¿Cómo mantener a Dios en el matrimonio?: Entrevista con Martín Valverde y su esposa Lizzy

“Más valen dos que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo.  Si uno cae, lo levantara su compañero, pero ¡ay del solo que cae!, que no tiene quien lo levante.” (Eclesiastés 4: 9-11).

A lo largo de los años, la Iglesia nos ha enseñado que el matrimonio, además de ser una relación entre un hombre y una mujer, es una alianza con Dios para toda la vida, mutua y exclusiva.  Sin embargo, esta unión no es simplemente un contrato, el crear un matrimonio sano y duradero es más difícil que contraerlo.

Actualmente, es más común ver que el pacto común que hicieron los cónyuges se destruya y termine en divorcio.  Retos como los cambios sociales o la presión en el mundo laboral han creado desafíos cada vez mayores tanto en las parejas como en las familias entre sí.

Elizabeth Watson o “Lizzy”, psicóloga especializada en ayudar a parejas con dificultades, junto con su esposo el cantautor Martín Valverde, compartieron durante una entrevista con El Pueblo Católico, los desafíos más comunes que enfrentan las parejas de hoy y las claves para superarlos.

Elizabeth Watson y Martin Valverde- Fuerte Kairos 2019

EPC: ¿Cuáles son los verdaderos desafíos que enfrentan los matrimonios de hoy?

Lizzy reconoce que actualmente existe una crisis entre los matrimonios.  Para ella, uno de los mayores desafíos es que las parejas ya no se conocen ni siquiera a sí mismas, por lo que es muy difícil dar un amor que las personas no tienen por sí mismas.

Lizzy: “Yo no puedo amar lo que no conozco.  Si yo busco en ti algo que no eres tú, porque yo creo que debes ser de determinada manera para llenar mis necesidades, entontes no te estoy amando, ni siquiera te conozco”, expresó refiriéndose a las parejas.

“Desde ahí ya comienza mal… actualmente es mucho por lo sensorial, mucho por el sentir, el experimentar, mucho de ya vivir como pareja.  Es como cobrar un cheque sin fondos en la chequeara.  Vivo, pero no me responsabilizo de lo que estoy viviendo, entonces no cuido la relación con cariño, responsabilidad y el cuidado que se le da si de verdad estuviéramos conscientes de la maravilla que estamos construyendo juntos en una relación”.

EPC: Además de los problemas personales, ¿qué papel juega Dios en esta “crisis” por la que hoy en día pasan muchas familias?

“El problema más grande es el no poner a Dios en el centro de la familia…

Lizzy: Personalmente, la fe es algo que mi esposo y yo quisiéramos heredar a nuestros hijos, pero la fe no se hereda, se transmite.  Yo no puedo imponerte conocer a Dios, si no lo has visto en mí”.

“Para las familias católicas, otro de los mayores desafíos es no llenar de religiosidad la casa porque no se trata de eso.  Ni de objetos religiosos o rituales, sino de espiritualidad.  El reto es no forzar a Dios sino seducirnos mutuamente como dice Oseas 2:14: ‘la seduciré y la llevaré al desierto’; yo creo que es algo así, como que Dios nos seduce y nos enamora”.

EPC: ¿Cómo se construye una relación con Dios?

Lizzy: “Así como vamos construyendo la relación de pareja y la relación con cada uno de nuestros hijos de forma personal, asimismo tenemos que construir la relación con Dios, estar ahí para él, para orara, para leer las escrituras, para hablar de cosas que son importantes para nosotros y de escuchar las que él nos quiere decir, que son importantes para Dios que nosotros sepamos.  Otro de los desafíos es el no dejarnos absorber por la gran aspiradora del estrés, y la rutina diaria, sino darnos un tiempo para parar y sentarnos como familia, soñar como familia de qué queremos y a dónde queremos ir, a dónde nos llama Dios, cuáles son los regalos que él nos ha dado como familia y nos hace distintos a otros”.

EPC: Martín, ¿cuáles son algunas de las claves para un matrimonio sano y cómo se mantiene esta alianza con Dios?

Martín: “Para mí una de las reglas vitales es la verdad.  No puede haber mentiras en ninguna presentación en lo más mínima que sea.  La fidelidad es parte de lo que se ve como pareja, pero no existe en la mentira.  Fidelidad es la verdad.  Saber quiénes somos, cómo llegamos a entender que Dios no es solo un Sagrado Corazón pegado en la pared para que vea la pareja.  Es (como) un tío que estorba: a mí como varón me da lata para tratar bien (a mi esposa), mientras que a ella le toca el corazón.

Es más que simplemente rezar juntos, es vivir espiritualmente juntos la fe”.

EPC: ¿Qué deben hacer las parejas en crisis?

Martín: “Otra de las cosas vitales para que toda pareja salga adelante es pedir ayuda.  Eso de que ‘a nosotros no nos va a pasar no es cierto.  Y no hablo de psicología simplemente, lo cual pueden hacer, pero también sentarse con un tercero, alguien que les cuente cómo los ve por fuera y que ustedes puedan desahogarse.  El matrimonio es una cosa de dos que se hace uno, pero no es de uno que se queda encerrado en un cajón.  Es algo que sale y hace que cada uno no pierda su personalidad, sino que la desarrolle al máximo.”

“Buscar asesoría cuando sea necesario, no importa la super capacidad que tengan como pareja. Tomen un retiro de parejas, se van a reír cuando descubran que no son los únicos todólogos en el barrio y que hay mas gente metida en la misma historia”.

