Informe de revisión independiente: Carta del arzobispo

Arzobispo Aquila

Para más información, visite archden.org/promesa.

Queridos hermanos:

Debemos enfrentar el pasado y aprender de él, y debemos saber si nuestros niños están seguros. Gracias a nuestra vigilancia continua, sí lo están.

Hace un año prometí que la Arquidiócesis de Denver no se escondería del pasado, sino que enfrentaría su historial

de abuso sexual a menores por parte de sacerdotes diocesanos. En febrero les escribí informándoles que estábamos trabajando con la Oficina del Fiscal General para invitar a un investigador tercero e independiente -el ex fiscal de los Estados Unidos Robert Troyer- para llevar a cabo una revisión independiente de las tres diócesis de Colorado. La extensión de este trabajo está documentada en un acuerdo escrito que se ha publicado en nuestra página web y la del fiscal general. Cualquiera que lea el documento entenderá que fue una investigación extensa.

Quiero agradecer al fiscal general Phil Weiser y al señor Troyer por sus esfuerzos al trabajar con nosotros para proteger a los menores. No fue una tarea fácil para ninguna de las personas involucradas.

EL INFORME

El señor Troyer ya finalizó su revisión, y su informe abarca 70 años de expedientes y acusaciones de abuso sexual que se remontan hasta el año 1950. El señor Troyer entrevistó a sobrevivientes de abuso, sacerdotes, empleados de ambiente seguro y a otros, como parte de su investigación y sus esfuerzos para dar con los hechos. Se reunió con expertos en el área de prevención de abuso infantil. Además, la Oficina del Fiscal General creó una línea de ayuda telefónica para recibir denuncias de abusos y alentó a las víctimas a presentar sus acusaciones. Hubo nuevos sobrevivientes de abuso que se presentaron. Nos debe consolar el hecho de que la investigación abarcó siete décadas, que ha sido exhaustiva y que es transparente.

Prometí que compartiría este informe abiertamente y adoptaría sus recomendaciones sin reservas. Hoy honro esa promesa.

LOS SOBREVIVIENTES DE ABUSO

Primero me gustaría hablar de la valentía de las víctimas que han compartido su historia de abuso. Como resultado de los esfuerzos compartidos del fiscal general y de la Iglesia al investigar este problema y publicar un informe, varias víctimas se han presentado por primera vez y es probable que más lo hagan en los próximos días. Reconocemos lo difícil que es para las víctimas compartir su historia, así que les agradecemos por su valentía.

Si alguna víctima desea reunirse conmigo personalmente, mi puerta estará abierta. Me he reunido con muchas víctimas, y a partir de estos encuentros personales dolorosos, sé que no hay palabras que puedan borrar el dolor. Sin embargo, quiero ser muy claro -en nombre propio y en nombre de la Iglesia- que sinceramente pido perdón por el dolor y el daño que este abuso ha causado. Lamento esta cruel historia, pero prometo seguir haciendo todo lo posible para que no se repita. Espero sinceramente que este informe ofrezca al menos un poco de justicia y sanación.

Mientras leemos sobre el abuso perpetrado en el pasado, es fácil enfurecerse con los abusadores y con aquellos que los protegieron, y entristecerse profundamente por el daño que estos perpetradores infligieron en los niños. En efecto, dos sacerdotes, Robert White y Leonard Abercrombie, fueron responsables por más del 60 por ciento de todas las víctimas en el informe. Estos dos hombres devastaron a docenas de víctimas y a sus familias. En el 2006, hace 14 años, la Arquidiócesis de Denver estableció un programa para que los sobrevivientes de abuso perpetrado por sacerdotes se presentaran, y

más de 50 víctimas lo hicieron, y recibieron compensación financiera. Desde entonces más se han presentado. Por medio del programa independiente de compensación -iniciado por las tres diócesis de Colorado hace dos semanas- nosotros prometemos que estamos aquí para ayudar a las personas que fueron abusadas por uno de estos dos sacerdotes o por cualquier otro sacerdote diocesano.

