Los sacerdotes que conozco

Equipo de Denver Catholic

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Nadie es perfecto. Nadie tiene todos los dones. No obstante, algunos ofrecen lo que tienen a los demás en nombre de Jesucristo. Estos hombres son nuestros sacerdotes. Ellos sirven humildemente al pueblo de Dios, ofreciendo los sacramentos y mostrando una presencia amorosa constante a cada uno de nosotros. Le pedimos a algunos feligreses de Denver, que compartieran con nosotros cómo los sacerdotes han impactado positivamente su vida, o como los han visto servir fielmente. Esto fue lo que nos dijeron.

En momentos difíciles y de decisiones profundas, el padre Osvaldo Carrasco con su amor profundo a dios, me ha ayudado a encontrar la respuesta.  A pesar de la distancia (él vive en México) se que siempre puedo contar con él. – Vero

Juan Bosco nos enseña que “No basta amar a los jóvenes, es precioso que ellos se den cuenta que son amados” y eso es precisamente lo que nos ha enseñado el padre Jorge de los Santos. Él trasmite el amor de Cristo hacia la juventud ya sea jugando con ellos, confesándolos, dando temas o llevando al Rey de Reyes una vez al mes. Los jóvenes adolescentes se dan cuenta que él predica a través de su ejemplo e intercediendo por ellos ante el Santísimo Sacramento del altar. El padre Jorge le abre las puertas a la juventud. Él es un Juan Bosco en nuestro tiempo. Muchas gracias padre Jorge por todo lo que hace por la juventud. Te amamos. – Jóvenes de Misericordia (Grupo de jóvenes adolescentes de Nuestra Señora Madre de la Iglesia)

Para mí, tener el apoyo espiritual y la amistad del padre Benito es una de las bendiciones más grandes en mi vida. El padre Benito ha impactado mi vida con sus enseñanzas. Siempre que yo me he querido alejar de la iglesia, él me ayuda a fortalecer mi convicción con la iglesia. Me escucha y más que nada reza por mí. Él es una persona tan trabajadora y hace todo por su parroquia.  No importa qué tan ocupado esté, siempre tiene tiempo para escucharme y para mí eso no tiene precio. – Roxana

El padre Jorge (ahora obispo), ha sido una parte fundamental en mi vida espiritual. Gracias a él y sus homilías llenas de amor y misericordia, logré darme cuenta de que mi vida estaba vacía y que necesitaba caminar con Dios. Desde el primer día que me acerque a la Iglesia, siempre me mostró su apoyo incondicional con un bueno consejo o hasta con una simple sonrisa. Una de las más grandes bendiciones para mi esposa y para mí, fue tener al obispo Jorge guiándonos durante nuestra preparación matrimonial. El hecho de haber tenido el honor de que él celebrara la misa de nuestra boda ha sido muy memorable y especial para nosotros. Algunas veces, incluso sin él darse cuenta, sus palabras me han levantado en momentos difíciles. El obispo Jorge es una persona muy especial que siempre brinda amor y misericordia al prójimo. – César 

Nuestra relación con Dios ha evolucionado mucho en los últimos años, ha crecido en gran medida por nuestro mutuo deseo de acercarnos a Él a través de Jesús, sirviendo para su gloria y para nuestro crecimiento espiritual. En el 2011 conocimos al Padre Antonio Flores (de la orden de los Teatinos), oficiaba misa en Ntra. Señora de Guadalupe en Denver; su gran carisma y profunda espiritualidad fue definitivamente para nosotros un ejemplo y una inspiración para acercarnos aún más a Dios. Hemos también conocido al Padre Benito Hernández (OLOG) al hoy Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Denver, Padre Jorge Rodríguez (Antiguo párroco en La Santa Cruz) y al Padre Tom Coyte (Actual Párroco de Santa Bernardette en Lakewood). Todos los antes mencionados han influido de diversas formas en nuestra vida espiritual y en nuestra vida diaria con sus recomendaciones, su comportamiento, su guía y desde luego con su ejemplo de devoción y entrega a Dios.  Damos gracias a Dios por habernos puesto en su camino y por la gran bendición de conocerlos a todos ellos. – Gaby y Mike

