De Columbine a Cristo

"No solo Dios me sacó de Columbine, sino que también me dirigió a Él"

Escritor Invitado

Por: Mark Haas

Cada día escolar durante casi dos años, Jenica Thornby pasaba su hora de almuerzo en la biblioteca de Columbine High School en Littleton, Colorado. Todos los días, excepto el 20 de abril de 1999.

“Estaba sentada en mi clase de arte cuando de repente sentí la necesidad de dejar la escuela. Recuerdo que pensé: no hay forma de que me convenzan de quedarme”, dijo en diálogo con El Pueblo Católico.

Thornby encontró a su amiga con la que siempre estudiaba y la convenció para que se fuera también. Mientras se alejaban en un auto que su padre le había comprado apenas una semana antes, vieron a cientos de estudiantes salir corriendo de la escuela. La joven siguió manejando pensando que tal vez esto era un simulacro de incendio.

Pero la verdad era otra… en el interior de la escuela, dos estudiantes habían ingresado con armas de fuego, mataban a 12 estudiantes y un maestro, y herían a más de 20 personas antes de suicidarse. En los días siguientes, Thornby se enteró de que muchas de las víctimas estaban en la biblioteca, donde cualquier otro día ella habría estado sentada.

“La única razón por la que no estaba allí era porque tenía la necesidad de irme. Eso fue difícil de comprender, así que me pregunté: “¿Qué me dio ese impulso?, ¿por qué no estaba allí?”

Dos décadas después, Jenica es la hermana Mary Gianna, religiosa de Las Discípulas del Señor Jesucristo. Tomó el nombre de Mary Gianna, por Nuestra Señora de Gracia y por santa Gianna Beretta Molla, la doctora italiana que murió ganando tiempo para su bebé. En el vigésimo aniversario de la masacre de Columbine, compartió su historia.

 

Buscando la realización

La hermana Mary Gianna creció en Texas, después en California y luego en Colorado. Tenía padres amorosos, pero como familia no practicaban ninguna religión.

Después del tiroteo en la escuela, como muchos de sus compañeros de clase, Jenica tuvo dificultades para enfrentarse a lo ocurrido. Junto con las cicatrices emocionales del acoso escolar en su adolescencia y otras inseguridades, dijo que trató desesperadamente de encajar en algún lugar. “Comencé a beber y a ir a fiestas, pensando que, si estaba en una relación, entonces sería feliz”, recordó la religiosa.

Pero casi al final de su tercer año de secundaria, un compañero de clase que al parecer tenía todo a su favor, se suicidó, y la hermana Mary Gianna dijo que en su último año la situación tocó fondo.

“Si él tenía tanto dolor y sufrimiento y se quitó la vida, ¿qué hago con todo mi sufrimiento y mi dolor?”, se preguntó Jenica a sí misma. “Pensé que me quitaría la vida antes de cumplir 18 años”.

Fue ese año que una amiga la invitó a ir a un grupo de jóvenes en la parroquia St. Frances Cabrini, donde la hermana conocería a Kate, la líder de Pastoral Juvenil.

“Recuerdo haber visto algo diferente en (Kate)”, dijo la hermana Mary Gianna. “Ella era tan brillante, tan llena de vida. Podría decir que tenía algo en su vida que faltaba en la mía”. La religiosa dijo que Kate y el grupo de jóvenes le presentaron a un Dios que la amaba y que tenía un plan para su vida.
“Sentía que era una basura para ser tirada, y (Kate) me decía que estaba hecha a imagen y semejanza de Dios, y  ‘si Dios te creó, ¿cómo puedes llamarte basura?'”, recuerda. “Me di cuenta de que Dios tenía un plan, y me encantan las palabras de San Agustín: ‘Mi corazón está inquieto hasta que no descanse en ti’, y entendí que no solo Dios me sacó de Columbine, sino que me guiaba hacia Él”.

 

RCIA, NET y DDSJ

Después de graduarse de la escuela secundaria, con el apoyo de sus padres, Jenica eligió asistir a Franciscan University of Steubenville, donde su primer año pasó por RCIA (Rito de iniciación cristiana de adultos, por sus siglas en ingles) y fue recibida en la Iglesia Católica en la Vigilia Pascual del año 2002.

Después de la universidad, pasó un año con NET (Equipo Nacional de Evangelización por sus siglas en ingles), compartiendo su testimonio con adolescentes de todo el país. Al mismo tiempo, a través de los consejos de los demás, comenzó a considerar la vida religiosa. “Sentí que Dios quería valerse de mí para guiar a otros a Cristo como la líder juvenil me había llevado a Cristo”, dijo la hermana Mary Gianna. “Y descubrí que Dios me estaba llamando para compartir cómo Él había trabajado en mi vida, mi testimonio personal”.

La hermana Mary Gianna recordó cómo le impactaron las palabras que leyó en un libro del padre Benedict Groeschel. “Él escribió: ‘En lugar de preguntarle a Dios por qué sucedió algo, pregúntale, ¿qué quieres que haga?'”.

