Los efectos negativos que los medios producen en fechas especiales

Mavi Barraza

Desde mediados de enero se puede observar corazones, cupidos y decoraciones de color rosa y rojo, acompañados de mensajes en radio, televisión, y redes sociales dedicados al 14 de febrero: día del amor y la amistad.

¿Pero es realmente la intención demostrarle -ese día- a tus seres queridos cuanto los amas? ¿Es una “necesidad” demostrarle al “mundo entero” tu “felicidad” por tener pareja, o por quedar bien con los demás por los detalles y regalos materiales que seguramente serán compartidos en fotografías en las diferentes redes sociales.  ¿Podría todo esto, solo ser el fruto de las múltiples campañas de marketing y “mensajes” que han sido lanzados antes de la fecha, en diferentes medios de comunicación?

“Creo que la tele tiene mucho que ver con todo. Me acuerdo que cuando era niña, y por lo que veía en las novelas, soñaba con el día en que mi príncipe azul fuera a llegar, que pidiera mi mano, nos casáramos y fuéramos felices”, dice con una gran sonrisa. María Morales, quien añade “y además tenía que ser un hombre rico para que me regalara muchas cosas y me pusiera a vivir bien”, agregó.

Esta mujer, de casi cuarenta años, también recuerda que el sentimiento era mayor cada vez que se acercaba el Día de San Valentín y dice que sus hijas adolescentes pasan por un sentimiento similar pero en el caso de ellas influenciadas por las redes sociales.

“A veces me enseñan fotos de sus amigas en el Facebook y me dicen: ‘mira a tal o cual, le regalaron eso, como quisiera tener novio para que me regale algo o que me traiga flores”, añadió Morales.

Por su parte, Carlos Camarena, cuenta que el hermano mayor de su padre se casó con una chica de “una clase social diferente”, que hasta cierto punto pudo haber sido afectada con el síndrome “Cenicienta” (aquella mujer tiene la necesidad de sentirse aceptada a través del matrimonio y la compañía de un hombre), resultado de la influencia de los medios.

Carmena opina que: “los programas televisivos, radiales e incluso ahora las redes sociales son una ventana que le abre a la gente la posibilidad de pertenecer a “otra realidad” -diferente a la que viven-”.

Amalia Guzmán, una chica de 18 años, publicó un mensaje en su Facebook que decía: “Busco novio para el Día de San Valentín”. Ella comentó para El Pueblo Católico que, aunque fue un tipo de broma: “Es tal vez tonto, pero uno ve tanta cosa en la tele, en las redes sociales, que te sientes solo si no tienes novio para esa fecha. Y sí da algo de envidia ver fotos de parejas en el internet. Sí deprime”, agregó la joven.

Al recurrir al punto de vista profesional referente a que tanto influyen los medios de comunicación en el comportamiento de las personas, Vioneth Villatoro-Ramírez, quien es psicoterapeuta y cuenta con una maestría en salud mental y consejería clínica, dijo que las personas pueden verse afectadas tanto psicológicamente como en su conducta influenciados por la información que reciben de los diferentes medios. Hay que tener en cuenta que “todo lo que entra por nuestros sentidos nutre nuestro ser interior de donde provienen los sentimientos que luego dirigen nuestras conductas para bien o para mal”.

La psicoterapeuta dice que es de vital importancia elegir de qué manera alimentamos el cerebro. Ya que “nuestra mente recibe diferentes tipos de ‘alimentos’, algunos son dañinos y otros son positivos para nuestra salud mental.  Según la terapeuta, cada vez que vemos, escuchamos o hablamos algo cargado de drama, chisme o estrés, nuestro cuerpo no distingue si eso que estamos escuchando o viendo es real o no. Nuestro cerebro simplemente reacciona en consecuencia segregando adrenalina, cortisol y demás hormonas que en exceso dañan nuestro cuerpo y generan ansiedad.

La profesional hace hincapié que esto influye tanto en adultos, como adolescentes y niños, aunque los dos últimos son los más vulnerables ya que su identidad esta en formación.

Si eres de las personas que en “fechas especiales” suele sentir emociones negativas (celo, soledad, envidia, depresión, etc.), el sentimiento puede minimizarse o revertirse si eres selectivo y cuidadoso en cuanto al material que se ves, lees o escuchas. “Escojamos lo que nos haga reír. Recordemos que de lo que estamos alimentando nuestra mente hoy, así será el contenido de lo que pensemos y sintamos el día de mañana”, finalizó la psicoterapetua.

Próximamente: La belleza de la vocación familiar: ¿Qué forma una familia?

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La felicidad solo se obtiene cuando nos convertimos en lo que estamos llamados a ser: santos. Esta felicidad no es un simple sentimiento, sino que toma la forma de plenitud. Aunque no la podamos alcanzar completamente en la tierra, sí podemos comenzar a vivirla.

Para descubrir qué es verdaderamente la familia y cuál es su misión, debemos volver al principio del ser humano, al Génesis, a la creación. El relato de la creación nos muestra no solo quién es el hombre, sino también por qué Dios lo creó. Esta verdad se refleja no solo en la fe, sino en el mismo cuerpo y alma de todo hombre y mujer.

