El pequeño camino de la Navidad

Escritor Invitado

Por, Dr. Michel Therrien, STL, STD, presidente del Grupo Preambula.

Para las familias en Navidad, la celebración del nacimiento de Jesús por parte de la Iglesia ofrece tres momentos de sublime encanto en esta vida, eso es, si prestamos suficiente atención. La primera es cuando somos niños y quedamos deslumbrados por el asombro romántico de la víspera y la mañana de Navidad. Suponiendo que tu familia celebraba la Navidad cuando eras niño, probablemente recuerdes la profunda sensación de un asombro casi místico. Las luces, los regalos, las comidas especiales, la música y la reunión de la familia se unieron para dejar una profunda impresión en el alma.

En la superficie, si puedo hablar por mí mismo, definitivamente estaba entusiasmado con los regalos, pero el significado más profundo de la celebración no se me perdió. Mis ojos estaban bien abiertos y la aparente magia de todo se agitó profundamente en mi alma, dejando impresiones y recuerdos duraderos que no he olvidado hasta el día de hoy. Tan pronto como el clima cambiaba, era imposible no esperar la Navidad desde las primeras semanas de noviembre. Cuando se terminaba, era difícil no sentirse decepcionado.

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El segundo gran momento de encanto es cuando, si somos tan bendecidos, podemos crear la misma experiencia para nuestros propios hijos. Parte de la atracción es recrear para ellos las condiciones que recordamos de las navidades pasadas cuando éramos pequeños; excepto que, en el papel de padre, uno comienza a descubrir los muchos pequeños actos de amor que estaban detrás de esos recuerdos de la infancia. ¡Todo el trabajo! La Navidad requiere de gran trabajo por parte de los padres, pero la clave es que los padres mantengan el recogimiento necesario durante el Adviento para recordar cómo era ser niño en Navidad.

Aún más, para superar el trabajo de la temporada de Adviento, los padres deben convertirse en niños (por así decirlo) y mantener el entusiasmo y la alegría que justifica el periodo previo a la celebración. Mi madre siempre se enfermaba mucho después de Navidad, algo que no es bueno. Sin embargo, ahora sé por qué; ella gastaba mucha energía para hacer una Navidad maravillosa y especial para la familia. Cuando terminaba, estaba exhausta y agotada. Es una especie de experiencia de parto, llevar a los hijos una vez más al misterio y el significado de la vida. Es esencial para una buena vida como adulto ver la Navidad con los ojos de un niño, lleno de asombro y promesa.

El tercer momento es cuando los abuelos ven a sus hijos replicar el asombro de la Navidad para los nietos. La alegría navideña no solo se trata solo de la bendición que recibe un niño en presencia de los abuelos, sino de que los abuelos vean a sus propios hijos llevar las tradiciones familiares y permitir que la infancia reine continuamente durante generaciones. La alegría que los niños traen a los abuelos es el espíritu libre y alegre de la “pequeñez”. Los niños no tienen pretensiones y son libres de amar y expresar alegría y emoción ante las simples bendiciones de la vida. Un poco menos obstruidos por la carga de la producción navideña, los abuelos se sienten aliviados de entregárselos a sus hijos y una vez más experimentan a través de sus nietos una especie de libertad para disfrutar el momento de la infancia espiritual.

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Por tanto, es así como la Navidad es todo sobre ser niño y la infancia espiritual. Se trata de poder ver la vida a través de los ojos de un niño, para permitir que Dios nos llene de asombro y alegría ante los simples regalos que coloca debajo del árbol de nuestra vida. Cada mañana podemos despertar a estos regalos, abrirlos y encontrar la verdadera alegría de nuestra existencia. Sin embargo, tenemos que tener la disposición de un niño para experimentar asombro ante esos dones y apreciarlos. Santa Teresa de Lisieux llamó a la infancia espiritual “el pequeño camino”.