VIGILANCIA

Una de las metas más importantes de esta revisión independiente era determinar si nuestros hijos se encuentran seguros; si hay sacerdotes diocesanos activos en ministerio con acusaciones fundamentadas de abuso. En su investigación el

señor Troyer determinó que no hay sacerdotes diocesanos activos en ministerio en la Arquidiócesis de Denver con acusaciones fundamentadas de abuso. Su informe encontró cero denuncias fundamentadas de abuso a menores por sacerdotes diocesanos en la arquidiócesis en los últimos 20 años. Acorde con todos los estudios sobre el escándalo de abuso sexual en la Iglesia, más del 85 por ciento de los casos documentados que el señor Troyer examinó, sucedieron en

o antes de la década de 1970. El último incidente fundamentado de abuso a través de las tres diócesis fue en 1998 (ese sacerdote se encuentra en prisión y el caso fue manejado adecuadamente por la arquidiócesis). La atrocidad de este abuso es algo de lo que debemos aprender, y para nosotros, la lección se resume en una palabra: VIGILANCIA.

Antes de hablar sobre la necesidad de permanecer en vigilancia, les pido -por el bien de los sacerdotes inocentes que

los han servido diariamente a ustedes y a esta comunidad y que han sufrido por este escándalo, por los padres de familia en nuestras escuelas, por todas las personas en nuestras parroquias y programas, por nuestros voluntarios y todas las personas bien intencionadas de Colorado- que tomen en cuanta el hecho de que el informe encontró cero acusaciones fundamentadas de abuso en las últimos 20 años y que no hay sacerdotes diocesanos activos en ministerio con acusaciones fundamentadas de abuso. ¡Es una bendición tener sacerdotes como los nuestros en esta arquidiócesis! He mantenido este progreso en mente mientras leía el informe y examinaba de nuevo el historial de abuso de hace varias semanas.

Ahora debemos aprender del sufrimiento de las víctimas y no asumir que nunca nos volveremos a enfrentar con otro perpetrador entre nosotros. En los últimos años se ha hecho más evidente que los perpetradores infectan a cualquier organización: los Boy Scouts, las escuelas públicas, las olimpiadas, los medios de comunicación, las universidades… Estos abusadores se pueden manifestar en cualquier parte de nuestra vida si no estamos alerta y actuamos con prontitud. Nosotros, más que cualquier otra organización del país, sabemos que debemos estar alerta.

PREVENCIÓN

La arquidiócesis cree firmemente en las políticas de prevención y denuncia que hemos implementado y fortalecido desde 1991. Sin embargo, aceptamos una revisión independiente para identificar cualquier deficiencia o carencia que todavía puede ser abordada. Desde el Estatuto de Dallas en el 2002, hemos capacitado a 84,000 sacerdotes, diáconos, empleados y voluntarios sobre cómo identificar señales de abuso o negligencia, y sobre su responsabilidad como denunciantes obligatorios. Cada año capacitamos a aproximadamente 22,000 niños sobre cómo identificar la conducta inapropiada

por parte de adultos y sobre cómo se puede denunciar. Requerimos que todos los sacerdotes firmen una política de mala conducta y que asistan a una capacitación. Son esfuerzos como estos los que hacen que me sienta agradecido con nuestra Oficina de Protección de Niños y Jóvenes y con los cientos de miles de laicos católicos que hacen que nuestros ambientes sean seguros.

Cabe destacar que el señor Troyer consideró nuestra capacitación de ambiente seguro eficaz. Sin embargo, dada

su experiencia y trabajo en este proyecto, ha recomendado que nuestra investigación de abuso se lleve a cabo por investigadores capacitados e independientes y que nuestro proceso se centre más en las víctimas. Nos comprometemos

a continuar mejorando nuestra respuesta a cualquier persona que haya sido abusada siendo menor y decida presentar su denuncia, y de manera especial a aquellos que ya son adultos y presenten una denuncia contra un abusador que ya haya sido expulsado del ministerio o haya muerto hace mucho tiempo. Aunque sabemos que hemos podido ayudar a muchas personas, escucharemos y aprenderemos de aquellos que presentaron una denuncia de abuso y sintieron que no se les trató adecuadamente. Implementaremos todas las recomendaciones del señor Troyer y ya estamos trabajando para realizar cambios. Yo estaré personalmente involucrado en esta labor y seguiré en contacto con el señor Troyer y el fiscal general para asegurarme de que nuestra colaboración para proteger a los niños continúe.

