La verdadera vida está aquí, en el hoy

Mary Beth Bonacci

En un esfuerzo por romper mi hábito de “mirar la aplicación de Facebook cada vez que tengo un minuto libre”, he estado guardando textos de libros espirituales en mi teléfono, para leer pequeños fragmentos durante mi tiempo libre. El último libro fue Busca la paz y consérvala del padre Jacques Philippe. Como todo lo que él escribe, es fabuloso. Te recomiendo que lo leas, al igual que cualquier otro libro que puedas conseguir y que sea escrito por él. Es muy bueno.

Al discutir las diversas situaciones que pueden hacernos perder la paz, cita al jesuita francés Arthur Rimbaud, quien escribió sobre el sentimiento que a menudo tenemos de que “la verdadera vida está en otra parte”. El padre Philippe continúa diciendo: “Estoy concentrado en los aspectos negativos de mi situación actual, en lo que me falta para ser feliz. Esto me hace sentir infeliz, envidioso y desanimado y no puedo seguir adelante. La verdadera vida está en otra parte, me digo a mí mismo, y simplemente me olvido de vivir”.

¿Alguna vez te has sentido así? ¿Que la vida que estás viviendo no es la vida que se supone deberías estar viviendo? No en el sentido de que vives pecaminosamente ni nada. Pero solo que estás en el lugar equivocado, y que, si estuvieras en un lugar diferente, o en una circunstancia diferente, o en un estado de vida o etapa diferente, y que, si las cosas fueran diferentes, ¿entonces tu verdadera vida comenzaría?

Sé que yo, como persona soltera, tengo este tipo de pensamientos. No tengo una familia. No tengo un cónyuge. No tengo hijos. Si tuviera esas cosas, entonces tendría la vida que se supone que debo tener. Una verdadera vida, una buena vida. O tal vez si me mude a otro lugar o hago algo más. Pero luego hablo con otras personas, en diferentes circunstancias, y me dicen que ellos también se sienten inquietos. Que podrían estar mucho mejor si no se limitaran a los deberes de la casa y el hogar. O que su verdadera vida comenzará cuando los niños sean mayores. O cuando los hijos están fuera de la casa. O cuando tengan hijos. O cuando se jubilen. O cuando vuelvan a trabajar. O cuando se muden a una ciudad diferente o consigan un trabajo diferente. Lo que sea.

El padre Philippe me dio de frente justo con esto. Él dice: “No son las circunstancias exteriores las que deben cambiar; es sobre todo nuestro corazón el que debe cambiar”. Mi “verdadera vida” no está en otro lugar, ni en otro momento, ni en ninguna otra circunstancia. Está justo aquí, ahora mismo. No importa cuánto idealice mis visiones de una vida alternativa, Dios me ha colocado aquí, en esta. Aquí es donde se encuentra conmigo. Aquí es donde camina conmigo y me da la gracia de pedir mi pan de cada día. Aquí es donde él me sostiene.

Obviamente, no estoy diciendo que sea imposible que Dios en algún momento nos llame a otro lado. O que no debes alejarte de una vida de pecado o trabajar para mejorar nosotros mismos o nuestra vida. Lo que digo es que la inquietud constante, esa idea de que nuestra “verdadera vida” aún no han comenzado, nos impide vivir la voluntad de Dios en el “ahora”, y nos impide reconocer el bien en la vida que el Señor nos ha dado.

El padre Philippe dice que este tipo de pensamiento distorsionado puede afectarnos especialmente en nuestra vida espiritual, que podemos convencernos de que no podemos crecer en santidad debido a alguna condición externa en nuestra vida. Que, si solo fuéramos más saludables, o viviéramos más cerca de una capilla, o tuviéramos más tiempo para orar, creceríamos de una manera que ahora no somos capaces de hacer. Olvidamos que él ha prometido que no nos dejará solos, que proporcionará todo lo que necesitamos para crecer en santidad.

Y que más que nada, “crecer o enriquecer la vida espiritual es aprender a amar”.

Esa es la respuesta. Dondequiera que estemos, en cualquier estado o situación que Dios nos ha plantado, debemos amar. Punto. Ya sea con la familia frente a nosotros, los vecinos a nuestro lado o los pobres y desfavorecidos en nuestras comunidades, nunca nos faltan oportunidades para servir, para llevar el amor de Dios a los demás. Y como dijo mi santo favorito: “Nos encontramos a nosotros mismos solo a través de un don sincero de nosotros” (san Juan Pablo II). Y para interpretarlo mejor, encontramos nuestra vida a través de formas de dar dentro de nuestro entorno actual.

Lo que sea que esté sucediendo en tu vida, cualquier dificultad que estés experimentando o cruces que estés cargando, por muy maravillosa que creas que podría ser la vida en otro lugar u otra etapa, Dios te ha colocado donde estás. Y él está trabajando a través de todas esas cruces y dificultades, por tu bien. Lo único que te pide es que confíes en él y tomes su camino.

