Fotonoticias: Cientos de hispanos se unieron a la procesión de Corpus Christi por las calles de Denver

Vladimir Mauricio-Perez

Con cantos y oraciones, cientos de católicos de la Arquidiócesis de Denver se dieron cita en las calles de Denver para dar testimonio de la presencia real de Jesús en la Eucaristía el pasado jueves, 20 de junio.

(Foto de Brandon Ortega)

La tarde comenzó con una misa en la parroquia Sacred Heart de Denver repleta de fieles de diversas parroquias y movimientos de la arquidiócesis.

(Foto de Vladimir Mauricio-Perez)

El obispo auxiliar de Denver, monseñor Jorge Rodríguez, presidió la celebración eucarística, mientras docenas de fieles escuchaban desde fuera de la iglesia. El obispo de Latacunga, Ecuador, monseñor Giovanni Paz Hurtado, también estuvo presente y concelebró junto a otros sacerdotes de la Arquidiócesis de Denver.

(Foto de Brandon Ortega)

En su homilía, el obispo Jorge alentó a los presentes a mantener esta tradición de Corpus Christi, en la que se da testimonio de Jesús públicamente, incluso ante la indiferencia de unos y el antagonismo de otros, con la esperanza de que esta tradición crezca anualmente.

 

(Foto de Vladimir Mauricio-Perez)

La misma reacción descrita por el obispo Jorge en su homilía se hizo realidad en las decenas de personas que con curiosidad, indiferencia o desdén observaban a la multitud de católicos dar testimonio público de su fe.

(Foto de Vladimir Maurcio-Perez)

(Foto de Vladimir Mauricio-Perez)

El movimiento Adoración Nocturna encabezó la procesión, por ser esta una tradición ya establecida en su espiritualidad de adoración eucarística.

(Foto de Clemente Carballo)

(Foto de Clemente Carballo)

(Foto de Clemente Carballo)

Entre los demás movimientos presentes, con camisetas o estandartes que los definían, se encontraban: Apóstoles de la Palabra, Movimiento Familiar Cristiano, Cursillos de Cristiandad, Renovación Carismática, Encuentro Matrimonial, Prevención y Rescate, Pequeñas Comunidades, Enriquecimiento Matrimonial, Kairós, la Pastoral Juvenil y miembros de diferentes parroquias a través de la arquidiócesis.

 

(Foto de Vladimir Mauricio-Perez)

(Foto de Clemente Carballo)

La procesión culminó con la llegada a la parroquia Annunciation, a una milla de distancia.

(Foto de Clemente Carballo)

Fuera de la iglesia se impartió la bendición solemne, después de la cual decenas de adoradores nocturnos y otros fieles permaneciaron adorando a Jesús Sacramentado.

(Foto de Clemente Carballo)

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Próximamente: ¿Cómo puedo perdonar a alguien que me ha hecho daño a mí o a un ser querido?

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Todos sufrimos, de vez en cuando, situaciones de injusticia, humillaciones, rechazos, ofensas, maltratos, abusos y agresiones, que nos provocan reacciones de resentimiento que llegan hasta el odio y deseos de venganza. A veces las sufrimos, pero a veces somos nosotros los que las infringimos. En ocasiones necesitamos perdonar y frecuentemente necesitamos ser perdonados.

El perdón nace de uno, de una decisión que toma uno, algo interno que uno elige. Pero perdonar no es automático y no es cuestión de solo querer hacerlo, muchas personas querrían perdonar pero no pueden hacerlo, como muchos también querrían ser ricos y no solo por desearlo ya lo lograron. Así el perdón: no basta con desearlo, hay que trabajar para ello. Primero que nada se deben cultivar virtudes en la vida como: el amor, la comprensión, la generosidad, la humildad, la misericordia, el abrirse a la gracia de Dios, por mencionar algunas. Por lo tanto, el poder perdonar es consecuencia no solo de un deseo sino de una vida virtuosa como lo requiere nuestra fe Católica.

Jesús nos dice que debemos perdonar hasta setenta veces siete, que es decir prácticamente siempre:

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mt 18:21-22).

El perdón se ha convertido en nuestra sociedad en señal de debilidad y cobardía, pero la verdad es que sólo es capaz de perdonar quien tiene grandeza de corazón, y el mejor ejemplo lo encontramos en Jesús; el perdón es esencial para cristianismo y para el verdadero amor. Es necesario perdonar a los demás, para poder ser completamente libre. Si no somos capaces de perdonar seguiremos viviendo aferrados al pasado; vamos arrastrando resentimientos que nos oprimen el corazón sin ser capaces de amar porque alguien nos engañó, sin ser capaces de confiar porque alguien nos traicionó, sin ser capaces de aceptar a los demás porque alguien nos rechazó; en definitiva, sin permitirnos crecer ni ser felices, sin tener paz en el corazón ni alegría en el espíritu, sin tener luz ni disfrutar de la vida.

Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar y de insatisfacción generales. Superar las ofensas es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida.

Perdonar es un acto de fortaleza espiritual, un acto liberador. Es un mandamiento cristiano y además un gran alivio. Significa optar por la vida y ponerse en el camino de la salvación:

“Porque si ustedes  perdonan a los hombres sus ofensas, los perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco su Padre los perdonará a ustedes ofensas” (Mt 6:14-15).

 

Image by Daniel Reche from Pixabay