Cómo cultivar vocaciones en la actualidad

Arzobispo Aquila

A principios de este mes observamos la semana nacional de las vocaciones, un tiempo reservado para promover la conciencia del llamado al sacerdocio, el diaconado y la vida religiosa. Estos llamados personales por los que uno puede unirse más estrechamente con Jesús son una bendición para quienes los reciben y para la comunidad a la que sirven.

Con este mismo espíritu, me gustaría compartir con ustedes fragmentos de una charla que di en la convención Serra Club de Colorado a mediados de octubre. Si bien este discurso fue entregado a los asistentes, puede y debe ser leído por cualquier católico interesado en promover las vocaciones.

Esta noche voy a presentar tres esfuerzos que creo deberían ser una parte integral de cualquier trabajo para promover las vocaciones el día de hoy. Esas iniciativas son: enraizar sus esfuerzos en la oración y enseñar a los jóvenes a rezar; usar el modelo de discipulado de Jesús para presentar la idea y la forma de vida de los sacerdotes y religiosos a los niños; y aprender del ejemplo de confianza de san Junípero Serra en la Providencia.

Como católicos practicantes, sabemos que la oración es esencial como base para nuestra vida. La oración nos pone en relación con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, quienes nos llenan de gracia, nos sostienen diariamente y nos conducen a la vida eterna. Santa Teresa de Lisieux es conocida por describir una manera más efectiva y profunda de la oración.

“La oración contemplativa”, dice ella, “no es más que un intercambio cercano entre amigos; significa tomar tiempo con frecuencia para estar a solas con él que sabemos que nos ama”.

Este es un desafío importante hoy en día, ya que la “pequeña voz suave” del Señor a menudo se sumerge en el ruido y la agitación constante presente en nuestra sociedad. La competencia por nuestra atención es intensa, es por eso por lo que la práctica de la oración diaria y el establecer una relación personal con Cristo son tan importantes.

Los católicos somos muy buenos recitando oraciones escritas, pero un área donde los miembros del Serra Club pueden estar de servicio es enseñando a los hombres y mujeres jóvenes cómo orar desde el corazón, o como dijo santa Teresa, a participar en “un intercambio cercano entre amigos”. Quizás esta no es la forma en la que están acostumbrados a hablar con Dios, pero ciertamente es bíblica.

Si los hombres y mujeres jóvenes van a escuchar el llamado de Dios a su vocación, entonces será de gran ayuda el aprender cómo relacionarse de manera personal con cada Persona de la Trinidad. Ciertamente, esto no es algo que planteas en tu primera conversación con ellos, sino después de que se ha establecido una amistad. Cuando llegue el momento, puede ser tan simple como preguntar: “¿Cómo oras?” Esto, naturalmente, llevará a compartir sobre tu vida de oración y tal vez a una apertura para preguntar si les gustaría aprender a hablar con Dios de una manera personal.

Esta conversación que acabo de describir conduce a mi segunda sugerencia para crear una cultura de vocaciones: adoptar “el método modelado por el Maestro”. Este método de enseñanza y formación de los 12 apóstoles que Jesús empleó se inspiró en el sistema judío de educación. En este sistema, los niños pequeños estudiaban la Torá hasta su bar Mitzvá y luego preguntaban a diferentes rabinos si podían convertirse en sus discípulos. Aquellos que no eran aceptados como discípulos comenzaban a practicar un oficio como la pesca o la carpintería.

Durante sus tres años de ministerio público, Jesús encontró y llamó a hombres que no habían sido aceptados por un rabino y estaban haciendo cosas como pescar o recaudar impuestos, a que lo siguieran. Al igual que otros rabinos judíos de su tiempo, Jesús hizo que los apóstoles viajaran con él, comieran con él y aprendieran de sus acciones.

Pero Jesús hizo mucho más que enseñar a los Apóstoles, realizó milagros en medio de ellos, expulsó demonios y luego los envió a hacer lo mismo. También les dio el poder de perdonar pecados y el mayor tesoro, la Sagrada Eucaristía. Los apóstoles no eran solo estudiantes que aprendían a convertirse en rabinos, sino también sacerdotes de Jesucristo.

Este modelo, basado primero en la amistad, es un modelo que debe usarse en el ministerio de las vocaciones. Es posible que ya lo estés haciendo por instinto, pero si no lo haces, deberías estar acompañando como mentor a hombres y mujeres jóvenes, mostrándoles cómo se vive la vida cristiana y alentándolos caritativamente a profundizar su relación con el Señor.

Ahora, me doy cuenta de que estoy hablando con un grupo de serranos comprometidos, así que no puedo continuar esta charla sin hablar sobre san Junípero Serra, su patrón.

La primera señal distintiva de la espiritualidad de san Junípero que debe adoptarse para promover las vocaciones es su confianza en la voluntad de Dios Padre de proveer para él y aquellos a quienes fue enviado a servir. En lugar de contar números, deberíamos preguntarnos si estamos siendo fieles al llamado del Señor hacia nosotros, confiando en que él proporcionará exactamente lo que necesitamos.

El segundo aspecto de la espiritualidad de san Junípero es que, en su primera misión en la región de Sierra Gorda, y luego en California, defendió firmemente los intereses de los nativos confiados a su cuidado.

