“Este es mi cuerpo…”

Mary Beth Bonacci
Eucaristia

“Muchos de sus discípulos al oírle dijeron: ‘Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?’… Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él”. (Jn 6:60 y Jn 6:66)

¿Qué fue lo que dijo Jesús que hizo que sus discípulos le dieran la espalada? Él dijo directa y repetidamente: “si no coméis la carne del hijo del hombre, no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn. 6:530) y para aclarar que no estaba hablando simbólicamente les dijo: “mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida” (Jn. 6:55).

Por primera vez, Jesús les estaba hablando sobre su presencia real- cuerpo, sangre, alma y divinidad- en la Eucaristía, algo que en esos momentos les pareció muy raro a los discípulos.

De acuerdo con el Centro de Investigaciones Pew, sus discípulos de esta era moderna tampoco están respondiendo a la misma cuestión de una mejor manera.  Un estudio reciente reveló que al menos un tercio de todos los católicos creen en la transubstanciación- que la Eucaristía es en realidad el cuerpo y la sangre de Cristo.  Entre los que asisten a misa semanalmente, las cifras mejoran ligeramente con un 63% que creen en la transustanciación.  No obstante, eso significa que incluso entre los católicos practicantes, más de un tercio desconocen la doctrina (23%) o son conscientes, pero la rechazan (14%).

Me entristecen estos resultados, pero no me sorprenden.  Tampoco culpo del todo a estos católicos incrédulos. ¿Cómo podemos esperar que sepan de lo que no son conscientes o que nunca se les ha explicado adecuadamente? Una gran mayoría de los católicos bautizados no asisten a misa. Y entre los que sí lo hacen, la mayoría reciben poca o ninguna instrucción sobre su fe fuera de la homilía semanal de 10 minutos, que se olvida rápidamente, rara vez es sobre la Eucaristía, y realmente no pretende ser una catequesis sobre los fundamentos de la fe.

No creo que la investigación haya estudiado el porcentaje de lectores de periódicos diocesanos que no creen en la presencia real, pero dado los números anteriores, sospecho que hay más de ustedes, por lo que creo que todos podemos hacer una breve reseña.

Primero que nada, es verdad. Tan loco como parece, en realidad sí creemos que una pequeña oblea y un cáliz de vino se convierte en el cuerpo y la sangre de Jesucristo.  Desde un principio parece una locura, como lo demostró el pasaje anterior. Lo que encuentro interesante es que, cuando los discípulos se alejaron, Jesús no los persiguió, no trató de explicar que solo estaba hablando simbólicamente. En cambio, simplemente se volvió hacia los doce y les preguntó si también se iban a ir.  Estaban tan desconectados como los demás, pero se quedaron porque, como decían: “¿A quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6:68).

Asimismo, durante la Ultima Cena, Jesús partió el pan y dijo: “Ese es mi cuerpo”. Y se instituyó la Eucaristía.  Esta fue la comprensión de los apóstoles que estaban presentes, y de aquellos que aprendieron directamente de los apóstoles. Desde los primeros tiempos, la Iglesia entendió y enseñó que la Eucaristía es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. En varios milagros eucarísticos a lo largo de los siglos, las hostias consagradas han sangrado o se han hecho carne. En al menos una ocasión (busca en Google: Lanciano), la evaluación científica confirmó que la muestra consiste de tejido cardiaco, que no contiene conservantes y que no se ha descompuesto en mas de 800 años.

Cuando nos acercamos al altar para la comunión, el sacerdote levanta la hostia y dice: “El cuerpo de Cristo”, y nosotros respondemos: “Amen”, que es una afirmación de la verdad de nuestra creencia. Eso a su vez, significa que un porcentaje significativo de católicos en un domingo determinado, está parado diciendo que lo creen cuando en realidad no lo creen, lo cual es algo lamentable.

El documento del Vaticano II, Lumen Gentium, llamó a la Eucaristía “La fuente y la cumbre de la vida cristiana”. A través de ella, Cristo realmente se convierte en uno con nosotros. Su cuerpo se incorpora a nuestros cuerpos. Nos convertimos en “una sola carne”. Él no es solo una presencia espiritual en nuestras vidas. Realmente vive en nosotros de la manera más real y tangible posible. Al recibirlo dignamente, nos transformamos. Nos vestimos de Cristo, nos convertimos en “nuevas creaciones”. Recibimos la energía y poder para traerlo al mundo.

