Estos son los 5 nuevos santos de la Iglesia Católica

Con más de 50,000 personas presentes de todas partes del mundo, el Papa Francisco llevó a cabo la canonización de cinco beatos incluyendo al Cardenal John Henry Newman, sacerdote converso del anglicanismo, y la beata Dulce Lopes Pontes, primera santa brasileña, el pasado 13 de octubre.

En una ceremonia que se prolongó durante dos horas en la plaza de San Pedro del Vaticano y usando la formula en latín habitual para proclamar la santidad, el papa pidió que las cuatro mujeres y 1 hombre, fuera inscrito en los libros de los santos de la iglesia.

Te presentamos a continuación lo que debes saber sobre los nuevos santos.

1.- Cardenal John Henry Newman (1801-1890)

John Henry Newman nació en Londres en 1801. Fue ordenado sacerdote de la Iglesia Anglicana, en la que sirvió durante años como párroco de St. Clement en Oxford. En 1845, se convirtió al catolicismo, y unos años después, fue ordenado sacerdote de la Iglesia Católica. Inspirado por la Congregación de Oratorios de San Felipe Neri, fundó un oratorio en Inglaterra y fue creado cardenal en 1879, tomando como lema “Cor ad cor loquitur” (El corazón habla al corazón). Murió el 11 de agosto de 1880.

Benedicto XVI lo beatificó el 19 de septiembre de 2010, gracias a la curación milagrosa del diácono Jack Sullivan, de Braintree, Massachusetts, quien se recuperó de una dolencia en la columna vertebral que le impedía caminar, y que rezó al Cardenal Newman pidiendo su intercesión.

El milagro que permitirá su canonización es la curación de una embarazada estadounidense que rezó pidiendo la intercesión del Cardenal tras recibir un diagnóstico muy grave. Los médicos aún no se explican cómo la mujer, de la Arquidiócesis de Chicago, pudo recuperarse.

 

2.- Giuseppina Vannini (1859-1911)

Giuseppina Vannini nació en Roma en 1859, a los cuatro años perdió a su padre y tres años más tarde a su madre, separada de sus dos hermanos, fue acogida en el Conservatorio Torlonia de Roma. Durante unos ejercicios espirituales conoció al P. Camiliano Luigi Tezza, quien reconoce en ella la persona indicada para iniciar una nueva congregación que con el nombre de Hijas de San Camilo es fundada 1892.

Falleció en 1911 y el 16 de octubre de 1994 fue beatificada por San Juan Pablo II gracias al milagro obrado en Olga Nuñez, de Buenos Aires, quien sufría de melanoma. Las Hijas de San Camilo pusieron una reliquia de la Madre Giuseppina en su cama de hospital, mientras oraban una novena pidiendo la intercesión de su fundadora. Milagrosamente la enfermedad empezó a desaparecer, hasta estar curada totalmente.

El segundo milagro, y el que permitirá su canonización, involucra a Arno Celson Klauck, constructor de Sinop (Brasil), quien cayó desde el tercer piso por el hueco de un elevador mientras colocaba vigas de madera. Él invocó la ayuda de la religiosa mientras caía Milagrosamente, fue hallado únicamente con moretones.

 

3.- María Teresa Chiramel Mankidiyan (1876-1926)

María Teresa Chiramel Mankidiyan nació 1876 en Puthenchira, en el estado de Kerala (India), recibió de Dios muchos favores místicos, como tener visiones de la Virgen y de los santos, además de los estigmas de Cristo en 1909 y que mantuvo siempre en secreto. En 1914 fundó la congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia. Tuvo una caída que le produjo una herida, la cual no se pudo controlar debido a la diabetes que sufría y falleció en 1926.

Fue beatificada por San Juan Pablo II el 9 de abril del año 2000 gracias a la milagrosa curación de Mathew D. Pellissery, que nació con pie equinovaro congénito, una enfermedad que deforma los pies. La familia pidió la intercesión de la beata por medio de la oración y ayuno. Un día el pie derecho amaneció totalmente derecho; al año siguiente, sucedió lo mismo con el pie izquierdo.

Un segundo milagro, y el que permite su canonización, es la sanación de un bebé el 2009. Christopher nació con pulmones subdesarrollados y tres huecos en el corazón, los doctores no le daban mucho tiempo de vida. En un momento de crisis respiratoria, la abuela del niño trajo una reliquia de la religiosa y, con la oración de la familia, Christopher se recuperó. Actualmente tiene 10 años.

 

4.- Dulce Lopes Pontes (1914-1992)

María Rita Lopes Pontes nació en 1914, tenía siete años cuando murió su madre y a los 18 años entró en la Congregación de las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios, donde comenzó a llamarse Dulce. Fundó la Unión de los Trabajadores de San Francisco, un movimiento cristiano de trabajadores en Bahía (Brasil), y el hospital de Sant’Antonio. Falleció en 1992 por su débil salud.

El milagro de su beatificación se produjo en 2001, cuando Claudia Cristina dos Santos, que ahora tiene 42 años, presentó una hemorragia incontrolable después de dar a luz. Luego de tres intervenciones, los médicos habían perdido las esperanzas, pero su familia decidió pedir la intercesión de la beata y la hemorragia se detuvo inmediatamente.

El segundo milagro que la llevará a la canonización se trata de la curación milagrosa de José Mauricio Bragança Moreira, quien estaba ciego por un severo glaucoma. Un día, mientras sufría de una conjuntivitis, puso una pequeña estatua de la santa sobre su ojo, pidiendo por su intercesión. Cuando despertó, descubrió que podía ver de nuevo.

