MITOS Y VERDADES: Los católicos hablan con los muertos

Equipo de El Pueblo Católico

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MITO

Los católicos contradicen la Biblia porque se comunican con los muertos al rezarle a los santos, y eso está prohibido, como dice Deut 18, 10-11: “No ha de haber en medio de ti nadie que… practique la adivinación, la astrología, la hechicería o la magia… ni evocador de muertos”.

VERDAD

Los católicos no rezan a los muertos, solo piden la intercesión de aquellos que están en el cielo, que es lugar de vivos, pues Dios “no es un Dios de muertos, sino de vivos” (Mc 12, 27). Aunque han muerto físicamente, siguen vivos y ofrecen nuestras oraciones a Dios como incienso:

“los veinticuatro Ancianos se postraron delante del Cordero. Tenía cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos” (Ap 5,8).

A los primeros cristianos en la tierra también se les llamaba “santos” por haber sido bautizados en Cristo.

Sin embargo, vemos que los santos en el cielo (los Ancianos) ofrecen como perfume a Dios las oraciones de los “santos” en la tierra.

Esto no es lo mismo que conjurar espíritus, pues se conjuraban espíritus para obtener información en vez de escuchar a los profetas. Los católicos simplemente piden la oración de los que ya están con Dios, como se pide la oración de otro hermano.

Aunque lo que la Iglesia Católica enseña no es idolatría, los católicos no deben perder esto de vista: que la misión de los santos en el cielo es la de ayudarnos a llegar al cielo, a unirnos a Jesús. No son magos ni tienen poderes por su propia cuenta.

Próximamente: Santa Inés, Mártir; patrona de las jóvenes, las novias y la pureza

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El 21 de enero se celebra la Fiesta de Santa Inés, patrona de las jóvenes, las novias, las prometidas en matrimonio, de la pureza y de los jardineros. En relación a la Santa surgió la costumbre de los corderos blancos, cuya lana se utiliza para hacer los palios de los Arzobispos.

Su nombre latino es “Agnes”, asociado a “agnus” que significa cordero. Según la leyenda más conocida, Santa Inés era una joven hermosa, rica y pretendida por muchos nobles romanos. No aceptó a ninguno, aduciendo que ya estaba comprometida con Cristo, y la acusaron de ser cristiana.

Fue llevada a un prostíbulo, pero unos ángeles y señales celestes la protegieron. Entonces la pusieron en una hoguera que no la quemó. Finalmente, fue decapitada en el año 304.

Constantina, la hija de Constantino, le edificó una basílica en la Vía Nomentana y su fiesta se comenzó a celebrar a mediados del siglo IV.

En el tratado de San Ambrosio sobre las vírgenes, se lee que por tradición se sabe que Santa Inés murió a los doce años. Antes de su martirio se mantuvo “inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas”.

“No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria… Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales”, dijo San Ambrosio.

Se dice que el verdugo hizo lo posible para asustarla y atraerla con halagos porque muchos desearon casarse con ella, pero Santa Inés respondió: “sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que no quiero”.

La Santa oró y doblegó la cerviz ante el verdugo que le temblaba la diestra para dar el golpe, pero ella permanecía serena. “En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio”, concluyó San Ambrosio.

A Santa Inés se le representa como una niña o señorita orando, con diadema en la cabeza y una especie de estola sobre los hombros, en alusión al palio. Va acompañada de un cordero a sus pies o en sus brazos y rodeada de una pira, espada, palma y lirios.

 

Artículo publicado originalmente en AciPrensa.