Aparte de recibirlo, él nos cambia a través de este Santísimo Sacramento. Santa Teresa de Calcuta y sus hermanas pasaban una hora diaria adorando a Jesús en la Eucaristía.  Ella expresó que sus hermanas no habrían podido hacer el trabajo que hicieron durante la semana, sin las gracias que recibían durante su tiempo de adoración.  También dijo:

“La Adoración del Santísimo Sacramento, es el mejor momento que pasarás en la tierra. Le dará al alma un aspecto mas eternamente glorioso y hermoso en el cielo.  Una hora santa de adoración ayuda a traer la paz eterna a tu alama y a tu familia. Nos trae paz personal y fortaleza. Nos trae un mayor amor por Jesús, por los demás y por los pobres. Cada hora santa profundiza nuestra unión con él y da mucho fruto”.

Me entristece que tantos católicos abandonen la Iglesia sin comprender el gran tesoro eucarístico al que están renunciando. Y más me entristece que los que permanecen no entienden o han perdido la fe de este don tan preciado.

Quiero alentarlos a redescubrir la Eucaristía.  No debes conformarte solamente con aprender lo que escuchas en la homilía los domingos. Los santos han estado escribiendo sobre las glorias de la Eucaristía desde que han existido los santos. Búscalo en Google. Lee y medita. Mejor aún, lee y medita en la presencia del Señor, en tu capilla local durante la Adoración Eucarística. Y luego recíbelo a menudo y dignamente.

No seas el discípulo que se va.  Sé el que se queda a los pies del Maestro. Él tiene las palabras de vida eterna.

 

Próximamente: ¿Cómo interpretar la Biblia?

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Por, Mons. Jorge de los Santos

En la Sagrada Escritura, Dios habla al hombre a la manera de los hombres. Por tanto, para interpretar bien la Escritura, es preciso estar atento a lo que los autores humanos quisieron verdaderamente afirmar y a lo que Dios quiso manifestarnos mediante sus palabras.

Principios y criterios católicos

Siendo la Biblia mensaje divino en palabras humanas, su interpretación presupone en primer lugar la fe en la Palabra de Dios, y luego el progresivo descubrimiento de su mensaje profundo. Hay que interpretar la Biblia con la luz y la gracia del mismo Espíritu Santo que la ha inspirado. Dios quiere que su verdad llegue íntegra a los hombres. Para llevar a cabo esto, ha confiado a su Iglesia la misión de transmitir su Palabra salvadora a todos los hombres, a fin de que participen de la vida divina.

Estos son los principios y criterios más importantes para interpretar la Biblia adecuadamente:

  1. Lectura en el espíritu. Hay que leer la Biblia con el mismo Espíritu con que ha sido escrita. Debe ser una lectura espiritual, centrada en Cristo.
  2. La intención del autor. El autor divino es el Espíritu Santo. El autor humano es el instrumento del que Dios se sirvió, con sus talentos y limitaciones, y a quien inspiró para que dijera solo y todo lo que Dios quería. Para descubrir la intención del autor, hay que tener en cuenta, entre otras cosas, los géneros literarios. Para comprender exactamente lo que el autor propone en sus escritos, hay que tener muy en cuenta el modo de pensar, de expresarse, de narrar que se usaba en tiempo del escritor, y también las expresiones que entonces se usaban en la conversación ordinaria.
  3. El contenido y la unidad de toda la Biblia. Un pasaje de la Biblia nunca puede contradecir a otro. Si esto sucede al menos una de las dos interpretaciones es falsa. El Antiguo y Nuevo Testamento están unidos, pues el Antiguo Testamento prefigura lo que se revela plenamente en el Nuevo. Toda interpretación debe respetar esta unidad.
  4. La Tradición viva de toda la Iglesia. “Tradición” se refiere primeramente a la Tradición apostólica, en la que y de la que nació el Nuevo Testamento. La Iglesia ha sostenido la palabra de Dios por escrito y en forma de la Tradición desde los apóstoles. Por eso la interpretación nunca puede contradecir las enseñanzas que hemos recibido claramente en la Tradición.
  5. La analogía de la fe. La analogía de la fe es la coherencia objetiva de la fe que la Iglesia ha preservado desde el principio. La interpretación bíblica es falsa si no respeta la unidad de estas enseñanzas.

