No a la lectura de cartas, espiritismo o supersticiones

Una lectora pidió que explicáramos en qué consiste la  lectura de las cartas o los llamados grupos de espiritismo que abundan en Denver, porque “confunden a nuestra comunidad, haciéndoles creer que es algo aprobado y relacionado con la Iglesia”.  Este tema, junto a la reciente propuesta de realizar una “misa” satánica en la Universidad de Harvard, lo explica el querido Mons. Jorge De los Santos.

La adivinación, lectura de cartas o cualquier otro rito supersticioso de este tipo, apuntan a la predicción de cosas futuras u ocultas sin recurso a Dios. Se pretende desvelar lo que sólo Dios puede conocer.

Dios nos ha revelado algunas cosas sobre el futuro; por ejemplo, habrá un juicio y después el cielo o el infierno. Dios también nos ha dado medios naturales como la inteligencia, el estudio, la ciencia y recursos para que nos preparemos responsablemente para el futuro.

Pero al mismo tiempo sabemos que no podemos controlar nuestro porvenir, pues está en manos de Dios. Debemos confiar en Él como Padre infinitamente bueno y cooperar con su gracia para hacer la parte que nos toca.
Sin embargo, el hombre, llevado por la soberbia, quiere tenerlo todo bajo su control, sin tener que poner su confianza en Dios. Es por eso que busca conocimiento ilícito, por caminos que están fuera de la revelación divina y fuera de los medios naturales que son lícitos. Y entonces opta por la adivinación.
Explícita o implícitamente, la adivinación o lectura de cartas, recurre al demonio, y quien la practica queda, en algún grado, vinculado con él. Hay también quienes hacen directamente un pacto con el maligno.
¿Quiénes utilizan la adivinación? No solamente en la santería, brujería, espiritismo y otros. A medida que se pierde la fe se populariza la adivinación aun entre personas que no pertenecen a estos grupos, pero que buscan solución a un grave problema. Otros creen que sólo es una broma, y lo hacen por curiosidad o por la presión de un grupo. Pero debemos recordar que en la adivinación está en juego nuestra fidelidad a Dios, con lo que no se debe jugar.

Según el exorcista español José Antonio Fortea, entre las causas de posesión por el demonio se encuentra el “asistir a sesiones espiritistas, a cultos satánicos o a ritos esotéricos”, además de hacer un “pacto con el demonio”. Y la presencia de demonios en una casa “puede ocurrir cuando en esa casa se ha practicado de forma continuada espiritismo, ritos satánicos, santería o cualquier otra forma de esoterismo”.

Y es que el satanismo existe. Se trata de personas, grupos o movimientos que, de manera aislada o estructurada, con una cierta organización, practican algún tipo de culto (por ejemplo: adoración, veneración, evocación) al demonio, diablo o satanás. Para los satanistas, este personaje real, es un ser o fuerza metafísica; o como misterioso elemento innato en el ser humano; o energía natural desconocida, a quien se le invoca bajo diversos nombres propios (por ejemplo: Lucifer) a través de ritos muy particulares.

Uno de esos ritos es la “misa” negra satánica, que se había anunciado en la Universidad de Harvard aquí en Estados Unidos. Se trata de una ceremonia que, simulando la Misa Católica, con la profanación de la Eucaristía, denigra y ofende los elementos que la Misa contiene, rindiendo culto a satanás y a los demonios, ridiculizando el sacrificio de Jesucristo en la cruz. La “misa” negra es oficiada por un sacerdote satánico o diácono. El objetivo principal es rendir culto al diablo, por ello los participantes visten de negro y portan amuletos como el pentáculo (estrella de cinco puntas invertida, relacionada habitualmente con satanás) o la sigla de Baphomet (demonio al que supuestamente los Caballeros templarios rendían culto). Es normal entre las “misas” negras que la Hostia acabe pisoteada, mezclada con drogas o siendo parte de actos sexuales;en ciertos casos, se presentan sacrificios rituales de animales o de niños. Una mujer desnuda se utiliza como el altar en estos rituales paganos porque representa a la madre Tierra. El color negro es el elegido para vestirse en la cámara del ritual, porque es el símbolo de los poderes de las tinieblas y del demonio. Naturalmente, en lugar de invocar el nombre de Dios se invoca el de satanás; se invocan nombres de diversos demonios; se recita el Padre nuestro en sentido contrario y negativo (padre nuestro que estás en el infierno…). Durante los ritos satánicos, algunos grupos llegan a profanar cadáveres, o cometen actos de violencia física, incluso sobre menores y hasta homicidios rituales. Y esperan que la “misa” negra culmine con la llegada del Diablo.

No debemos recurrir a ninguna de estas prácticas o ritos, pues van totalmente en contra de nuestra Fe. Recordemos más bien, que el enemigo está como león rugiente buscando a quién devorar.

Próximamente: ¿Cómo puedo perdonar a alguien que me ha hecho daño a mí o a un ser querido?

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Todos sufrimos, de vez en cuando, situaciones de injusticia, humillaciones, rechazos, ofensas, maltratos, abusos y agresiones, que nos provocan reacciones de resentimiento que llegan hasta el odio y deseos de venganza. A veces las sufrimos, pero a veces somos nosotros los que las infringimos. En ocasiones necesitamos perdonar y frecuentemente necesitamos ser perdonados.

El perdón nace de uno, de una decisión que toma uno, algo interno que uno elige. Pero perdonar no es automático y no es cuestión de solo querer hacerlo, muchas personas querrían perdonar pero no pueden hacerlo, como muchos también querrían ser ricos y no solo por desearlo ya lo lograron. Así el perdón: no basta con desearlo, hay que trabajar para ello. Primero que nada se deben cultivar virtudes en la vida como: el amor, la comprensión, la generosidad, la humildad, la misericordia, el abrirse a la gracia de Dios, por mencionar algunas. Por lo tanto, el poder perdonar es consecuencia no solo de un deseo sino de una vida virtuosa como lo requiere nuestra fe Católica.

Jesús nos dice que debemos perdonar hasta setenta veces siete, que es decir prácticamente siempre:

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mt 18:21-22).

El perdón se ha convertido en nuestra sociedad en señal de debilidad y cobardía, pero la verdad es que sólo es capaz de perdonar quien tiene grandeza de corazón, y el mejor ejemplo lo encontramos en Jesús; el perdón es esencial para cristianismo y para el verdadero amor. Es necesario perdonar a los demás, para poder ser completamente libre. Si no somos capaces de perdonar seguiremos viviendo aferrados al pasado; vamos arrastrando resentimientos que nos oprimen el corazón sin ser capaces de amar porque alguien nos engañó, sin ser capaces de confiar porque alguien nos traicionó, sin ser capaces de aceptar a los demás porque alguien nos rechazó; en definitiva, sin permitirnos crecer ni ser felices, sin tener paz en el corazón ni alegría en el espíritu, sin tener luz ni disfrutar de la vida.

Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar y de insatisfacción generales. Superar las ofensas es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida.

Perdonar es un acto de fortaleza espiritual, un acto liberador. Es un mandamiento cristiano y además un gran alivio. Significa optar por la vida y ponerse en el camino de la salvación:

“Porque si ustedes  perdonan a los hombres sus ofensas, los perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco su Padre los perdonará a ustedes ofensas” (Mt 6:14-15).

 

Image by Daniel Reche from Pixabay