El camino al seminario

Escritor Invitado

Por Todd Smith

Cuando llegamos a la edad adulta, elegimos carreras para mantenernos a nosotros y a nuestros seres queridos. Ya sea que nos convirtamos en médicos, maestros o trabajadores de mantenimiento, todas las vocaciones son esenciales para nuestro desarrollo personal y para el enriquecimiento de la sociedad.

Sin embargo, el camino hacia el sacerdocio es muy diferente, principalmente porque el futuro sacerdote no elige la vocación: Dios lo llama. Al igual que Cristo llamó a sus 12 apóstoles, cada seminarista es convocado internamente por Dios para servir como ministro del pueblo y como mediador entre Dios y el hombre.

El llamado vocacional de cada seminarista es diferente. Michael Pitio, seminarista del Seminario Misionero Redemptoris Mater (RM por sus siglas en ingles), se sintió llamado al sacerdocio a una edad temprana. Eligió a RM porque sentía que su vocación era ser un sacerdote misionero.

Trevor Lontine, seminarista del Seminario Teológico de Saint John Vianney, recientemente compartió que ingresó a un seminario inmediatamente después de la preparatoria, donde permaneció durante dos años, antes de decir irse y asistir a la universidad. Fue durante sus años de universidad ayudando en el trabajo del ministerio cuando escuchó el llamado para regresar al seminario. Estaba lleno de alegría sabiendo que nuestro Señor lo estaba llamando de regreso. Y esta vez a Trevor le está yendo muy bien, y está cada vez más seguro de su vocación.

Dentro de la Iglesia, hay numerosas órdenes religiosas. Por lo general, una orden religiosa se centrará en un apostolado específico, como la enseñanza, la educación, la atención médica o el trabajo misionero. Por otro lado, los sacerdotes diocesanos se centran más que nada en el trabajo parroquial. Con muchas opciones vocacionales disponibles, cada seminarista es alentado a investigar y orar para determinar dónde siente que Dios lo está llamando.

Tenemos la bendición de residir en una diócesis que ofrece retiros de discernimiento espiritual donde los hombres se centran en su llamado vocacional. Si un posible seminarista determina que está siendo llamado a servir como sacerdote diocesano, se reunirá regularmente con el Director de Vocaciones Sacerdotales antes de comenzar el proceso de solicitud. Luego se somete a una rigurosa evaluación psicológica y una verificación de antecedentes. Una vez aceptado en el seminario y antes de participar en el trabajo del ministerio, debe completar el programa de capacitación de Ambiente Seguro.

“Ser un hombre de verdad es darte cuenta de que tu vida no se trata de ti. El hombre quiere marcar la diferencia en el mundo, pero no puedes dejar una marca si no estás comprometido con algo. Nada es fructífero sin un compromiso “, dijo el Padre Ryan O’Neill al Denver Catholic, cuando fue nombrado Director de Vocaciones Sacerdotales.

Todos estamos llamados a una vida de oración y servicio mutuo. Los seminaristas no son diferentes. En el Seminario Teológico St. John Vianney, todos los estudiantes se inscriben en el Programa del Año de la Espiritualidad para cultivar una comunión más profunda con Cristo a través de la oración intensa, la adoración eucarística, retiros, estudios del Catecismo de la Iglesia Católica, la Sagrada Escritura y los clásicos espirituales. Durante el Año de la Espiritualidad, también participan en diversas obras de misericordia corporales y espirituales – visitando a los ancianos, enseñando a los jóvenes o ministrando a los enfermos – como una oportunidad para servir a los demás y acercarse al corazón de Cristo.

Durante el segundo año, avanzan en sus estudios académicos y formación espiritual. En promedio, cada seminarista invierte siete años en preparación para el sacerdocio.

Cuando se le preguntó qué es lo que espera después de su ordenación al sacerdocio en mayo de 2020, Adrián Hernández, diácono de transición en el Seminario Teológico de St. John Vianney, respondió:

“Estoy ansioso de ver el tipo de historia que Dios va a escribir conmigo. Como dijo una vez Santa Teresa de Calcuta: ‘Solo soy un simple lápiz en la mano de Dios’. Él es el escritor, y yo solo soy el lápiz”.

Para contribuir a las misiones de St. John Vianney y Redemptoris Mater en la formación de nuestros futuros sacerdotes, done hoy a la Campaña Anual de los Seminarios visitando sjvrm.org.

Si usted o alguien que conoce siente el llamado interno de Dios para ser sacerdote, comuníquese con el Padre Ryan O’Neill, Director de Vocaciones Sacerdotales al 303-282-3429.

Próximamente: Santa Inés, Mártir; patrona de las jóvenes, las novias y la pureza

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El 21 de enero se celebra la Fiesta de Santa Inés, patrona de las jóvenes, las novias, las prometidas en matrimonio, de la pureza y de los jardineros. En relación a la Santa surgió la costumbre de los corderos blancos, cuya lana se utiliza para hacer los palios de los Arzobispos.

Su nombre latino es “Agnes”, asociado a “agnus” que significa cordero. Según la leyenda más conocida, Santa Inés era una joven hermosa, rica y pretendida por muchos nobles romanos. No aceptó a ninguno, aduciendo que ya estaba comprometida con Cristo, y la acusaron de ser cristiana.

Fue llevada a un prostíbulo, pero unos ángeles y señales celestes la protegieron. Entonces la pusieron en una hoguera que no la quemó. Finalmente, fue decapitada en el año 304.

Constantina, la hija de Constantino, le edificó una basílica en la Vía Nomentana y su fiesta se comenzó a celebrar a mediados del siglo IV.

En el tratado de San Ambrosio sobre las vírgenes, se lee que por tradición se sabe que Santa Inés murió a los doce años. Antes de su martirio se mantuvo “inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas”.

“No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria… Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales”, dijo San Ambrosio.

Se dice que el verdugo hizo lo posible para asustarla y atraerla con halagos porque muchos desearon casarse con ella, pero Santa Inés respondió: “sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que no quiero”.

La Santa oró y doblegó la cerviz ante el verdugo que le temblaba la diestra para dar el golpe, pero ella permanecía serena. “En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio”, concluyó San Ambrosio.

A Santa Inés se le representa como una niña o señorita orando, con diadema en la cabeza y una especie de estola sobre los hombros, en alusión al palio. Va acompañada de un cordero a sus pies o en sus brazos y rodeada de una pira, espada, palma y lirios.

 

Artículo publicado originalmente en AciPrensa.