Hagamos accesible la educación católica

Arzobispo Aquila

“La educación – decía constantemente San Juan Bosco -es el gran arte de formar seres humanos”. Esto es lo que sucede día a día alrededor de la arquidiócesis, cuando los niños asisten a nuestras escuelas y reciben formación intelectual, espiritual y de su carácter. Pero la realidad es que muchos padres perciben la educación católica como algo financieramente fuera de su alcance, no importa cuánto la deseen para sus hijos.

Desde que fui nombrado Arzobispo de Denver en el 2012, he estado buscando maneras para revitalizar nuestro sistema de escuelas católicas, así como para hacer la educación católica más accesible para las personas que viven en el norte de Colorado.

La razón por la que decidí hacer que la renovación de nuestras escuelas fuera una prioridad es porque nuestra Iglesia y nuestra sociedad necesitan del testimonio de gente fiel. Durante una visita a una escuela católica en Londres en el 2010, el Papa Benedicto XVI explicó la misión de nuestras escuelas – en colaboración con los padres de familia – de este modo: “Una buena escuela educa integralmente a la persona en su totalidad. Y una buena escuela católica, además de este aspecto, debería ayudar a todos sus alumnos a ser santos”. Nuestro mundo necesita más santos, personas cuyos corazones y mentes estén formados por una cosmovisión católica.

Porque estoy convencido de que nuestras escuelas pueden jugar un rol clave en elevar santos, también estoy motivado en hacer que nuestras escuelas sean asequibles para todos los niños. Muchos padres me han dicho que quieren enviar a sus hijos a nuestras escuelas, pero me explican que los costos de vida cada vez más elevados en el norte de Colorado y el criar una familia numerosa lo hace muy difícil.

En respuesta a estas preocupaciones, he pedido a nuestras oficinas arquidiocesanas de Finanzas y de Escuelas Católicas y a un grupo de párrocos a cargo de escuelas que trabajen en diferentes modos de mejorar la accesibilidad de nuestras escuelas. El resultado de sus esfuerzos es un plan de acción de tres pasos.

El primer paso involucró la creación de un presupuesto modelo que entró en efecto este año escolar en todas nuestras escuelas, este asegura que su personal y sus recursos estén propiamente alineados con la cantidad de alumnos que tengan matriculados.

El segundo paso es crear un modelo de pensión que tome en cuenta los ingresos de cada familia, el número de hijos y otros factores. Esto permitirá que los párrocos y los directores puedan acomodar mejor la variedad de situaciones familiares que encuentren.

El tercer paso que se está dando es expandir la misión de Seeds of Hope (Semillas de Esperanza). Para aquellos que no están familiarizados con esta maravillosa organización, esta fue fundada en 1996 luego de que la escuela St. Joseph, en el centro de Denver, fuera cerrada, situación que molestó a muchas personas de la comunidad local. En respuesta a esto, un grupo de empresarios y líderes comunitarios se comprometieron a asegurar que las escuelas católicas ubicadas en zonas de bajos ingresos puedan sobrevivir. “Cada niño es una semilla de esperanza”, enfatizaron.

Actualmente, nueve escuelas de zonas de personas con bajos recursos vienen siendo atendidas por Seeds of Hope, pero al iniciar el año escolar 2018/19, todas las 37 escuelas arquidiocesanas serán incluidas en su misión. Seeds of Hope estará supervisando el desarrollo del nuevo modelo de pensiones, que ayudará a las familias alrededor de la arquidiócesis a poder costear una educación católica para sus niños, sea cual sea la escuela a la que asistan.

El trabajo de formar a la siguiente generación es vital para el éxito de nuestra Iglesia y nuestro país. Al considerar, como padres y miembros de familia, los futuros planes educativos para sus hijos, los invito a acercarse a sus escuelas católicas locales y descubrir las nuevas oportunidades que puedan estar disponibles para ustedes. Como padres, ustedes son los primeros educadores de sus hijos y nuestras escuelas católicas están listas para asistirlos en esta misión que nuestro Señor les ha confiado. ¡Que Dios los bendiga en su búsqueda de llevar a cabo su vocación!

Para más información en inglés sobre Seeds of Hope, por favor visite: www.seedsofhopedenver.org.

 

Próximamente: La belleza de la vocación familiar: ¿Qué forma una familia?

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Este artículo es parte de una serie de artículos publicados en la última edición de la revisa de El Pueblo Católico. Para suscribirte y recibir la revista GRATIS, HAZ CLIC AQUÍ.

 

La felicidad solo se obtiene cuando nos convertimos en lo que estamos llamados a ser: santos. Esta felicidad no es un simple sentimiento, sino que toma la forma de plenitud. Aunque no la podamos alcanzar completamente en la tierra, sí podemos comenzar a vivirla.

Para descubrir qué es verdaderamente la familia y cuál es su misión, debemos volver al principio del ser humano, al Génesis, a la creación. El relato de la creación nos muestra no solo quién es el hombre, sino también por qué Dios lo creó. Esta verdad se refleja no solo en la fe, sino en el mismo cuerpo y alma de todo hombre y mujer.