Entonces, en lugar de soñar despierto con esa vida diferente, abre los ojos a la que tienes. Mira alrededor. ¿Cómo puedes mejorarlo? ¿A quién puedes amar de una manera más profunda? ¿Cómo puedes acercarte a Dios, aquí mismo donde Él te ha plantado?

Esto mi amigo, es la verdadera vida.

Próximamente: Desafíos de la familia hispana católica en EE.UU.

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Este artículo es parte de una serie de artículos publicados en la última edición de la revisa de El Pueblo Católico. Para suscribirte y recibir la revista GRATIS, HAZ CLIC AQUÍ.

 

En busca del llamado “sueño americano”, las familias hispanas dejan su país de origen con la esperanza de encontrar una mejor vida. Sin embargo, en muchas ocasiones la realidad con la que se encuentran es otra y en ocasiones les impide cumplir su misión tanto familiar como personal. Es importante saber identificar estos retos para así poder superarlos.

 

Choque cultural

Al llegar a los Estados Unidos, la mayoría de las familias que emigran se encuentran con un choque de cultura que los limita en varios aspectos de su vida. Desde un idioma diferente hasta problemas legales de inmigración, estos factores de estrés pueden provocar que las familias pierdan de vista la fe y su verdadera misión.

“El choque cultural es el estrés de aculturación que se crea en la familia. Muchas veces es lo que divide la familia más que los problemas económicos y todo lo demás”.  – Dra. Yolanda Barrera, Psicóloga Clínica, especializada en familia y cultura latina.

IDIOMA

Gracias a la educación que reciben, los hijos de inmigrantes aprenden inglés más rápido que sus padres, sin embargo, muchas veces esto puede provocar que poco a poco dejen de emplear su lengua materna. Asimismo, la falta del inglés en los padres limita su participación en la vida escolar y social de los hijos, algo que con frecuencia afecta en el comportamiento de los hijos.

CONFLICTOS INTERGENERACIONALES

La “americanización” de los hijos crea serios conflictos, que están relacionados tanto con el idioma como con los niveles de adaptación entre padres e hijos.

“Los niños, con su deseo de pertenencia, se ‘americanizan’ rapidísimo. Todo esto genera mucho estrés en la familia” – Dra. Barrera.

Debido a estas diferencias, los conflictos familiares son cada vez más comunes, y se manifiestan cuando los hijos alcanzan la adolescencia y comienzan a estar más involucrados en actividades en la sociedad y poco apegados a los valores culturales y las tradiciones hispanas de sus padres.

ADAPTACIÓN Y EL PAPEL DE LOS PADRES

Los hispanos tienden a ser conservadores y tradicionales en su estilo de vida y en su cultura. Las costumbres del hombre latino los separan claramente de los hombres anglos, al igual que la mujer latina a la mujer anglo.

“Estamos hablando de la adaptación que tiene la familia al cambio de una cultura tradicional, jerárquica y con roles definidos”, indica la Dra. Barrera.

Al enfrentarse a una realidad distinta en un nuevo país, muchas familias se ven de alguna manera forzadas a redefinir sus roles en el hogar. Estos cambios afectan a todos ya que adquieren nuevos roles, con más carga de trabajo, pero para las mujeres con mayor poder en la toma de decisiones y en ocasiones en representación del marido ausente.

Aunque existen familias hispanas que se adaptan completamente a la cultura anglosajona, también hay otras que son muy tradicionales con respecto a su cultura y luchan diariamente para lograr adaptarse a un país que sienten ajeno.

INMIGRACIÓN Y RACISMO

El miedo a la deportación continúa siendo un gran desafío para muchas familias. Esto puede influir en un aislamiento familiar y la capacidad de involucrarse con otras culturas. El miedo a la deportación también tiene un impacto en la toma de decisiones relacionadas con la escuela, el lugar de residencia, el apoyo en los servicios médicos, las oportunidades de empleo e incluso su pérdida de fe.

Asimismo, las familias hispanas también tienen que enfrentarse diariamente a la creciente hostilidad en contra de ellos. Frecuentemente escuchamos sobre experiencias personales de racismo y la discriminación que sufren los hispanos en EE. UU.

 

Falta de comunicación

Una comunicación fluida y positiva es una de las claves para mantener a nuestra familia unida, algo que puede convertirse en un desafío para muchos. Existen varias razones que pueden provocar la falta de comunicación.

TECNOLOGÍA

Actualmente la tecnología trae consigo muchos beneficios, pero también puede generar dificultades en las relaciones familiares. A pesar de que tenemos todos los aparatos posibles para conectarnos, ahora muchos se sienten más alejados de sus seres queridos.

