Descubre tus dones y carismas para dar gloria a Dios

Se realizó en Denver el ECCLE Encuentro Católico Carismático de lideres estadounidenses.

Carmen Elena Villa

(Fotos de Anya Semmenoff)

¿Qué dones me ha dado Dios? ¿Cómo descubrirlos? ¿Cómo ponerlos a su servicio para edificar su reino en la tierra? Este fue el tema principal del Encuentro Católico Carismático de líderes estadounidenses ECCLE, que se realizó en Denver del 3 al 5 de mayo pasados, el cual contó con 500 participantes de todo el país.

“Hay diversidad de carismas, pero un mismo espíritu; diversidad de ministerios, pero un mismo Señor, diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos”, dice el apóstol San Pablo en su carta a los corintios (I Co. 12: 4 – 7). “A cada cual se le otorga una manifestación del Espíritu para provecho común”, escribió el Apóstol de Gentes hace 2 mil años.

A algunos, Dios les da talentos artísticos. A otros, culinarios. Unos tienen en cambio una gran capacidad organizativa. Los dones son características más profundas: don de profecía, de sanación o de lenguas.  La oración, la comunidad de amigos en el Señor -que puedan mirar y admirar tus dones- son algunos de los espacios para descubrirlos y desarrollarlos. “Los dones y carismas nos unen a la vida humana sobrenatural y nos permiten descubrir quién soy, cómo soy, cómo Dios me ha hecho y la obra de Dios en mí”, dijo en diálogo con El Pueblo Católico el padre Jaime Pérez, canciller de la arquidiócesis de Manizales, Colombia y quien viajó a Denver para ser uno de los principales conferencistas del ECCLE.

El padre Jaime Pérez viajó desde Colombia para ser uno de los principales conferencistas del ECCLE. 

“Hay dones y carismas que uno recibe desde siempre, pero hay otros que el Señor le va dando según la necesidad de la comunidad”, asegura el padre Pérez. “Si en ese camino de santidad Dios me llama a una misión, la gracia de estado me dará los dones y carismas para cumplir aquello que me está pidiendo”, indica el sacerdote.

Una actitud básica para descubrir estos carismas es la humildad, que le permite al hombre buscar verse a sí mismo como Dios le ve. Con los ojos de la humildad se puede “descubrir en la vida cotidiana lo que Dios me ha regalado desde mi personalidad y desde lo que soy”, asegura el padre Pérez. Así “se unen la vida humana y sobrenatural descubriendo quién soy, cómo soy, cómo Dios me ha hecho y la obra de Dios en mí”.

Monseñor Joseph Malagreca.

Por su parte monseñor Joseph Malagreca, director espiritual del Comité Nacional Hispano de la Renovación Carismática, recomienda: “Que pertenezca a una comunidad que promueva los carismas y que no tenga miedo, que se arriesgue”.

El sacerdote se refiere también a los obstáculos para que un católico del siglo XXI descubra sus carismas: “El miedo, el fijarse solamente en un punto negativo de uno mismo, la duda y la falta de oración”, dijo en diálogo con El Pueblo Católico.  Aseguró que también hay pecados como “la envidia, el orgullo, el egoísmo, la vanagloria” que ciegan la capacidad de ver y por lo tanto de poner al servicio de los demás los propios carismas”.

Una novedad, de la que muy pocos hablan es que “la vida moral del cristiano se sostiene en el ejercicio de los dones y carismas”, según dice el padre Pérez parafraseando el Catecismo de la Iglesia Católica. “La vida moral es el actuar del ser humano y si lo viviéramos desde la generosidad y el ejercicio de los dones y carismas que Dios nos dio, creo que insistiríamos menos en discursos que santanizan nuestras acciones y nos preocuparíamos mucho más por vivir en el amor que es el gran carisma que el Espíritu Santo nos da”.

Los dones son, pues “semillas que debemos hacer crecer y desarrollar”, dice monseñor Malagreca. Por esto concluyó en la misa de clausura de este evento: “¿Qué vas a hacer tú? ¿Vas solo a repasar tus notas, de este evento? Un ECCLE siempre lleva una enseñanza muy interesante. Nos envía a hacer algo ¿Qué vas a hacer en tu diócesis y en tu grupo? Espero que hagas más vivos tus dones. Que reavives los carismas y que ello fructifique en tu parroquia y tu diócesis”.

 

 

 

 

Próximamente: ¿Cómo puedo perdonar a alguien que me ha hecho daño a mí o a un ser querido?

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Todos sufrimos, de vez en cuando, situaciones de injusticia, humillaciones, rechazos, ofensas, maltratos, abusos y agresiones, que nos provocan reacciones de resentimiento que llegan hasta el odio y deseos de venganza. A veces las sufrimos, pero a veces somos nosotros los que las infringimos. En ocasiones necesitamos perdonar y frecuentemente necesitamos ser perdonados.

El perdón nace de uno, de una decisión que toma uno, algo interno que uno elige. Pero perdonar no es automático y no es cuestión de solo querer hacerlo, muchas personas querrían perdonar pero no pueden hacerlo, como muchos también querrían ser ricos y no solo por desearlo ya lo lograron. Así el perdón: no basta con desearlo, hay que trabajar para ello. Primero que nada se deben cultivar virtudes en la vida como: el amor, la comprensión, la generosidad, la humildad, la misericordia, el abrirse a la gracia de Dios, por mencionar algunas. Por lo tanto, el poder perdonar es consecuencia no solo de un deseo sino de una vida virtuosa como lo requiere nuestra fe Católica.

Jesús nos dice que debemos perdonar hasta setenta veces siete, que es decir prácticamente siempre:

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mt 18:21-22).

El perdón se ha convertido en nuestra sociedad en señal de debilidad y cobardía, pero la verdad es que sólo es capaz de perdonar quien tiene grandeza de corazón, y el mejor ejemplo lo encontramos en Jesús; el perdón es esencial para cristianismo y para el verdadero amor. Es necesario perdonar a los demás, para poder ser completamente libre. Si no somos capaces de perdonar seguiremos viviendo aferrados al pasado; vamos arrastrando resentimientos que nos oprimen el corazón sin ser capaces de amar porque alguien nos engañó, sin ser capaces de confiar porque alguien nos traicionó, sin ser capaces de aceptar a los demás porque alguien nos rechazó; en definitiva, sin permitirnos crecer ni ser felices, sin tener paz en el corazón ni alegría en el espíritu, sin tener luz ni disfrutar de la vida.

Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar y de insatisfacción generales. Superar las ofensas es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida.

Perdonar es un acto de fortaleza espiritual, un acto liberador. Es un mandamiento cristiano y además un gran alivio. Significa optar por la vida y ponerse en el camino de la salvación:

“Porque si ustedes  perdonan a los hombres sus ofensas, los perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco su Padre los perdonará a ustedes ofensas” (Mt 6:14-15).

 

Image by Daniel Reche from Pixabay