Obispos escriben artículo exhortando al gobierno a encontrar solución para crisis fronteriza

Aaron Lambert

Fue una imagen sorprendente: un padre y su hija de casi dos años tendidos sin vida a orillas de un río – una imagen que capturó la realidad de muchos de los peligros que acechan a los inmigrantes que huyen de su país en busca de una mejor vida.

Fue esta imagen la que causó aun más indignación sobre la crisis fronteriza a nivel internacional, incluyendo a algunos miembros de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés), quienes escribieron un artículo de opinión en inglés para la publicación The Hill el 30 de junio titulado “Como nación, debemos honrar la humanidad y las necesidades básicas de los migrantes”.

El presidente de la USCCB, el cardenal Daniel DiNardo; junto con el vicepresidente, el arzobispo José Gómez; y el presidente del Comité de Migración de la USCCB, el obispo Joe Vásquez; expresaron su dolor por la muerte de la niña de 23 meses, Angie Valeria, y su papá, Óscar Martínez, quienes fallecieron la semana pasada mientras huían de El Salvador en busca de seguridad en los Estados Unidos. Ambos fueron el sujeto de una imagen que se hizo viral.

Los obispos indicaron que “la muerte de Angie y su padre no son las únicas que hemos visto durante esta crisis humana”, refiriéndose a Jakelin Caal Maquin, una niña guatemalteca de 7 años que murió de sepsis mientras estaba bajo la custodia de la patrulla fronteriza.

“Estas muertes están ocurriendo porque Estados Unidos está impidiendo el acceso a la protección de asilo por medio de políticas e implementaciones que envían una señal clara y fuerte de que uno no es bienvenido”, los obispos afirmaron.

Los obispos continuaron explicando cómo las leyes de asilo estadounidenses tienen sus raíces en la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos rechazó a la embarcación S.S. St. Louis, la cual llevaba a casi 1,000 judíos refugiados a bordo huyendo de la Alemania Nazi.

“Tras las consecuencias de esta experiencia, Estados Unidos lideró al mundo en el establecimiento de protocolos internacionales para asegurar que aquellos refugiados que estuvieran huyendo de persecución en su país de nacionalidad o residencia habitual, recibieran protección cuando se presentaran en la frontera de otro país”, los obispos explicaron.

Los obispos dijeron que el destino de muchos inmigrantes en este país está en riesgo tras el intento de la administración del presidente Trump de eliminar el programa de DACA en el 2017 y la reciente promesa de capturar a inmigrantes centroamericanos para deportarlos.

Después de describir la dura realidad que muchos inmigrantes enfrentan, los obispos pidieron al Congreso que determinara una solución a esta crisis, una que respete la dignidad de cada una de estas personas.

“Por muchos años el Congreso no ha sido capaz de encontrar una solución para que seamos una nación que reciba y acoja al inmigrante”, escribieron. “Es urgente que la administración y el Congreso encuentren una solución a esta trágica realidad y aprueben un plan de reforma inmigratoria comprensiva que incorpore ayuda humanitaria inmediata.

“Reconocemos el derecho de todas las naciones de controlar sus fronteras y proveer seguridad a sus ciudadanos. También creemos que, según las mejores tradiciones de nuestra nación, somos capaces, como nación, de honrar la humanidad y las necesidades básicas de los inmigrantes, de modo que no comprometan a la seguridad nacional”.

El deber de asistir a migrantes y refugiados es una parte central de nuestra nación americana, una nación fundada en principios cristianos, afirmaron los obispos, y ponemos en juego nuestra identidad como estadounidenses si no encontramos una manera humana de ayudar a los necesitados.

“Uno de los mandamientos más grandes de Dios es: ‘amarás a tu prójimo como a ti mismo’”, escribieron. “Siguiendo este mandamiento, debemos seguir siendo un país que provea refugio para niños y familias que estén huyendo de la violencia y la persecución, de los contrario, habremos perdido nuestros valores fundamentales como nación”.

Próximamente: ¿Cómo puedo perdonar a alguien que me ha hecho daño a mí o a un ser querido?

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Todos sufrimos, de vez en cuando, situaciones de injusticia, humillaciones, rechazos, ofensas, maltratos, abusos y agresiones, que nos provocan reacciones de resentimiento que llegan hasta el odio y deseos de venganza. A veces las sufrimos, pero a veces somos nosotros los que las infringimos. En ocasiones necesitamos perdonar y frecuentemente necesitamos ser perdonados.

El perdón nace de uno, de una decisión que toma uno, algo interno que uno elige. Pero perdonar no es automático y no es cuestión de solo querer hacerlo, muchas personas querrían perdonar pero no pueden hacerlo, como muchos también querrían ser ricos y no solo por desearlo ya lo lograron. Así el perdón: no basta con desearlo, hay que trabajar para ello. Primero que nada se deben cultivar virtudes en la vida como: el amor, la comprensión, la generosidad, la humildad, la misericordia, el abrirse a la gracia de Dios, por mencionar algunas. Por lo tanto, el poder perdonar es consecuencia no solo de un deseo sino de una vida virtuosa como lo requiere nuestra fe Católica.

Jesús nos dice que debemos perdonar hasta setenta veces siete, que es decir prácticamente siempre:

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mt 18:21-22).

El perdón se ha convertido en nuestra sociedad en señal de debilidad y cobardía, pero la verdad es que sólo es capaz de perdonar quien tiene grandeza de corazón, y el mejor ejemplo lo encontramos en Jesús; el perdón es esencial para cristianismo y para el verdadero amor. Es necesario perdonar a los demás, para poder ser completamente libre. Si no somos capaces de perdonar seguiremos viviendo aferrados al pasado; vamos arrastrando resentimientos que nos oprimen el corazón sin ser capaces de amar porque alguien nos engañó, sin ser capaces de confiar porque alguien nos traicionó, sin ser capaces de aceptar a los demás porque alguien nos rechazó; en definitiva, sin permitirnos crecer ni ser felices, sin tener paz en el corazón ni alegría en el espíritu, sin tener luz ni disfrutar de la vida.

Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar y de insatisfacción generales. Superar las ofensas es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida.

Perdonar es un acto de fortaleza espiritual, un acto liberador. Es un mandamiento cristiano y además un gran alivio. Significa optar por la vida y ponerse en el camino de la salvación:

“Porque si ustedes  perdonan a los hombres sus ofensas, los perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco su Padre los perdonará a ustedes ofensas” (Mt 6:14-15).

 

Image by Daniel Reche from Pixabay