Más allá del bautismo: acompañar a las familias en su camino de fe
- Caitlin Burm

- hace 2 días
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Para muchos padres católicos, el día del bautismo de su hijo es la culminación de meses de preparación. Sin embargo, en la parroquia Christ on the Mountain, en Lakewood, se considera apenas el comienzo del camino de fe que una familia recorrerá durante toda la vida.
“No sé si los programas que ofrezco sean realmente extraordinarios”, dijo Mary Ann Fairbank, directora de educación religiosa y pastoral juvenil de la parroquia. “Simplemente acompaño a las familias desde la realidad en la que se encuentran y les ofrezco oportunidades para reunirse, crecer y sentirse apoyadas dentro de un ambiente de Iglesia católica”.
Llegar a las familias
Aunque la ceremonia del bautismo inicia una relación para toda la vida con Cristo y la Iglesia, muchas parroquias enfrentan el desafío de que las familias jóvenes dejan de participar regularmente en la Misa una vez recibido el sacramento.
Con frecuencia, aunque los padres dedican mucho tiempo a prepararse para el bautismo de su hijo, los meses y años posteriores pueden resultar mucho más retadores. Entre horarios ocupados, las exigencias de criar a niños pequeños y las noches sin dormir, puede resultar complicado para las familias mantenerse conectadas con su parroquia.
Aun así, la Iglesia llama a los católicos a acompañar a las familias antes, durante y después de la ceremonia del bautismo de sus hijos. Como señaló recientemente el papa León XIV durante su audiencia del 18 de marzo: “Cada persona bautizada es un sujeto activo de evangelización, llamado a dar un testimonio coherente de Cristo”. El desafío para las parroquias consiste en ayudar a los padres a asumir esa misión en los años posteriores al bautismo de sus hijos.
Esta realidad ha marcado la manera en que Mary Ann aborda su ministerio. En lugar de esperar que las familias encuentren por sí solas el camino de regreso a la parroquia, considera que la Iglesia debe crear activamente oportunidades de encuentro, formación y apoyo.
Reunir a las mamás
Para Mary Ann, quien tiene un título en educación religiosa y ministerio pastoral y ha dedicado más de 30 años a trabajar con familias en parroquias de Lakewood, el bautismo no es solamente una celebración de un día, sino el comienzo de la vida eclesial de una familia. Acompañar a los padres, especialmente a las madres, durante esta etapa ha dado buenos resultados en las parroquias.
“Las familias con niños pequeños necesitan oportunidades para reunirse, sentirse apoyadas y sentirse bienvenidas”, dijo.
La parroquia Christ on the Mountain ofrece dentro de su comunidad un grupo de mamás, donde las madres pueden reunirse para convivir, orar y apoyarse mutuamente dos veces al mes durante dos horas, con servicio de cuidado infantil.
Natalie Miller dijo que estuvo a punto de no asistir al grupo de mamás de la parroquia, pero decidió hacerlo tras ser invitada personalmente por otra integrante.
“Estaba un poco nerviosa, pero una invitación personal hace toda la diferencia”, dijo Natalie. “A partir de ahí, comenzamos a participar más en PPP [Picnic/Pizza, Pajamas and Prayer (Picnic/Pizza, Pijamas y Oración), un evento parroquial] y en otros eventos de la parroquia”.
“Si las mamás están en casa con sus hijos, es esencial ofrecerles oportunidades para reunirse con otras mamás y brindarles cuidado infantil durante ese tiempo”, agregó Mary Ann. “Así pueden tomarse un pequeño descanso, conversar con otros adultos y sentirse apoyadas en su misión como madres dedicadas al hogar y, muchas veces, también como educadoras de sus hijos en casa”.
Familias, fe y diversión
Para las familias completas, la parroquia ofrece el programa de picnic, pijamas y oración durante el verano, y el de pizza, pijamas y oración durante el año escolar. Estos encuentros de los viernes por la noche incluyen una breve catequesis basada en el año litúrgico o en los santos y ofrecen a las familias la oportunidad de reunirse para compartir una comida y orar, especialmente mediante la adoración Eucarística.
