Matrimonio: La creación más deslumbrante de Dios

Arzobispo Aquila

(Foto de Josh Appelagate/ Unsplash)

Se acerca el día de San Valentín y muchas personas se preguntan cómo deberían mostrar su amor a alguien. A pesar de parecer contracultural, la Iglesia se mantiene fiel a la enseñanza de un matrimonio centrado en Cristo, como la respuesta más satisfactoria y completa a esta pregunta.

La semana pasada el Papa Francisco rindió un homenaje a los esposos que viven su matrimonio en unidad y fidelidad. Ellos dan al mundo lo que él llamó “un ejemplo de verdadero amor” que sirve como un “un sermón silencioso para todos”. Así como la Iglesia católica, otras iglesias se han unido a la Semana Nacional del Matrimonio del 7 al 14 de febrero para celebrar el don del matrimonio bien vivido que debe ser el centro de nuestro testimonio.

Por ejemplo, el Papa Francisco contó una vez la historia de una pareja que celebró sus 60 años de matrimonio. Él les preguntó si eran felices y ellos le respondieron: “estamos enamorados”.  El amor les permitió perseverar a través de las dificultades, a educar a sus hijos, a sobrepasar los sufrimientos y penas inevitables en la vida, para que ellos le pudieran decir al Papa después de 60 años que aún están enamorados. ¿Es esta la visión positiva y esperanzadora del matrimonio que estamos promoviendo?

El hermoso testimonio es una señal de que el amor real y duradero es posible, independientemente de la significativa caída de la tasa de matrimonios, el incremento en divorcios y la naturaleza cada vez más breve de las relaciones. Mediante las gracias ofrecidas en el matrimonio se pueden encontrar la santidad y la felicidad genuinas. Esta afirmación está respaldada por numerosos estudios sociológicos.

Al mismo tiempo, hay muchas señales que apuntan a una disminución del matrimonio en los Estados Unidos. La taza de personas casadas disminuyó de un 72 por ciento en 1960 a cerca de 50 por ciento en el 2016. Otra señal de la salud de un matrimonio desde una perspectiva católica es qué tan abiertas están las personas a tener hijos. El Centro de Control de Enfermedades publicó en el 2017 información que mostraba que el país alcanzó su nivel más bajo en 30 años con respecto a la tasa de natalidad, con 1.76 nacimientos por mujer – se considera que la tasa de reemplazo es de 2.1 niños por mujer. Colorado tuvo un nivel incluso más bajo con 1.63 nacimientos por mujer.

Estos resultados deberían hacernos preguntar cuánto estamos haciendo para apoyar y alentar al matrimonio y promover una cultura de vida. Debemos ayudar a los católicos a entender los tres bienes del matrimonio: la fidelidad, el compromiso de por vida y el don de los hijos. Además de promover el entendimiento, deberíamos de preguntarnos qué estamos haciendo para motivar la apertura a la vida y apoyar a aquellos que tienen hijos en nuestras parroquias, vecindarios y en el mundo.

Algunas ideas prácticas que las parroquias pueden considerar incluyen: organizar eventos que simulen las buenas prácticas de citas románticas, involucrar parejas de mentores para acompañar a parejas comprometidas que se preparen para el matrimonio y brindar apoyo financiero, emocional y espiritual para las familias que tengan alguna lucha particular. Estoy seguro de que hay otras formas innovadoras que los fieles pueden crear para responder a esta realidad. Algunas, como retiros, ya existen.

Como personas de fe, debemos tener la especial esperanza en la verdad de que la santidad y la felicidad en el matrimonio son posibles con la ayuda de Dios. Santa Teresa de Lisieux nos ofrece el ejemplo de sus padres, quienes fueron declarados santos en el 2015. Ella escribió de Louis y Zelie Martin: “el buen Dios me dio un padre y una madre más dignos del cielo que de la tierra”.