El pequeño camino es el camino del amor que descubrimos en los pequeños actos de bondad que damos o recibimos de los demás. La alegría no es complicada, pero a menudo extrañamos esta profunda verdad, especialmente durante el Adviento y en Navidad. La alegría es simple. Surge cuando tenemos los ojos abiertos y el corazón de un niño para apreciar los pequeños dones de Dios que nos rodean, y simplemente alegrarnos de ellos. Los niños tienen que mostrarnos, o recordarnos como adultos, que la infancia espiritual es el Camino del discipulado cristiano. Como adultos, a menudo tenemos que resistir la tentación de quejarnos y del automartirio al servicio de la familia. El llamado siempre es construir una vida familiar con una actitud generosa y llena de alegría, especialmente durante las fiestas navideñas, que son días “santos”.

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La Navidad nos enseña una de las lecciones más importantes de la vida. Para crecer y ser “grande”, tenemos que aprender a seguir siendo niños y pequeños. Tenemos que cultivar el sentido del asombro y el misterio de la vida. No hay mejor manera de hacerlo que contemplar el regalo del niño que nació en Belén. Tenemos que contemplar el misterio de la propia infancia de Dios. El Dios del universo vino a nosotros por el pequeño camino de la infancia. Sin embargo, como adultos tendemos a hacer la vida complicada y demasiado sofisticada; o renunciamos por completo a la similitud de los niños. Jesús entró al mundo como un niño y creció en una familia. De muchas otras maneras, Dios podría haber hecho su entrada en la historia. Él eligió este camino de la infancia humana. Cuando era un bebé, revela el misterio más profundo del amor de Dios.

El amor divino por la humanidad es completamente libre, sin restricciones, generoso, abierto y lleno de asombro. Está encantado, romántico y extasiado. Como cultura, nos aferramos a estos elementos de la temporada navideña y continuamos celebrándolos año tras año porque hablan de los anhelos más profundos del corazón humano. Amar como un niño y ser amado como un hijo de Dios: este es el misterio de la existencia humana y la salvación que celebramos en Navidad. El niño Jesús es una revelación de nuestro camino hacia Dios. Tenemos que ser hijos de nuestro Padre Celestial, es decir, tenemos que ser como niños en nuestra relación con nuestro Padre. Este es el pequeño camino de Navidad y el significado de seguir a Jesús en nuestra vida.

Próximamente: Desafíos de la familia hispana católica en EE.UU.

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Este artículo es parte de una serie de artículos publicados en la última edición de la revisa de El Pueblo Católico. Para suscribirte y recibir la revista GRATIS, HAZ CLIC AQUÍ.

 

En busca del llamado “sueño americano”, las familias hispanas dejan su país de origen con la esperanza de encontrar una mejor vida. Sin embargo, en muchas ocasiones la realidad con la que se encuentran es otra y en ocasiones les impide cumplir su misión tanto familiar como personal. Es importante saber identificar estos retos para así poder superarlos.

 

Choque cultural

Al llegar a los Estados Unidos, la mayoría de las familias que emigran se encuentran con un choque de cultura que los limita en varios aspectos de su vida. Desde un idioma diferente hasta problemas legales de inmigración, estos factores de estrés pueden provocar que las familias pierdan de vista la fe y su verdadera misión.

“El choque cultural es el estrés de aculturación que se crea en la familia. Muchas veces es lo que divide la familia más que los problemas económicos y todo lo demás”.  – Dra. Yolanda Barrera, Psicóloga Clínica, especializada en familia y cultura latina.

IDIOMA

Gracias a la educación que reciben, los hijos de inmigrantes aprenden inglés más rápido que sus padres, sin embargo, muchas veces esto puede provocar que poco a poco dejen de emplear su lengua materna. Asimismo, la falta del inglés en los padres limita su participación en la vida escolar y social de los hijos, algo que con frecuencia afecta en el comportamiento de los hijos.

