Para el Día de la Madre

Se trata de una celebración prácticamente mundial. La mayor parte de los países, como los Estados Unidos, lo celebran el segundo domingo de mayo. México y otros países latinoamericanos lo celebra el 10 de mayo. Una cosa es cierta: todo el mundo, hombres y mujeres de toda raza, lengua y cultura sienten la necesidad de celebrar ese gran regalo divino que es la madre.

En la escuela pasábamos mucho tiempo preparando el regalo para mamá. Era la clase de manualidades, o arte. Con amor de niño pintábamos un garabato que mamá recibía como salido del pincel de Picasso. Con orgullo lo colocaba en algún lugar en la sala para que todos pudieran verlo. Y no paraba de agradecerlo y decir que estaba muy bonito. Amor de madre, o es que sus ojos solo veían el corazón de su hijo que se lo había hecho con tanto cariño. Esas y mil experiencias tejieron en cada uno de nosotros un lazo fuerte e irrompible, que nos hace llorar cuando ya no la tenemos cerca, ni podemos ver su rostro o escuchar su voz.

Si tienes una madre todavía/ Da gracias al Señor que te ama tanto/ Pues no todo mortal contar podría/ Dicha tan grande ni placer tan santo

Muchos hermanos y hermanas nuestros, en su situación de inmigrantes, por la injusticia de la vida y de los sistemas humanos, son privados de esta “dicha tan grande” y “placer tan santo” de poder visitar y ver otra vez a su madre. El teléfono y el internet amortiguan la pena porque de algún modo permiten la comunicación con ella. Pero no ofrecen la oportunidad de darle un abrazo y sentir otra vez el calor de su amor, como sentimos tantas veces antes:

Veló de noche y trabajó de día,/ Leves las horas en su afán pasaban/ Un cantar de sus labios de dormía, y al despertar sus labios te besaban.

Mamá poseía un poder de sanación increíble: con solo soplar sobre nuestra herida, esta ya dejaba de dolernos. Y en nuestras heridas morales, ella siempre fue la que se ponía de nuestra parte porque siempre pensó que su muchacho, su muchacha “no era malo”.

Enfermo y triste, te salvó su anhelo, /que solo el llanto por su bien querido/ milagros supo arrebatar al cielo/ cuando ya el mundo te creyó perdido. 

Ah, pero a mamá, le debemos lo más grande. No solo la vida que nos dio, sino el camino a la vida eterna que nos transmitió cuando nos habló de Dios y nos enseñó a amar a Jesús. ¿Recuerdas a tu mamá en misa? ¿Cuando te llevaba a misa y te decía que te estuvieras quieto porque era la casa de Dios?

Ella puso en tu boca la dulzura/ de la oración primera balbucida,/ y plegando tus manos con ternura,

te enseñaba la ciencia de la vida.

Y si acaso sigues por la senda aquella/ que va segura a tu feliz destino, /herencia santa de la madre es ella/ Tu madre sola te enseñó el camino.

Es verdad, muchos vamos a pasar el Dia de la Madre lejos de mamá. Para consolarnos, Jesús le pidió a su madre que nos recibiera como sus hijos: “Mujer, ahí tienes a tu hijo.” (Jn 19, 26), y a nosotros nos dijo, “Ahí tienes a tu madre” (Jn 26:27) Nuestra Señora de Guadalupe es un maravilloso despliegue de ese amor materno en el que se fusionan el amor de nuestra madre del cielo, y el de nuestra mamá en la tierra. Cuando llamamos “Madrecita” a la Virgen de Guadalupe, resuena en nuestro corazón el eco de todas las veces que pronunciamos la palabra “mamá” en nuestra infancia.

Yo les recomendaría a los jóvenes que amen a sus mamás hoy; ahora, porque un día ella se tendrá que ir, y posiblemente será demasiado tarde para decirle cuánto la amaban. Y a quienes ya tienen a su mamá en el cielo, les sugeriría que no pase un día sin darle gracias a Dios por ella, cultivando su memoria y anhelando verla otra vez en la vida eterna. Y no dejes de rezar, como ella te enseñó a rezar.

