El esplendor del amor destierra la oscuridad

Arzobispo Aquila

Vivimos en una cultura que está muy confundida sobre lo que es el amor, particularmente el aspecto sexual. Esta confusión, combinada con nuestra naturaleza humana caída, está hiriendo profundamente a muchas personas. Para compartir estas hermosas verdades y para ayudar a guiar a las personas del norte de Colorado, he publicado una carta pastoral llamada “El esplendor del amor”.

El próximo mes de julio se conmemoran los 50 años desde que el beato Pablo VI publicó la encíclica Humanae Vitae y “El esplendor del amor” es para celebrar el don de esta enseñanza y para afirmar la gran belleza de la guía que brinda la Iglesia a lo largo de los siglos sobre el amor conyugal.

Desde que fue publicada la Humanae Vitae hace 50 años, la sociedad americana ha llegado a un nivel de desarrollo que trae consecuencias tanto positivas como negativas.

Como aspecto positivo vemos que la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad humana ha sido profundizada por las enseñanzas de la Humanae Vitae, la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II y los avances hechos por los programas de Planificación familiar natural.

En el lado negativo, hemos sido testigos del cumplimiento de las predicciones del beato Pablo VI acerca de cómo el uso generalizado de anticonceptivos reduciría los estándares morales, dañaría las relaciones entre un hombre y una mujer y sería usada por los gobiernos como una medida coercitiva. Además, estamos experimentando algunas cosas que el Santo Padre ni siquiera pudo predecir: un aumento en los abortos, la propagación de enfermedades de transmisión sexual y una disminución en las tasas de natalidad y matrimonio.

Más recientemente vemos cómo ha incrementado la disponibilidad generalizada de pornografía y una cultura de relaciones sexuales sin compromiso con los nuevos medios de comunicación. Esto ha contribuido a convertir aún más nuestra sexualidad en un tipo de producto consumible o en una forma de entretenimiento.

Es precisamente en un mundo tan herido y distorsionado que Jesús nació. En Cristo, el amor de Dios se encarna e ilumina hoy nuestras vidas, y es irradiado a través de nuestras familias en la sociedad.

Las enseñanzas de la Iglesia sobre la sexualidad humana cambian vidas. Esto lo  experimenté cuando era obispo de Fargo. Un día recibí una carta de una mujer joven que me dijo:

“Le escribo hoy para agradecerle y para hacerle una pregunta. No lo conozco personalmente. Cuando me dijeron que tendríamos que hacer un curso completo de planificación natural de unos 3 o 4 meses para nuestra preparación matrimonial, no me gustó nada. Sin embargo, después del curso, que incluyó la Teología del Cuerpo, me llené de alegría y la pregunta que surgió en mi interior para usted es esta: ¿por qué no recibí esta enseñanza tan valiosa en la preparatoria? Me habría evitado mucho dolor en el corazón y mucha confusión durante mis años en la universidad. He compartido esta enseñanza con mi hermana menor, que está en la preparatoria para que ella no cometa los mismos errores que yo cometí”.

El mensaje que ella recibió es que la sexualidad es un don y que, cuando es utilizado adecuadamente, este refleja el amor de la trinidad, el cual le da una gran dignidad. Además, el “lenguaje” del acto marital le comunica a su esposo que su amor la involucra en todo su ser, no deja nada para sí, es fiel y fructífero.

A pesar de que la cultura secular diga que no hay verdades objetivas, nosotros estamos hechos para la verdad, incluso cuando resulta un reto vivir de acuerdo con las verdades divinas acerca de la sexualidad. En el Evangelio, Jesús nos enseña: “Les he dicho esto para que mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea colmado” (Jn. 15, 11). Muchos en nuestra cultura consideran que las enseñanzas de la Iglesia son una mala noticia, una carga y fuente de represión, pero debemos ayudarlos a ver con el testimonio de nuestra alegría y verdadera libertad que esto ayudará a superar muchas cargas y heridas que vienen de familias y de maneras de vivir la sexualidad rotas. Jesús desea nuestra felicidad y nos pide compartir esto con otros.

Nada de esto es posible sin antes conocer y experimentar el amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Debemos fortalecernos a nosotros mismos con la gracia que Él nos da en los sacramentos, con la oración y con la continua conversión.

Con estos sólidos fundamentos el esplendor del amor de Dios puede brillar aún de manera más intensa en nuestros corazones y hacernos capaces de imitar el amor generoso y sacrificial que se encuentra en el corazón de la trinidad y en el corazón de la cruz. Esto nos da la gracia de vivir como Cristo, de acoger nuestros sufrimientos uniéndolos a su cruz y de encontrar la verdadera felicidad cuando nos entregamos en el amor.