Yo, en verdad, no creería en el Evangelio si no me impulsara a ello la autoridad de la Iglesia Católica”. SAN AGUSTÍN (354-430 D.C.) (Réplica a la carta de Manés, 5)

Diversos sentidos de la Biblia

El método de descubrir los diferentes sentidos de la Biblia se ha utilizado desde los primeros siglos del cristia­nismo, incluyendo a muchos santos. Incluso Jesús, san Pablo y otros autores bíblicos utilizaron los diversos senti­dos para enseñar el Evangelio.

Sentido literal

No significa interpretar el texto al pie de la letra, sino tratar de buscar el sentido que le dio el autor mismo de ese texto, teniendo en cuenta la intención del autor, el auditorio a quien se dirigía, la situación de su tiempo y el género literario empleado. Este sentido es la base de los otros sentidos, pero si se aparta del resto, queda incompleto.

Se pueden utilizar varias herramientas para este fin, por ejemplo, análisis históricos y literales, y evi­dencia arqueológica para entender mejor el contexto histórico del texto.

EJEMPLO:

El templo era un edificio real que se encontraba en Jerusalén. En este templo los israelitas ofre­cían sacrificios a Dios y era el lugar donde Dios había prometido morar. Aún se preservan restos del templo que fue destruido en el primer siglo, y que han ayudado a entender mejor su contexto histórico.

Géneros literarios en el Antiguo Testamento

  • Histórico: Abarca todos los textos en forma de relato. Incluye: historias reales, noveladas y ficti­cias; relatos populares (mitos, leyendas, sagas, cuentos); datos informativos, y biográficos.
  • Ley: Colecciones de normas y precep­tos por los que se regía el pueblo hebreo, tanto en lo civil como en lo religioso.
  • Profecía: Dichos y discursos pronunciados por un Profeta o mensajero que habla en nombre de Dios.
  • Lírica: Textos poéticos, generalmente en verso, que expresan sentimientos y viven­cias profundos.
  • Sabiduría: Colecciones de sentencias, prover­bios, alegorías y refranes que expresan de forma popular y razonada la expe­riencia de vida propia del sabio.
Sentido espiritual

Este sentido supera el conocimiento del autor humano, aunque se apoya en sus escritos. Surge cuando las palabras literales tienen un significado que va más allá del sentido literal. En la época medieval este sentido se dividía en: alegórico, moral y anagógico.

Sentido Alegórico

El significado del texto que sobrepasa el sentido literal. Dentro de este se encuentra la tipología, en la que se interpreta lo que sucedió antes de Cristo como una “sombra” de lo que había de cumplirse en Cristo.

EJEMPLO:

El templo también es un tipo -o prefiguración- de Jesús, el templo verdadero. Él dijo: “destruyan este templo y yo lo reedifi­caré en tres días” (Jn 2, 19). Se refería al templo de su cuerpo que iba a morir y después resucitar.

Sentido Moral

Nos enseña cómo debemos actuar.

EJEMPLO:

San Pablo usa la imagen del templo de Jerusalén en el sentido moral, diciendo a los corintios: “¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo…? … procuren, pues, que sus cuerpos sirvan la gloria de Dios” (1 Cor 6, 19-20).

Sentido Anagógico

Una interpretación con un enfoque hacia las últimas cosas, el final de los tiempos.

EJEMPLO: El Salmo 122 dice: “Me puse alegre cuando me dijeron: ‘¡Vamos a la casa del Señor!’ Ahora nuestros pasos se detienen delante de tus puertas, Jerusalén”. El salmista se refiere al templo de Jerusalén cuando habla de “la casa del Señor”, este es el sentido literal. El sentido anagógico es que Jerusalén y el templo represen­tan la “Nueva Jerusalén”, el cielo, donde estamos llamados a habi­tar con Dios.