UN MATRIMONIO: HOMBRE Y MUJER

“Hombre y mujer los creó” GEN 1,27; MT 19,4

El designio de Dios para la familia comienza con la unión de hombre y mujer. El hombre y la mujer se complementan uno al otro en su cuerpo. Están hechos el uno para el otro. Solo en el acto sexual entre hombre y mujer se puede crear algo nuevo: el fruto de un hijo. Solo ellos pueden convertirse verdaderamente en “una sola carne” (Gen 2,23).

 

¿FAMILIAS “NO TRADICIONALES”?

Por eso no puede existir la distinción de familia “tradicional” y “no tradicional”, la cual, en vez de tener a un hombre y una mujer como padres, busca tener padres del mismo sexo. Tal distinción no es posible porque la unión entre personas del mismo sexo no puede ser estrictamente un matrimonio: no se pueden convertir en “una sola carne” porque sus cuerpos no se complementan. Tampoco pueden generar el fruto de un hijo, y no es por causa de un defecto físico, como sucede con parejas estériles, sino porque la falta de complementariedad biológica lo hace imposible como principio.

 

LA FAMILIA ES IMAGEN DE DIOS
“Creó Dios al ser humano a imagen suya” Gen 1,27
“Dios es amor” (I Jn 4,8) y es comunión (Jn 14,10; 14,26). Es un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y al ser creados a su imagen y semejanza, Dios ha escrito en todo nuestro ser esa vocación al amor y a la comunión. Dios nos creó por pura bondad, para que pudiéramos participar en esta comunión de amor.

La felicidad plena yace en esta participación del amor de Dios. Debido a que tenemos un cuerpo, podemos realizar esta vocación a la comunión de dos maneras en esta vida: por medio del matrimonio o la virginidad (o celibato). Ambas son maneras concretas de vivir la verdad del hombre y la mujer, de ser imagen de Dios, a través del don de sí mismo.

 

AMAR PARA SIEMPRE

“Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” GEN 2,23

Cuando los fariseos se acercaron a Jesús para preguntarle sobre el divorcio, Jesús contestó: “Lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Mt 19,8). Los discípulos contestaron alucinados: “Si tal es la condición… no trae cuenta casarse”. Se dieron cuenta de que el matrimonio conlleva una entrega total, fiel y para toda la vida. Se elige un amor exclusivo. Solo con la gracia que Dios da en el sacramento del matrimonio se puede alcanzar el designio que Dios tiene para el matrimonio.

 

PADRES SOLTEROS O DIVORCIADOS

Por diversas circunstancias, muchas familias llegan a encontrarse en situaciones complicadas, enfrentándose a la separación, el divorcio o un embarazo no deseado.

En estas circunstancias, alejarse de Dios no es la respuesta, pues él nos busca como buscó a la samaritana en el pozo para darnos vida nueva en medio de nuestros problemas (Jn 4). Los lazos familiares siguen siendo poderosos y Dios quiere actuar en ellos.

Para las personas que se encuentran en una situación similar, es de mayor importancia pertenecer a una comunidad de fe, donde podrán conocer la fe y encontrar el apoyo y acompañamiento necesario para vivir una vida de santidad. Esto puede implicar recibir el sacramento del matrimonio para las parejas que no se han casado o buscar la nulidad, pues es posible que el matrimonio anterior no haya sido válido.

 

APERTURA A LA VIDA

“Sean fecundos y multiplíquense” Gen. 1,28

En su designio de amor, Dios quiso que, en la entrega de amor entre hombre y mujer, ese amor se desbordara en la concepción de algo nuevo: de un nuevo ser. Sin embargo, en nuestra sociedad, el sentido de la unión sexual se ha perdido, y es común entenderlo solo como un instrumento de placer o sin el don de los hijos.

 

MÁS QUE PLACER

Cuando una persona se entrega en el acto sexual, dona lo más íntimo que tiene. Pero si se hace solo por placer, se usa el lenguaje de amor más alto que existe de manera contradictoria. En realidad, no es una entrega total, como el lenguaje sexual lo sugiere, sino parcial, con condiciones. El acto se rebaja e incluso hiere a la persona. Esta deja que lo más íntimo que tiene se convierta en algo sin sentido, contradiciendo su deseo de amor incondicional. Así se convierte en un pecado “contra su propio cuerpo” (1 Cor 6,18). La entrega total del cuerpo tiene que ir acompañada de una promesa en la que se entrega totalmente una persona a la otra: el matrimonio.

 

ANTICONCEPTIVOS

Por otro lado, muchos matrimonios tienen miedo a tener hijos por varias razones: el compromiso, el costo, el sufrimiento que podrían experimentar, la contaminación del medio ambiente… Por eso recurren a métodos anticonceptivos, dejando que su entrega deje de ser total. La Iglesia recomienda el uso de métodos naturales de planificación familiar, que les permite a los padres ser generosos y responsables sin corromper su entrega total. Para más información sobre este tema, recomendamos la carta pastoral “El esplendor del amor” de el arzobispo Samuel J. Aquila.