Matanza en las vegas. Las oraciones importan

Mary Beth Bonacci

Escuché que Jimmy Kimmel no quiere nuestras oraciones. Bueno, no exactamente. Pero, en un monólogo muy emotivo, desacreditó a los políticos que ofrecieron sus “insuficientes” oraciones, diciendo que deberían orar por el perdón con respecto a su inacción en el control de armas.

De tú a tú, entiendo su frustración. Las Vegas es su ciudad natal. Yo sé, por mi experiencia en Columbine, que cuando un ataque se realiza cerca de casa, el horror se hace más real. Se siente personal. Y Kimmel, como el resto de nosotros, quiere hacer algo para no permitir que esto vuelva a pasar.

Mi propósito no es entrar en el debate de las armas. Más bien, quisiera abordar la parte del monólogo de Kimmel referente a las oraciones. Porque sospecho que muchos de nosotros nos sentimos de la misma manera. “Nuestras oraciones no parecen estar ayudando”.

Pero, ¿lo están haciendo? ¿es la oración otra táctica fallida? Si nos preguntamos: “¿han detenido la violencia nuestras oraciones?”, obviamente no. La violencia aún continua.

Si hacemos que el único indicador de la oración sea el “éxito”, perderemos de vista quién es Dios. Claro, yo no puedo explicar el misterio de Dios y del sufrimiento humano como tampoco puedo hacer aparecer una cordillera de la nada. Pero sí sé lo que Dios nos ha revelado de sí mismo en las Escrituras. Sé que odia el mal. Odia la destrucción de la vida inocente. Y el hombre (mujer) que destruya la vida inocente se enfrentará a su juicio. Pero nos da libre albedrio, que podemos usar para bien o para mal. Desde que Adán y Eva lo usaron para desafiar a Dios, el mal ha sido desatado en el mundo. Y el Dios que nos ama e interviene en la historia humana no siempre interviene para prevenirlo.

Él, de hecho, no previno el mal físico perpetrado en contra de su propio Hijo.

¿Por qué? No sabemos con certeza. Sus caminos están por encima de los nuestros. Él ve este mundo a través del lente de la eternidad. Estamos todos destinados a morir, ya sea en nuestras camas a una edad madura, en un concierto de Jason Aldean o en nuestro mejor momento.

Está mal que un hombre tome el lugar de Dios y decida cuándo otro hombre debe morir. Pero el mal mayor no es la pérdida de nuestra vida terrenal. Es la pérdida de la vida eterna que Dios desea compartir con nosotros.

Sospecho que las intervenciones de Dios en los asuntos humanos están, con frecuencia, más orientadas a guiarnos hacia nuestro destino eterno que a mantenernos seguros y cómodos en el aquí y el ahora.

Lo más importante, yo sé que “en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio”. Todas las cosas. Aún las decisiones de hombres malvados. Si Él pudo usar a los verdugos romanos para traer la salvación, Él puede sacar el bien de cualquier mal.

¿Han sido escuchadas nuestras oraciones? Sí, aun cuando no sepamos a qué grado ¿ha frustrado otros ataques? Su mano de protección ha minimizado otras víctimas. Y, lo más importante, ¿han nuestras oraciones impactado la fe eterna de aquellos que han perdido la vida?

Sé que vemos Su amor en acción en el heroísmo de los primeros que respondieron ahí el lugar de los hechos. Lo vemos en la efusión del amor y en el apoyo de un mundo afligido.

Y sabemos que Él está con nosotros mientras estamos afligidos, y mientras buscamos soluciones.

Dios no es un dios que nos protege de cada maldad que pueda acontecer en nuestra vida. Él es un Dios de consolación – el Dios que sabe del sufrimiento porque Él también ha sufrido, porque camina con nosotros en nuestro sufrimiento, y porque hace todo un bien mayor: nuestra salvación eterna.