El matrimonio, como lo ha dicho el Papa Francisco es, “lo más bello que Dios ha creado”, ya que refleja la unidad del amor de Dios.

Que como Iglesia trabajemos en apoyar y fortalecer el matrimonio para que el testimonio silencioso cotidiano de las parejas casadas refleje a Dios en nosotros y construya nuestra sociedad.

 

Próximamente: ¿Un hombre debe amar más a su esposa que a su madre?

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El hombre que trata a su mujer como una princesa es porque fue educado por una reina.

Este refrán conserva toda una verdad. Hay que agradecer a esas reinas que hayan sabido educar caballeros. ¡Gracias a todas ellas!

Sin embargo hay situaciones en las que parece que “la reina” pretende ser “princesa”. Ahora su hijo ya está casado y parece querer un lugar distinto al que le corresponde como madre. También puede suceder que el hijo siga con “mamitis” y no haya entendido todavía lo que significan aquello de “dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne” (Mt.19,5).

Y es que no se trata de amar más o de amar menos, de cuantificarlo, sino de que cada uno ocupemos el lugar que nos corresponde en la vida. Por eso, cuando uno se casa, la esposa debe ser la número uno en su vida, la mujer de su vida.

Por otro lado, es importante que la esposa acepte que la mamá siempre será el primer gran amor de su marido. Es la mujer que le dio la vida, que le crió y la que le dio todo el amor que pudo entregarle.

Sé que es un tema sensible por lo que trataré de redactarlo con suma delicadeza y lo haré pensando no solo como madre de solo varones, sino como experta en temas matrimoniales.

Para comenzar debo decir que para mí será una verdadera victoria cuando vea a mis hijos ya casados tratando como reinas a sus mujeres, dándoles su lugar como sus compañeras de vida.  Cuando se casen serán uno por lo que, ¡no seré yo la que les desuna! Mi lugar será siempre el de mamá, nada más.

Lo más triste y doloroso para la esposa es cuando su marido otorga siempre un lugar preferencial a su “mami” poniéndola por encima de ella. Esta situación le hace sentir denigrada, rechazada, pisoteada por el que prometió amarla y protegerla de por vida.

Señores, ningún esposo coherente debe colocar las opiniones o los deseos, gustos o caprichos de su madre por encima de los de su mujer.

Por otro lado, las suegras necesitan ser más inteligentes y nunca criticar a la nuera ni opinar, a no ser que se le pida, sobre diferentes cuestiones que afectan a su vida familiar y/o matrimonial como por ejemplo, el orden de la casa, la alimentación y educación de los niños o el estado de su relación de pareja.

Si una nuera no se siente amada ni aceptada por su suegra difícilmente tendrán una buena relación. Es como si ambas mujeres se sintieran amenazadas una por la otra. Si el marido se va siempre del lado de la mami, la situación se vuelve frustrante para la esposa.

Maridos, ambos amores son igual de importantes: la mamá siempre será su mamá y siempre le deberán respeto y amor. Ella los formó y fue la primera mujer que los amó y los seguirá amando incondicionalmente. Pero a su esposa le deben su total devoción, cuidados, fervor, protección, etc.

Son amores tan distintos y grandes a la vez que no tienen por qué entrar en conflicto. No ha de haber si quiera comparación. Pueden y deben amar a ambas. Su mamá, insisto, siempre será su madre, pero nunca ha de ser motivo para que su esposa se convierta en ex esposa.

Entendamos, no es competencia ni rivalidad, sino poner a cada una en el lugar que por derecho le corresponde. Trabaja y empéñate en tener un súper matrimonio y una súper relación con tu mamá, pero siempre recordando que tu matrimonio debe ser lo primero. Tu mujer, la primera, aún por encima de tus hijos.

Recuerda que libremente prometiste delante de Dios amarla, servirla, protegerla, cuidarla y dar tu vida por ella de ser necesario.

Artículo publicado originalmente en Aleteia.