GUADALUPE: Descifrando el mensaje y su impacto

Vladimir Mauricio-Perez

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Una de las hazañas más grandes del acontecimiento guadalupano es la manera en que la Virgen logró comunicarse con dos culturas distintas a través de su imagen milagrosa, y lo que resultó de ello. El método de la Virgen al acercarse a los más pequeños, aprender su idioma, entender sus costumbres y purificar sus creencias con la verdad del Evangelio, hizo que san Juan Pablo II la llamara:

“Estrella de la primera y de la nueva evangelización”.

Gracias a esta manera de evangelizar, su mensaje de esperanza, que lleva a todos sus hijos a Jesús, ha sobrepasado fronteras y continentes.

 

El peso histórico

El milagro de la Virgen de Guadalupe tendría un impacto inmenso que traspasaría fronteras y llegaría a todo el continente americano e incluso a los rincones más lejanos del planeta.

 

La Nueva España

El obispo de México, Fray Juan de Zumárraga casi había perdido toda esperanza en sus esfuerzos de evangelización del nuevo mundo. Así le había escrito al emperador Carlos V de España, admitiendo que esa tierra se perdería al menos que Dios mismo proveyera el remedio.

Muchos frailes, a pesar de defender los derechos de los indios, no estaban preparados para evangelizar a los indígenas apropiadamente. No conocían su idioma o sus costumbres y tenían poco éxito. A esto se sumaba el pésimo comportamiento y maltrato que los indios recibían de muchos conquistadores y gobernadores.

Sin embargo, ya antes de 1537, alrededor de 9 millones de indios se habían convertido al catolicismo. Así lo contó el fraile Toribio de Benavente, quien recaudó cifras de cada misionero. ¿Qué sucedió entre la desesperación del obispo Zumárraga y el relato del fraile Toribio? El milagro guadalupano.

 

La Iglesia en Europa

En el momento de la aparición de la Virgen María, la Iglesia Universal aún sufría de una gran división, después que Martín Lutero publicara las “Noventa y cinco tesis”, dando pie a la Reforma Protestante. Se estima que unos 9 millones de personas abandonaron la fe católica en este periodo, mientras que 9 millones la abrazaron en el nuevo continente.

 

El continente americano

Por mucho tiempo se ha cometido el error de identificar a la Virgen de Guadalupe solo con el país mexicano. Por ello, es necesario recordar que en ese entonces la Nueva España no tenía fronteras definidas y que llegaría a extenderse más allá de los confines de México.

Además, al aparecer con rostro mestizo, la Virgen se mostró como madre del pueblo naciente, que formaría la base de las naciones latinoamericanas. Estas también están bajo su promesa y cuidado. Por eso la Iglesia la nombró “Emperatriz de América”.

 

México

“La médula de la patria [mexicana] es guadalupana”, escribió un poeta zacatecano en 1920, después de haber visitado el santuario y ver la ferviente devoción del pueblo. ¿Cómo se convirtió la Virgen de Guadalupe en emblema de México?

Algunos historiadores, como el Dr. Arturo Rocha, han visto en las palabras de la Virgen la primera afirmación de la mexicanidad, pues ella misma se llamó madre de misericordia “de todos los que en esta tierra viven juntos”.

En 1737 la Guadalupana ya había sido proclamada Patrona de la Nueva España, más de 70 años antes de la fundación de México como país independiente. Pero estaba tan arraigada en la identidad de muchos habitantes de ese lugar, que la Morenita surgió como símbolo de independencia que representaba tanto al criollismo-los españoles nacidos en la Nueva España como a la población mestiza.

Apareció en el estandarte de Miguel Hidalgo y Costilla durante la Guerra de Independencia. Y de nuevo 100 años después, en 1910, durante la Revolución Mexicana, como estandarte de Emiliano Zapata.

No jugó un papel menor en la década de 1920, cuando el presidente Plutarco Elías Calles buscaba destruir la religión católica, persiguiendo a todo practicante y asesinando a curas y religiosos. Los Cristeros que se levantaron para defender la libertad religiosa tenían un lema claro: ¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!

Hoy la Basílica de la Virgen de Guadalupe es el santuario católico más visitado en el mundo, con casi 20 millones de peregrinos al año.

 

El mundo entero

Al ser Madre de Cristo, la Virgen Santa es también Madre de todo cristiano. Jesús así lo quiso cuando la contemplaba desde la cruz con el discípulo amado. Y en su advocación como Virgen de Guadalupe, María también quiso extender su amor maternal a “las demás estirpes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que confíen en mí”. El mensaje guadalupano es entonces verdaderamente católico, “universal”. Por eso se encontrarán santuarios alrededor del mundo.

La devoción a la Guadalupana creció en Estados Unidos gracias a la migración de muchos mexicanos desde comienzos del siglo pasado, acrecentando así la devoción de fieles no-hispánicos. La Virgen María es también Patrona de las Filipinas, por influencia de misioneros españoles, y su imagen se venera en diversos lugares de Europa y África.