¡Que Dios les dé la valentía, la perseverancia y la alegría de vivir su plan para el amor matrimonial y la sexualidad humana! Para leer la carta apostólica en español vaya a

http://archden.org/wp-content/uploads/2018/02/splendor-of-love_ES_web.pdf

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Es realmente una maravilla que tengamos el don de la Biblia, a través del cual Dios nos habla, nos convence, nos sana y nos nutre en nuestro viaje. En reconocimiento de la importancia de las Escrituras, el 26 de enero la Iglesia celebrará el primer “Domingo de la Palabra de Dios”.

La Palabra de Dios es esencial para nuestra identidad como cristianos. Nos da fuerza, sanación y nutrición. El Catecismo habla de las Escrituras como el lugar donde “la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza, porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios” (CIC, 104). Es fácil perder de vista lo bendecidos que somos de tener este poderoso regalo, este alimento espiritual.

¿Cuántos de nosotros podemos decir que en el último día o semana hemos leído estas palabras santas y transformadoras que Dios nos ha dirigido? ¿Amamos la Palabra de Dios y permitimos que se escriba en nuestra mente y corazón al leerla en oración y con frecuencia? ¿es la Palabra de Dios parte del tejido de nuestras vidas?

El gran predicador san Juan Crisóstomo dio una homilía sobre Mateo 2 en la que preguntó a las personas reunidas en la iglesia: ¿Quién puede repetir un salmo o cualquier otra porción de las Escrituras?

Miró a su alrededor y observó que “no había ni una” sola persona que pudiera responder. El argumento que escuchó con mayor frecuencia fue: “No soy … un monje, sino que tengo esposa e hijos, y el cuidado de mi hogar”.

San Juan Crisóstomo respondió que creer que leer la Biblia era solo para monjes es lo que los había llevado a la ruina, ya que aquellos que están en el mundo “reciben heridas diariamente” y tienen la mayor necesidad del medicamento de la Palabra de Dios. Como sabemos, los que tienen heridas y no las tratan, se infectan, y si no se tratan, pueden morir.

Consciente de la importancia vital de las Escrituras, el Papa Francisco anunció recientemente en su Carta Apostólica, Aperuit Illis, que el 26 de enero de 2020, el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, será el primer día en que toda la Iglesia observe el “Domingo de la Palabra de Dios”. Este día, escribió, debe estar marcado por la “celebración, estudio y divulgación de la palabra de Dios” (Aperuit Illis, 3).

Sin embargo, el Papa advierte que un día dedicado a la Biblia “no debe verse como un evento anual sino más bien como un evento durante todo el año, ya que necesitamos crecer urgentemente en nuestro conocimiento y amor de las Escrituras y del Señor resucitado” (AI, 8), para que nuestros corazones se purifiquen por su verdad y nuestros ojos se abran a nuestros pecados.

Entre las prácticas que frecuentemente recomiendo a las personas para promover una vida de conversión continua están la participación regular en los sacramentos y la oración diaria con las Escrituras. Específicamente, te alentó a la práctica de la Lectio Divina, que implica meditar en las Escrituras al involucrar tus pensamientos, imaginación, emociones y deseos mientras lees. El objetivo de Lectio Divina es principalmente experimentar un encuentro íntimo con Jesucristo, el Padre y el Espíritu Santo. A través de este encuentro, todo nuestro ser se somete más estrechamente a Dios, recibiendo y creyendo cada vez más en el amor del Padre por nosotros de una manera personal y particular, aumentando así nuestro amor y conocimiento de las tres personas de la Santísima Trinidad.

Esta experiencia de escuchar la voz de Dios y familiarizarse con sus movimientos dentro de nosotros, cambia la forma en que vemos el mundo que nos rodea. Pronto, nos volvemos mucho más atentos a su presencia en nuestras relaciones, en la creación y especialmente dentro de la Misa. “En este sentido, la lectura en oración de la Sagrada Escritura actúa como la puerta de entrada a un nuevo Edén, donde el hombre una vez más vive en la presencia consciente de su Hacedor y Salvador” (Sacraments Through Scripture: A Still Small Voice, p.4).

Sé que cuanto más leo y rezo con las Escrituras, y especialmente con los Evangelios, más se convierten en una palabra viva que penetra en mi corazón, de modo que me convenzo más del amor personal del Padre por mí.

Mientras lees esta columna, te animo a que pienses en cómo puedes usar el “Domingo de la Palabra de Dios” como una oportunidad para pedirle a Dios un amor más profundo por su Palabra y aumentar tu deseo de conocerlo a través de las Escrituras. San Jerónimo enseñaba que “la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo”. Cuando conocemos a Jesús a través de la Biblia, realmente somos transformados y experimentamos alegría, incluso en tiempos de prueba o sufrimiento. Que cada uno de nosotros experimente un renovado amor por la Biblia para que seamos verdaderos discípulos que lleven a Cristo a los confines de la tierra.

Imagen destacada de Josh Applegate | Unsplash