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Image by Simon Berger

Perspective

Más que una ceremonia: el verdadero significado de ser padrinos de bautismo

Foto del escritor: Alejandra Bravo
Alejandra Bravo
7 sept
6 min de lectura

Detrás de los requisitos de la Iglesia hay una misión más profunda: ayudar a un niño a crecer en la fe, seguir a Cristo y, algún día, convertirse en santo.


Sacerdote sonriente bautiza a un bebé vestido de blanco, sostenido por familiares, en una iglesia iluminada.
(Foto de Nicole Perez Photography)

¿Por qué la preparación para el bautismo a veces parece una carga en lugar de una buena noticia? ¿Qué cambiaría si ayudáramos a los padres a acercarse a la preparación bautismal con el mismo entusiasmo e intención que ponen en cualquier otro acontecimiento importante en la vida de sus hijos, no porque sea otro evento que organizar, sino porque es el comienzo de la vida de su hijo en Cristo?


Cuando los padres preguntan: “¿Por qué esta persona no puede ser padrino o madrina de mi hijo?”, a menudo están planteando una pregunta más profunda: “¿Por qué le importa tanto a la Iglesia?”. Honestamente, es una excelente pregunta. De hecho, tal vez sea precisamente la pregunta que deberíamos hacernos. La respuesta es sencilla: porque la Iglesia se preocupa profundamente por el niño, por los padres y por el camino de fe para toda la vida que comienza en el bautismo.


Con demasiada frecuencia, las conversaciones sobre los padrinos comienzan por los requisitos. ¿Pero qué pasaría si comenzaran con una misión?


Antes de preguntarnos quién puede ser padrino o madrina, deberíamos preguntarnos: ¿qué es un padrino o una madrina?


¿Qué son los padrinos?

Muchas personas saben que un padrino o una madrina acompaña a la familia durante la ceremonia del bautismo. Menos personas comprenden lo que sucede en el sacramento y lo que la Iglesia espera que continúe mucho después de ese día.


La Iglesia enseña que un padrino o madrina es una persona elegida para ayudar al bautizado a vivir fielmente la vida cristiana. Los padrinos ayudan a los padres en la formación de la fe de sus hijos y sirven como compañeros espirituales a lo largo de la vida. Un padrino no es elegido simplemente porque se le quiere. Es elegido porque puede ayudar a alguien a acercarse más a Cristo.


En una cultura que a menudo se centra en las celebraciones, la Iglesia nos recuerda que el bautismo es el comienzo de una nueva vida en Cristo, no solo otro evento más. Por medio del bautismo nos convertimos en hijos adoptivos de Dios, miembros de la Iglesia y partícipes de la vida de gracia (CIC 1213).


La misión de un padrino es ayudar a proteger, nutrir y fortalecer esa vida de fe. El Catecismo de la Iglesia Católica describe a los padrinos como “creyentes sólidos, capaces y prestos a ayudar al nuevo bautizado, niño o adulto, en su camino de la vida cristiana” (CIC 1255).


La tarea de los padrinos no termina cuando concluye la celebración sacramental. Su misión espiritual apenas comienza.


¿Qué hace realmente un padrino?

La misión de un padrino es hermosa en su sencillez:

  • Orar por el niño y sus padres.

  • Fomentar la práctica de la fe.

  • Ser testigo de la vida cristiana.

  • Acompañar al niño en momentos importantes de fe y de discipulado.

  • Guiarlo en el camino hacia la santidad.

  • Ayudarle a recordar quién es: un hijo amado de Dios.


Este papel tiene más que ver con acompañar un alma, ayudándola a llegar al cielo, que con asistir a una ceremonia.


Un padrino debería poder decir algo como: “Ayudaré a este niño a aprender a amar a Dios, a seguir a Cristo, a vivir como discípulo y, un día, a presentarse ante el Señor como santo”.


Bautismo en una capilla: sacerdote vierte agua en una pila de piedra mientras varios adultos observan con emoción.
(Foto de Rachel Moore)

Aclarando algunos mitos comunes

Con el paso del tiempo, muchas culturas han añadido expectativas adicionales al papel de los padrinos. Algunas de estas tradiciones son hermosas. Otras pueden distraer involuntariamente de su propósito verdadero.


Los padrinos no son patrocinadores económicos

En muchas comunidades o familias, se espera que los padrinos contribuyan económicamente a celebraciones como bautismos, quinceañeras, confirmaciones o bodas. La generosidad es un hermoso regalo, pero el apoyo económico no es la misión de un padrino.


La Iglesia pide algo más grande que el apoyo financiero: que ayuden a otra persona a alcanzar la santidad, es decir, a convertirse en santo.


