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Perspective

Obispo Jorge Rodríguez y representantes del Vaticano rezan el rosario frente a centro de detención de ICE en Hudson

  • Foto del escritor: Escritor Invitado
    Escritor Invitado
  • 15 jul
  • 4 min de lectura

Junto con una delegación internacional de católicos que colabora con el Vaticano en la promoción de la justicia social, católicos de Denver rezaron por un mayor respeto a la dignidad humana, especialmente la de los migrantes.


El obispo auxiliar de Denver, Jorge Rodríguez, reza el Rosario frente al Centro Correccional de Hudson, que reabrirá como centro de detención para el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE). (Foto de Joe Donelson/El Pueblo Católico)
El obispo auxiliar de Denver, Jorge Rodríguez, reza el Rosario frente al Centro Correccional de Hudson, que reabrirá como centro de detención para el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE). (Foto de Joe Donelson/El Pueblo Católico)

Por Joe Donelson


En las amplias llanuras de Hudson, Colorado, un pequeño grupo de católicos, líderes religiosos y representantes de organizaciones de derechos humanos se reunió el 10 de julio para rezar el rosario. Justo afuera del Centro Correccional de Hudson, actualmente desocupado, el grupo intercedió por las personas que ocuparán las instalaciones cuando reabran como centro de detención con capacidad para 1,200 personas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés).


Convocado por el obispo auxiliar de Denver, Jorge Rodríguez, el encuentro contó con la participación de una delegación del Encuentro Mundial de Movimientos Populares (EMMP), promovido por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que trabaja junto a organizaciones comunitarias y de base que buscan responder a las injusticias estructurales, económicas y raciales en todo el mundo. La delegación vaticana e internacional católica incluyó a César Piscoya, representante de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), y a Luca Casarini, fundador de Mediterranea Saving Lives y coordinador de asuntos sociales del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM).


“Estamos aquí y en muchas partes del mundo porque queremos crear un espacio entre los movimientos populares, organizados por las comunidades y por la Iglesia”, explicó Luca.

Para los católicos locales que participan en este tipo de iniciativas, el tema de las deportaciones masivas y el uso de grandes centros de detención, como el Centro Correccional de Hudson, exige reflexionar sobre cómo proteger la dignidad humana en nuestras comunidades.


“Como creyentes, creemos en el poder de la oración”, compartió el obispo Jorge Rodríguez. “Reconocemos que algo triste y trágico puede suceder en este lugar, pero para nosotros, esta es una forma simbólica de expresar nuestra preocupación y presentarla a nuestro Dios todopoderoso, quien nos ayudará a hacer lo correcto. Por eso estamos aquí”.


“Ayer tuvimos un encuentro y hoy rezamos este rosario con un mensaje sencillo: que quienes se organizan por la dignidad humana, la justicia y, como católicos, por ser el rostro de Cristo, no están solos”, agregó Thomas Weiler, organizador principal de Together Colorado y miembro del Comité Arquidiocesano para la Pastoral de Migrantes. “Personas como el papa León y la comunidad católica en general saben que esto es lo que significa poner nuestra fe en acción, en solidaridad y en favor de la dignidad humana”.


(Fotos de Joe Donelson/El Pueblo Católico)


Cada decena del rosario estuvo acompañada del testimonio de migrantes que han solicitado ayuda a la Red Católica de Inmigración Legal (CLINIC, por sus siglas en inglés).


“Leímos las historias de distintos migrantes que han enfrentado la detención, la deportación, la separación de sus familias o de sus hijos, para recordar que esta es una experiencia humana que nadie debería vivir”, explicó Thomas. “No se trata de otra cosa más que de cómo podemos acompañar a nuestros hermanos y hermanas que viven en las periferias, a quienes les enfrentan una injusticia sistémica. La respuesta de las personas de fe es el amor y la solidaridad”.


Para Luca, la experiencia fue reveladora. Proveniente de Europa, le impactó conocer la magnitud de las deportaciones masivas. Ahora, después de visitar y rezar junto a católicos de Denver, dice sentirse animado y lleno de esperanza.


“Creo que el mensaje es que en Estados Unidos hay muchas personas que, en este momento, son solidarias con los migrantes”, continuó. “La Iglesia está involucrada y demuestra que existe otro camino, otra parte del mundo que quiere la paz, que quiere amor y no odio”.


Mientras las instalaciones se preparan para reabrir como centro de detención de ICE, los católicos locales expresan su preocupación por todas las personas involucradas: quienes serán detenidas y quienes trabajarán en el lugar.


“Me preocupa lo que esto va a provocar en esta comunidad”, dijo Patrick Buckley. “Temo que personas de la misma parroquia y de la misma comunidad terminen, de alguna manera, en bandos opuestos. Tu primo podría ser el guardia de tu tío, quien fue detenido. Me preocupa que esto fracture profundamente a la comunidad”.


“Al final, todo se reduce a una pregunta: ¿estamos tratando a las personas con dignidad? No puedo imaginar algo que atente más contra una persona que perder su dignidad y su esperanza. Creo que estos centros representan precisamente eso: la pérdida de la esperanza y de la dignidad”, añadió Jane Marquesen, de Citizens of the World.


Mientras se rezaba el rosario y se compartían las historias de los migrantes, una convicción quedó clara: toda persona creada por Dios merece ser tratada con dignidad y justicia.


“Primero que nada, espero que no sea necesario este centro de detención”, dijo el obispo Jorge. “Pero si llega a abrir, espero que funcione con respeto a la dignidad humana de todas las personas involucradas, por supuesto, de quienes estén detenidos, pero también de quienes trabajen aquí. Creo profundamente en el poder de la oración para ayudar a que eso suceda”.


Con el tiempo, la delegación del Encuentro Mundial de Movimientos Populares presentará al papa León sus observaciones sobre el trabajo por la justicia social en Denver y en otras partes del mundo, manteniendo muy presente la dignidad de la persona humana.


“Si Jesucristo viniera hoy, estaría en el centro de detención, porque él está con los pobres”, concluyó Luca. “El evangelio no es una novela. El evangelio es un modo de vida; es una guía para nuestras vidas. No es simplemente una sugerencia para hacernos creer que somos buenos. La solidaridad entre los seres humanos y la familia humana está en el centro del evangelio. Si construimos un mundo con los derechos humanos en el centro, haremos realidad un mundo nuevo y mejor para todos”.

 

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