Tuve una adolescencia muy difícil y la depresión fue gran parte de esa etapa. Cuando me transferí de una escuela pública a una escuela jesuita, tuve que decirles adiós a todos mis amigos de la infancia. Me sentía increíblemente solo, desperado por dejar la escuela, y los pensamientos suicidas comenzaron a aparecer en mi mente. Un sacerdote que enseñaba en la escuela se percató de lo que yo estaba viviendo e hizo un esfuerzo para ayudarme, tomándose el tiempo de estar atento y escucharme antes de las clases. Era una persona muy inteligente, con múltiples maestrías, incluyendo una en psicología clínica. El padre me sacó del hoyo oscuro en el que estaba y me ayudó en convertir mi experiencia en la preparatoria en uno de los mejores recuerdos. Su dedicación hacia sus alumnos le permitió el título de “el educador jesuita más antiguo de Norteamérica”, antes de jubilarse a los 80 años. – Nathan

Recientemente, durante un momento de duelo personal, llegué a un retiro dirigido por un sacerdote involuntariamente. Sentí que no estaba en el mejor lugar emocionalmente para esto. Sin embargo, como suele suceder cuando nos resistimos, se convirtió en un momento de gracia pura en mi vida. El sacerdote dirigió a nuestro grupo en una oración. En esos pocos momentos, mi pena y enojo se desvanecieron mientras seguía su voz… y sentí que paseaba por una montaña siguiendo los pasos de Cristo. Ahora, esa oración está conmigo todos los días. Nos regaló la simple práctica de la oración, pero fue lo suficientemente poderosa como para cambiar mi perspectiva. Mi vida ha sido bendecida por la presencia de increíbles sacerdotes, desde miembros de la familia que se convirtieron en sacerdotes hasta sacerdotes que se han hecho familia. En cada acontecimiento espiritual, ocasión feliz, golpe, situación confusa o tiempo de crisis, un sacerdote ha estado allí. Comparten su conocimiento, orientación y tranquilidad, perdón y aliento, amistad y liderazgo a todos. Dan su vida al servicio. Incluso cuando estaba más alejada de Dios, nunca dudé que la puerta del sacerdote estaría abierta cuando encontrara el camino de regreso. – Cynthia

Soy enfermera de la unidad UCI neonatal de un hospital, y cuido a bebés extremadamente prematuros y enfermos. En una ocasión, estaba cuidado a un pequeño bebé que pesaba un poco más de una libra y estaba muy delicado de salud. Su familia solicitó un bautismo para su hijo. No teníamos mucho tiempo y necesitábamos un sacerdote de inmediato, por lo que el padre Mauricio acudió a nuestro llamado muy rápido. Dejo todo lo que estaba haciendo para ir al hospital a bautizar a ese tierno bebé. Fue un bautismo hermoso. El padre tenía miedo tocar la frente del bebé de lo frágil que estaba, así que yo le puse la cruz del agua bendita en su cabeza. Las oraciones fueron hermosas y la santidad y el amor puro que el padre Mauricio mostró ese día, es algo que nunca olvidaré. Con el tiempo, el tierno bebé creció fuerte y saludable, y ahora se encuentra en casa con su familia. Me siento orgullosa de ser católica y ser parte de una Iglesia con sacerdotes tan misericordiosos que hacen cualquier cosa por nosotros, especialmente en momentos de dificultad. – Katherine

Me siento muy agradecida con Dios y afortunada de poder convivir con algunos sacerdotes pues por sus consejos durante las confesiones o fuera, han sido ellos quienes me han inspirado y ayudado a creer en mi vida espiritual. Uno de ellos, por su profundo amor a la Virgen Maria me inspiró a hacer mi consagración a ella y me animó a conocerle y amarle más, sabiendo que ella, de una manera más fácil y segura me llevaría a Jesús. – Mónica

Soy católico de nacimiento y he tenido la fortuna de conocer a muchos sacerdotes durante mis 60 años. Cada vez que he necesitado recibir los sacramentos o algo de orientación en mi fe, siempre han estado disponibles para ayudarme. De joven, durante mi adolescencia, fui monaguillo de muchos sacerdotes diferentes y tuve la bendición de aprender de cada uno de ellos. Ahora de adulto, conforme mi fe se ha profundizado, veo más claramente la belleza en todo lo que hacen. – Antonio