Los padrinos no son automáticamente futuros tutores legales

En otras comunidades o familias, muchas personas asumen que los padrinos criarán al niño en caso de que sus padres fallezcan. Aunque los padres pueden elegir a las mismas personas para ambos roles, la tutela es una responsabilidad legal, no sacramental. La preocupación principal de la Iglesia no es quién criará físicamente al niño, no porque eso no sea importante, sino porque existe una preocupación aún más profunda: ¿quién ayudará al niño a conocer, amar y permanecer fiel a Cristo? Esa pregunta puede ser una de las más importantes y menos consideradas en nuestra cultura actual.


¿Por qué le importa tanto a la Iglesia a quién se elige?

A veces, las familias se decepcionan al descubrir que un familiar o amigo muy querido no puede servir como padrino o madrina.


“¿Por qué la Iglesia hace esto tan difícil?”, podrían preguntarse.


Pero quizá la mejor pregunta sea: “¿Por qué la Iglesia toma este papel tan en serio?”.


Imaginen pedirle a alguien que enseñe a tu hijo a tocar el piano cuando nunca ha aprendido a tocar. O pedirle a alguien que entrene a un equipo en un deporte que nunca ha practicado.


La Iglesia cree que la fe es algo precioso. Si a un padrino se le confía ayudar a alguien a vivir la fe católica, tiene sentido que él mismo la viva activamente.


Los requisitos no buscan excluir, sino responder a una misión. La Iglesia no está tratando de dejar a nadie fuera. Está procurando asegurarse de que quienes asuman esta responsabilidad sean capaces de cumplirla.


¿Quién puede ser padrino o madrina?

La Iglesia establece los requisitos y responsabilidades de los padrinos en los cánones 872–874 del Código de Derecho Canónico. Un padrino debe:


  • Ser católico bautizado.

  • Haber recibido la confirmación y la Eucaristía.

  • Tener al menos 16 años (a menos que se conceda una excepción).

  • Llevar una vida coherente con la fe católica.

  • Estar dispuesto y capaz de cumplir con las funciones del cargo.

  • No ser el padre ni la madre de la persona que va a ser bautizada.

  • Comprender la belleza y la misión de aquello que se le pide.


Hombre en traje azul enciende una vela grande en una iglesia, rodeado de asistentes atentos.
(Foto de Lena Hall Photography)

¿Por qué un padrino debe ser católico?

Porque la misión de un padrino es específicamente católica.


Un padrino no es simplemente un mentor, un modelo a seguir o un adulto que brinda apoyo. Se le confía ayudar a otra persona a vivir la fe católica, a participar en la vida sacramental de la Iglesia y a permanecer fiel a Cristo.


La Iglesia no cuestiona si los no católicos son buenas personas. Más bien, reconoce una verdad sencilla: nadie puede transmitir aquello que no profesa personalmente ni procura vivir.


¿Por qué los padrinos deben vivir la fe?

Esta pregunta suele surgir cuando se habla del matrimonio católico, de la asistencia a la Misa u otros aspectos de la vida católica.


El canon 874 exige que un padrino lleve una vida de fe para poder compartirla. Un padrino debe esforzarse por seguir a Cristo y a su Iglesia porque la fe se transmite no solo mediante la enseñanza, sino también mediante el testimonio.


El discipulado se contagia tanto como se enseña. Los niños y los jóvenes aprenden no solo de lo que decimos, sino también de cómo vivimos. La Iglesia no pide perfección, sino autenticidad.


Una invitación más profunda

Quizá la pregunta más importante no sea: “¿Quién reúne los requisitos para ser padrino?”, sino: “¿Quién nos está ayudando a convertirnos en santos?”. Cuando la Iglesia habla de los padrinos, en realidad se refiere al discipulado, al acompañamiento y a la familia espiritual.


Está invitando a los padres a identificar a alguien que les ayude a asumir la hermosa responsabilidad de conducir a su hijo hacia Cristo.


Tal vez por eso esta conversación es tan importante. Porque en el corazón del bautismo no hay un requisito, sino una promesa. La promesa de que Dios ha reclamado a este niño como suyo. La promesa de que la Iglesia caminará junto a esta familia. La promesa de que los padrinos, junto con los padres, ayudarán a ese niño a descubrir la verdad más grande de todas: que es profundamente amado por Dios y llamado a ser santo.


Por eso, quizá la pregunta final sea esta: si los padrinos son elegidos para ayudar a conducir a alguien al cielo, ¿quién en mi vida es verdaderamente capaz de ayudar a otra persona a recorrer ese camino?


O quizá una pregunta aún más personal: si he sido elegido para ser padrino o madrina, ¿estoy dispuesto a hacer más que estar junto a la pila bautismal? ¿Estoy dispuesto a caminar con alguien en su camino hacia el cielo?

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