Entonces en esta situación, como en todas la otras, debemos actuar. Debemos luchar para encontrar maneras efectivas de proteger la vida humana inocente. Pero mientras hacemos esto, necesitamos rezar.  Seria y consistentemente. Todos nosotros, hasta los políticos. Hasta Jimmy Kimmel.

Traducido del original en ingles por Mavi Barraza.

Próximamente: ¿Un hombre debe amar más a su esposa que a su madre?

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El hombre que trata a su mujer como una princesa es porque fue educado por una reina.

Este refrán conserva toda una verdad. Hay que agradecer a esas reinas que hayan sabido educar caballeros. ¡Gracias a todas ellas!

Sin embargo hay situaciones en las que parece que “la reina” pretende ser “princesa”. Ahora su hijo ya está casado y parece querer un lugar distinto al que le corresponde como madre. También puede suceder que el hijo siga con “mamitis” y no haya entendido todavía lo que significan aquello de “dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne” (Mt.19,5).

Y es que no se trata de amar más o de amar menos, de cuantificarlo, sino de que cada uno ocupemos el lugar que nos corresponde en la vida. Por eso, cuando uno se casa, la esposa debe ser la número uno en su vida, la mujer de su vida.

Por otro lado, es importante que la esposa acepte que la mamá siempre será el primer gran amor de su marido. Es la mujer que le dio la vida, que le crió y la que le dio todo el amor que pudo entregarle.

Sé que es un tema sensible por lo que trataré de redactarlo con suma delicadeza y lo haré pensando no solo como madre de solo varones, sino como experta en temas matrimoniales.

Para comenzar debo decir que para mí será una verdadera victoria cuando vea a mis hijos ya casados tratando como reinas a sus mujeres, dándoles su lugar como sus compañeras de vida.  Cuando se casen serán uno por lo que, ¡no seré yo la que les desuna! Mi lugar será siempre el de mamá, nada más.

Lo más triste y doloroso para la esposa es cuando su marido otorga siempre un lugar preferencial a su “mami” poniéndola por encima de ella. Esta situación le hace sentir denigrada, rechazada, pisoteada por el que prometió amarla y protegerla de por vida.

Señores, ningún esposo coherente debe colocar las opiniones o los deseos, gustos o caprichos de su madre por encima de los de su mujer.

Por otro lado, las suegras necesitan ser más inteligentes y nunca criticar a la nuera ni opinar, a no ser que se le pida, sobre diferentes cuestiones que afectan a su vida familiar y/o matrimonial como por ejemplo, el orden de la casa, la alimentación y educación de los niños o el estado de su relación de pareja.

Si una nuera no se siente amada ni aceptada por su suegra difícilmente tendrán una buena relación. Es como si ambas mujeres se sintieran amenazadas una por la otra. Si el marido se va siempre del lado de la mami, la situación se vuelve frustrante para la esposa.

Maridos, ambos amores son igual de importantes: la mamá siempre será su mamá y siempre le deberán respeto y amor. Ella los formó y fue la primera mujer que los amó y los seguirá amando incondicionalmente. Pero a su esposa le deben su total devoción, cuidados, fervor, protección, etc.

Son amores tan distintos y grandes a la vez que no tienen por qué entrar en conflicto. No ha de haber si quiera comparación. Pueden y deben amar a ambas. Su mamá, insisto, siempre será su madre, pero nunca ha de ser motivo para que su esposa se convierta en ex esposa.

Entendamos, no es competencia ni rivalidad, sino poner a cada una en el lugar que por derecho le corresponde. Trabaja y empéñate en tener un súper matrimonio y una súper relación con tu mamá, pero siempre recordando que tu matrimonio debe ser lo primero. Tu mujer, la primera, aún por encima de tus hijos.

Recuerda que libremente prometiste delante de Dios amarla, servirla, protegerla, cuidarla y dar tu vida por ella de ser necesario.

Artículo publicado originalmente en Aleteia.