Escuelas dignas de llamarse católicas

La educación católica será más accesible y llegará mejor a la comunidad hispana

Para celebrar la semana de escuelas católicas –del 31 de enero al 6 de febrero- la Oficina de Escuelas Católicas lanzó un documento subrayando las características que hacen que una escuela merezca llevar el título de “católica”. Así mismo lanzó un plan estratégico para revitalizar sus escuelas y llegar a cada vez más hispanos.

El documento con el título “Digno del nombre” (Worthy of the Name), busca responder de manera efectiva a los retos que las escuelas católicas enfrentan hoy en día.

“La visión es ambiciosa, pero con toda razón, ya que los problemas que enfrentamos son significativos y no pueden ser remediados sin soluciones claras”, señala la carta de presentación del documento, firmado por el Arzobispo Aquila y el Superintendente de Escuelas Católicas, Kevin Kijewski.

 

La misión: ser verdaderas escuelas católicas

Siendo el auténtico discipulado en las escuelas el elemento clave su plan de educación, el proceso de contratación de profesores para escuelas católicas será refinado e incluirá un enfoque más fuerte en asegurarse que los profesores contratados sean lo que el documento de visión refiere como “maestros-discípulos”. Esto también incluye a los administradores y a los candidatos que están discerniendo la profesión de ser profesores en escuelas católicas como una vocación y no sólo como un trabajo.

“Ser profesor en una escuela católica es una vocación”, señala el plan estratégico. “Los profesores –continúa el documento- deben esforzarse en poseer y comunicar una verdadera sabiduría cristiana y una virtud en la enseñanza”.

Para promover esta mentalidad de discipulado, la Oficina de Escuelas Católicas implementará para el personal de sus escuelas, programas de formación continua, así como un programa de tutoría.

 

Excelencia en todos los sentidos

Para mejor competir en el mercado educativo, la Oficina de escuelas católicas apoyará a las escuelas en el desarrollo de nuevos métodos e innovaciones para poder alcanzar las necesidades únicas de cada estudiante y proveer una más alta calidad educativa a sus estudiantes.

Otro pilar importante del área de “excelencia en todo sentido” es la implementación de una estrategia de marketing más efectiva, para compartir con el público los muchos beneficios que una escuela católica ofrece.

“Actualmente existen muchos aspectos de nuestras escuelas que las hacen muy atractivas, sin embargo estos no son conocidos fácilmente por la comunidad, de manera especial por familias de alumnos potenciales”, señala el documento.

 

Un mayor alcance a la comunidad hispana

“Digno de su nombre”, también se dirige a la creciente población latina en Denver, así como a otros grupos de inmigrantes, buscando implementar iniciativas que incrementen el acceso de estas comunidades a las escuelas católicas.

“El futuro de la Iglesia católica está unida a esta población creciente”, dice el plan, por ello, la Oficina de Escuelas Católica lanzará esfuerzos especiales que aseguren que la comunidad hispana y la población inmigrante tengan acceso a la educación católica y que este sector demográfico esté mejor representado en las escuelas católicas.

Para asegurarse de tener un mayor alcance a la comunidad hispana, la Oficina de Escuelas Católicas creará una nueva posición. Se trata de un director de alcance latino, y su misión consistirá en coordinar y liderar esfuerzos para atraer y mantener estudiantes hispanos en todas las escuelas católicas.

Así también, aquellos que ocupen posiciones de liderazgo serán entrenados en entender la cultura y la fe de los latinos, además habrá un esfuerzo consiente en tener y formar líderes que sean parte de esta comunidad.

Para poder hacer más accesible la educación católica, se ofrecerá un descuento como incentivo a los profesores que tengan hijos matriculados en escuelas católicas, así como a las familias que matriculen a varios hijos.

Así mismo se planteará un nuevo modo de hacer el presupuesto y la búsqueda de fondos, para que las escuelas se revitalicen y se pueda aumentar el salario de manera prudente a los profesores.

 

 * Esta nota fue realizada gracias a la colaboración de Aaron Lambert.

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Es realmente una maravilla que tengamos el don de la Biblia, a través del cual Dios nos habla, nos convence, nos sana y nos nutre en nuestro viaje. En reconocimiento de la importancia de las Escrituras, el 26 de enero la Iglesia celebrará el primer “Domingo de la Palabra de Dios”.

