Nada supera al banquete católico de acción de gracias

Eucaristía significa

Vladimir Mauricio-Perez

El Día de Acción de gracias en Estados Unidos se suele distinguir por su cena suculenta en familia. Sin embargo, por mucho, o poco, que algunos les guste el pavo, los católicos tenemos una manera muy particular de celebrar la Acción de Gracias, y que sobrepasa cualquier otra celebración que cuente con un delicioso banquete.

Nos referimos a la misa.

La palabra “Eucaristía” proviene del griego “eucharistia”, que significa “acción de gracias”.

Este sentido de acción de gracias de la celebración eucarística tiene sus raíces en las celebraciones judías de la pascua y de la todah que se encuentran en el Antiguo Testamento. Tras su muerte y resurrección, Jesús las perfeccionó y las llevó a su cumplimiento total en la celebración eucarística: la misa.

En diálogo con el Dr. Michael Barber, profesor asociado de teología en el Augustine Institute de Denver, exploramos su significado.

¿Qué es la todah judía?

Todah” es una palabra hebrea que significa “acción de gracias”, y a veces se traduce como “alabanza”. El sacrificio todahen el Antiguo Testamento era un tipo de ofrenda de paz (o “sacrificio de comunión”) que alguien ofrecía en agradecimiento por haber sido salvado de una grave enfermedad o de un peligro de muerte.

Los elementos propios de la ofrenda todah eran carne, pan y vino (Lev 7, 11-15; Núm 15, 8-10).

Este sacrificio de comunión era muy especial, puesto que un laico podía comer del sacrificio, y se hacía en forma de un banquete al que se invitaban los familiares y amigos más cercanos.

Este banquete iba acompañado de oraciones y cantos de acción de gracias (1 Cro 16). El Salmo 100 es un ejemplo de esta realidad, puesto que da gracias a Dios por la misericordia de Dios y su fidelidad, y, además, se titula “Salmo para la acción de gracias”.

Estas cualidades lo separaban de otros tipos de sacrificios.

En un sacrificio por el pecado, por ejemplo, solo el sacerdote judío, por su papel de mediador, podía comer del sacrificio consagrado (Lev 6, 17-23). En un holocausto, el animal sacrificado se consumía completamente en el fuego (Lev 6, 1-6).

¿Qué relación tiene con la Eucaristía?

Los expertos han discutido sobre por qué la misa se conocía como “acción de gracias” (eucharistia) desde los primeros siglos, y sobre su relación con la celebración de la pascua judía y la todah.

San Justino Mártir escribió unos de los relatos no bíblicos más antiguos sobre la celebración eucarística, alrededor de 155 d.C., y usa la palabra eucharistia con frecuencia: “…tomando [el pan y el vino]… da gracias… Y cuando el que preside ha dado gracias… aquellos que llamamos diáconos dan a los presentes del pan y el vino… sobre los cuales se pronunció la acción de gracias”. Este uso también se hace presente en el texto Didajé que se escribió entre 60 y 100 d.C.

La explicación más obvia de por qué siempre se la ha llamado al cuerpo de Cristo “eucaristía” es la acción de gracias que el mismo Jesús pronunció sobre el pan y el vino: “Tomó luego pan, dio gracias, lo partió y se lo dio” (Lc 22, 19).

No obstante, podemos profundizar más en su significado al referirnos al Antiguo Testamento y a otros textos judíos.

El “Libro de la consolación” de Jeremías (capítulos 30-33) cuenta sobre la redención del pueblo de Dios, la Nueva Alianza, y sobre la idea de que después de su liberación, el pueblo ofrecerá un sacrificio de acción de gracias a Dios (Jer 31, 31; 33, 10-11).

Más aún, es interesante ver cómo la Pesikta, una fuente rabínica antigua, asegura: “En la era mesiánica venidera, todos los sacrificios cesarán, pero el sacrificio de acción de gracias [todah] nunca cesará”.

Es precisamente la acción de gracias [eucharistia] el único tipo de ofrenda que sobrevivió tras la era del Mesías, Jesús, pues instituyó la Eucaristía en la última cena.

¿No es la pascua judía la raíz de la Eucaristía?

Algunos expertos han rechazado la teoría de que la todah pueda ser la base de la celebración eucarística cristiana debido a que la pascua judía parece serlo, según las referencias que hace la Biblia en la última cena.

Sin embargo, quedan varias preguntas por responder: si la pascua judía se celebraba una vez al año, ¿por qué los primeros cristianos celebraban la Eucaristía semanalmente? ¿Era la Eucaristía una continuación de la todah o de la pascua judía para los primeros cristianos?

Filón, un filósofo judío del primer siglo, provee una respuesta, puesto que habla de la pascua judía en relación con la todah: “Y [la pascua] se instituyó en conmemoración de la gran migración que hicieron desde Egipto y como agradecimiento [eucharistia] por esta”.

Se puede decir, entonces, que la pascua judía es un tipo de todah, pues ambos son una conmemoración y un sacrificio de alabanza.

