Escuela de Guadalupe celebra su vigésimo aniversario de educación católica

Antes de fallecer en el 2012, la hermana Susan Swain, una de las fundadoras de la Escuela de Guadalupe, compartió los sueños que tenía para la institución durante una entrevista.

Uno de sus objetivos era, “que haya una celebración de aniversario número 20 y otra más a los 25 años, luego arrancamos de ahí”.

También expresó sus esperanzas de que la escuela eventualmente diera clases a estudiantes hasta octavo grado.

Buenas noticias para familias que están buscando una educación católica

Las metas de la hermana Swain no fueron en vano.  La primera clase de octavo grado se graduó el 7 de junio de este año y la escuela de Guadalupe celebrará su vigésimo aniversario en octubre.

Michelle Galuszka, directora de desarrollo de la escuela, dijo que tanto la hermana Swain como el Padre Tom Prag, un sacerdote jesuita que fue el fundador principal de la escuela, estaban “mirando hacia abajo con una gran sonrisa y estaban presentes durante la graduación de la primera clase de octavo grado”.

Galuszka, quien se convirtió en presidente de la escuela el pasado primero de julio, esta comenzando su quinto año en la institución y dice haber visto de primera mano el tremando crecimiento que ha experimentado el plantel.

Cuando la institución abrió sus puertas por primera vez al norte de Denver, era una escuela de kínder a segundo grado y poco tiempo después agregó de tercero a quinto grado.

“Abrimos pensando en la necesidad del vecindario de tener una escuela que reflejara la comunidad que lo rodeaba”, dijo Galuszka.

Sus fundadores decidieron que la institución sería una escuela católica de lenguaje dual (la única en Denver), debido a que el vecindario era predominantemente hispano.

Los peligros de una supuesta educación sexual en las escuelas de Colorado

Siempre quisieron poder ofrecer un programa de kínder a octavo grado. Fue hace 4 años, que la escuela se mudó al antiguo campus de “Presentation School” para aventurarse a una nueva expansión.  El día de hoy, la institución ofrece grados desde prekínder hasta octavo grado.

“Cuando dejamos nuestra antigua escuela y nuestro modelo de K-5, teníamos 124 estudiantes… terminamos el año escolar (2018-2019) con 214 estudiantes ¡es increíble!”, dijo Galuszka.

Philip Evans, un profesor de matemáticas y religión en la escuela, se involucró por primera vez con Escuela de Guadalupe a través de un programa para su maestría pero ha optado por quedarse un año más.

“Algunas de las cosas que me atraen a este lugar son la comunidad, lo dedicadas que son las familias, y el modelo de escuela bilingüe”, dijo Evans.

“Es un lugar en el que hablar español se celebra, algo que les da mucha seguridad a los estudiantes.  Valoramos ambos idiomas y los estudiantes se dan cuenta de eso”.

Evans agregó que la clase que se graduó de octavo grado en junio es “madura, independiente con un gran deseo de hacer la diferencia”.

También toman su fe muy en serio: este mes, 20 de los 21 graduados de la clase 2019 de octavo grado continuarán su educación en escuelas preparatorias católicas.

Cuando la Escuela de Guadalupe se dio cuenta que cada estudiante que aplicó a una preparatoria católica fue aceptado, “provocó una conmoción que atravesó el edificio”, dijo Galuszka.

“Nos emocionó saber que quieren eso para ellos mismos y que lucharon académicamente para ser aceptados en los lugares que querían”.

Ahora que la Escuela de Guadalupe cumplió su aniversario número 20 en agosto, Galuszka y sus colegas esperan con ansias un crecimiento aún mayor.

“Estoy muy emocionada por lo que le espera a esta escuela en el futuro… realmente deseamos ser un modelo para futuras instituciones en la forma que hemos adoptado el programa de lenguaje dual y basado en la fe para nuestros estudiantes”.

Un mensaje de bienvenida del Superintendente de las Escuelas Católicas de la Arquidiócesis de Denver

Aunque el aniversario de la Escuela de Guadalupe fue el 19 de agosto, la celebración oficial se llevará a cabo el próximo sábado 5 de octubre durante el evento ¡Salud!.

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Traducido y adaptado del original en inglés por Rocio Madera.

Próximamente: La belleza de la vocación familiar: ¿Qué forma una familia?

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La felicidad solo se obtiene cuando nos convertimos en lo que estamos llamados a ser: santos. Esta felicidad no es un simple sentimiento, sino que toma la forma de plenitud. Aunque no la podamos alcanzar completamente en la tierra, sí podemos comenzar a vivirla.

Para descubrir qué es verdaderamente la familia y cuál es su misión, debemos volver al principio del ser humano, al Génesis, a la creación. El relato de la creación nos muestra no solo quién es el hombre, sino también por qué Dios lo creó. Esta verdad se refleja no solo en la fe, sino en el mismo cuerpo y alma de todo hombre y mujer.

