Cómo explicar a tus hijos los tiroteos en las escuelas

Los niños se enteran de todo. Por medio de las redes sociales y la tecnología, se dan cuenta hasta de las peores tragedias que ocurren en este país – incluyendo los tiroteos en las escuelas. Lo difícil es cuando el niño te pregunta sobre estos eventos, y pensamos: “¿Qué le digo y qué no le digo? No quiero que viva preocupado”.

Por eso, El Pueblo Católico contactó al Dr. Jim Langley, psicólogo y director ejecutivo de la clínica St. Raphael Counseling en Denver, y a Frank DeAngelis, quien fue el director de Columbine High School, la preparatoria que sufrió el tiroteo fatal en abril de 1999, el cual dejó 15 muertos y 24 heridos.

Con su ayuda explicamos qué debes tener en cuenta al hablar con tu hijo sobre el tema.

  1. Conoce a tu hijo

Cada niño es diferente. Por lo tanto, se recomienda que los padres tomen en cuenta su edad y madurez, que sepan qué tanto el niño puede entender y cómo decir las cosas de una manera que no le cause ansiedad y preocupación. Los siguientes pasos ayudarán a llevar esto a cabo.

  1. Hazlo sentir seguro

Es muy importante para el bienestar de los hijos confiar en que su ambiente es seguro. Ir a la escuela con miedo puede causar problemas de aprendizaje. Por eso no es recomendable que los padres mantengan a los niños pequeños al tanto de estos acontecimientos. Pero si llegan a oír sobre ellos, es importante tranquilizarlos y asegurarles que su escuela es segura, que, si un “hombre malo” llegara a entrar a su escuela, sus maestros los protegerán.

  1. Usa las palabras correctas

Se recomienda que los papás usen palabras sencillas que no asusten a los niños pequeños y que estos puedan comprender.  Por ejemplo, es mejor usar “hombre malo” o “persona mala” en vez de “asesino”.

También se deberían usar palabras sencillas para describir qué pueden hacer si un “hombre malo” llegara a entrar en su escuela: “cerrar la puerta con seguro”, “esconderse” o “hacer lo que el maestro les diga”.

  1. Comparte solo lo que necesite saber

El nivel de entendimiento, curiosidad e interés del niño debe guiar cuánto se le explica y comparte. Con sus preguntas, ellos dejan saber al adulto cuánta información están preparados para escuchar.

Por ejemplo, si se le dice al niño: “Estas prácticas en la escuela son para mantenerte seguro”, y el niño responde: “¿Seguro de qué o quién?”; entonces los papás pueden basar sus respuestas en las preguntas que se las hagan. Aun así, toda conversación debería hacerlos sentirse seguros en su escuela.

  1. Con adolescentes, sé más directo

Los adolescentes se enteran más fácilmente sobre los tiroteos en las escuelas por medio de la tecnología o de sus compañeros. Así que se tiene que ser más directos con ellos y hablar de qué cosas deberían hacer si algo así sucediera en su escuela, como asegurarse que sepan los protocolos de esta.

Sin embrago, aún es importante reafirmarles que su escuela es un lugar seguro, pero que, si llegara a pasar, deberían estar preparados.

  1. Enséñale a apoyar a sus amigos

Es importante que los papás aprendan más sobre la salud mental para que puedan enseñar a sus hijos a apoyar a sus amigos que estén pasando por momentos difíciles. Muchos de los causantes de estos tiroteos han sido personas que han estado emocional y mentalmente inestables.

  1. Enséñale a identificar señales de peligro

Esto incluye también aprender y enseñar a los hijos a identificar señales de peligro en los amigos. Por ejemplo, deberían saber que, si un amigo hace un comentario suicida o de herir a otras personas, le deberían avisar a un adulto – no por ser chismosos, sino por la seguridad de esa persona y los demás.

  1. Dedícale tiempo y aprende a escuchar

Los hijos no van a contar lo que les preocupa o inquieta a sus padres si estos no los escuchan. La queja más común de los adolescentes a los padres es: “Nunca me escuchas”. Si los papás no se toman el tiempo para escuchar a sus hijos en las cosas simples, los hijos no tendrán la confianza para contarles lo que verdaderamente quisieran decirles.

Es cierto que muchos niños tienden a cerrarse cuando llegan a la adolescencia, pero para eso se recomienda que los papás inviertan tiempo y así poco a poco demuestren al hijo que están allí para las cosas pequeñas y grandes.

 

Próximamente: ¿Cómo puedo perdonar a alguien que me ha hecho daño a mí o a un ser querido?

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Todos sufrimos, de vez en cuando, situaciones de injusticia, humillaciones, rechazos, ofensas, maltratos, abusos y agresiones, que nos provocan reacciones de resentimiento que llegan hasta el odio y deseos de venganza. A veces las sufrimos, pero a veces somos nosotros los que las infringimos. En ocasiones necesitamos perdonar y frecuentemente necesitamos ser perdonados.

El perdón nace de uno, de una decisión que toma uno, algo interno que uno elige. Pero perdonar no es automático y no es cuestión de solo querer hacerlo, muchas personas querrían perdonar pero no pueden hacerlo, como muchos también querrían ser ricos y no solo por desearlo ya lo lograron. Así el perdón: no basta con desearlo, hay que trabajar para ello. Primero que nada se deben cultivar virtudes en la vida como: el amor, la comprensión, la generosidad, la humildad, la misericordia, el abrirse a la gracia de Dios, por mencionar algunas. Por lo tanto, el poder perdonar es consecuencia no solo de un deseo sino de una vida virtuosa como lo requiere nuestra fe Católica.

Jesús nos dice que debemos perdonar hasta setenta veces siete, que es decir prácticamente siempre:

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mt 18:21-22).

El perdón se ha convertido en nuestra sociedad en señal de debilidad y cobardía, pero la verdad es que sólo es capaz de perdonar quien tiene grandeza de corazón, y el mejor ejemplo lo encontramos en Jesús; el perdón es esencial para cristianismo y para el verdadero amor. Es necesario perdonar a los demás, para poder ser completamente libre. Si no somos capaces de perdonar seguiremos viviendo aferrados al pasado; vamos arrastrando resentimientos que nos oprimen el corazón sin ser capaces de amar porque alguien nos engañó, sin ser capaces de confiar porque alguien nos traicionó, sin ser capaces de aceptar a los demás porque alguien nos rechazó; en definitiva, sin permitirnos crecer ni ser felices, sin tener paz en el corazón ni alegría en el espíritu, sin tener luz ni disfrutar de la vida.

Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar y de insatisfacción generales. Superar las ofensas es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida.

Perdonar es un acto de fortaleza espiritual, un acto liberador. Es un mandamiento cristiano y además un gran alivio. Significa optar por la vida y ponerse en el camino de la salvación:

“Porque si ustedes  perdonan a los hombres sus ofensas, los perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco su Padre los perdonará a ustedes ofensas” (Mt 6:14-15).

 

Image by Daniel Reche from Pixabay