¿Por qué soy católico?: Porque Jesús está verdaderamente presente en la Eucaristía

Equipo de El Pueblo Católico

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Jesús me espera en cada misa, en cada iglesia. Él mismo dijo a sus apóstoles:

“Este es mi cuerpo, esta es mi sangre… tomen y coman”.

No lo dijo como una simple metáfora. Él mismo dejó que muchos seguidores lo rechazaran cuando insistió:

“mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida” (Jn 6,55).  

“Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él” (Jn 6,66) porque querían solo creer sus palabras en sentido figurado y él insistió que no era así. Y les dio a sus discípulos el poder de hacerlo en su persona: “Hagan esto en conmemoración mía” (Lc 22,19).

Esta creencia no es un invento de los católicos. Los primeros cristianos lo tenían claro, como vemos en las cartas de San Ignacio de Antioquía por el año 100, quien reprendía a los que no aceptaban lo que habían recibido de los apóstoles: “Se abstienen de la Eucaristía y de la oración porque no reconocen que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo” (Carta a la iglesia de Esmirna, 6).

Así que Jesús está presente en la hostia consagrada, en la Eucaristía. Si tienes dudas sobre la verdadera presencia de Jesús en la Eucaristía, seas católico o no, ve a una iglesia a solas, donde siempre habrá una vela roja anunciando su presencia en el sagrario, y ruégale:

“Señor, ¿eres tú? Si no estás ahí, muéstramelo, si sí estás, dame fe. Solo quiero saber la verdad”.

Si eres practicante, haz el intento de pasar tiempo frente al Santísimo cada semana.

Próximamente: Santa Inés, Mártir; patrona de las jóvenes, las novias y la pureza

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El 21 de enero se celebra la Fiesta de Santa Inés, patrona de las jóvenes, las novias, las prometidas en matrimonio, de la pureza y de los jardineros. En relación a la Santa surgió la costumbre de los corderos blancos, cuya lana se utiliza para hacer los palios de los Arzobispos.

Su nombre latino es “Agnes”, asociado a “agnus” que significa cordero. Según la leyenda más conocida, Santa Inés era una joven hermosa, rica y pretendida por muchos nobles romanos. No aceptó a ninguno, aduciendo que ya estaba comprometida con Cristo, y la acusaron de ser cristiana.

Fue llevada a un prostíbulo, pero unos ángeles y señales celestes la protegieron. Entonces la pusieron en una hoguera que no la quemó. Finalmente, fue decapitada en el año 304.

Constantina, la hija de Constantino, le edificó una basílica en la Vía Nomentana y su fiesta se comenzó a celebrar a mediados del siglo IV.

En el tratado de San Ambrosio sobre las vírgenes, se lee que por tradición se sabe que Santa Inés murió a los doce años. Antes de su martirio se mantuvo “inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas”.

“No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria… Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales”, dijo San Ambrosio.

Se dice que el verdugo hizo lo posible para asustarla y atraerla con halagos porque muchos desearon casarse con ella, pero Santa Inés respondió: “sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que no quiero”.

La Santa oró y doblegó la cerviz ante el verdugo que le temblaba la diestra para dar el golpe, pero ella permanecía serena. “En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio”, concluyó San Ambrosio.

A Santa Inés se le representa como una niña o señorita orando, con diadema en la cabeza y una especie de estola sobre los hombros, en alusión al palio. Va acompañada de un cordero a sus pies o en sus brazos y rodeada de una pira, espada, palma y lirios.

 

Artículo publicado originalmente en AciPrensa.