UN MATRIMONIO: HOMBRE Y MUJER

“Hombre y mujer los creó” GEN 1,27; MT 19,4

El designio de Dios para la familia comienza con la unión de hombre y mujer. El hombre y la mujer se complementan uno al otro en su cuerpo. Están hechos el uno para el otro. Solo en el acto sexual entre hombre y mujer se puede crear algo nuevo: el fruto de un hijo. Solo ellos pueden convertirse verdaderamente en “una sola carne” (Gen 2,23).

 

¿FAMILIAS “NO TRADICIONALES”?

Por eso no puede existir la distinción de familia “tradicional” y “no tradicional”, la cual, en vez de tener a un hombre y una mujer como padres, busca tener padres del mismo sexo. Tal distinción no es posible porque la unión entre personas del mismo sexo no puede ser estrictamente un matrimonio: no se pueden convertir en “una sola carne” porque sus cuerpos no se complementan. Tampoco pueden generar el fruto de un hijo, y no es por causa de un defecto físico, como sucede con parejas estériles, sino porque la falta de complementariedad biológica lo hace imposible como principio.

 

LA FAMILIA ES IMAGEN DE DIOS
“Creó Dios al ser humano a imagen suya” Gen 1,27
“Dios es amor” (I Jn 4,8) y es comunión (Jn 14,10; 14,26). Es un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y al ser creados a su imagen y semejanza, Dios ha escrito en todo nuestro ser esa vocación al amor y a la comunión. Dios nos creó por pura bondad, para que pudiéramos participar en esta comunión de amor.

La felicidad plena yace en esta participación del amor de Dios. Debido a que tenemos un cuerpo, podemos realizar esta vocación a la comunión de dos maneras en esta vida: por medio del matrimonio o la virginidad (o celibato). Ambas son maneras concretas de vivir la verdad del hombre y la mujer, de ser imagen de Dios, a través del don de sí mismo.

 

AMAR PARA SIEMPRE

“Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” GEN 2,23

Cuando los fariseos se acercaron a Jesús para preguntarle sobre el divorcio, Jesús contestó: “Lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Mt 19,8). Los discípulos contestaron alucinados: “Si tal es la condición… no trae cuenta casarse”. Se dieron cuenta de que el matrimonio conlleva una entrega total, fiel y para toda la vida. Se elige un amor exclusivo. Solo con la gracia que Dios da en el sacramento del matrimonio se puede alcanzar el designio que Dios tiene para el matrimonio.

 

PADRES SOLTEROS O DIVORCIADOS

Por diversas circunstancias, muchas familias llegan a encontrarse en situaciones complicadas, enfrentándose a la separación, el divorcio o un embarazo no deseado.

En estas circunstancias, alejarse de Dios no es la respuesta, pues él nos busca como buscó a la samaritana en el pozo para darnos vida nueva en medio de nuestros problemas (Jn 4). Los lazos familiares siguen siendo poderosos y Dios quiere actuar en ellos.

Para las personas que se encuentran en una situación similar, es de mayor importancia pertenecer a una comunidad de fe, donde podrán conocer la fe y encontrar el apoyo y acompañamiento necesario para vivir una vida de santidad. Esto puede implicar recibir el sacramento del matrimonio para las parejas que no se han casado o buscar la nulidad, pues es posible que el matrimonio anterior no haya sido válido.

 

APERTURA A LA VIDA

“Sean fecundos y multiplíquense” Gen. 1,28

En su designio de amor, Dios quiso que, en la entrega de amor entre hombre y mujer, ese amor se desbordara en la concepción de algo nuevo: de un nuevo ser. Sin embargo, en nuestra sociedad, el sentido de la unión sexual se ha perdido, y es común entenderlo solo como un instrumento de placer o sin el don de los hijos.

 

MÁS QUE PLACER

Cuando una persona se entrega en el acto sexual, dona lo más íntimo que tiene. Pero si se hace solo por placer, se usa el lenguaje de amor más alto que existe de manera contradictoria. En realidad, no es una entrega total, como el lenguaje sexual lo sugiere, sino parcial, con condiciones. El acto se rebaja e incluso hiere a la persona. Esta deja que lo más íntimo que tiene se convierta en algo sin sentido, contradiciendo su deseo de amor incondicional. Así se convierte en un pecado “contra su propio cuerpo” (1 Cor 6,18). La entrega total del cuerpo tiene que ir acompañada de una promesa en la que se entrega totalmente una persona a la otra: el matrimonio.

 

ANTICONCEPTIVOS

Por otro lado, muchos matrimonios tienen miedo a tener hijos por varias razones: el compromiso, el costo, el sufrimiento que podrían experimentar, la contaminación del medio ambiente… Por eso recurren a métodos anticonceptivos, dejando que su entrega deje de ser total. La Iglesia recomienda el uso de métodos naturales de planificación familiar, que les permite a los padres ser generosos y responsables sin corromper su entrega total. Para más información sobre este tema, recomendamos la carta pastoral “El esplendor del amor” de el arzobispo Samuel J. Aquila.