Obispos de Estados Unidos: Cierre del programa de refugiados es “preocupante”

Escritor Invitado

Por: ACI Prensa

El presidente del Comité de Migración de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), Mons. Joe S. Vásquez, calificó de “preocupante” si son ciertos los recientes informes sobre grandes recortes a los programas de reubicación y asilo de refugiados en el país.

El medio Politico.com informó que el Gobierno de turno estaba considerando recortar el límite anual de refugiados para el 2020 a “cero” o a números muy reducidos, es decir, entre 10 mil y 3 mil personas. Esto representa el número total de refugiados que podrían ingresar a los Estados Unidos en el próximo año fiscal.

“Este informe reciente, si es cierto, es preocupante y está en contra de los principios que tenemos como nación y como pueblo, y tiene el potencial de terminar por completo el programa de reubicación de refugiados”, dijo el 19 de julio Mons. Vásquez.

Los informes fueron filtrados a Politico.com por tres individuos cercanos a las recientes reuniones de los funcionarios de seguridad.

Estas cifras representarían una disminución dramática con respecto al límite del 2019: de 30 mil refugiados. En 2018, el límite fue de 45 mil y en 2017 fue de 50, mil. De acuerdo con los datos del Instituto de Políticas de Migración, reportados por el Washington Post, antes de la presidencia de Donald Trump, el límite de inmigración generalmente se estableció, desde la década de 1990, entre 70, mil y 80 mil.

Mons. Vásquez dijo que estaba preocupado por los informes de recortes cuando “el mundo está en medio de la mayor crisis de desplazamiento humanitario en casi un siglo”.

“Me opongo firmemente a cualquier otra reducción del programa de reubicación de refugiados. Ofrecer refugio a aquellos que huyen de la persecución religiosa y de otro tipo ha sido la piedra angular de lo que hizo a este país un lugar fantástico y de bienvenida. La eliminación del programa de reubicación de refugiados los deja en peligro y mantiene a sus familias separadas en los continentes”, sostuvo el Prelado.

El también Arzobispo de Austin señaló que los refugiados ya se someten a un intenso proceso de investigación que a menudo dura entre un año y medio a dos años, e incluye entrevistas extensas y verificación de antecedentes.

“Muchos de estos refugiados tienen vínculos familiares aquí y rápidamente comienzan a trabajar para reconstruir sus vidas y enriquecer sus comunidades”, agregó.

“Como dijo el Papa Francisco, debemos trabajar por la ‘globalización de la solidaridad’ con los refugiados, no por una globalización de la indiferencia. En lugar de cerrar el programa, deberíamos trabajar para restaurar el programa a sus normas históricas de una meta anual de reubicación de 95 mil”, concluyó Vásquez.

A principios de este mes, el Gobierno publicó un nuevo reglamento para los solicitantes de asilo, que establece estos deben probar que también buscaron protección en al menos otro país antes de llegar a Estados Unidos.

La medida, filtrada a Politico.com, parece estar dirigida a la ola de migrantes de los países de América Central, que pasan por México para llegar a la frontera de Estados Unidos.

Trump ha convertido el aumento de las restricciones y regulaciones de inmigración en la piedra angular de su campaña de reelección presidencial de 2020.

El tope final para el número refugiados del año fiscal 2020 se anunciará en septiembre.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en CNA

Foto de David Ramos | CNA

Próximamente: La belleza de la vocación familiar: ¿Qué forma una familia?

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La felicidad solo se obtiene cuando nos convertimos en lo que estamos llamados a ser: santos. Esta felicidad no es un simple sentimiento, sino que toma la forma de plenitud. Aunque no la podamos alcanzar completamente en la tierra, sí podemos comenzar a vivirla.

Para descubrir qué es verdaderamente la familia y cuál es su misión, debemos volver al principio del ser humano, al Génesis, a la creación. El relato de la creación nos muestra no solo quién es el hombre, sino también por qué Dios lo creó. Esta verdad se refleja no solo en la fe, sino en el mismo cuerpo y alma de todo hombre y mujer.

UN MATRIMONIO: HOMBRE Y MUJER

“Hombre y mujer los creó” GEN 1,27; MT 19,4

El designio de Dios para la familia comienza con la unión de hombre y mujer. El hombre y la mujer se complementan uno al otro en su cuerpo. Están hechos el uno para el otro. Solo en el acto sexual entre hombre y mujer se puede crear algo nuevo: el fruto de un hijo. Solo ellos pueden convertirse verdaderamente en “una sola carne” (Gen 2,23).