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Es realmente una maravilla que tengamos el don de la Biblia, a través del cual Dios nos habla, nos convence, nos sana y nos nutre en nuestro viaje. En reconocimiento de la importancia de las Escrituras, el 26 de enero la Iglesia celebrará el primer “Domingo de la Palabra de Dios”.

La Palabra de Dios es esencial para nuestra identidad como cristianos. Nos da fuerza, sanación y nutrición. El Catecismo habla de las Escrituras como el lugar donde “la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza, porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios” (CIC, 104). Es fácil perder de vista lo bendecidos que somos de tener este poderoso regalo, este alimento espiritual.

¿Cuántos de nosotros podemos decir que en el último día o semana hemos leído estas palabras santas y transformadoras que Dios nos ha dirigido? ¿Amamos la Palabra de Dios y permitimos que se escriba en nuestra mente y corazón al leerla en oración y con frecuencia? ¿es la Palabra de Dios parte del tejido de nuestras vidas?

El gran predicador san Juan Crisóstomo dio una homilía sobre Mateo 2 en la que preguntó a las personas reunidas en la iglesia: ¿Quién puede repetir un salmo o cualquier otra porción de las Escrituras?

Miró a su alrededor y observó que “no había ni una” sola persona que pudiera responder. El argumento que escuchó con mayor frecuencia fue: “No soy … un monje, sino que tengo esposa e hijos, y el cuidado de mi hogar”.

San Juan Crisóstomo respondió que creer que leer la Biblia era solo para monjes es lo que los había llevado a la ruina, ya que aquellos que están en el mundo “reciben heridas diariamente” y tienen la mayor necesidad del medicamento de la Palabra de Dios. Como sabemos, los que tienen heridas y no las tratan, se infectan, y si no se tratan, pueden morir.

Consciente de la importancia vital de las Escrituras, el Papa Francisco anunció recientemente en su Carta Apostólica, Aperuit Illis, que el 26 de enero de 2020, el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, será el primer día en que toda la Iglesia observe el “Domingo de la Palabra de Dios”. Este día, escribió, debe estar marcado por la “celebración, estudio y divulgación de la palabra de Dios” (Aperuit Illis, 3).

Sin embargo, el Papa advierte que un día dedicado a la Biblia “no debe verse como un evento anual sino más bien como un evento durante todo el año, ya que necesitamos crecer urgentemente en nuestro conocimiento y amor de las Escrituras y del Señor resucitado” (AI, 8), para que nuestros corazones se purifiquen por su verdad y nuestros ojos se abran a nuestros pecados.

Entre las prácticas que frecuentemente recomiendo a las personas para promover una vida de conversión continua están la participación regular en los sacramentos y la oración diaria con las Escrituras. Específicamente, te alentó a la práctica de la Lectio Divina, que implica meditar en las Escrituras al involucrar tus pensamientos, imaginación, emociones y deseos mientras lees. El objetivo de Lectio Divina es principalmente experimentar un encuentro íntimo con Jesucristo, el Padre y el Espíritu Santo. A través de este encuentro, todo nuestro ser se somete más estrechamente a Dios, recibiendo y creyendo cada vez más en el amor del Padre por nosotros de una manera personal y particular, aumentando así nuestro amor y conocimiento de las tres personas de la Santísima Trinidad.

Esta experiencia de escuchar la voz de Dios y familiarizarse con sus movimientos dentro de nosotros, cambia la forma en que vemos el mundo que nos rodea. Pronto, nos volvemos mucho más atentos a su presencia en nuestras relaciones, en la creación y especialmente dentro de la Misa. “En este sentido, la lectura en oración de la Sagrada Escritura actúa como la puerta de entrada a un nuevo Edén, donde el hombre una vez más vive en la presencia consciente de su Hacedor y Salvador” (Sacraments Through Scripture: A Still Small Voice, p.4).

Sé que cuanto más leo y rezo con las Escrituras, y especialmente con los Evangelios, más se convierten en una palabra viva que penetra en mi corazón, de modo que me convenzo más del amor personal del Padre por mí.

Mientras lees esta columna, te animo a que pienses en cómo puedes usar el “Domingo de la Palabra de Dios” como una oportunidad para pedirle a Dios un amor más profundo por su Palabra y aumentar tu deseo de conocerlo a través de las Escrituras. San Jerónimo enseñaba que “la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo”. Cuando conocemos a Jesús a través de la Biblia, realmente somos transformados y experimentamos alegría, incluso en tiempos de prueba o sufrimiento. Que cada uno de nosotros experimente un renovado amor por la Biblia para que seamos verdaderos discípulos que lleven a Cristo a los confines de la tierra.

Imagen destacada de Josh Applegate | Unsplash