MITOS Y VERDADES: “Los católicos no creen en la biblia”

Equipo de El Pueblo Católico

Este artículo es parte de una serie de artículos publicado en la última edición de la nueva revisa de “El Pueblo Católico”. Para suscribirte y recibir la revista GRATIS, HAZ CLIC AQUÍ.

MITO

Los católicos no creen que la Biblia es suficiente e inventaron la “Tradición” para poder interpretarla a su manera y añadirle cosas.

VERDAD

Es cierto que como católicos creemos que además de la Biblia la Iglesia necesita de la Tradición y no aceptamos la teoría protestante de “Sola Scriptura”, que dice que la Biblia es la única autoridad en cuestiones de fe y que todo lo que debemos saber está en ella. ¿Por qué no?

En primer lugar, la teoría de que “solo la Biblia basta” no se encuentra en ningún lado en la Biblia. De hecho, es antibíblica, pues el último versículo del Evangelio de san Juan dice lo contrario: “Hay además muchas cosas que hizo Jesús. Si se pusieran por escrito una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran” (Jn 21,25), y también dice el apóstol san Pablo:

“hermanos, manténganse firmes y conserven las tradiciones que han aprendido de nosotros, de viva voz o por carta” (2 Tes 2,15).

Es decir, los primeros cristianos sabían que la fuente de revelación era Jesús, y transmitían el mensaje del Evangelio por escrito (“carta”) y por palabra (“voz”). No escribieron todo, y eso lo admite el apóstol san Juan. Pero tampoco se olvidaron de todo y aquí es donde nace la Tradición. La Tradición es aquello del mensaje de Jesús que se transmitió de manera oral y no escrita. Esto no es lo mismo que las “tradiciones” humanas que Jesús rechaza en Mt 15,3. Al decir “estas tradiciones”, san Pablo se refiere a las enseñanzas del Evangelio transmitidas por escrito y por voz, y no a las tradiciones humanas de los judíos (ver 1 Cor 11,2).

¿Entonces cómo sabemos si las enseñanzas son apostólicas? Estas enseñanzas que se transmitieron oralmente coinciden con las Escrituras, aunque no se expliquen de manera explícita en ellas, y nunca las contradicen.

La Iglesia Católica ha custodiado, defendido y mantenido esa Tradición desde los apóstoles, pues como dice san Pablo, la Iglesia es “columna y fundamento de la verdad” (1 Tim 3:15). Dios quiso darnos ambas: la Biblia y la Tradición. Esto se ve en el simple hecho de la Biblia, que nació de la autoridad de la Iglesia y de la Tradición.

Próximamente: Santa Inés, Mártir; patrona de las jóvenes, las novias y la pureza

¡Regístrese en una suscripción digital a Denver Catholic En Español!

El 21 de enero se celebra la Fiesta de Santa Inés, patrona de las jóvenes, las novias, las prometidas en matrimonio, de la pureza y de los jardineros. En relación a la Santa surgió la costumbre de los corderos blancos, cuya lana se utiliza para hacer los palios de los Arzobispos.

Su nombre latino es “Agnes”, asociado a “agnus” que significa cordero. Según la leyenda más conocida, Santa Inés era una joven hermosa, rica y pretendida por muchos nobles romanos. No aceptó a ninguno, aduciendo que ya estaba comprometida con Cristo, y la acusaron de ser cristiana.

Fue llevada a un prostíbulo, pero unos ángeles y señales celestes la protegieron. Entonces la pusieron en una hoguera que no la quemó. Finalmente, fue decapitada en el año 304.

Constantina, la hija de Constantino, le edificó una basílica en la Vía Nomentana y su fiesta se comenzó a celebrar a mediados del siglo IV.

En el tratado de San Ambrosio sobre las vírgenes, se lee que por tradición se sabe que Santa Inés murió a los doce años. Antes de su martirio se mantuvo “inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas”.

“No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria… Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales”, dijo San Ambrosio.

Se dice que el verdugo hizo lo posible para asustarla y atraerla con halagos porque muchos desearon casarse con ella, pero Santa Inés respondió: “sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que no quiero”.

La Santa oró y doblegó la cerviz ante el verdugo que le temblaba la diestra para dar el golpe, pero ella permanecía serena. “En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio”, concluyó San Ambrosio.

A Santa Inés se le representa como una niña o señorita orando, con diadema en la cabeza y una especie de estola sobre los hombros, en alusión al palio. Va acompañada de un cordero a sus pies o en sus brazos y rodeada de una pira, espada, palma y lirios.

 

Artículo publicado originalmente en AciPrensa.