De igual manera, la tecnología influye en la manera que las nuevas generaciones ven la sexualidad. Es muy común que jóvenes y adultos utilicen este medio para obtener información respecto a la sexualidad. Sin embargo, al hacerlo, se pueden encontrar con diferentes tipos de información, incluyendo datos no concretos que provocan confusión. Peor aún, se pueden ver envueltos en un problema de adicción a la pornografía, que comúnmente causa conflictos conyugales o afecta el rendimiento de los hijos en muchas áreas.

TIEMPO

No es raro que muchos hispanos tengan que mantener dos empleos para poder sostener económicamente a la familia dentro y fuera de Estados Unidos, o que ambos padres tengan que salir a trabajar. Asimismo, muchos padres también encuentran una forma de “escape” de las responsabilidades familiares en el trabajo y deciden no pasar mucho tiempo en casa. Para otros, la prioridad no es la familia, sino los bienes materiales, lo que los lleva a descuidar a su familia.

Esto provoca no solo la falta de supervisión, si no de participación en la vida escolar y personal de nuestros hijos. Es así como los jóvenes comienzan a pasar demasiado tiempo en la calle con el riesgo de meterse en problemas como pandillas, drogas y crímenes.

 

Mantener la fe

Los problemas ya mencionados contribuyen a que la fe no se pueda trasmitir a la próxima generación, creando una división aún más grande en las familias. Sin embargo, la influencia de la cultura presente y la educación que reciben los hijos muchas veces hacen que su modo de ver el mundo cambie drásticamente, dejando afuera a Dios.

 CULTURA SECULARISTA

La cultura predominante que rodea a la familia en este país es una cultura que se ha olvidado de Dios. Incluso muchos de los que se llaman creyentes viven como si Dios no existiera. Y cuando no se cree en Dios, algo más toma su lugar. Hoy, el “yo” es lo que toma el lugar de Dios, dando lugar al individualismo y al materialismo. Así se comienza a vivir la vida como si el mundo girara alrededor de uno mismo.

RELATIVISMO MORAL

El relativismo moral es la creencia de que no hay verdad absoluta, sino solo verdades personales. Por eso con frecuencia se escucha a personas decir: “Cada uno puede creer lo que quiere”. Esto se extiende a los valores y creencias morales e intenta deshacerse del lenguaje “bueno” y “malo” o menospreciarlo como algo fantasioso. Así surgen creencias populares que chocan con la fe, como la ideología de género y el aborto. Cuando las nuevas generaciones se encuentran con estas creencias que chocan con su fe, con frecuencia las aceptan, porque no encuentran respuestas adecuadas por parte de sus padres u otras personas de fe.

FALTA DE FORMACIÓN

Cuando uno no conoce o entiende bien su fe, la pierde fácilmente. Muchas personas dicen que no encuentran una respuesta en la fe, sin embargo, tampoco se toman el tiempo para aprender bien por qué creen lo que creen como católicos. Este empobrecimiento en la fe muchas veces impide que los hijos sean también creyentes.

DISTRACCIÓN Y CONFUSIÓN

Es común dejar las cosas siempre para después y no dar el lugar adecuado a Dios en nuestra vida.  Los padres no se toman el tiempo para orar o pasar tiempo con los hijos por el trabajo u otras responsabilidades. Viven distraídos. Además, muchas veces no son coherentes con lo que creen, dando un mal ejemplo a los hijos: creen una cosa y hacen otra.

“¡La manera más eficaz para seguir inculcando los valores familiares a nuestras nuevas generaciones es predicar con el ejemplo! Los hijos deben ser testigos de cómo sus padres aman y temen a Dios, deben presenciar el respeto y la comunicación efectiva”. –  Lissa Jiménez, Terapeuta matrimonial y familiar

 

Consecuencias

Estos desafíos pueden tener como resultado un sin fi n de consecuencias que afectan a la familia entera, tanto físicas como emocionales, incluyendo la incomprensión entre padres e hijos, la desintegración familiar, adicciones y problemas de salud mental, entre otros.

Asimismo, emigrar a un nuevo país se ha convertido para millones de personas en un proceso asociado con enfermedades y niveles de estrés intensos. Estos altos niveles de estrés debido al constante sentimiento de fracaso, sensación de soledad, aislamiento social o miedo a ser deportado, a menudo provocan síntomas físicos que van desde fatiga, hasta enfermedades mentales o adicciones.

No obstante, debemos de recordar que siempre hay una luz al final del túnel. Es a través de la fe que las personas pueden alcanzar la paz y alegría. Si no recurrimos a Dios como fuente de sanación y restauración, todos nuestros intentos serán fallidos. Dios es la verdadera clave para mantener a las personas y familias saludables.

¡La manera más eficaz para seguir inculcando los valores familiares a nuestras nuevas generaciones es predicar con el ejemplo! Los hijos deben ser testigos de cómo sus padres aman y temen a Dios, deben presenciar el respeto y la comunicación efectiva”. –  Lissa Jiménez, Terapeuta matrimonial y familiar