Mi tío José fue el menor de once hijos. Cuando decidió ingresar al seminario, todo era en latín, algo que le dificultó su aprendizaje porque no entendía. Fue ordenado diácono, pero no logró ser sacerdote porque no pudo pasar el examen de latín. Nunca se casó, simplemente trabajó y se hizo cargo de mis abuelos. Cuando ellos fallecieron, mi tío decidió volver al seminario y fue ordenado sacerdote cuando tenía 65 años. Ha sido sacerdote por 15 años y vive una vida muy feliz. Actualmente está en una pequeña parroquia y escuela en Ohio. Solo usa su salario para pagar las becas de los niños pobres de la escuela. Cada mañana, él hace todo por su iglesia: corta el pasto y camina alrededor de la cuadra rezando el rosario. Solíamos estar en contacto seguido, y él decía cosas como: “Todas las mañanas me levanto y le agradezco a Dios por ser un sacerdote. Y todas las noches me acuesto y le agradezco a Dios porque soy sacerdote”. Es el más fiel y alegre… una persona humilde, sencilla y amorosa. Simplemente ama ser sacerdote. – Angelina

Luego de tomar las clases del programa RICA, seguía con dudando si debía acercarme a la Iglesia. Fue durante este tiempo que un nuevo sacerdote había sido asignado a la parroquia a la que mi esposa y yo asistíamos (ella era católica, yo no). El sacerdote aceptó reunirse conmigo algunas veces para hablar sobre la Iglesia y mis dudas. Era algo muy informal, pero era lo que destacaba en mi semana. Jamas me imaginé que el Señor haría maravillas a través de este hombre fiel y después eliminaría todas las dudas que tenia para entrar completamente en comunión con la Iglesia. Ahora, casi cinco años después de haber sido recibido en la Iglesia durante la vigilia pascual, sigo agradecido por este sacerdote y por todos los que ahora puedo llamar amigos, y que me retan a ser un mejor hombre, esposo y papá. – Aarón

Conozco a un padre que es un verdadero ejemplo de lo que significa ser “sacerdote”: el padre Juan. Cuando lo conocí en la universidad, estaba desilusionado, dolido y escéptico sobre Dios. Durante dos años de dirección espiritual, comidas en común, reuniones de oración, lágrimas, risas… él logró revitalizar mi fe. El padre Juan no es solo un modelo admirable por su increíble conocimiento, sino un mentor espiritual confiable por el cuidado que me brindó. Él me consoló y me empujó, me ayudó a confiar en la Iglesia y me enseño a amar a Dios y a mí mismo. Es un verdadero pastor de almas, y estoy agradecido de llamarlo “padre”. – Daniel

 

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Próximamente: ¿Cuáles son los requisitos para ser padrino o madrina de bautismo?

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En respuesta a la pregunta de nuestra lectora Amparo S.

El Catecismo de la Iglesia Católica explica que el papel del padrino o de la madrina es ayudar a que la gracia bautismal pueda desarrollarse en el bautizado, actuando como colaboradores de sus padres o de quienes ocupan su lugar.

Por eso los padrinos deben ser “creyentes sólidos, capaces y prestos a ayudar al nuevo bautizado, niño o adulto, en su camino de la vida cristiana” (CIC 1255).

Este es un papel muy importante, ya que todos los miembros de la Iglesia de alguna manera tienen la responsabilidad de desarrollar y guardar la gracia recibida en el bautismo y ayudar a otros a hacer lo mismo.

¿Por qué la Iglesia pone tantas restricciones para poder ser padrino de bautizo?

Es entonces deber del padrino asistir a los padres en la iniciación cristiana del que será bautizado y “procurar que después lleve una vida cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al mismo”.

Cabe resaltar que se puede tener un solo padrino o madrina. No es necesario tener dos, pero sí es posible, mientras sea un hombre y una mujer.

La Iglesia ha impuesto requisitos para que los padres puedan elegir a las personas correctas para esta misión tan importante.

El padrino o la madrina:

1. Deberá haber sido elegido por quien va a bautizarse o por sus padres, o por quienes ocupan su lugar; o, si faltan estos, por el párroco o ministro.

2. Deberá tener la capacidad para esta misión e intención de desempeñarla.

3. Deberá tener al menos 16 años. (El obispo puede establecer otra edad en su diócesis o el mismo párroco o ministro -por justa causa- puede considerar una excepción.)

4. Deberá ser católico, estar confirmado, haber recibido la Primera Comunión, y llevar una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir.

5. No puede estar afectado por una pena canónica declarada o impuesta legítimamente.

6. No puede ser el padre o la madre de quien se ha de bautizar.

(Código de Derecho Canónico núm. 872-874)