¿Por qué soy católico?: Porque es una Iglesia de santos y pecadores

Equipo de El Pueblo Católico

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La Iglesia es para los pecadores. Jesús mismo dijo:

“No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores” (Lc 5,31).

¿Por qué soy católico?: Por el perdón de los pecados

Esto nos debería consolar. La Iglesia es como un hospital en el que, por medio de los sacramentos y la fe, Cristo nos sana y nos lleva a una vida grande y bella, nos lleva a la santidad, a lo que estamos llamados a ser, a una unión con él.

Muchos llaman a los católicos “hipócritas”. Y es cierto que debemos luchar por que todas las áreas de nuestra vida reflejen a Cristo. Pero el pecado de los miembros de la Iglesia muestra precisamente eso: que es un hospital. Sin embargo, a pesar del pecado de los miembros de la Iglesia, esta sigue siendo santa, porque su santidad proviene de la cabeza, que es Jesús.

Si lo aceptamos, Dios nos hace santos en su Iglesia, mostrándonos el camino a seguir y dándonos las fuerzas y la gracia para lograrlo.

Aquellos que llamamos “santos” son grandes ejemplos de lo que significa servir a Cristo y ser transformados por su gracia a una vida nueva, una vida de alegría. Ellos nos muestran cómo para Dios no hay nada imposible. Son nuestros compañeros y aliados que están listos para ayudarnos a llegar al cielo, a crecer en santidad.

¿Por qué soy católico?: Por la Biblia

Si te has alejado de la Iglesia o te has desanimado por los pecados de sus miembros, te invitamos a que te acerques de nuevo. Lee un libro o ve una película sobre la vida de un santo. Únete a un grupo donde puedas crecer y aprender más. Asiste a misa los domingos. Dios te está llamando a ser santo, a ser lo mejor que puedes ser. Él tiene el poder para hacerlo. Si ya vas a misa todos los domingos, haz lo necesario para prepararte y siempre recibir a Cristo en la comunión.

¿Por qué soy católico?: Porque Jesús está verdaderamente presente en la Eucaristía

Próximamente: Santa Inés, Mártir; patrona de las jóvenes, las novias y la pureza

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El 21 de enero se celebra la Fiesta de Santa Inés, patrona de las jóvenes, las novias, las prometidas en matrimonio, de la pureza y de los jardineros. En relación a la Santa surgió la costumbre de los corderos blancos, cuya lana se utiliza para hacer los palios de los Arzobispos.

Su nombre latino es “Agnes”, asociado a “agnus” que significa cordero. Según la leyenda más conocida, Santa Inés era una joven hermosa, rica y pretendida por muchos nobles romanos. No aceptó a ninguno, aduciendo que ya estaba comprometida con Cristo, y la acusaron de ser cristiana.

Fue llevada a un prostíbulo, pero unos ángeles y señales celestes la protegieron. Entonces la pusieron en una hoguera que no la quemó. Finalmente, fue decapitada en el año 304.

Constantina, la hija de Constantino, le edificó una basílica en la Vía Nomentana y su fiesta se comenzó a celebrar a mediados del siglo IV.

En el tratado de San Ambrosio sobre las vírgenes, se lee que por tradición se sabe que Santa Inés murió a los doce años. Antes de su martirio se mantuvo “inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas”.

“No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria… Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales”, dijo San Ambrosio.

Se dice que el verdugo hizo lo posible para asustarla y atraerla con halagos porque muchos desearon casarse con ella, pero Santa Inés respondió: “sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que no quiero”.

La Santa oró y doblegó la cerviz ante el verdugo que le temblaba la diestra para dar el golpe, pero ella permanecía serena. “En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio”, concluyó San Ambrosio.

A Santa Inés se le representa como una niña o señorita orando, con diadema en la cabeza y una especie de estola sobre los hombros, en alusión al palio. Va acompañada de un cordero a sus pies o en sus brazos y rodeada de una pira, espada, palma y lirios.

 

Artículo publicado originalmente en AciPrensa.