Mandato abortista de Obama viola libertad religiosa de Hermanitas de los Pobres

Por: Aciprensa

Esta mañana las Hermanitas de los Pobres expusieron sus argumentos ante la Corte Suprema de Estados Unidos, en el marco de la demanda que interpusieron para que se les exima del mandato abortista de la administración Obama que las obliga a pagar un seguro de salud que incluya anticonceptivos, esterilización y fármacos abortivos.

La encargada de hacerlo fue la hermana Loraine Maguire, Madre Provincial de la Congregación. “No entendemos por qué el gobierno está haciendo esto cuando hay una solución sencilla que no nos involucra”, dijo la religiosa.

“También es difícil de entender por qué el gobierno hace esto cuando un tercio de los estadounidenses no están ni siquiera cubiertos por este mandato y grandes corporaciones como Exxon, Visa y Pepsi han sido totalmente eximidas”, continuó.

La Madre Provincial dijo además que “el gobierno nos amenaza con multas de hasta 70 millones de dólares al año si no acatamos”.

Aunque la administración Obama modificó el mandato para incluir la posibilidad de algunas objeciones de conciencia, las religiosas afirmaron que después de revisarlo todavía violenta sus conciencias.

En julio de 2015, la Corte de Apelaciones del Décimo Circuito determinó que las Hermanitas de los Pobres debían acatar el mandato. Las religiosas decidieron entonces apelar ante la Corte Suprema y ahora esperan la sentencia.

La Madre Provincial también dijo esta mañana que “nosotras las Hermanitas de los Pobres somos un grupo de mujeres que hacemos votos religiosos a Dios. Nos dedicamos a servir a los ancianos pobres sin considerar raza o religión, ofreciéndoles un hogar donde son bienvenidos como Cristo, cuidados como si fueran de la familia y acompañados con dignidad hasta que Dios los llame. Hemos hecho esto por más de 175 años”.

“Es un privilegio para nosotros cuidar a los miembros más vulnerables de la sociedad, servirlos, consolarlos, ser una presencia amorosa y sanadora en sus vidas. Ser sus hermanitas es nuestra alegría. Todos lo que pedimos es poder continuar nuestro trabajo”, dijo la hermana Loraine Marie Claire.

El Fondo Becket para la Libertad Religiosa informó también que la jueza Ruth Gingburg resaltó en la audiencia que “nadie duda por un momento” de la sinceridad de las creencias de las Hermanitas, mientras que otros de los jueces presentes expresaron su preocupación porque el gobierno está “secuestrando” el plan de salud de las Hermanitas obligándolas a “subsidiar conductas que ellas creen son inmorales”.

En opinión del abogado de las Hermanitas y miembro del Fondo Becket, Mark Rienzi, “el gobierno tiene muchas formas de ofrecer sus servicios sin necesidad de usar a las Hermanitas de los Pobres, alternativas que son tan simples como usar Amazon o Kayak para comprar, extendidas para los millones de estadounidenses”.

“Pese a ello el gobierno ha admitido hoy que está obligando a las hermanas a violar sus sinceras creencias. Eso está mal y es innecesario”, subrayó.

En septiembre del año pasado, en su visita a Estados Unidos, el Papa Francisco visitó sorpresivamente una comunidad de las Hermanitas de los Pobres en Washington D.C.

“Este es un signo evidente de su apoyo hacia ellas” en su lucha en los tribunales, dijo entonces el vocero de la Santa Sede, P. Federico Lombardi.

Las Little Sisters of the poor, o Hermanitas de los Pobres como se les conoce en español, estan presentes en la Arquidiocesis de Denver donde tienen un hogar para cuidar a ancianos y personas enfermas.

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Es realmente una maravilla que tengamos el don de la Biblia, a través del cual Dios nos habla, nos convence, nos sana y nos nutre en nuestro viaje. En reconocimiento de la importancia de las Escrituras, el 26 de enero la Iglesia celebrará el primer “Domingo de la Palabra de Dios”.

La Palabra de Dios es esencial para nuestra identidad como cristianos. Nos da fuerza, sanación y nutrición. El Catecismo habla de las Escrituras como el lugar donde “la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza, porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios” (CIC, 104). Es fácil perder de vista lo bendecidos que somos de tener este poderoso regalo, este alimento espiritual.

