Lo que aprendí sobre el racismo en una peregrinación a Montgomery

Escritor Invitado

Por la hermana Marion Weinzapfel, CSJ

¿Por qué un grupo compuesto por el obispo auxiliar de Denver, Mons. Jorge H. Rodríguez; un párroco, un diácono y su esposa, varias mujeres religiosas y sus asociados, y miembros del Ministerio de Justicia Social de una parroquia querrían visitar la capital de la Confederación en pleno agosto?

La USCCB (Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos) en su carta pastoral “Abramos nuestros corazones: una carta pastoral sobre el racismo” nos dice:

“Como cristianos, estamos llamados a escuchar y conocer las historias de nuestros hermanos y hermanas. Debemos crear oportunidades para escuchar, con corazón abierto, las historias trágicas que están profundamente impresas en la vida de nuestros hermanos y hermanas, si queremos que nos conmuevan con empatía para promover la justicia”.

Amamos a nuestro país y sabíamos que disfrutaríamos de la comida del sur, pero seriamente, queríamos destapar las historias trágicas que los obispos nos pidieron que escucháramos y que nos preparáramos para la verdad.

Y eso hicimos, en todos los lugares a los que fuimos: la Iglesia Bautista de la Avenida 16 de Birmingham, donde cuatro niñas murieron en un bombardeo del Ku Klux Klan; el Parque Kelly Ingram, donde los manifestantes, incluyendo cientos de niños, se agruparon para ser atacados con una manguera de incendios y por perros policías; y el Instituto de Derechos Civiles de la ciudad que rinde homenaje a la carta del Dr. King de una cárcel de Birmingham. Vimos la hermosa placa a activistas destacados como el representante de Georgia, John Lewis, quien terminó ensangrentado en el “Domingo Sangriento” durante Marcha de Selma en 1965; y ahora, aun sirviendo en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos 59 años después, sigue sufriendo insultos.

En Montgomery, la guía del Southern Poverty Law Center recitó las historias de las 40 personas asesinadas en el cumplimiento del deber moral por la causa de los derechos civiles en las décadas de 1950 y 1960. Compartió la conocida historia de Emmet Till y muchos otros héroes y heroínas de los que nunca habíamos escuchado hablar.

Más tarde, nos quedamos afuera con nuestras manos en el agua trazando sus nombres memorizados en granito por Maya Lin. No mucho antes, uno de nuestro grupo nos pidió que rezáramos por nuestro joven guía que diariamente da vida a estas historias de asesinatos brutales con pasión y convicción. En el Museo Rosa Parks, escuchamos que la actuación de Rosa Parks que provocó el boicot a los autobuses ocurrió por algo más que el hecho de que ella simplemente estaba “cansada”. Más bien, como líder de la NAACP en su comunidad, ella y los activistas de derechos civiles del Dr. King elaboraron estrategias, se organizaron y se comprometieron a soportar lo que se convirtió en una prueba de 381 días que dio origen al movimiento de derechos civiles en este país.

La parada más impresionante de nuestra peregrinación fue el Museo del Legado, nos retó a conectar los puntos entre la esclavitud, el linchamiento racial terrorista, la segregación y Jim Crow, y el encarcelamiento masivo de hoy que comenzó con la Guerra contra las Drogas de Nixon en la década de 1980. El lema con el que salimos fue; “La esclavitud no terminó; evolucionó”, nunca nos dejará. En el Monumento Nacional por la Paz y la Justicia, escuchamos a un abogado afiliado a la Iniciativa de Justicia Equitativa contar historias de responder a las súplicas de inocentes y personas condenadas en el corredor de la muerte, muchas de ellas en las cárceles de Alabama. Hasta la fecha, el abogado Bryan Stevenson, la fuerza visionaria detrás de la Iniciativa de Igualdad de Justicia, ha iniciado y argumentado con éxito cinco casos a nivel de la Corte Suprema de los Estados Unidos, ganando la revocación, la liberación o el alivio de 115 condenados injustamente a muerte. También ganó la declaración de la Corte Suprema de que ahora es inconstitucional dictar sentencias de cadena perpetua sin libertad condicional para jóvenes menores de 18 años.

