¿Cómo sé si mi ser querido necesita ayuda de un psicólogo?

“Solo los locos necesitan un psicólogo”. ¿Quién no ha pensado o escuchado esto antes?

Sin embargo, los problemas de salud mental son mucho más comunes de lo que parecen. De hecho, más de 8.9 millones de hispanos en los Estados Unidos fueron diagnosticados con algún tipo de trastorno de salud mental en el 2018.  Eso es 1.5 de cada 10 hispanos – ¡solo en el 2018!

El Pueblo Católico consultó con Diana Pineda, directora y fundadora de VUELA for Health, una organización que ayuda a promover la salud en la comunidad hispana. Diana ha impartido talleres sobre la salud mental en la arquidiócesis en convenio con Centro San Juan Diego. Estos talleres buscan quitar el miedo de detectar y tratar problemas de la salud mental y educar sobre cómo identificar qué es y qué no es normal en uno mismo y en los hijos.

“Debemos aceptar que… [puede ser] que nuestro cerebro no [esté] funcionando de la manera que debe en cuestiones emocionales”, dijo Diana al explicar la salud mental. “Y así como se enferma nuestro corazón, nariz o pierna, así se enferma el cerebro”.

Diana explicó que los problemas de salud mental se pueden manifestar de muchas maneras, tanto en adultos como en adolescentes y niños.

Señales en uno mismo y en los hijos

Una de estas señales es la lucha constante interna que se manifiesta.

“Eso es lo difícil porque una parte de ti dice: ‘¡Estoy bien, estoy bien!’ y la otra parte de ti dice: ‘No me quiero levantar de la cama’, pero te tienes que levantar de la cama”, explicó Diana. “[Es importante] darnos cuenta de que en muchas ocasiones traemos más de lo que podemos, y necesitamos ayuda”.

La prevalencia de problemas de salud mental entre jóvenes es también alarmante, pues, como un estudio ha encontrado, el 25.6 porciento de jóvenes mujeres de origen latino en high school experimentan pensamientos suicidas.

Pero ¿qué es normal en los comportamientos de los hijos y qué se debe simplemente a la adolescencia?

Primero, Diana subrayó que es importante saber que la etapa de juventud y los cambios de desarrollo en el cuerpo y cerebro, empiezan incluso a los 10 años de edad.

En esta etapa “es normal que el niño se aísle de la familia, pero no es normal que el niño se aísle del mundo”.

“Cuando ya no quiere estar conmigo, es normal… quieren estar más con las amistades, pero no es normal que el niño solamente quiera estar encerrado”, dijo.

“Incluso es normal que el niño ya no quiera jugar un deporte que antes jugaba y que quiera hacer otra cosa. Sin embargo, no es normal que el niño quiera dejarlo y no hacer nada”, explicó Diana.

Igualmente, otros síntomas pueden incluir el enojo constante, cambios de alimentación o hasta la hiperactividad.

Comentarios suicidas

Aun más claros son los comentarios de muerte o suicidio.

“A veces los padres dicen: ‘Mi hijo escribió una nota diciendo que no quiere vivir… o que sería mejor que no existiera. ¿Es chantaje?’”

“Aquí lo importante es saber que si una persona… tiene la necesidad de decir: ‘Me quiero morir… No valgo o no sé para qué estoy aquí’, es una persona que está viviendo un problema de salud mental y hay que hacerle caso. No quiere decir que sí se va a quitar la vida mañana, no lo sé, pero sí quiere decir que está tratando de llamar la atención… está clamando: ‘¡Necesito ayuda!’”, aclaró Diana.

La directora de VUELA for Health anima a los padres a “aprender a escuchar a nuestros hijos sin juzgar… para poder saber de qué manera ayudarlos”, virtud que los cursos ofrecidos por esta organización ayudan a adquirir.

También recomienda que cuando los padres sospechen que su hijo puede tener un problema de salud mental acudan a un especialista quien los pueda ayudar de la manera adecuada.

Igualmente, urge a los padres no sentirse avergonzados si uno de sus hijos sufre de un problema de salud mental, pues no se trata de buscar culpables – muchas cosas pueden influir en estos casos.

Sobre todo, Diana busca dar esperanza a las personas que viven esta realidad en sus familias.

“Si hay una persona que hoy tiene depresión, no significa que toda su vida va a tener depresión”, concluyó. “Con el tratamiento indicado yo puedo logar sanar mi mente, quitar, olvidar y perdonar… tantas cosas que afectan a nuestro cerebro, [ya] que realmente en muchas ocasiones es muy difícil salir adelante”.

Para más información o si busca ayuda psicológica llame a 1.888.SISALUD (747.2583) ó Saint Rafael Counseling  (720) 377-1359

Próximamente: ¿Cómo puedo perdonar a alguien que me ha hecho daño a mí o a un ser querido?

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Todos sufrimos, de vez en cuando, situaciones de injusticia, humillaciones, rechazos, ofensas, maltratos, abusos y agresiones, que nos provocan reacciones de resentimiento que llegan hasta el odio y deseos de venganza. A veces las sufrimos, pero a veces somos nosotros los que las infringimos. En ocasiones necesitamos perdonar y frecuentemente necesitamos ser perdonados.

El perdón nace de uno, de una decisión que toma uno, algo interno que uno elige. Pero perdonar no es automático y no es cuestión de solo querer hacerlo, muchas personas querrían perdonar pero no pueden hacerlo, como muchos también querrían ser ricos y no solo por desearlo ya lo lograron. Así el perdón: no basta con desearlo, hay que trabajar para ello. Primero que nada se deben cultivar virtudes en la vida como: el amor, la comprensión, la generosidad, la humildad, la misericordia, el abrirse a la gracia de Dios, por mencionar algunas. Por lo tanto, el poder perdonar es consecuencia no solo de un deseo sino de una vida virtuosa como lo requiere nuestra fe Católica.

Jesús nos dice que debemos perdonar hasta setenta veces siete, que es decir prácticamente siempre:

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mt 18:21-22).

El perdón se ha convertido en nuestra sociedad en señal de debilidad y cobardía, pero la verdad es que sólo es capaz de perdonar quien tiene grandeza de corazón, y el mejor ejemplo lo encontramos en Jesús; el perdón es esencial para cristianismo y para el verdadero amor. Es necesario perdonar a los demás, para poder ser completamente libre. Si no somos capaces de perdonar seguiremos viviendo aferrados al pasado; vamos arrastrando resentimientos que nos oprimen el corazón sin ser capaces de amar porque alguien nos engañó, sin ser capaces de confiar porque alguien nos traicionó, sin ser capaces de aceptar a los demás porque alguien nos rechazó; en definitiva, sin permitirnos crecer ni ser felices, sin tener paz en el corazón ni alegría en el espíritu, sin tener luz ni disfrutar de la vida.

Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar y de insatisfacción generales. Superar las ofensas es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida.

Perdonar es un acto de fortaleza espiritual, un acto liberador. Es un mandamiento cristiano y además un gran alivio. Significa optar por la vida y ponerse en el camino de la salvación:

“Porque si ustedes  perdonan a los hombres sus ofensas, los perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco su Padre los perdonará a ustedes ofensas” (Mt 6:14-15).

 

Image by Daniel Reche from Pixabay