CONFLICTOS INTERGENERACIONALES

La “americanización” de los hijos crea serios conflictos, que están relacionados tanto con el idioma como con los niveles de adaptación entre padres e hijos.

“Los niños, con su deseo de pertenencia, se ‘americanizan’ rapidísimo. Todo esto genera mucho estrés en la familia” – Dra. Barrera.

Debido a estas diferencias, los conflictos familiares son cada vez más comunes, y se manifiestan cuando los hijos alcanzan la adolescencia y comienzan a estar más involucrados en actividades en la sociedad y poco apegados a los valores culturales y las tradiciones hispanas de sus padres.

ADAPTACIÓN Y EL PAPEL DE LOS PADRES

Los hispanos tienden a ser conservadores y tradicionales en su estilo de vida y en su cultura. Las costumbres del hombre latino los separan claramente de los hombres anglos, al igual que la mujer latina a la mujer anglo.

“Estamos hablando de la adaptación que tiene la familia al cambio de una cultura tradicional, jerárquica y con roles definidos”, indica la Dra. Barrera.

Al enfrentarse a una realidad distinta en un nuevo país, muchas familias se ven de alguna manera forzadas a redefinir sus roles en el hogar. Estos cambios afectan a todos ya que adquieren nuevos roles, con más carga de trabajo, pero para las mujeres con mayor poder en la toma de decisiones y en ocasiones en representación del marido ausente.

Aunque existen familias hispanas que se adaptan completamente a la cultura anglosajona, también hay otras que son muy tradicionales con respecto a su cultura y luchan diariamente para lograr adaptarse a un país que sienten ajeno.

INMIGRACIÓN Y RACISMO

El miedo a la deportación continúa siendo un gran desafío para muchas familias. Esto puede influir en un aislamiento familiar y la capacidad de involucrarse con otras culturas. El miedo a la deportación también tiene un impacto en la toma de decisiones relacionadas con la escuela, el lugar de residencia, el apoyo en los servicios médicos, las oportunidades de empleo e incluso su pérdida de fe.

Asimismo, las familias hispanas también tienen que enfrentarse diariamente a la creciente hostilidad en contra de ellos. Frecuentemente escuchamos sobre experiencias personales de racismo y la discriminación que sufren los hispanos en EE. UU.

 

Falta de comunicación

Una comunicación fluida y positiva es una de las claves para mantener a nuestra familia unida, algo que puede convertirse en un desafío para muchos. Existen varias razones que pueden provocar la falta de comunicación.

TECNOLOGÍA

Actualmente la tecnología trae consigo muchos beneficios, pero también puede generar dificultades en las relaciones familiares. A pesar de que tenemos todos los aparatos posibles para conectarnos, ahora muchos se sienten más alejados de sus seres queridos.

De igual manera, la tecnología influye en la manera que las nuevas generaciones ven la sexualidad. Es muy común que jóvenes y adultos utilicen este medio para obtener información respecto a la sexualidad. Sin embargo, al hacerlo, se pueden encontrar con diferentes tipos de información, incluyendo datos no concretos que provocan confusión. Peor aún, se pueden ver envueltos en un problema de adicción a la pornografía, que comúnmente causa conflictos conyugales o afecta el rendimiento de los hijos en muchas áreas.

TIEMPO

No es raro que muchos hispanos tengan que mantener dos empleos para poder sostener económicamente a la familia dentro y fuera de Estados Unidos, o que ambos padres tengan que salir a trabajar. Asimismo, muchos padres también encuentran una forma de “escape” de las responsabilidades familiares en el trabajo y deciden no pasar mucho tiempo en casa. Para otros, la prioridad no es la familia, sino los bienes materiales, lo que los lleva a descuidar a su familia.

Esto provoca no solo la falta de supervisión, si no de participación en la vida escolar y personal de nuestros hijos. Es así como los jóvenes comienzan a pasar demasiado tiempo en la calle con el riesgo de meterse en problemas como pandillas, drogas y crímenes.