“Las familias pueden quedarse todo el tiempo que deseen”, dijo Mary Ann. “Lo verdaderamente importante es que tengan un poco de tranquilidad en medio de sus vidas tan ocupadas y llenas de ruido. Este breve tiempo de adoración y oración les ofrece un momento de quietud, centrado en Cristo, para concluir su semana escolar o laboral. Este otoño e invierno agregaremos una Misa a la luz de las velas, a la que las familias podrán optar por quedarse después de la pizza y la adoración de nuestra velada”.
Natalie coincidió y explicó que, para su familia, estos encuentros se han convertido en algo más que un simple evento parroquial.
“Estos encuentros nos han brindado una comunidad de otras familias con las que podemos crecer juntos en la fe”, dijo. “Es maravilloso contar con otras familias que nos acompañan en el camino”.
Una misión familiar
Mary Ann agregó que comparte información sobre oportunidades como estas durante las clases de preparación bautismal.
“Cuando me reúno con las familias y comenzamos a hablar sobre bautizar a su hijo, con frecuencia les pregunto por qué quieren que su hijo sea bautizado”, dijo. “Esto les da la oportunidad de hablar sobre su propia fe y por qué desean el bautismo para su hijo. Después les hablo sobre el orden restaurado de los sacramentos y sobre cómo será en el futuro la educación religiosa de su hijo en nuestra parroquia y en nuestra arquidiócesis”.
Además de animar a las familias a cumplir las promesas bautismales que hicieron por sus hijos, Mary Ann también les recomienda asistir regularmente a Misa, vivir el año litúrgico en casa, orar juntos como familia, compartir relatos de las Sagradas Escrituras y más.
“Siempre les recuerdo que son los primeros y mejores maestros de la fe para sus hijos”, dijo Mary Ann. “Aunque es una responsabilidad enorme, también es un don y un privilegio, y la parroquia está aquí para apoyarlos en esa tarea”.
Conexión y acompañamiento
Aunque los programas en sí pueden parecer sencillos, Mary Ann considera que su éxito proviene de crear relaciones significativas entre familias que, muchas veces, buscan una comunidad.
Los padres que establecen un primer vínculo mediante una clase de preparación bautismal con frecuencia regresan para participar en una reunión del grupo de mamás, en un evento de PPP o en oportunidades de educación religiosa a medida que sus hijos crecen.
Con el tiempo, esos pequeños puntos de encuentro pueden tener un efecto duradero. Las familias se sienten cada vez más cómodas participando en la vida parroquial, surgen amistades y los padres adquieren mayor confianza en su papel como principales educadores de sus hijos en la fe.
“Al final, ellos nos enseñan más sobre Dios y sobre cómo relacionarnos con él de lo que explícitamente les transmitimos”, reflexionó Natalie. “Ellos nos conducen hacia él al mostrarnos cómo ser niños pequeños. Es una experiencia que nos hace humildes, pero es hermosa”.
Mary Ann dijo que, además de estos programas, en la parroquia Christ on the Mountain han visto “a familias invitar a otras a participar en programas para toda la familia”, así como en clases de educación religiosa y en la Escuela Bíblica de Vacaciones. También ha “visto a varias parejas comenzar el proceso para convalidar sus matrimonios”. Además, recientemente “uno de los padres, que no es católico, preguntó sobre la OCIA (Orden de Iniciación Cristiana de Adultos)”.
Pero, por encima de todo, lo que Mary Ann valora de acompañar a las familias durante esta etapa es que “puedo educar a las familias sobre el orden restaurado de los sacramentos y acompañarlas después del bautismo, a lo largo de la educación religiosa de sus hijos durante la primaria y, posteriormente, en la pastoral juvenil de secundaria y preparatoria”.
Para Mary Ann, ese acompañamiento a largo plazo es el corazón del ministerio después del bautismo. A lo largo de más de tres décadas, ha visto a niños ser bautizados en las parroquias, crecer y convertirse en adolescentes y, con el tiempo, llegar a ser padres. Este camino ha sido un profundo privilegio, una gracia especial de Dios, y Mary Ann no puede sino sentirse agradecida por la oportunidad de acompañar a otros en la fe, desde el bautismo y mucho más allá.