UN MATRIMONIO: HOMBRE Y MUJER

“Hombre y mujer los creó” GEN 1,27; MT 19,4

El designio de Dios para la familia comienza con la unión de hombre y mujer. El hombre y la mujer se complementan uno al otro en su cuerpo. Están hechos el uno para el otro. Solo en el acto sexual entre hombre y mujer se puede crear algo nuevo: el fruto de un hijo. Solo ellos pueden convertirse verdaderamente en “una sola carne” (Gen 2,23).

 

¿FAMILIAS “NO TRADICIONALES”?

Por eso no puede existir la distinción de familia “tradicional” y “no tradicional”, la cual, en vez de tener a un hombre y una mujer como padres, busca tener padres del mismo sexo. Tal distinción no es posible porque la unión entre personas del mismo sexo no puede ser estrictamente un matrimonio: no se pueden convertir en “una sola carne” porque sus cuerpos no se complementan. Tampoco pueden generar el fruto de un hijo, y no es por causa de un defecto físico, como sucede con parejas estériles, sino porque la falta de complementariedad biológica lo hace imposible como principio.

 

LA FAMILIA ES IMAGEN DE DIOS
“Creó Dios al ser humano a imagen suya” Gen 1,27
“Dios es amor” (I Jn 4,8) y es comunión (Jn 14,10; 14,26). Es un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y al ser creados a su imagen y semejanza, Dios ha escrito en todo nuestro ser esa vocación al amor y a la comunión. Dios nos creó por pura bondad, para que pudiéramos participar en esta comunión de amor.

La felicidad plena yace en esta participación del amor de Dios. Debido a que tenemos un cuerpo, podemos realizar esta vocación a la comunión de dos maneras en esta vida: por medio del matrimonio o la virginidad (o celibato). Ambas son maneras concretas de vivir la verdad del hombre y la mujer, de ser imagen de Dios, a través del don de sí mismo.

 

AMAR PARA SIEMPRE

“Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” GEN 2,23

Cuando los fariseos se acercaron a Jesús para preguntarle sobre el divorcio, Jesús contestó: “Lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Mt 19,8). Los discípulos contestaron alucinados: “Si tal es la condición… no trae cuenta casarse”. Se dieron cuenta de que el matrimonio conlleva una entrega total, fiel y para toda la vida. Se elige un amor exclusivo. Solo con la gracia que Dios da en el sacramento del matrimonio se puede alcanzar el designio que Dios tiene para el matrimonio.

 

PADRES SOLTEROS O DIVORCIADOS

Por diversas circunstancias, muchas familias llegan a encontrarse en situaciones complicadas, enfrentándose a la separación, el divorcio o un embarazo no deseado.

En estas circunstancias, alejarse de Dios no es la respuesta, pues él nos busca como buscó a la samaritana en el pozo para darnos vida nueva en medio de nuestros problemas (Jn 4). Los lazos familiares siguen siendo poderosos y Dios quiere actuar en ellos.

Para las personas que se encuentran en una situación similar, es de mayor importancia pertenecer a una comunidad de fe, donde podrán conocer la fe y encontrar el apoyo y acompañamiento necesario para vivir una vida de santidad. Esto puede implicar recibir el sacramento del matrimonio para las parejas que no se han casado o buscar la nulidad, pues es posible que el matrimonio anterior no haya sido válido.

 

APERTURA A LA VIDA

“Sean fecundos y multiplíquense” Gen. 1,28

En su designio de amor, Dios quiso que, en la entrega de amor entre hombre y mujer, ese amor se desbordara en la concepción de algo nuevo: de un nuevo ser. Sin embargo, en nuestra sociedad, el sentido de la unión sexual se ha perdido, y es común entenderlo solo como un instrumento de placer o sin el don de los hijos.

 

MÁS QUE PLACER

Cuando una persona se entrega en el acto sexual, dona lo más íntimo que tiene. Pero si se hace solo por placer, se usa el lenguaje de amor más alto que existe de manera contradictoria. En realidad, no es una entrega total, como el lenguaje sexual lo sugiere, sino parcial, con condiciones. El acto se rebaja e incluso hiere a la persona. Esta deja que lo más íntimo que tiene se convierta en algo sin sentido, contradiciendo su deseo de amor incondicional. Así se convierte en un pecado “contra su propio cuerpo” (1 Cor 6,18). La entrega total del cuerpo tiene que ir acompañada de una promesa en la que se entrega totalmente una persona a la otra: el matrimonio.

 

ANTICONCEPTIVOS

Por otro lado, muchos matrimonios tienen miedo a tener hijos por varias razones: el compromiso, el costo, el sufrimiento que podrían experimentar, la contaminación del medio ambiente… Por eso recurren a métodos anticonceptivos, dejando que su entrega deje de ser total. La Iglesia recomienda el uso de métodos naturales de planificación familiar, que les permite a los padres ser generosos y responsables sin corromper su entrega total. Para más información sobre este tema, recomendamos la carta pastoral “El esplendor del amor” de el arzobispo Samuel J. Aquila.