La Palabra de Dios es esencial para nuestra identidad como cristianos. Nos da fuerza, sanación y nutrición. El Catecismo habla de las Escrituras como el lugar donde “la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza, porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios” (CIC, 104). Es fácil perder de vista lo bendecidos que somos de tener este poderoso regalo, este alimento espiritual.

¿Cuántos de nosotros podemos decir que en el último día o semana hemos leído estas palabras santas y transformadoras que Dios nos ha dirigido? ¿Amamos la Palabra de Dios y permitimos que se escriba en nuestra mente y corazón al leerla en oración y con frecuencia? ¿es la Palabra de Dios parte del tejido de nuestras vidas?

El gran predicador san Juan Crisóstomo dio una homilía sobre Mateo 2 en la que preguntó a las personas reunidas en la iglesia: ¿Quién puede repetir un salmo o cualquier otra porción de las Escrituras?

Miró a su alrededor y observó que “no había ni una” sola persona que pudiera responder. El argumento que escuchó con mayor frecuencia fue: “No soy … un monje, sino que tengo esposa e hijos, y el cuidado de mi hogar”.

San Juan Crisóstomo respondió que creer que leer la Biblia era solo para monjes es lo que los había llevado a la ruina, ya que aquellos que están en el mundo “reciben heridas diariamente” y tienen la mayor necesidad del medicamento de la Palabra de Dios. Como sabemos, los que tienen heridas y no las tratan, se infectan, y si no se tratan, pueden morir.

Consciente de la importancia vital de las Escrituras, el Papa Francisco anunció recientemente en su Carta Apostólica, Aperuit Illis, que el 26 de enero de 2020, el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, será el primer día en que toda la Iglesia observe el “Domingo de la Palabra de Dios”. Este día, escribió, debe estar marcado por la “celebración, estudio y divulgación de la palabra de Dios” (Aperuit Illis, 3).

Sin embargo, el Papa advierte que un día dedicado a la Biblia “no debe verse como un evento anual sino más bien como un evento durante todo el año, ya que necesitamos crecer urgentemente en nuestro conocimiento y amor de las Escrituras y del Señor resucitado” (AI, 8), para que nuestros corazones se purifiquen por su verdad y nuestros ojos se abran a nuestros pecados.

Entre las prácticas que frecuentemente recomiendo a las personas para promover una vida de conversión continua están la participación regular en los sacramentos y la oración diaria con las Escrituras. Específicamente, te alentó a la práctica de la Lectio Divina, que implica meditar en las Escrituras al involucrar tus pensamientos, imaginación, emociones y deseos mientras lees. El objetivo de Lectio Divina es principalmente experimentar un encuentro íntimo con Jesucristo, el Padre y el Espíritu Santo. A través de este encuentro, todo nuestro ser se somete más estrechamente a Dios, recibiendo y creyendo cada vez más en el amor del Padre por nosotros de una manera personal y particular, aumentando así nuestro amor y conocimiento de las tres personas de la Santísima Trinidad.

Esta experiencia de escuchar la voz de Dios y familiarizarse con sus movimientos dentro de nosotros, cambia la forma en que vemos el mundo que nos rodea. Pronto, nos volvemos mucho más atentos a su presencia en nuestras relaciones, en la creación y especialmente dentro de la Misa. “En este sentido, la lectura en oración de la Sagrada Escritura actúa como la puerta de entrada a un nuevo Edén, donde el hombre una vez más vive en la presencia consciente de su Hacedor y Salvador” (Sacraments Through Scripture: A Still Small Voice, p.4).

Sé que cuanto más leo y rezo con las Escrituras, y especialmente con los Evangelios, más se convierten en una palabra viva que penetra en mi corazón, de modo que me convenzo más del amor personal del Padre por mí.

Mientras lees esta columna, te animo a que pienses en cómo puedes usar el “Domingo de la Palabra de Dios” como una oportunidad para pedirle a Dios un amor más profundo por su Palabra y aumentar tu deseo de conocerlo a través de las Escrituras. San Jerónimo enseñaba que “la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo”. Cuando conocemos a Jesús a través de la Biblia, realmente somos transformados y experimentamos alegría, incluso en tiempos de prueba o sufrimiento. Que cada uno de nosotros experimente un renovado amor por la Biblia para que seamos verdaderos discípulos que lleven a Cristo a los confines de la tierra.

Imagen destacada de Josh Applegate | Unsplash