 

¿FAMILIAS “NO TRADICIONALES”?

Por eso no puede existir la distinción de familia “tradicional” y “no tradicional”, la cual, en vez de tener a un hombre y una mujer como padres, busca tener padres del mismo sexo. Tal distinción no es posible porque la unión entre personas del mismo sexo no puede ser estrictamente un matrimonio: no se pueden convertir en “una sola carne” porque sus cuerpos no se complementan. Tampoco pueden generar el fruto de un hijo, y no es por causa de un defecto físico, como sucede con parejas estériles, sino porque la falta de complementariedad biológica lo hace imposible como principio.

 

LA FAMILIA ES IMAGEN DE DIOS
“Creó Dios al ser humano a imagen suya” Gen 1,27
“Dios es amor” (I Jn 4,8) y es comunión (Jn 14,10; 14,26). Es un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y al ser creados a su imagen y semejanza, Dios ha escrito en todo nuestro ser esa vocación al amor y a la comunión. Dios nos creó por pura bondad, para que pudiéramos participar en esta comunión de amor.

La felicidad plena yace en esta participación del amor de Dios. Debido a que tenemos un cuerpo, podemos realizar esta vocación a la comunión de dos maneras en esta vida: por medio del matrimonio o la virginidad (o celibato). Ambas son maneras concretas de vivir la verdad del hombre y la mujer, de ser imagen de Dios, a través del don de sí mismo.

 

AMAR PARA SIEMPRE

“Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” GEN 2,23

Cuando los fariseos se acercaron a Jesús para preguntarle sobre el divorcio, Jesús contestó: “Lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Mt 19,8). Los discípulos contestaron alucinados: “Si tal es la condición… no trae cuenta casarse”. Se dieron cuenta de que el matrimonio conlleva una entrega total, fiel y para toda la vida. Se elige un amor exclusivo. Solo con la gracia que Dios da en el sacramento del matrimonio se puede alcanzar el designio que Dios tiene para el matrimonio.

 

PADRES SOLTEROS O DIVORCIADOS

Por diversas circunstancias, muchas familias llegan a encontrarse en situaciones complicadas, enfrentándose a la separación, el divorcio o un embarazo no deseado.

En estas circunstancias, alejarse de Dios no es la respuesta, pues él nos busca como buscó a la samaritana en el pozo para darnos vida nueva en medio de nuestros problemas (Jn 4). Los lazos familiares siguen siendo poderosos y Dios quiere actuar en ellos.

Para las personas que se encuentran en una situación similar, es de mayor importancia pertenecer a una comunidad de fe, donde podrán conocer la fe y encontrar el apoyo y acompañamiento necesario para vivir una vida de santidad. Esto puede implicar recibir el sacramento del matrimonio para las parejas que no se han casado o buscar la nulidad, pues es posible que el matrimonio anterior no haya sido válido.

 

APERTURA A LA VIDA

“Sean fecundos y multiplíquense” Gen. 1,28

En su designio de amor, Dios quiso que, en la entrega de amor entre hombre y mujer, ese amor se desbordara en la concepción de algo nuevo: de un nuevo ser. Sin embargo, en nuestra sociedad, el sentido de la unión sexual se ha perdido, y es común entenderlo solo como un instrumento de placer o sin el don de los hijos.

 

MÁS QUE PLACER

Cuando una persona se entrega en el acto sexual, dona lo más íntimo que tiene. Pero si se hace solo por placer, se usa el lenguaje de amor más alto que existe de manera contradictoria. En realidad, no es una entrega total, como el lenguaje sexual lo sugiere, sino parcial, con condiciones. El acto se rebaja e incluso hiere a la persona. Esta deja que lo más íntimo que tiene se convierta en algo sin sentido, contradiciendo su deseo de amor incondicional. Así se convierte en un pecado “contra su propio cuerpo” (1 Cor 6,18). La entrega total del cuerpo tiene que ir acompañada de una promesa en la que se entrega totalmente una persona a la otra: el matrimonio.

 

ANTICONCEPTIVOS

Por otro lado, muchos matrimonios tienen miedo a tener hijos por varias razones: el compromiso, el costo, el sufrimiento que podrían experimentar, la contaminación del medio ambiente… Por eso recurren a métodos anticonceptivos, dejando que su entrega deje de ser total. La Iglesia recomienda el uso de métodos naturales de planificación familiar, que les permite a los padres ser generosos y responsables sin corromper su entrega total. Para más información sobre este tema, recomendamos la carta pastoral “El esplendor del amor” de el arzobispo Samuel J. Aquila.