Es muy posible que una de las razones por las cuales san Junípero se mostró tan firme en oponerse a los intentos del gobierno colonial de quitarle tierras y recursos a los nativos, es que experimentó lo que era estar ocupado por una potencia extranjera donde creció.

Asimismo, los jóvenes de hoy se enfrentan a lo que el Papa Francisco llama “colonización ideológica”, en la cual las culturas cristianas están siendo invadidas por ideas, movimientos y tendencias que son firmemente no cristianos. Tomemos, por ejemplo, el creciente impulso para la aceptación de la ideología de género, que insiste en que el género no es dado por Dios sino autodeterminado. Este es solo un ejemplo de muchos.

Es necesario que se les enseñe la verdad a los hombres y mujeres jóvenes que están considerando las vocaciones y que están creciendo en una cultura que impulsa ideales anticristianos. Necesitan ver testigos de lo que significa vivir como un auténtico hombre o mujer católica, en sus padres, maestros y en las bancas de las iglesias.

Fomentar las vocaciones hoy no es un trabajo fácil, pero sabemos que con Dios todas las cosas son posibles. Lo más importante y el primer paso que debe tomar cada Serra Club es comenzar o profundizar sus esfuerzos para rezar y enseñar a los jóvenes a rezar. Debemos seguir el mandato de Jesús: “La mies es mucha y los obreros son pocos. Rogad, pues, al dueño de los mies que envíe obreros a sus mies” (Lc 10:2).

Próximamente: Las posadas: más que una simple tradición

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Las posadas son una celebración dedicada a conmemorar la peregrinación que hicieron José y María de Nazaret a Belén en busca de un refugio seguro donde María pudiera dar a luz al niño Jesús. Al no encontrar alojamiento en Belén, José y María se vieron obligados a buscar refugio en un establo, donde nació el niño Dios. Actualmente, la celebración del peregrinaje comienza el 16 de diciembre y termina el 24 de diciembre con la llegada de Jesús.

Aunque algunos países latinoamericanos ya han acogido esta tradición, el origen de las posadas se remonta a los tiempos de la conquista de México, por lo que es una tradición que se ha dado a conocer principalmente en la cultura mexicana.

Durante estos nueve días, cada noche se lleva a cabo una representación de José y María montados en un burro y buscando un refugio. Tanto adultos como niños participan en la procesión, la cual comienza con la visita a hogares seleccionados donde un grupo que representa a los peregrinos piden “posada” o alojamiento. En cada parada de la procesión se leen pasajes de las Escrituras y se cantan las letanías para pedir posada.

Tradicionalmente, los anfitriones de estos hogares niegan el alojamiento a los peregrinos hasta que el grupo llega a la casa designada y puede ingresar. El rezo del rosario también se incorpora durante la procesión. Posteriormente, se ofrece comida a los asistentes, los niños rompen piñatas y reciben un “bolo” que consiste en una bolsita con caramelos. Las piñatas generalmente están hechas en forma de una estrella, que simboliza a la estrella que guio a los tres Reyes Magos hasta el pesebre donde se encontraba el niño Dios.

La tradición continúa cada noche en una casa diferente. La última noche, la víspera de Navidad, generalmente se celebra una misa de media noche (Misa de Gallo) en la que se celebra la llegada del niño Jesús.

Esta práctica ha cobrado varias formas a través de los tiempos. En muchos lugares ahora se acostumbra pedir posada en una sola casa, por lo que no hay una procesión. Por esta razón el rezo del rosario también se realiza antes o después de pedir posada.

El origen de esta celebración única se remonta a los tiempos de la conquista en México. Antes de la llegada de los españoles, los aztecas celebraban durante el mes de diciembre la llegada de “Huitzilopochtli” que consideraban el dios de la guerra. Las fiestas comenzaban el día 6 y duraban 20 días. El día 24 por la noche y durante el transcurso del día 25, había festejos en todas las casas en los cuales se ofrecía comida a los invitados y unas estatuas pequeñas de pasta llamada “tzoalt”.

Los misioneros que llegaron a México a finales del siglo XVI aprovecharon la costumbre para inculcarles el espíritu evangélico a los indígenas y le dieron a su celebración un sentido cristiano, lo que serviría como una preparación para recibir a Jesús el día de Navidad.

Con este propósito, fray Diego de Soria, un misionero agustino, obtuvo permiso del Papa Sixto V en 1585 para celebrar nueve misas antes de navidad, conocidas como las “misas de aguinaldo”, del 16 al 24 de diciembre. Durante estas celebraciones eucarísticas, se leían pasajes y escenas de la navidad. Para hacerlas más atractivas y amenas, se les agregaron luces de bengala, cohetes y villancicos, y posteriormente la piñata en forma de estrella. Los asistentes también recibían un pequeño regalo conocido como “aguinaldo”, de ahí la prestación que se da en México a los trabajadores durante las fiestas navideñas.

Con el tiempo, las posadas se comenzaron a celebrar en vecindarios y en casas para llevarlas a un entorno familiar. La celebración ha ido cambiando poco a poco y se le han ido agregando elementos que en ocasiones dependen de la región.

Más que una simple tradición, las posadas son un medio para preparar con alegría y oración nuestro corazón para la venida de Jesucristo, y para recordar lo que vivieron durante su peregrinaje José y María.