REAFIRMANDO LA PROMESA

Para finalizar, quiero recordarles que hace un año, como su arzobispo, hice una serie de promesas para asegurarnos de que los pecados del pasado no se repitieran. Hoy mantengo esas promesas y reafirmo mi compromiso:

  • Las acusaciones de abuso sexual de un menor serán denunciadas apropiadamente a las autoridades locales.
  • Retiraré inmediatamente del ministerio activo a un miembro del clero o a cualquier otro trabajador de la Iglesia
  • durante una investigación sobre una denuncia de mala conducta sexual con un menor.
  • Seguiré tomando muy seriamente todos los informes de incidentes de mala conducta por parte de miembros del clero u otros trabajadores de la Iglesia, e investigaremos con gran diligencia incluso la mala conducta no criminal.
  • Mantendré la práctica de no trasladar a otro ministerio a un miembro del clero que está bajo investigación.
  • Mantendré la práctica de retirar del ministerio permanentemente, y sin posibilidad de ser trasladado a otra institución
  • católica, a cualquier miembro del clero que haya cometido una falta sexual con un menor.
  • Seguiremos siendo responsables a la hora de abordar un problema de mala conducta de manera inmediata.
  • Exigiré y seguiré aplicando un proceso estricto y diligente de evaluación para todos los aspirantes a ser seminaristas.

El abuso sexual es un problema social y no hay palabra o acción que, por sí sola, pueda eliminarlo por completo. Sin embargo, no descansaremos en nuestros esfuerzos para proteger a los menores. Usaremos nuestros recursos y asociaciones comunitarias para ser un líder en este ámbito, y lucharemos para mejorar. Para ver la lista completa de las promesas que les he hecho y para obtener más información sobre el informe, visite archden.org/promesa.

Les pido que me acompañen en oración por todos los sobrevivientes de abuso, sus familias y nuestra comunidad, y por nuestros esfuerzos continuos para traer sanación y reconciliación a los sobrevivientes de abuso sexual.

En Cristo,

Su Exc. Revma. Samuel J. Aquila Arzobispo de Denver

Próximamente: La belleza de la vocación familiar: ¿Qué forma una familia?

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Este artículo es parte de una serie de artículos publicados en la última edición de la revisa de El Pueblo Católico. Para suscribirte y recibir la revista GRATIS, HAZ CLIC AQUÍ.

 

La felicidad solo se obtiene cuando nos convertimos en lo que estamos llamados a ser: santos. Esta felicidad no es un simple sentimiento, sino que toma la forma de plenitud. Aunque no la podamos alcanzar completamente en la tierra, sí podemos comenzar a vivirla.

Para descubrir qué es verdaderamente la familia y cuál es su misión, debemos volver al principio del ser humano, al Génesis, a la creación. El relato de la creación nos muestra no solo quién es el hombre, sino también por qué Dios lo creó. Esta verdad se refleja no solo en la fe, sino en el mismo cuerpo y alma de todo hombre y mujer.

UN MATRIMONIO: HOMBRE Y MUJER

“Hombre y mujer los creó” GEN 1,27; MT 19,4

El designio de Dios para la familia comienza con la unión de hombre y mujer. El hombre y la mujer se complementan uno al otro en su cuerpo. Están hechos el uno para el otro. Solo en el acto sexual entre hombre y mujer se puede crear algo nuevo: el fruto de un hijo. Solo ellos pueden convertirse verdaderamente en “una sola carne” (Gen 2,23).

 

¿FAMILIAS “NO TRADICIONALES”?

Por eso no puede existir la distinción de familia “tradicional” y “no tradicional”, la cual, en vez de tener a un hombre y una mujer como padres, busca tener padres del mismo sexo. Tal distinción no es posible porque la unión entre personas del mismo sexo no puede ser estrictamente un matrimonio: no se pueden convertir en “una sola carne” porque sus cuerpos no se complementan. Tampoco pueden generar el fruto de un hijo, y no es por causa de un defecto físico, como sucede con parejas estériles, sino porque la falta de complementariedad biológica lo hace imposible como principio.