En el 2010, Jenica ingresó a la vida religiosa como miembro de las Discípulas del Señor Jesucristo, recibió el nombre de Hermana Mary Gianna y pasado 4 de agosto, emitió sus votos perpetuos. Ahora sirve en el centro de retiros The Ark and The Dove (El Arca y la Paloma) en Pittsburgh, Pensilvania donde nació la Renovación Carismática en 1967.

 

 Reacciones en cadena

De pie en el centro del Columbine Memorial en Clement Park, la hermana Mary Gianna se siente atraída por la placa que recuerda a Rachel Joy Scott.

Rachel fue una de las primeras estudiantes que recibió disparos el 20 de abril de 1999, y luego de ser herida, uno de los hombres armados le preguntó si aún creía en Dios, a lo que Rachel respondió: “Sabes que sí”, luego el hombre le disparó en la cabeza.

“Desafortunadamente, los dos muchachos hablaron sobre cómo querían iniciar una reacción en cadena de muerte, violencia y destrucción”, dijo la hermana Mary Gianna. “Sin embargo, Rachel tenía la teoría de que, si una persona pudiera salir de su camino y mostrar compasión y amabilidad, nunca sabríamos qué tan lejos llegaría esta actitud y podría así comenzar su propia reacción en cadena”.

La hermana Mary Gianna dijo que la historia de Rachel se ha convertido en una inspiración para ella, y providencialmente, la familia de Rachel jugó un papel en su propia conversión. El día después del tiroteo ella estaba en la casa de una amiga y la madre de su amiga le compartió a la tía de Rachel cómo se había ido justo antes de que comenzara el tiroteo. La tía de Rachel respondió: “Dios debe tener un plan para tu vida”. Esta fue una de las primeras semillas sembradas en el corazón de Jenica, la que comenzó a crecer, y mientras que ella continuó diciendo “sí” a Dios, la llevó a la vida que tiene hoy.

“Incluso cuando no conocía a Dios ese día en Columbine, Él me sacó de la escuela, me protegió”, dijo la hermana Mary Gianna. “Me amaba tanto que se acercó a mí y me mostró este camino de vida”.

“En medio de la tragedia, Dios puede traer el bien, Dios puede sacar la vida de la muerte. La peor tragedia fue la muerte de Jesús en la Cruz, y eso nos llevó a la salvación. Así, en medio de esta tragedia de Columbine, Dios pudo traer el bien”, concluye la religiosa.

Traducido del original en inglés por Mavi Barraza.

Próximamente: ¿Cómo puedo perdonar a alguien que me ha hecho daño a mí o a un ser querido?

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Todos sufrimos, de vez en cuando, situaciones de injusticia, humillaciones, rechazos, ofensas, maltratos, abusos y agresiones, que nos provocan reacciones de resentimiento que llegan hasta el odio y deseos de venganza. A veces las sufrimos, pero a veces somos nosotros los que las infringimos. En ocasiones necesitamos perdonar y frecuentemente necesitamos ser perdonados.

El perdón nace de uno, de una decisión que toma uno, algo interno que uno elige. Pero perdonar no es automático y no es cuestión de solo querer hacerlo, muchas personas querrían perdonar pero no pueden hacerlo, como muchos también querrían ser ricos y no solo por desearlo ya lo lograron. Así el perdón: no basta con desearlo, hay que trabajar para ello. Primero que nada se deben cultivar virtudes en la vida como: el amor, la comprensión, la generosidad, la humildad, la misericordia, el abrirse a la gracia de Dios, por mencionar algunas. Por lo tanto, el poder perdonar es consecuencia no solo de un deseo sino de una vida virtuosa como lo requiere nuestra fe Católica.

Jesús nos dice que debemos perdonar hasta setenta veces siete, que es decir prácticamente siempre:

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mt 18:21-22).

El perdón se ha convertido en nuestra sociedad en señal de debilidad y cobardía, pero la verdad es que sólo es capaz de perdonar quien tiene grandeza de corazón, y el mejor ejemplo lo encontramos en Jesús; el perdón es esencial para cristianismo y para el verdadero amor. Es necesario perdonar a los demás, para poder ser completamente libre. Si no somos capaces de perdonar seguiremos viviendo aferrados al pasado; vamos arrastrando resentimientos que nos oprimen el corazón sin ser capaces de amar porque alguien nos engañó, sin ser capaces de confiar porque alguien nos traicionó, sin ser capaces de aceptar a los demás porque alguien nos rechazó; en definitiva, sin permitirnos crecer ni ser felices, sin tener paz en el corazón ni alegría en el espíritu, sin tener luz ni disfrutar de la vida.

Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar y de insatisfacción generales. Superar las ofensas es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida.

Perdonar es un acto de fortaleza espiritual, un acto liberador. Es un mandamiento cristiano y además un gran alivio. Significa optar por la vida y ponerse en el camino de la salvación:

“Porque si ustedes  perdonan a los hombres sus ofensas, los perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco su Padre los perdonará a ustedes ofensas” (Mt 6:14-15).

 

Image by Daniel Reche from Pixabay