¿Cuántos de nosotros podemos decir que en el último día o semana hemos leído estas palabras santas y transformadoras que Dios nos ha dirigido? ¿Amamos la Palabra de Dios y permitimos que se escriba en nuestra mente y corazón al leerla en oración y con frecuencia? ¿es la Palabra de Dios parte del tejido de nuestras vidas?

El gran predicador san Juan Crisóstomo dio una homilía sobre Mateo 2 en la que preguntó a las personas reunidas en la iglesia: ¿Quién puede repetir un salmo o cualquier otra porción de las Escrituras?

Miró a su alrededor y observó que “no había ni una” sola persona que pudiera responder. El argumento que escuchó con mayor frecuencia fue: “No soy … un monje, sino que tengo esposa e hijos, y el cuidado de mi hogar”.

San Juan Crisóstomo respondió que creer que leer la Biblia era solo para monjes es lo que los había llevado a la ruina, ya que aquellos que están en el mundo “reciben heridas diariamente” y tienen la mayor necesidad del medicamento de la Palabra de Dios. Como sabemos, los que tienen heridas y no las tratan, se infectan, y si no se tratan, pueden morir.

Consciente de la importancia vital de las Escrituras, el Papa Francisco anunció recientemente en su Carta Apostólica, Aperuit Illis, que el 26 de enero de 2020, el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, será el primer día en que toda la Iglesia observe el “Domingo de la Palabra de Dios”. Este día, escribió, debe estar marcado por la “celebración, estudio y divulgación de la palabra de Dios” (Aperuit Illis, 3).

Sin embargo, el Papa advierte que un día dedicado a la Biblia “no debe verse como un evento anual sino más bien como un evento durante todo el año, ya que necesitamos crecer urgentemente en nuestro conocimiento y amor de las Escrituras y del Señor resucitado” (AI, 8), para que nuestros corazones se purifiquen por su verdad y nuestros ojos se abran a nuestros pecados.

Entre las prácticas que frecuentemente recomiendo a las personas para promover una vida de conversión continua están la participación regular en los sacramentos y la oración diaria con las Escrituras. Específicamente, te alentó a la práctica de la Lectio Divina, que implica meditar en las Escrituras al involucrar tus pensamientos, imaginación, emociones y deseos mientras lees. El objetivo de Lectio Divina es principalmente experimentar un encuentro íntimo con Jesucristo, el Padre y el Espíritu Santo. A través de este encuentro, todo nuestro ser se somete más estrechamente a Dios, recibiendo y creyendo cada vez más en el amor del Padre por nosotros de una manera personal y particular, aumentando así nuestro amor y conocimiento de las tres personas de la Santísima Trinidad.

Esta experiencia de escuchar la voz de Dios y familiarizarse con sus movimientos dentro de nosotros, cambia la forma en que vemos el mundo que nos rodea. Pronto, nos volvemos mucho más atentos a su presencia en nuestras relaciones, en la creación y especialmente dentro de la Misa. “En este sentido, la lectura en oración de la Sagrada Escritura actúa como la puerta de entrada a un nuevo Edén, donde el hombre una vez más vive en la presencia consciente de su Hacedor y Salvador” (Sacraments Through Scripture: A Still Small Voice, p.4).

Sé que cuanto más leo y rezo con las Escrituras, y especialmente con los Evangelios, más se convierten en una palabra viva que penetra en mi corazón, de modo que me convenzo más del amor personal del Padre por mí.

Mientras lees esta columna, te animo a que pienses en cómo puedes usar el “Domingo de la Palabra de Dios” como una oportunidad para pedirle a Dios un amor más profundo por su Palabra y aumentar tu deseo de conocerlo a través de las Escrituras. San Jerónimo enseñaba que “la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo”. Cuando conocemos a Jesús a través de la Biblia, realmente somos transformados y experimentamos alegría, incluso en tiempos de prueba o sufrimiento. Que cada uno de nosotros experimente un renovado amor por la Biblia para que seamos verdaderos discípulos que lleven a Cristo a los confines de la tierra.

Imagen destacada de Josh Applegate | Unsplash