Esto significa que ambas se pueden encontrar en las raíces de lo que sería la celebración de la Eucaristía instituida por Cristo.

¿Qué nos enseña todo esto?

Uno de los frutos de una espiritualidad eucarística, de acción de gracias, es que la gratitud nos lleva a la alabanza y adoración. Como dijo un autor: “Si la gratitud se elimina, la voluntad para adorar terminará”.

La acción de gracias también nos enseña a confiar en Dios. Jesús, por ejemplo, hizo su acción de gracias al Padre en la última cena, incluso antes de la resurrección. Esto mostraba su plena confianza en él. También nosotros podemos aprender a dar gracias a Dios en la Eucaristía incluso antes de que nuestros problemas se resuelvan.

Este aspecto de gratitud eucarística nos muestra que Dios permite que experimentemos momentos de dificultad para profundizar nuestra fe y para mostrarnos su amor incondicional.

Al participar en la acción de gracias eucarística de Jesús cada vez que vamos a misa, recordamos a Dios por quien es, y así aprendemos a confiar en él completamente. De esto se trata la espiritualidad eucarística.

Próximamente: Las posadas: más que una simple tradición

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Las posadas son una celebración dedicada a conmemorar la peregrinación que hicieron José y María de Nazaret a Belén en busca de un refugio seguro donde María pudiera dar a luz al niño Jesús. Al no encontrar alojamiento en Belén, José y María se vieron obligados a buscar refugio en un establo, donde nació el niño Dios. Actualmente, la celebración del peregrinaje comienza el 16 de diciembre y termina el 24 de diciembre con la llegada de Jesús.

Aunque algunos países latinoamericanos ya han acogido esta tradición, el origen de las posadas se remonta a los tiempos de la conquista de México, por lo que es una tradición que se ha dado a conocer principalmente en la cultura mexicana.

Durante estos nueve días, cada noche se lleva a cabo una representación de José y María montados en un burro y buscando un refugio. Tanto adultos como niños participan en la procesión, la cual comienza con la visita a hogares seleccionados donde un grupo que representa a los peregrinos piden “posada” o alojamiento. En cada parada de la procesión se leen pasajes de las Escrituras y se cantan las letanías para pedir posada.

Tradicionalmente, los anfitriones de estos hogares niegan el alojamiento a los peregrinos hasta que el grupo llega a la casa designada y puede ingresar. El rezo del rosario también se incorpora durante la procesión. Posteriormente, se ofrece comida a los asistentes, los niños rompen piñatas y reciben un “bolo” que consiste en una bolsita con caramelos. Las piñatas generalmente están hechas en forma de una estrella, que simboliza a la estrella que guio a los tres Reyes Magos hasta el pesebre donde se encontraba el niño Dios.

La tradición continúa cada noche en una casa diferente. La última noche, la víspera de Navidad, generalmente se celebra una misa de media noche (Misa de Gallo) en la que se celebra la llegada del niño Jesús.

Esta práctica ha cobrado varias formas a través de los tiempos. En muchos lugares ahora se acostumbra pedir posada en una sola casa, por lo que no hay una procesión. Por esta razón el rezo del rosario también se realiza antes o después de pedir posada.

El origen de esta celebración única se remonta a los tiempos de la conquista en México. Antes de la llegada de los españoles, los aztecas celebraban durante el mes de diciembre la llegada de “Huitzilopochtli” que consideraban el dios de la guerra. Las fiestas comenzaban el día 6 y duraban 20 días. El día 24 por la noche y durante el transcurso del día 25, había festejos en todas las casas en los cuales se ofrecía comida a los invitados y unas estatuas pequeñas de pasta llamada “tzoalt”.

Los misioneros que llegaron a México a finales del siglo XVI aprovecharon la costumbre para inculcarles el espíritu evangélico a los indígenas y le dieron a su celebración un sentido cristiano, lo que serviría como una preparación para recibir a Jesús el día de Navidad.

Con este propósito, fray Diego de Soria, un misionero agustino, obtuvo permiso del Papa Sixto V en 1585 para celebrar nueve misas antes de navidad, conocidas como las “misas de aguinaldo”, del 16 al 24 de diciembre. Durante estas celebraciones eucarísticas, se leían pasajes y escenas de la navidad. Para hacerlas más atractivas y amenas, se les agregaron luces de bengala, cohetes y villancicos, y posteriormente la piñata en forma de estrella. Los asistentes también recibían un pequeño regalo conocido como “aguinaldo”, de ahí la prestación que se da en México a los trabajadores durante las fiestas navideñas.

Con el tiempo, las posadas se comenzaron a celebrar en vecindarios y en casas para llevarlas a un entorno familiar. La celebración ha ido cambiando poco a poco y se le han ido agregando elementos que en ocasiones dependen de la región.

Más que una simple tradición, las posadas son un medio para preparar con alegría y oración nuestro corazón para la venida de Jesucristo, y para recordar lo que vivieron durante su peregrinaje José y María.