 

Mantener la fe

Los problemas ya mencionados contribuyen a que la fe no se pueda trasmitir a la próxima generación, creando una división aún más grande en las familias. Sin embargo, la influencia de la cultura presente y la educación que reciben los hijos muchas veces hacen que su modo de ver el mundo cambie drásticamente, dejando afuera a Dios.

 CULTURA SECULARISTA

La cultura predominante que rodea a la familia en este país es una cultura que se ha olvidado de Dios. Incluso muchos de los que se llaman creyentes viven como si Dios no existiera. Y cuando no se cree en Dios, algo más toma su lugar. Hoy, el “yo” es lo que toma el lugar de Dios, dando lugar al individualismo y al materialismo. Así se comienza a vivir la vida como si el mundo girara alrededor de uno mismo.

RELATIVISMO MORAL

El relativismo moral es la creencia de que no hay verdad absoluta, sino solo verdades personales. Por eso con frecuencia se escucha a personas decir: “Cada uno puede creer lo que quiere”. Esto se extiende a los valores y creencias morales e intenta deshacerse del lenguaje “bueno” y “malo” o menospreciarlo como algo fantasioso. Así surgen creencias populares que chocan con la fe, como la ideología de género y el aborto. Cuando las nuevas generaciones se encuentran con estas creencias que chocan con su fe, con frecuencia las aceptan, porque no encuentran respuestas adecuadas por parte de sus padres u otras personas de fe.

FALTA DE FORMACIÓN

Cuando uno no conoce o entiende bien su fe, la pierde fácilmente. Muchas personas dicen que no encuentran una respuesta en la fe, sin embargo, tampoco se toman el tiempo para aprender bien por qué creen lo que creen como católicos. Este empobrecimiento en la fe muchas veces impide que los hijos sean también creyentes.

DISTRACCIÓN Y CONFUSIÓN

Es común dejar las cosas siempre para después y no dar el lugar adecuado a Dios en nuestra vida.  Los padres no se toman el tiempo para orar o pasar tiempo con los hijos por el trabajo u otras responsabilidades. Viven distraídos. Además, muchas veces no son coherentes con lo que creen, dando un mal ejemplo a los hijos: creen una cosa y hacen otra.

“¡La manera más eficaz para seguir inculcando los valores familiares a nuestras nuevas generaciones es predicar con el ejemplo! Los hijos deben ser testigos de cómo sus padres aman y temen a Dios, deben presenciar el respeto y la comunicación efectiva”. –  Lissa Jiménez, Terapeuta matrimonial y familiar

 

Consecuencias

Estos desafíos pueden tener como resultado un sin fi n de consecuencias que afectan a la familia entera, tanto físicas como emocionales, incluyendo la incomprensión entre padres e hijos, la desintegración familiar, adicciones y problemas de salud mental, entre otros.

Asimismo, emigrar a un nuevo país se ha convertido para millones de personas en un proceso asociado con enfermedades y niveles de estrés intensos. Estos altos niveles de estrés debido al constante sentimiento de fracaso, sensación de soledad, aislamiento social o miedo a ser deportado, a menudo provocan síntomas físicos que van desde fatiga, hasta enfermedades mentales o adicciones.

No obstante, debemos de recordar que siempre hay una luz al final del túnel. Es a través de la fe que las personas pueden alcanzar la paz y alegría. Si no recurrimos a Dios como fuente de sanación y restauración, todos nuestros intentos serán fallidos. Dios es la verdadera clave para mantener a las personas y familias saludables.

¡La manera más eficaz para seguir inculcando los valores familiares a nuestras nuevas generaciones es predicar con el ejemplo! Los hijos deben ser testigos de cómo sus padres aman y temen a Dios, deben presenciar el respeto y la comunicación efectiva”. –  Lissa Jiménez, Terapeuta matrimonial y familiar