Mas si al cielo se fue…. Y en tus amores/ ya no la harás feliz sobre la tierra,/ deposita el recuerdo de tus flores sobre la fría losa que la encierra.

Es tan santa la tumba de una madre/ que no hay al corazón lugar más santo…  

(de la poesía de E. Neumann, “Si tienes una Madre Todavía”)

Próximamente: ¿Un hombre debe amar más a su esposa que a su madre?

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El hombre que trata a su mujer como una princesa es porque fue educado por una reina.

Este refrán conserva toda una verdad. Hay que agradecer a esas reinas que hayan sabido educar caballeros. ¡Gracias a todas ellas!

Sin embargo hay situaciones en las que parece que “la reina” pretende ser “princesa”. Ahora su hijo ya está casado y parece querer un lugar distinto al que le corresponde como madre. También puede suceder que el hijo siga con “mamitis” y no haya entendido todavía lo que significan aquello de “dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne” (Mt.19,5).

Y es que no se trata de amar más o de amar menos, de cuantificarlo, sino de que cada uno ocupemos el lugar que nos corresponde en la vida. Por eso, cuando uno se casa, la esposa debe ser la número uno en su vida, la mujer de su vida.

Por otro lado, es importante que la esposa acepte que la mamá siempre será el primer gran amor de su marido. Es la mujer que le dio la vida, que le crió y la que le dio todo el amor que pudo entregarle.

Sé que es un tema sensible por lo que trataré de redactarlo con suma delicadeza y lo haré pensando no solo como madre de solo varones, sino como experta en temas matrimoniales.

Para comenzar debo decir que para mí será una verdadera victoria cuando vea a mis hijos ya casados tratando como reinas a sus mujeres, dándoles su lugar como sus compañeras de vida.  Cuando se casen serán uno por lo que, ¡no seré yo la que les desuna! Mi lugar será siempre el de mamá, nada más.

Lo más triste y doloroso para la esposa es cuando su marido otorga siempre un lugar preferencial a su “mami” poniéndola por encima de ella. Esta situación le hace sentir denigrada, rechazada, pisoteada por el que prometió amarla y protegerla de por vida.

Señores, ningún esposo coherente debe colocar las opiniones o los deseos, gustos o caprichos de su madre por encima de los de su mujer.

Por otro lado, las suegras necesitan ser más inteligentes y nunca criticar a la nuera ni opinar, a no ser que se le pida, sobre diferentes cuestiones que afectan a su vida familiar y/o matrimonial como por ejemplo, el orden de la casa, la alimentación y educación de los niños o el estado de su relación de pareja.

Si una nuera no se siente amada ni aceptada por su suegra difícilmente tendrán una buena relación. Es como si ambas mujeres se sintieran amenazadas una por la otra. Si el marido se va siempre del lado de la mami, la situación se vuelve frustrante para la esposa.

Maridos, ambos amores son igual de importantes: la mamá siempre será su mamá y siempre le deberán respeto y amor. Ella los formó y fue la primera mujer que los amó y los seguirá amando incondicionalmente. Pero a su esposa le deben su total devoción, cuidados, fervor, protección, etc.

Son amores tan distintos y grandes a la vez que no tienen por qué entrar en conflicto. No ha de haber si quiera comparación. Pueden y deben amar a ambas. Su mamá, insisto, siempre será su madre, pero nunca ha de ser motivo para que su esposa se convierta en ex esposa.

Entendamos, no es competencia ni rivalidad, sino poner a cada una en el lugar que por derecho le corresponde. Trabaja y empéñate en tener un súper matrimonio y una súper relación con tu mamá, pero siempre recordando que tu matrimonio debe ser lo primero. Tu mujer, la primera, aún por encima de tus hijos.

Recuerda que libremente prometiste delante de Dios amarla, servirla, protegerla, cuidarla y dar tu vida por ella de ser necesario.

Artículo publicado originalmente en Aleteia.