Con los puntos conectados, pudimos ver la verdad de la desigualdad e injusticia que existe el día de hoy. Impacta desproporcionadamente a personas de color. Ahora, creemos la afirmación: “La esclavitud no terminó; evolucionó “.

Al visitar el bosque de las columnas colgantes en el Monumento Nacional, leímos los nombres de 186 condados que documentaron 4,400 linchamientos. Nuestros corazones se abrieron de par en par. Todos escribimos un nombre y oramos en voz alta: “Te recordamos”.

“La mayor parte de la familia de mi madre fue esclavizada y luego trabajaron como aparceros en la Parroquia de Caddo, Luisiana. Crecí escuchando relatos sobre nuestra historia allí y cuántos de los miembros de mi familia fueron abusados, desaparecidos, o linchados por multitudes de gente blanca. Un ancestro en particular se llamaba Charles Bell. No sabíamos qué le había pasado. La leyenda familiar dice que de repente desapareció. Era el tío abuelo de mi madre… durante nuestra peregrinación, mientras estaba parado debajo de una de las columnas colgantes en el monumento, vi su nombre: “Charles Bell, linchado el 15 de febrero de 1913”. Fue el mismo año en que desapareció. Llamé a mi madre y ella confirmó que era él. Así como fue doloroso como fue ver el nombre de mi familiar en un monumento dedicado a las víctimas de linchamientos, también respondió un cuestionamiento antiguo que existía en mi familia”, expresó Kamau Allen, uno de los peregrinos.

Luego celebramos, disfrutamos de comida rica, con el padre Manuel Williams y la familia eclesial en la Misión Católica Resurrección, donde nos quedamos, cantamos y rezamos. Aprendimos sobre otros activistas de los derechos civiles que conocieron y trabajaron con Rosa Parks. El propio padre del padre Williams había sido un conductor ayudante en algunos de los autos compartidos durante el boicot de autobuses. A la mañana siguiente, el obispo Rodríguez dirigió la misa para el grupo antes de abandonar Montgomery para partir a casa.

Comenzamos esta peregrinación con un propósito: conocer más profundamente la realidad en la raíz de la historia racial de los Estados Unidos. Ahora, transformados y con cimientos, podemos estudiar y actuar mejor para desmantelar este mal.

Entonces, comienza el trabajo de llevar adelante esta verdad. Lo que hemos visto y escuchado nos obliga a contar historias y ayudar a nuestras instituciones. Esta falsedad de la supremacía blanca puede determinar inadvertidamente nuestras políticas y acciones. Debemos saber lo que hacemos y corregir este ataque contra la vida humana. Volvemos a abrir Génesis 1:26 y dejamos que Dios nos hable: “Dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza”. Todos somos hechos a imagen de Dios. Crezcamos en esa semejanza.

Imagen de portada: El National Memorial en Montgomery, Al., Presenta 800 columnas de acero desgastadas que cuelgan de un techo. Cada columna presenta el nombre de un condado estadounidense y está grabado con los nombres de las personas que fueron linchadas allí. (Foto por Soniakapadia | Wikipedia)

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Es realmente una maravilla que tengamos el don de la Biblia, a través del cual Dios nos habla, nos convence, nos sana y nos nutre en nuestro viaje. En reconocimiento de la importancia de las Escrituras, el 26 de enero la Iglesia celebrará el primer “Domingo de la Palabra de Dios”.

La Palabra de Dios es esencial para nuestra identidad como cristianos. Nos da fuerza, sanación y nutrición. El Catecismo habla de las Escrituras como el lugar donde “la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza, porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios” (CIC, 104). Es fácil perder de vista lo bendecidos que somos de tener este poderoso regalo, este alimento espiritual.

