no vio y no ve este incidente de la misma forma en la que yo lo vi. Después de meses de revisar los hallazgos, escuchar a su abogado, e incluso su testimonio en persona, ahora entiendo cómo se siente y que ella no consintió con este encuentro”, dijo el basquetbolista en su disculpa del 2004.

En 2015, el jugador de básquet dijo a la revista GQ que luego de que el tema se resolvió, decidió dejar atrás algo de la superficialidad que él sentía que había construido en su persona pública.

“Lo que llegué a entender, saliendo de Colorado, es que yo tenía que ser yo, en lugar de dónde estaba en ese momento”.

Bryant dijo que fue un sacerdote quien lo ayudó a hacer algunos importantes descubrimientos personales durante la dura prueba.

Describiendo su temor de ser enviado a prisión por un crimen que él creía que no había cometido, Bryant dijo a GQ que “lo único que realmente me ayudó durante ese proceso –soy católico, fui criado católico, mis hijas son católicas– fue hablar con un sacerdote”.

“De hecho fue algo gracioso: él me mira y dice ‘¿lo hiciste?’. Y yo digo ‘por supuesto que no’. Entonces me pregunta ‘¿tienes un buen abogado?’. Y yo estoy como que ‘uh, sí, él es fenomenal’. Así que entonces él dijo ‘déjalo ir. Sigue adelante. Dios no te va a dar nada que no puedas manejar, y está en sus manos ahora. Esto es algo que no puedes controlar. Así que déjalo ir’. Y ese fue un punto de inflexión”, dijo Bryant.

Una decisión de 2004 de depositar una confianza más profunda en Dios no significó que la vida de la estrella de básquet estuviera después libre de dificultades, o definida por la virtud.

En 2011, Vanessa Bryant pidió el divorcio a Kobe, alegando diferencias irreconciliables. Pero Bryant dijo que decidió no rendirse en su matrimonio, y dos años después su esposa retiró su solicitud de divorcio.

“No voy a decir que nuestro matrimonio es perfecto”, dijo Bryant a GQ en 2015.

“Aún peleamos, como toda pareja casada. Pero sabes, mi reputación como atleta es que soy extremadamente decidido, y que trabajaré duro. ¿Cómo podría hacer eso en mi vida profesional si no era así en mi vida personal, cuando eso afecta a mis hijas? No tendría ningún sentido”, añadió.

Bryant y su esposa habrían asistido regularmente a una parroquia de Orange County, California.

Además, el basquetbolista había conectado su fe católica con un compromiso familiar de ayudar a los pobres, a través de la Fundación Familiar Kobe & Vanessa Bryant. La fundación ayudó a financiar refugios para jóvenes sin techo, así como otros proyectos dirigidos a servir a los más pobres.

“Tienes que hacer algo que tenga un poco más de peso, un poco más de significado, un poco más de propósito”, dijo en 2012, de acuerdo a Los Angeles Times.

La falta de hogar, dijo, “es algo que se deja de lado porque es fácil culpar a quienes no tienen hogar y decir ‘bien, tú tomaste esa mala decisión. Esto es donde estás. Es tu culpa’”.

“En la vida todos cometemos errores y dar un paso atrás y permitir que alguien viva de esa forma y de alguna manera lavarte las manos… eso no es correcto”, señaló.

Los arreglos para el funeral de Bryant aún no han sido anunciados.

Traducido y adaptado por David Ramos. Publicado originalmente en CNA.