Aunque cada día es más común ver este tipo de problemas que impiden a las parejas disfrutar de un matrimonio sano y feliz, la buena noticia es que cuando un matrimonio toma le decisión de invitar a Dios a ser el centro de sus vidas, el Espíritu Santo se derramará sobre la pareja y purificar su amor.  Es cierto que nada es perfecto, pero con la fe y el amor de Dios, se pueden sobrellevar y vencer cualquier desafío.

Para más información y recursos para familias:

Hispanic Family Ministry Specialist
Deacon Ruben Duran
303-715-3242
[email protected]

Próximamente: Dios nunca se cansa de hablarte

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Es realmente una maravilla que tengamos el don de la Biblia, a través del cual Dios nos habla, nos convence, nos sana y nos nutre en nuestro viaje. En reconocimiento de la importancia de las Escrituras, el 26 de enero la Iglesia celebrará el primer “Domingo de la Palabra de Dios”.

La Palabra de Dios es esencial para nuestra identidad como cristianos. Nos da fuerza, sanación y nutrición. El Catecismo habla de las Escrituras como el lugar donde “la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza, porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios” (CIC, 104). Es fácil perder de vista lo bendecidos que somos de tener este poderoso regalo, este alimento espiritual.

¿Cuántos de nosotros podemos decir que en el último día o semana hemos leído estas palabras santas y transformadoras que Dios nos ha dirigido? ¿Amamos la Palabra de Dios y permitimos que se escriba en nuestra mente y corazón al leerla en oración y con frecuencia? ¿es la Palabra de Dios parte del tejido de nuestras vidas?

El gran predicador san Juan Crisóstomo dio una homilía sobre Mateo 2 en la que preguntó a las personas reunidas en la iglesia: ¿Quién puede repetir un salmo o cualquier otra porción de las Escrituras?

Miró a su alrededor y observó que “no había ni una” sola persona que pudiera responder. El argumento que escuchó con mayor frecuencia fue: “No soy … un monje, sino que tengo esposa e hijos, y el cuidado de mi hogar”.

San Juan Crisóstomo respondió que creer que leer la Biblia era solo para monjes es lo que los había llevado a la ruina, ya que aquellos que están en el mundo “reciben heridas diariamente” y tienen la mayor necesidad del medicamento de la Palabra de Dios. Como sabemos, los que tienen heridas y no las tratan, se infectan, y si no se tratan, pueden morir.

Consciente de la importancia vital de las Escrituras, el Papa Francisco anunció recientemente en su Carta Apostólica, Aperuit Illis, que el 26 de enero de 2020, el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, será el primer día en que toda la Iglesia observe el “Domingo de la Palabra de Dios”. Este día, escribió, debe estar marcado por la “celebración, estudio y divulgación de la palabra de Dios” (Aperuit Illis, 3).

Sin embargo, el Papa advierte que un día dedicado a la Biblia “no debe verse como un evento anual sino más bien como un evento durante todo el año, ya que necesitamos crecer urgentemente en nuestro conocimiento y amor de las Escrituras y del Señor resucitado” (AI, 8), para que nuestros corazones se purifiquen por su verdad y nuestros ojos se abran a nuestros pecados.

Entre las prácticas que frecuentemente recomiendo a las personas para promover una vida de conversión continua están la participación regular en los sacramentos y la oración diaria con las Escrituras. Específicamente, te alentó a la práctica de la Lectio Divina, que implica meditar en las Escrituras al involucrar tus pensamientos, imaginación, emociones y deseos mientras lees. El objetivo de Lectio Divina es principalmente experimentar un encuentro íntimo con Jesucristo, el Padre y el Espíritu Santo. A través de este encuentro, todo nuestro ser se somete más estrechamente a Dios, recibiendo y creyendo cada vez más en el amor del Padre por nosotros de una manera personal y particular, aumentando así nuestro amor y conocimiento de las tres personas de la Santísima Trinidad.

Esta experiencia de escuchar la voz de Dios y familiarizarse con sus movimientos dentro de nosotros, cambia la forma en que vemos el mundo que nos rodea. Pronto, nos volvemos mucho más atentos a su presencia en nuestras relaciones, en la creación y especialmente dentro de la Misa. “En este sentido, la lectura en oración de la Sagrada Escritura actúa como la puerta de entrada a un nuevo Edén, donde el hombre una vez más vive en la presencia consciente de su Hacedor y Salvador” (Sacraments Through Scripture: A Still Small Voice, p.4).

Sé que cuanto más leo y rezo con las Escrituras, y especialmente con los Evangelios, más se convierten en una palabra viva que penetra en mi corazón, de modo que me convenzo más del amor personal del Padre por mí.

Mientras lees esta columna, te animo a que pienses en cómo puedes usar el “Domingo de la Palabra de Dios” como una oportunidad para pedirle a Dios un amor más profundo por su Palabra y aumentar tu deseo de conocerlo a través de las Escrituras. San Jerónimo enseñaba que “la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo”. Cuando conocemos a Jesús a través de la Biblia, realmente somos transformados y experimentamos alegría, incluso en tiempos de prueba o sufrimiento. Que cada uno de nosotros experimente un renovado amor por la Biblia para que seamos verdaderos discípulos que lleven a Cristo a los confines de la tierra.

Imagen destacada de Josh Applegate | Unsplash