¿Cuántos de nosotros podemos decir que en el último día o semana hemos leído estas palabras santas y transformadoras que Dios nos ha dirigido? ¿Amamos la Palabra de Dios y permitimos que se escriba en nuestra mente y corazón al leerla en oración y con frecuencia? ¿es la Palabra de Dios parte del tejido de nuestras vidas?

El gran predicador san Juan Crisóstomo dio una homilía sobre Mateo 2 en la que preguntó a las personas reunidas en la iglesia: ¿Quién puede repetir un salmo o cualquier otra porción de las Escrituras?

Miró a su alrededor y observó que “no había ni una” sola persona que pudiera responder. El argumento que escuchó con mayor frecuencia fue: “No soy … un monje, sino que tengo esposa e hijos, y el cuidado de mi hogar”.

San Juan Crisóstomo respondió que creer que leer la Biblia era solo para monjes es lo que los había llevado a la ruina, ya que aquellos que están en el mundo “reciben heridas diariamente” y tienen la mayor necesidad del medicamento de la Palabra de Dios. Como sabemos, los que tienen heridas y no las tratan, se infectan, y si no se tratan, pueden morir.

Consciente de la importancia vital de las Escrituras, el Papa Francisco anunció recientemente en su Carta Apostólica, Aperuit Illis, que el 26 de enero de 2020, el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, será el primer día en que toda la Iglesia observe el “Domingo de la Palabra de Dios”. Este día, escribió, debe estar marcado por la “celebración, estudio y divulgación de la palabra de Dios” (Aperuit Illis, 3).

Sin embargo, el Papa advierte que un día dedicado a la Biblia “no debe verse como un evento anual sino más bien como un evento durante todo el año, ya que necesitamos crecer urgentemente en nuestro conocimiento y amor de las Escrituras y del Señor resucitado” (AI, 8), para que nuestros corazones se purifiquen por su verdad y nuestros ojos se abran a nuestros pecados.

Entre las prácticas que frecuentemente recomiendo a las personas para promover una vida de conversión continua están la participación regular en los sacramentos y la oración diaria con las Escrituras. Específicamente, te alentó a la práctica de la Lectio Divina, que implica meditar en las Escrituras al involucrar tus pensamientos, imaginación, emociones y deseos mientras lees. El objetivo de Lectio Divina es principalmente experimentar un encuentro íntimo con Jesucristo, el Padre y el Espíritu Santo. A través de este encuentro, todo nuestro ser se somete más estrechamente a Dios, recibiendo y creyendo cada vez más en el amor del Padre por nosotros de una manera personal y particular, aumentando así nuestro amor y conocimiento de las tres personas de la Santísima Trinidad.

Esta experiencia de escuchar la voz de Dios y familiarizarse con sus movimientos dentro de nosotros, cambia la forma en que vemos el mundo que nos rodea. Pronto, nos volvemos mucho más atentos a su presencia en nuestras relaciones, en la creación y especialmente dentro de la Misa. “En este sentido, la lectura en oración de la Sagrada Escritura actúa como la puerta de entrada a un nuevo Edén, donde el hombre una vez más vive en la presencia consciente de su Hacedor y Salvador” (Sacraments Through Scripture: A Still Small Voice, p.4).

Sé que cuanto más leo y rezo con las Escrituras, y especialmente con los Evangelios, más se convierten en una palabra viva que penetra en mi corazón, de modo que me convenzo más del amor personal del Padre por mí.

Mientras lees esta columna, te animo a que pienses en cómo puedes usar el “Domingo de la Palabra de Dios” como una oportunidad para pedirle a Dios un amor más profundo por su Palabra y aumentar tu deseo de conocerlo a través de las Escrituras. San Jerónimo enseñaba que “la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo”. Cuando conocemos a Jesús a través de la Biblia, realmente somos transformados y experimentamos alegría, incluso en tiempos de prueba o sufrimiento. Que cada uno de nosotros experimente un renovado amor por la Biblia para que seamos verdaderos discípulos que lleven a Cristo a los confines de la tierra.

Imagen destacada de Josh Applegate | Unsplash