 

LA FAMILIA ES IMAGEN DE DIOS
“Creó Dios al ser humano a imagen suya” Gen 1,27
“Dios es amor” (I Jn 4,8) y es comunión (Jn 14,10; 14,26). Es un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y al ser creados a su imagen y semejanza, Dios ha escrito en todo nuestro ser esa vocación al amor y a la comunión. Dios nos creó por pura bondad, para que pudiéramos participar en esta comunión de amor.

La felicidad plena yace en esta participación del amor de Dios. Debido a que tenemos un cuerpo, podemos realizar esta vocación a la comunión de dos maneras en esta vida: por medio del matrimonio o la virginidad (o celibato). Ambas son maneras concretas de vivir la verdad del hombre y la mujer, de ser imagen de Dios, a través del don de sí mismo.

 

AMAR PARA SIEMPRE

“Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” GEN 2,23

Cuando los fariseos se acercaron a Jesús para preguntarle sobre el divorcio, Jesús contestó: “Lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Mt 19,8). Los discípulos contestaron alucinados: “Si tal es la condición… no trae cuenta casarse”. Se dieron cuenta de que el matrimonio conlleva una entrega total, fiel y para toda la vida. Se elige un amor exclusivo. Solo con la gracia que Dios da en el sacramento del matrimonio se puede alcanzar el designio que Dios tiene para el matrimonio.

 

PADRES SOLTEROS O DIVORCIADOS

Por diversas circunstancias, muchas familias llegan a encontrarse en situaciones complicadas, enfrentándose a la separación, el divorcio o un embarazo no deseado.

En estas circunstancias, alejarse de Dios no es la respuesta, pues él nos busca como buscó a la samaritana en el pozo para darnos vida nueva en medio de nuestros problemas (Jn 4). Los lazos familiares siguen siendo poderosos y Dios quiere actuar en ellos.

Para las personas que se encuentran en una situación similar, es de mayor importancia pertenecer a una comunidad de fe, donde podrán conocer la fe y encontrar el apoyo y acompañamiento necesario para vivir una vida de santidad. Esto puede implicar recibir el sacramento del matrimonio para las parejas que no se han casado o buscar la nulidad, pues es posible que el matrimonio anterior no haya sido válido.

 

APERTURA A LA VIDA

“Sean fecundos y multiplíquense” Gen. 1,28

En su designio de amor, Dios quiso que, en la entrega de amor entre hombre y mujer, ese amor se desbordara en la concepción de algo nuevo: de un nuevo ser. Sin embargo, en nuestra sociedad, el sentido de la unión sexual se ha perdido, y es común entenderlo solo como un instrumento de placer o sin el don de los hijos.

 

MÁS QUE PLACER

Cuando una persona se entrega en el acto sexual, dona lo más íntimo que tiene. Pero si se hace solo por placer, se usa el lenguaje de amor más alto que existe de manera contradictoria. En realidad, no es una entrega total, como el lenguaje sexual lo sugiere, sino parcial, con condiciones. El acto se rebaja e incluso hiere a la persona. Esta deja que lo más íntimo que tiene se convierta en algo sin sentido, contradiciendo su deseo de amor incondicional. Así se convierte en un pecado “contra su propio cuerpo” (1 Cor 6,18). La entrega total del cuerpo tiene que ir acompañada de una promesa en la que se entrega totalmente una persona a la otra: el matrimonio.

 

ANTICONCEPTIVOS

Por otro lado, muchos matrimonios tienen miedo a tener hijos por varias razones: el compromiso, el costo, el sufrimiento que podrían experimentar, la contaminación del medio ambiente… Por eso recurren a métodos anticonceptivos, dejando que su entrega deje de ser total. La Iglesia recomienda el uso de métodos naturales de planificación familiar, que les permite a los padres ser generosos y responsables sin corromper su entrega total. Para más información sobre este tema, recomendamos la carta pastoral “El esplendor del amor” de el arzobispo Samuel J. Aquila.