 

5.- Marguerite Bays (1815-1879)

Marguerite Bays nació en Suiza, en el cantón de Friburgo en 1815. Hija de agricultores, desarrolló durante toda su vida la labor de costurera. Enfermó de cáncer antes de los 40 años, pero se curó inexplicablemente el 8 de diciembre de 1854, el día en que Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción. Vivió muchas experiencias místicas y experimentó los estigmas. Falleció el 27 de junio de 1879.

Fue beatificada por San Juan Pablo II el 29 de octubre de 1995, luego de aprobarse el primer milagro obrado por su intercesión. Este ocurrió en 1940, cuando durante un ascenso a la montaña Dent-de-Lys, en los Alpes de Berna, cuatro alpinistas cayeron al vacío debido al terreno resbaloso. El único que sobrevivió dijo que pidió la intercesión de Marguerite durante el accidente.

El segundo milagro, que la lleva a la canonización, ocurrió en 1998. Un abuelo rezó a la beata al ver que su nieta de dos años cayó bajo un tractor en movimiento. Milagrosamente la niña resultó ilesa. Las investigaciones señalan que era “médicamente imposible” que sobreviviera.

 

Catholic News Agency contributed to this report.

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Es realmente una maravilla que tengamos el don de la Biblia, a través del cual Dios nos habla, nos convence, nos sana y nos nutre en nuestro viaje. En reconocimiento de la importancia de las Escrituras, el 26 de enero la Iglesia celebrará el primer “Domingo de la Palabra de Dios”.

La Palabra de Dios es esencial para nuestra identidad como cristianos. Nos da fuerza, sanación y nutrición. El Catecismo habla de las Escrituras como el lugar donde “la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza, porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios” (CIC, 104). Es fácil perder de vista lo bendecidos que somos de tener este poderoso regalo, este alimento espiritual.

¿Cuántos de nosotros podemos decir que en el último día o semana hemos leído estas palabras santas y transformadoras que Dios nos ha dirigido? ¿Amamos la Palabra de Dios y permitimos que se escriba en nuestra mente y corazón al leerla en oración y con frecuencia? ¿es la Palabra de Dios parte del tejido de nuestras vidas?

El gran predicador san Juan Crisóstomo dio una homilía sobre Mateo 2 en la que preguntó a las personas reunidas en la iglesia: ¿Quién puede repetir un salmo o cualquier otra porción de las Escrituras?

Miró a su alrededor y observó que “no había ni una” sola persona que pudiera responder. El argumento que escuchó con mayor frecuencia fue: “No soy … un monje, sino que tengo esposa e hijos, y el cuidado de mi hogar”.

San Juan Crisóstomo respondió que creer que leer la Biblia era solo para monjes es lo que los había llevado a la ruina, ya que aquellos que están en el mundo “reciben heridas diariamente” y tienen la mayor necesidad del medicamento de la Palabra de Dios. Como sabemos, los que tienen heridas y no las tratan, se infectan, y si no se tratan, pueden morir.

Consciente de la importancia vital de las Escrituras, el Papa Francisco anunció recientemente en su Carta Apostólica, Aperuit Illis, que el 26 de enero de 2020, el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, será el primer día en que toda la Iglesia observe el “Domingo de la Palabra de Dios”. Este día, escribió, debe estar marcado por la “celebración, estudio y divulgación de la palabra de Dios” (Aperuit Illis, 3).

Sin embargo, el Papa advierte que un día dedicado a la Biblia “no debe verse como un evento anual sino más bien como un evento durante todo el año, ya que necesitamos crecer urgentemente en nuestro conocimiento y amor de las Escrituras y del Señor resucitado” (AI, 8), para que nuestros corazones se purifiquen por su verdad y nuestros ojos se abran a nuestros pecados.

Entre las prácticas que frecuentemente recomiendo a las personas para promover una vida de conversión continua están la participación regular en los sacramentos y la oración diaria con las Escrituras. Específicamente, te alentó a la práctica de la Lectio Divina, que implica meditar en las Escrituras al involucrar tus pensamientos, imaginación, emociones y deseos mientras lees. El objetivo de Lectio Divina es principalmente experimentar un encuentro íntimo con Jesucristo, el Padre y el Espíritu Santo. A través de este encuentro, todo nuestro ser se somete más estrechamente a Dios, recibiendo y creyendo cada vez más en el amor del Padre por nosotros de una manera personal y particular, aumentando así nuestro amor y conocimiento de las tres personas de la Santísima Trinidad.

Esta experiencia de escuchar la voz de Dios y familiarizarse con sus movimientos dentro de nosotros, cambia la forma en que vemos el mundo que nos rodea. Pronto, nos volvemos mucho más atentos a su presencia en nuestras relaciones, en la creación y especialmente dentro de la Misa. “En este sentido, la lectura en oración de la Sagrada Escritura actúa como la puerta de entrada a un nuevo Edén, donde el hombre una vez más vive en la presencia consciente de su Hacedor y Salvador” (Sacraments Through Scripture: A Still Small Voice, p.4).

Sé que cuanto más leo y rezo con las Escrituras, y especialmente con los Evangelios, más se convierten en una palabra viva que penetra en mi corazón, de modo que me convenzo más del amor personal del Padre por mí.

Mientras lees esta columna, te animo a que pienses en cómo puedes usar el “Domingo de la Palabra de Dios” como una oportunidad para pedirle a Dios un amor más profundo por su Palabra y aumentar tu deseo de conocerlo a través de las Escrituras. San Jerónimo enseñaba que “la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo”. Cuando conocemos a Jesús a través de la Biblia, realmente somos transformados y experimentamos alegría, incluso en tiempos de prueba o sufrimiento. Que cada uno de nosotros experimente un renovado amor por la Biblia para que seamos verdaderos discípulos que lleven a Cristo a los confines de la tierra.

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