MITOS Y VERDADES: “La Iglesia católica se opone a la ciencia”

Equipo de El Pueblo Católico

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MITO:

La Iglesia Católica busca impedir el avance de la ciencia por miedo a que esta compruebe que Dios no existe.

VERDAD:

No es la misión de la Iglesia enseñar sobre la ciencia, sino sobre cómo llegar al cielo. Sabe que el entendimiento de la creación puede mejorar y cambiar.

La Iglesia nunca se ha opuesto al avance científico al menos de que este viole la dignidad de la persona humana. De hecho, se puede decir que la ciencia moderna nació de la cuna de la Iglesia. Esto les puede costar a muchos comprender, pero el que investigue la historia de la Edad Media se dará cuenta de esta realidad. El mismo físico nuclear J. Robert Oppenheimer, quien no era cristiano, admitió: “El cristianismo fue necesario para el nacimiento de la ciencia moderna”.

¿Cómo sucedió esto? Fueron personas de fe las que se inspiraron a explorar la creación, sabiendo que Dios es un Dios racional y todo lo había creado con orden, como dice el libro de Sabiduría: “Tú regulaste todo con medida, número y peso” (11:20).

¿Suena conocido? Desde entonces cientos de católicos han aportado al entendimiento de la creación con sus descubrimientos científicos. Entre ellos ha habido también sacerdotes como Copérnico, Mendel y Lamaitre. La ciencia no ha comprobado que Dios no existe, más bien es un testamento de que todo fue creado por un ser inteligente y no por el azar.

MITOS Y VERDADES: “Los católicos no creen en la biblia”

Sabías que…

La teoría del Big Bang fue creada por un sacerdote belga llamado Georges Lamaitre. Esta corrigió la teoría de Albert Einstein, quien llegó a decir que la teoría del padre Lamaitre era,

“la explicación más bella y satisfactoria de la creación que jamás he escuchado”.

Próximamente: Santa Inés, Mártir; patrona de las jóvenes, las novias y la pureza

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El 21 de enero se celebra la Fiesta de Santa Inés, patrona de las jóvenes, las novias, las prometidas en matrimonio, de la pureza y de los jardineros. En relación a la Santa surgió la costumbre de los corderos blancos, cuya lana se utiliza para hacer los palios de los Arzobispos.

Su nombre latino es “Agnes”, asociado a “agnus” que significa cordero. Según la leyenda más conocida, Santa Inés era una joven hermosa, rica y pretendida por muchos nobles romanos. No aceptó a ninguno, aduciendo que ya estaba comprometida con Cristo, y la acusaron de ser cristiana.

Fue llevada a un prostíbulo, pero unos ángeles y señales celestes la protegieron. Entonces la pusieron en una hoguera que no la quemó. Finalmente, fue decapitada en el año 304.

Constantina, la hija de Constantino, le edificó una basílica en la Vía Nomentana y su fiesta se comenzó a celebrar a mediados del siglo IV.

En el tratado de San Ambrosio sobre las vírgenes, se lee que por tradición se sabe que Santa Inés murió a los doce años. Antes de su martirio se mantuvo “inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas”.

“No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria… Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales”, dijo San Ambrosio.

Se dice que el verdugo hizo lo posible para asustarla y atraerla con halagos porque muchos desearon casarse con ella, pero Santa Inés respondió: “sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que no quiero”.

La Santa oró y doblegó la cerviz ante el verdugo que le temblaba la diestra para dar el golpe, pero ella permanecía serena. “En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio”, concluyó San Ambrosio.

A Santa Inés se le representa como una niña o señorita orando, con diadema en la cabeza y una especie de estola sobre los hombros, en alusión al palio. Va acompañada de un cordero a sus pies o en sus brazos y rodeada de una pira, espada, palma y lirios.

 

Artículo publicado originalmente en AciPrensa.